La nieve caía suavemente, pintando el suelo, los arboles de ese puro color.

Kanao quien estaba sentada afuera, estaba coloreándose de blanco. A pesar del frío, lucia calmada, sin titiritar. Sin sentir el gélido viento o los fríos copos de nieve que humedecía su ropa y su cabello.

Estaba inmóvil, observando a Tanjiro entrenar arduamente, tan embelesada que no se daba cuenta de las bajas temperatura en la que estaba expuesta. Hasta que Tanjiro denota su presencia y tomando un descanso necesario, se acerca a ella.

-¿No tienes frío?-pregunta acercándose hacia la chica. Viendo como tenia capas de nieve encima.

Por su parte, el chico por estar haciendo tanto esfuerzo físico. Un sorprendente calor desprendía su cuerpo. El sudor recorría su rostro mediante pequeñas gotas perladas.

Sus ojos rosados miran los gentiles y rojizos de él. Antes de que pudiera darle la oportunidad de lanzar la moneda para saber si responder o no. Tanjiro toma sus manos entre las suyas, al notarlas tan pálidas.

-¡Estas helada!-exclama viendo que ese color no era únicamente por la tonalidad de su piel.

Los ojos de la muchacha se dilatan ante esa acción, haciéndola denotar el frío en el que estaban sumidas sus extremidades al sentir la calidez que le traspasa ese contacto, mientras Tanjiro no percatándose de las emociones causadas sigue en esa posición.

-¡Las calentaré! -espeta con una sonrisa mientras sus fuertes, amables y sobretodo cálidas manos siguen envolviendo las frías manos de Kanao. Las abriga, las cuida, las protege.

Las mejillas de Kanao se sonrojan, acompañando ese color a su nariz enrojecida.

Sintiendo el muchacho que traspaso con éxito la calidez a sus manos, las aparta, pero sin previo aviso estas se posicionan en cada lado de su cara, sus mejillas se sentían arder, pero aun así estaban gélidas.

-Tus mejillas también están frías-asevera, sus ojos demuestran preocupación al sentirla tan congelada.

Cuando le iba a aconsejar que vuelva adentro. Se percata de la cercanía que tenia con Kanao.

La vergüenza se apodera de su ser y quema mas que el fuego.

-¡Lo siento! -grita y comienza a deslizar sus dedos por su suave y fría piel para apartarse.

-Tus manos son cálidas-dice de pronto Kanao, impidiendo que su tibio tacto desaparezca, colocando sus manos, encima de las de él. Envolviéndose con la tibia presencia de Tanjiro, quien es capaz de derretir el frío y ocasionarle un sentimiento cálido en su interior.

Se miran tímidamente entre si, sus corazones laten al unisono, emociones dentro de ellos comienzan aflorar como si fueran flores en primavera. El frío y el calor chocan hasta que se amoldan a la temperatura perfecta. Kanao ya no siente frío y Tanjiro ya no siente calor.

Únicamente sienten amor.