Cronopios del autor: Gracias por leerme.

ADVERTENCIA: Yaoi, AU Demonios. +18

Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera. De hecho, la idea principal de este fic viene del fanfic "Lazos" de Jazz Noire, que amablemente me dio autorización de partir de una idea que nació de su fanfic (pero le confesé que aunque no me hubiera dado permiso igual lo hubiera hecho), no sé si lo sepan, pero la amo mucho. 3 Así que vayan a darle amor a su fic, que es maravilloso. Lo juro. Son sólo dos capítulos. Son fantásticos y con placer pueden regresar a decirme si arruine (lo más probable) o no su historia).

.

.

.

Imperios

Por St. Yukiona.

.

.

.

Apocalipsis 9:20

Y el resto de la humanidad, los que no fueron muertos por estas plagas, no se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios y a los ídolos de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, que no pueden ver ni oír ni andar.

.

.

.

—Mi señor, mi duque... —llaman las súcubos en suplicas lastimosas y lascivas mientras se abren de piernas, separando con sus dedos los labios de sus húmedos deseos para tentar por lo menos un poco al que sentado en su pedestal lleva más de medio día admirando el mismo espejo, una suerte de brujería que le permitía estar al pendiente de su preciado tesoro. Observarlo en una falsa libertad que le permitía convivir con ilusiones que asemejaban a los suyos.

Una realidad que ha diseñado para él es lo más parecido a la que vivía. Incluso, pudo moldear a la perfección el espejismo de la madre que perdió, pasó tanto tiempo al pendiente de él que es capaz de reproducir sin problema los aspectos superficiales y escasamente profundo de cada una de las personas que se relacionaron con él, no le cuesta nada de trabajo porque los humanos siempre lo rechazaron, lo apartaron, lo marginaron, y no es que él lo vea mal, por el contrario, es algo que él mismo provocó. A diferencia de lo que pensaban mucho de sus iguales, los humanos no eran seres tan estúpidos: Se alejaban de aquello que era considerado como "malo" por mero instinto sin buscar más explicación, escudando su miedo en rechazo, y disfrazando su ignorando de idioteces a los que habían denominado como "prejuicios".

—Mi señor, lleva viendo al... señor Yuuri tanto tiempo —aún le cuesta trabajo al General de sus legiones llamar de aquel modo a un simple humano, supone que por la práctica ya le saldrá en algún momento natural. Sobre todo ahora que es más obvia la obsesión que su Señor muestra por el tal Yuuri—. ¿No planea... volverlo del todo un ciervo...? —pero antes de que termine de hablar, una daga le ha atravesado el cuello y ahora se retuerce en el suelo porque el veneno de su Señor le corroe la carne y es cuestión de minutos, largos y tortuosos minutos, para que su cuerpo y su cabeza queden separadas al tiempo que las súcubos entre ellas han empezado a reír por la acción de su Señor que les ha parecido graciosas. No son capaces de medir el peligro cuando el éxtasis está al borde, y es que el aura del Amo está al tope mientras se saborea la piel del humano al que ha reclamado y ahora solo le pertenece a él.

..o..

No es como si su vida hubiera sido memorable, por el contrario, fue bastante normal, simple y algo torpe. Había sido un extra en la vida de los demás, y no le molestaba porque a pesar de las carencias de una vida social, siempre se había mantenido saludable y, raramente, acompañado. Como si algo, una presencia adicional siempre estuviera con él. Cuando lo consultó con su consejera escolar, ésta le dijo que era algo abstracto e implícito del ser humano. "Algunos lo llaman conciencia, y las religiones lo llaman alma, incluso la fe católica lo señala como ángeles que te rodean o la presencia de Dios", porque tenía que ser algo bueno. Un calor que le cubría y le llenaba de gozo y tranquilidad las noches frías en que el mundo parecía un disco roto al que él no le encontraba el ritmo, esa presencia parecía abrigarlo y darle un peculiar confort.

—Alma... —susurra tocando su vientre. Y debe ser el único chico en todo Hasetsu en hacer reflexiones filosóficas después haberse hecho una paja. Pero es imposible despegar su pensamiento de aquello cuando se hace más presente la sensación al tocar el semen que se ha desperdigado en su mano y permanece tibio. Recuerda vagamente que antes solía perder noción de sí y acababa echó polvo después de masturbarse, incluso llegaba a cubrirse tímidamente con cobijas y sábanas avergonzado como si alguien más lo estuviese espiando, con la respiración hecha un desastre y las orejas rojas, pero ahora es imposible recordar cuando dejó de hacer aquello.

Se sienta a la orilla de su cama y su estómago duele, lo toca al mismo tiempo que limpia los residuos de sus juveniles deseos antes de quedar absorto viendo el anillo. ¿Desde cuándo es que lo tiene? Frunce el ceño confundido y la cabeza le duele de pronto tanto.

—¿Yuuri? —alguien toca la puerta y el moreno se apresura para ponerse una camisa, acomodarse el miembro flácido en su pantalón y abrir un poco. Su hermana le está dejando la comida en la entrada de su pieza—. Como no bajabas a comer mamá te manda esto, deja la charola afuera, más tarde vendré por ella —dice Mari sin prestarle mucha atención a su hermano. Habla de forma distraída casi como si quisiera irse rápido de ahí. Yuuri asiente, y agradece con un tímido: "Gracias", que se pierde tras el ruido de los pasos de los pies descalzos de la mayor.

—Mamá... —masculla Yuuri tomando la charola de comida para llevarla hasta el escritorio donde deja todo y seguido se sienta para empezar a comer, y como si fuera una receta mágica, el dolor de cabeza desaparece. Y la ansiedad que había empezado a crecer se diluye con cada bocado que da al katsudon. El katsudon de su madre. Cierra los ojos sonriendo y otra vez vuelve a tener sentido todo en esa vida.

...o...

—Mi Señor... la comida ya le fue servida al Señor Yuuri pero... tuvimos que aumentar la dosis, no sé cuánto tiempo podamos alargar más el proceso... —dice uno de sus lacayos y él solo recarga su rostro de su mano porque no es estúpido y se da cuenta de todo. Y pronto será el momento que asuma las consecuencias de sus acciones repentinas. Moja sus labios y piensa en profunda meditación cuáles serán sus acciones cuando el momento llegue. Él un ente de impulsos, quería cuidar, por primera vez, sus pasos porque no estaba dispuesto, bajo ninguna circunstancias, a perder a lo único que él consideraba de verdadero valor en todo su imperio, en todo su infierno.

.

.

.

St. Yukiona.

Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.