Había salido el sol había poco tiempo cuando un anciano y un joven se dirigían a la casa torcida de varios pisos en el medio del campo por el que caminaban juntos.
El anciano a la puerta trasera de madera con pintura ligeramente descorchada.
¿Quien es? ¡Identifíquese! —Preguntó la voz nerviosa de una mujer desde el interior del edificio.
—Soy Dumbledore y traigo a Harry conmigo
La puerta se abrió enseguida y la señora Weasley salió recibiendolos:
—¡Harry querido! ¡Albus! Perdonad el recibimiento, os esperábamos más tarde.
La mujer les indicó que se acomodaran mientras que hechizaba algunas sartenes en las que tenían que estar preparando el desayuno.
—Gracias, Molly, pero debo irme. Tengo que ocuparme de los asuntos con Rufus Scrimgeour —afirmó Dumbledore—. Harry, nos vemos en Hogwarts. Molly, cuidaos mucho —se despidio inclinando la cabeza y se marchó por la puerta para después desaparecer a algunos metros de la casa.
Tras esto, la señora Weasley cerró de nuevo con cerrojo la puerta y se puso frente a Harry sonriente para observar detenidamente.
—Como tiene crecido, pero estas muy delgado. Anda, te daré algo para que comas —le dijo sirviendole tostadas y huevos fritos.
—Gracias, señora Weasley.
La aludida le dedicó una sonrisa, Harry tuvo la impresión de ella quería decirle algo más pero solo se limitó a saber sabre qué el resto bajaron en breves mientras preparaba más huevos.
Una muchacha se acababa de asomar a la cocina. Esta se paró abruptamente en el umbral de la puerta con Crookshanks en los brazos al ver a Harry y este apenas tardó en reparar en ella.
Se parecía mucho a Hermione, pero él sabía qué no era su amiga. La muchacha tenía el cabello castaño recogido en una trenza, guantes de seda azul claro a pesar de la temperatura cálida y estar en el interior, llevaba una blusa de manga larga, su mirada era sagaz y su presencia destilaba una sutil malicia. Definitivamente, no era Hermione, sin embargo, no hizo más qué Harry se sintiera más desconcertado.
—Buenos días, Puck —saludó la señora Weasley a la recién llegada. La mujer se tensó ligeramente, pero eso no afectó al tono amable con el qué dirigió a la muchacha-. Siéntate y te serviré el desayuno.
Puck se sentó en el asiento de al lado de Harry, para no tener qué verlo frente a frente, aunque fue un momento incómodo de todos modos. Se aseguró de qué Crookshanks se acomodase en su regazo antes de que la señora Weasley le pusiera el plato delante.
—¿Tardarán mucho Ginny y Hermione en bajar?
—Creo qué no —respondió la aludida cuya voz sonaba semejante a la de Hermione, solo que un tanto más gruesa.
—Espero que no hayáis tenido pesadillas esta noche.
—Ambas dormimos bien, aunque solo fuera por una vez nos vino bien.
—Entonces los dejaremos descansar —le sonrió Molly antes de salir de la cocina para seguir con sus quehaceres.
Puck observó de hito en hito a Harry mientras comía y acariciaba al gato que había empezado a ronronear en su regazo. Ella escrutó la intensa radiación amarilla que rodeaba al chico, como si solo asi pudiera conocer su personalidad, hasta noto que le había incomodado demasiado.
—Yo soy Euridice, la gemela de Hermione. Eres Harry, ¿verdad? —se presentó la muchacha por fin y Harry se volvió para verla a la cara. Ella espero que respondiera a su pregunta, pero él solo la vio con sorpresa—. Me alegro de poder conocerte al fin. Herms me habló mucho de ti, aunque por supuesto…
Hermione, Ginny y Ron irrumpieron en la cocina, por lo que la muchacha no pudo terminar su frase. Ron fue directo junto a su mejor amigo para saludarlo y se sentó a su lado para hablar, pero Ginny los interrumpió:
—Realmente no quiero ser aguafiestas, chicos —llamó la atención tanto de Harry como de Ron, que volvieron la cabeza hacia ella al mismo tiempo—. Yo también quiero saludar a Harry y igual que Hermione, pero ella tiene una charla pendiente con Harry, Ron.
Ron se acababa de dar cuenta en ese momento de la presencia de la gemela de su mejor amiga y entendió a lo que se refería su hermana.
—Puedo esperar a que Harry termine de desayunar —dijo Hermione bastante pálida y con una sonrisa nerviosa en el rostro. Esa si era la Hermione qué había conocido en su primer curso de Hogwarts
—No, ya he terminado —respondió Harry levantándose de la mesa para acercarse a su amiga.
—¿Te parece bien si hablamos en tu habitación, Ginny?
La aludida asintió y los dos se dirigieron al cuarto en silencio y sin mirarse tampoco.
Harry se sentó en la orilla de la cama de Ginny mientras que la chica lo hizo en uno de los dos catres qué habían dispuesto.
—Hubiera preferido recibirte de otra manera y no teniendote que contar esto —confesó Hermione sin ser capaz de ver a la cara a su mejor amigo.
—¿Por qué nunca nos habías contado que tienes una gemela? —le pregunto directamente Harry con rabia mal contenida en la voz.
—Era parte de un secreto. He ocultado algo durante todo este tiempo, es algo que sólo sabían los miembros de la Orden del Fénix, mis padres, Puck y yo.
—¿A qué te refieres?
—Puck y yo tenemos ciertos dones con los que nacimos… Dumbledore lo supo cuando nos dijo que teníamos una plaza para Hogwarts a los once años, él creyó que sería más conveniente que estudiaremos separadas para protegernos. Ese fue el motivo por que nunca la viste en Hogwarts.
»A parte, teníamos prohibido hablar de nuestros poderes y nuestra gemela a gente ajena, era una de las condiciones que nos había puesto Dumbledore.
—Protegeros —repitió Harry viendo a su amiga con extrañeza—, ¿pero de qué?
—Dumbledore decía que si la existencia de nuestros poderes llegaba a oídos de las personas incorrectas, podríamos estar en peligro, es por eso que se ocupó de nosotras junto con la Orden. Y el tiempo demostró que tenía razón —añadió Hermione—. No sabemos cómo, pero Voldemort se enteró, de todo: de la existencia de Puck, de que Dumbledore y la Orden nos protegían, de cuales son nuestros poderes y que somos capaces de hacer con ellos… Él nos quiere para usarnos.
Harry la miró sin saber bien qué expresión se divisaba en su rostro. Empezaba a pensar qué Dumbledore no le había dejado en la casa de los Weasley, si no en una dimensión paralela. Las explicaciones de Hermione no hacían más qué crearle más preguntas en lugar de aclararle la situación
—Sé que suena muy extraño todo lo qué te digo, Ron y Ginny pusieron una expresión semejante a la que estás poniendo ahora
—¿Cuál?
—De confusión y desconfianza.
Se instauró el silencio en el cuarto durante unos segundos qué parecieron horas.
—Dime algo, Harry —le rogó ella buscando el contacto visual.
—¿Qué quieres qué te diga, Hermione?
—Lo qué piensas.
—Creo que deberías habernos dicho algo sobre esto a Ron, a Ginny y a mí, somos tus mejores amigos.
—Lo tenía prohibido, Harry. Yo quería contaroslo y hablaros de Puck, pero era algo qué sobresalía a mi control.
—No es solo eso. Tu hermana es alguien importante en tu vida, una parte de tu vida que no conocíamos, eso sin mencionar esos poderes que ahora tienes —dijo Harry, de la misma forma que había hecho el verano anterior cuando llegó a Grimmauld Place. Con rabia.
—Sé que os mentí por mucho tiempo, y lo siento. Sois como mis hermanos, nunca hubiera querido hacerlo…
—Pero lo hiciste. Te creo en lo que me dices, pero ahora no puedo evitar pensar que no te conozco tan bien.
—Sigo siendo la misma persona, Harry. Si crees que no me conoces por lo que te estoy contando, ahora lo harás —afirmó Hermione con dureza—. Ya no habrá más mentiras, te diré todo, a ti y al resto. Solo no me pidas que te cuente toda la cuestión ahora, eso sería contraproducente —añadió esbozando una sonrisa nerviosa.
Harry tardó en responderle, la fotografía como si sopesará lo que la chica le había expuesto. Hermione le detectó en silencio y con expectación.
—Muy bien, pero no más secretos.
No más secretos —respondió la muchacha con notable alivio en su rostro—. Solo una advertencia, sobre Puck —Harry la interrogó con la mirada, la voz de Hermione sonó con la gravedad—: Evita en contacto físico con ella.
