Quizá no sea el mejor momento para publicar este fic... ni internacional ni personalmente PERO ya llevo mucho tiempo planeando esto y ni una gripe asiática ficticia (ojo que estas palabras son puro mame) ni la desintegración de mi precaria estabilidad moral me detendrán.


El caballo negro.

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—Lori, por favor tranquilízate un poco —a través del altavoz la voz de Becky sonaba metálica—, sabes que no me gusta cuando armas todo un alboroto por nada.

— ¡¿Cómo puedes decir que toda mi preocupación es por nada?! ¡Mierda Becky, no puedes dejar que tus padres te obliguen a regresar a Ucrania tan pronto! Se supone que iríamos a la misma universidad ¿recuerdas?

El grito desconcentró a Lisa y provocó que Darcy casi dejara de cabecear en su asiento, quizá, después de todo, el comedor no fuera el lugar propicio para acabar con un proyecto tan delicado.

—Entiende Lori, ellos no lo están haciendo sólo porque sí, son mis padres y quieren evitar que me hagan lo mismo que a... —la pelirroja se cortó brevemente por la interferencia— Leni me dijo que Luan sigue dolida por lo de su amiga... y mis padres no quieren que yo sea la siguiente inmigrante hospitalizada.

La mención de su hermana le ayudó a Lori a comprender un poco mejor sobre quien estaba hablando, tampoco es que presenciar el linchamiento a una muchacha fuese algo fácil de olvidar.

—Pero... lo que le sucedió a Parvana fue un caso aislado, un simple acto de odio... además ella ya se encuentra fuera de peligro... —pequeñas lágrimas comenzaban a asomarse por debajo de sus párpados maquillados al comprender que había perdido la discusión desde antes, incluso, de iniciarla— al menos... prométeme que llamarás de forma regular... a Leni se le romperá el corazón si siente que la abandonaste...

—Descuida, nunca le haría eso a mí rubia favorita... —un corte más largo que los demás volvió a enmudecer la plática, últimamente el servicio telefónico era muy deficiente—... las extrañaré chicas... a todas ustedes... y por favor Lori, dile a Lincoln que pensaré en él una vez al día...

Y sin más, la llamada terminó.

—Maldito teléfono —con un resoplido, Lori colgó el aparato y se sentó en el sillón individual que normalmente sólo utilizaba su padre.

—Sí... el servicio ha estado fallando últimamente —un poco desentendida de toda la situación, Luna veía la televisión acaparando las tres plazas del sofá principal con todo su cuerpo—, y hablando del tema ¿cuándo es que se supone que Lincoln regresa de su campamento? Odiaría que el pequeño cabeza de algodón quedase atrapado en alguna de esas protestas.

Lisa sabía mejor que nadie a que se refería su hermana mayor; todo lo que últimamente pasaban en la televisión a toda hora eran noticieros y todo lo que pasaban en dichos noticieros eran reportajes de barrios incendiados o de gente desaparecida que encontrarían dos días después o mutilada o en un estado de furia incontrolable.

—Papá y mamá fueron a recogerlo a la escuela, dijeron que de regreso traerán a Lucy de su pijamada —Lola sonaba triste, todo lo que había hecho desde que su hermano mayor partiera a aquel campamento espacial era sentarse en las escaleras al primer piso y esperar por el albino—. Yo hubiera querido que me dejaran acompañarlos...

—No podían Lola, eres tan fea que los hubieras dejado ciegos —dijo sentada a su lado Lana en un intento por molestar a su gemela y así devolverle algo de su antiguo carácter combativo—. Eres la niña más repulsiva que conozco.

—En efecto querida congénere, Lola es una niña antiestética y tú, afortunadamente, eres su gemela —rio Lisa sin poder contener su boca un segundo más.

— ¡Lisa, ya deja de distraerte y termina de una buena vez! —Después de dos horas sentada en la mesa, el legendario buen ánimo de Darcy había llegado a su final—, y por favor recuérdame nunca volver a ofrecerme voluntaria para ayudarte con tus tareas.

Apenada y con gotas de sudor escurriendo por su frente, producto de su titánico esfuerzo, la pequeña genio ya le estaba dando los últimos toques a su cartulina con brillantina cuando un estruendoso sonido electrónico llamó su atención, la de Darcy y la de todas las presentes en la primera planta del hogar; la sirena de una ambulancia se acercaba estruendosamente y a toda velocidad por la avenida. Un segundo después de haber sido escuchada por primera vez, el vehículo de emergencias se estrelló de lleno y sin desacelerar en la casa del señor Quejón, destrozando el pórtico y liberando todo el infierno sobre la tierra.

Atraídas por la estrepitosa escena, el resto de las hermanas bajaron enseguida al primer piso para poder observar mejor.

El ruido producido por la sirena, que se negaba a apagarse pese al impacto, inundaba toda la estancia y le producía un terrible dolor de cabeza a Lisa.

Dando un portazo, Lynn entró por la puerta trasera cubierta de sangre y gritando su nombre.

— ¡Lisa! ¡Lisa!

-o-

—Lisa ¿qué ocurre? —La volvió a llamar Darcy, jalando del brazo a su mejor amiga un poco más brusco esta vez—. Creo que algo malo está pasando ¡Lisa! Despierta por favor.

Gracias a aquellos últimos tirones y después de parpadear pesadamente un par de veces más, la niña astigmática se liberó casi por completo del aturdimiento que le sigue al sueño profundo. Se acomodó los lentes y abandonó la comodidad de su cama.

La pequeña habitación se había llenado de una intensa luz roja mientras que la alarma especial sonaba inmutable desde el reloj nuclear de la erudita Loud. Tan pronto como Lisa terminó de despertar, comprendió el motivo por el que, estando dormida, había recordado aquella maldita tarde.

—Tranquilízate Darcy, no es más que una llamada de mis hermanas —tras teclear un pequeño código en la estrecha pantalla de su Tablet casera, las luces rojas y el pitido constante se detuvieron—. ¿Ves? No hay nada de qué preocuparse, posiblemente sólo sea una llamada para reportar su progreso... aunque dudo que a estas alturas encuentren algo que nos siga siendo útil.

Sabiendo que aquellas "llamadas de reporte" solían durar una eternidad y que siempre dejaban a Lisa con un ánimo extraño, Darcy prefirió salir de la habitación y darle su espacio a la castaña.

— ¿Cómo que lo encontraron? —fue lo último que alcanzó a oír antes de cerrar la puerta tras de sí.

Afuera de la habitación, en el pasillo que conectaba las habitaciones, se encontró con la misma escena de todas sus mañanas.

-o-

Como todas las mañas, al menos desde que había iniciado con aquella importantísima operación autoimpuesta, Lincoln se despertó sin ayuda de nadie, tronó la boca saboreando su aliento matutino y estiró todo el cuerpo sobre su confortable cama mientras la misma idea de siempre martilleaba su cabeza: "comida". No importaba cuánto buscaran entre los edificios y autos abandonados, nunca estaban satisfechos y desde hace varios días que no encontraban nada que pudiera comerse. Acosado por un hambre desesperante, Lincoln bostezó.

—Buenos días Lincoln —el joven albino se estremeció al oír la voz de su mejor amigo—. ¿Estás listo para salvar al mundo?

Últimamente Clyde se había vuelto tan silencioso que por momentos Lincoln olvidaba que siempre lo acompañaba.

— ¡Diablos Clyde! ¿Podrías dejar de aparecerte así? Empiezas a recordarme a... —Lincoln se detuvo ¿A quién le recordaba exactamente? Esa niña ya no existía y tenía que recordarlo constantemente, Su estómago protestó aún más ruidosamente que antes, regresando su atención al presente y alejándolo de esos malos recuerdos que lo acosaban cada mañana—. Olvídalo Clyde, creo que mejor te cambio el nombre clave a "voz susurrante" ¿Qué opina mi segundo al mando?

— ¿Crees que ellas tengan comida? Últimamente huele muy bien cuando nos acercamos a las celdas. Yo creo que la comida la tienen escondida —como si no lo hubiera escuchado, Clyde empezó a hablar por su cuenta de un tema cada vez más recurrente entre ellos—. Te digo que ellas esconden algo, sino ¿Por qué otro motivo huirían de nosotros? Piénsalo Lincoln.

Con toda la paciencia que le cedía el hambre, Lincoln zanjó el tema por la paz al acordar que bajarían inmediatamente a buscar cualquier producto comestible que les hubieran ocultado "no es como que no lo hayamos hecho ya antes" dijo en voz baja.

Buscando no hacer ruido, Lincoln abrió con cuidado la puerta roja del salón de clases en dónde dormían él y Clyde y juntos se dirigieron al sótano.

La escuela primaria había sido una base de operaciones excelente desde que todo aquello comenzara: los pasillos se mantenían limpios gracias a las simples corrientes de aire, las puertas rojas que separaban los salones eran de acero y a pesar de haber sido abandonadas a su suerte durante más de cinco años, seguían manteniéndose íntegras y coloridas en sus respectivos lugares, lo mismo aplicaba para las ventanas. Y al ser la escuela un edificio céntrico podían viajar a casi todo Royal Woods en el mismo lapso de tiempo.

Con el hombro, Lincoln, empujó la puerta doble que llevaba a las calderas y al sótano, aquella puerta de madera era la única en todo el edificio que realmente mostraba el paso del tiempo, también era la única puerta que era cerrada con seguro, puesto que ahí abajo estaban los nuevos compañeros rescatados durante la última salida, los sujetos de prueba que habían logrado capturar… y ella.

Los dividían en dos lugares diferentes, en el área más amplía, junto a las calderas, estaban amarrados más de media docena de criaturas supurantes de pus y peste que simulaban ser humanos pero que apenas y podían coordinar sus pies, Lincoln seguía sintiéndose disgustado por amarla a ella junto al resto… del otro lado, encerradas en el armario de escobas, estaban dos niñas que aseguraban tener once pero que estaban tan famélicas que cada una aparentaba no tener más de ocho años.

Tan pronto como Lincoln se acercó a la esquina de las niñas, descubrió tres cosas; las pequeñas se habían atrincherado dentro del pequeño cuarto al bloquear las delgadas puertas de alambrón con las escobas, que al hacerlo una de las infantes se había abierto la palma de la mano y su sangre manchaba todo el lugar y por último, que en efecto, el lugar olía condenadamente bien.

Mientras se acercaba lentamente, hipnotizado por el dulce aroma, uno de los infectados del otro extremo de la habitación, su chica especial, luchaba con todas sus fuerzas por liberarse.

-o-

Sin que le tomara mucho tiempo, Luna terminó de revisar los vehículos detenidos en el estacionamiento, la mayoría tenía la cajuela llena de maletas con ropa infestada de polillas y juguetes gastados por la luz solar "sin duda imaginaban partir pronto" pensó en silencio tras cerrar la puerta de una minivan roja cuya cajuela estaba llena hasta el tope de electrodomésticos de formas variadas y usos desconocidos, todos ellos oxidados.

—Llamando a "ronquido cantarín" —la voz de su compañera sonó en su oreja a través del auricular—, aquí "pies veloces", adelante "ronquido cantarín"...

—Lynn basta con eso ¡Te he dicho un millón de veces que odio que hables así!

Irritada, se acercó casi sin hacer ruido hacia el punto de encuentro, tras ensayar y realizar la misma acción centenares de veces, saquear apenas y suponía un reto para cualquiera de las hermanas, quienes a pesar de su extensa preparación en el tema, cada vez encontraban menos cosas útiles en sus salidas... pronto tendrían que desistir de ellas.

—Lo... lo siento Luna, eso sólo que a él le encantaban los nombres clave y ya que hoy es cuatro de julio... pensé que...

— ¡Sé que hoy es su cumpleaños! ¡¿Acaso crees que no me acordaría?! ¡POR ESO QUIERO QUE POR UNA VEZ EN TU VIDA DEJES DE ARREMEDARLO Y BURLARTE DE ÉL!

Con un jalón de su mano, hizo la única prohibición que le había dado Lisa: no quitarse jamás el auricular.

Siguió así, andando en silencio hasta llegar a la entrada principal de la escuela primaria, el último lugar que les quedaba por revisar en todo el pueblo, frente al portón de acero ya la estaba esperando su hermana menor con ambas manos cubriendo su rostro.

—No me estaba burlando, Luna —le reclamó la deportista con la voz entrecortada, mientras intentaba parar de llorar—, no eres la única que lo echa de menos.

—Lo sé, lo siento... perdón, es que no tener suerte en estás búsquedas me pone de mal humor —estrechando el cuerpo fibroso de su hermana entre sus brazos, Luna intentó reconfortarla—, yo sólo encontré ropa no tan arruinada... pero dime ¿Cómo te fue a ti? Tú eres la mejor de nosotras buscando...

—No hubo tanta suerte de mi lado, sólo encontré dos paquetes de baterías recargables...

Después de pasar varios minutos en silencio y abrazadas, Lynn fue la que cortó el contacto físico con su hermana y volvió a hablar.

—Quiero entrar... quizá haya algo de él en su locker —su mirada ansiosa se dirigía sin apartarse hacía la entrañas oscuras del edificio

—No es una buena idea Lynn, ya casi amanece y sabes que es cuando todas esas mierdas salen.

—Por favor Luna, después de hoy no nos dejarán volver a este lugar jamás... tiene que habernos dejado algo para recordarlo...

-o-

Darcy se cubrió la boca con ambas manos justo en el momento en el que abrió la puerta del baño, dentro de la pequeña habitación y con la luz apagada estaban las gemelas hablando entre ellas , como siempre, con susurros, pero lo que era nuevo para la niña morena era la forma en la que se cuchicheaban.

Lola estaba abrazada al cuerpo de su hermana mayor, y la ya no tan pequeña fontanera tenía el rostro de la princesa entre sus manos. Ambos caras estaban a escasos centímetros de distancia.

Sin decirles una palabra, volvió a cerrar la puerta.

-o-

El interior del edificio era un desastre, la mayoría de las puertas se habían derrumbado a causa del óxido, los pisos estaban infestados de excrementos y manchas de dudosa procedencia adornaban las paredes. Era una suerte que el estado de la mayoría de aquellos desechos indicaran que el lugar había estado deshabitado desde hace bastante o de otra forma nunca se hubieran atrevido a entrar debido a todo el ruido causado por la cantidad de vidrios quebrados esparcidos por todos lados. No quedaban muchas ventanas en pie por lo que las corrientes de aire iban y venían libremente.

—Lynn ¿Segura que sabes a dónde nos dirigimos? Creo que empiezo a ver un poco de resolana asomarse por el horizonte, no tenemos tiempo que perder.

—Tranquila Luna... es obvio que ninguna de esas alimañas ha entrado aquí en bastante tiempo —a pesar de las palabras rebosando seguridad, entre las manos de Junior la pequeña arma de fuego temblaba sin control—, además, yo sí sé dónde está su casillero...

—Eso está genial, yo hubiera querido venir más seguido a recogerlo...

"También yo" pensó en decir Lynn sin embargo se mordió los labios y permaneció callada.

Finalmente, y después de mucho temblar, llegaron a pasillo en el que estaba el casillero de su hermano, el compartimento metálico no estaba abierto sin embargo pudieron sacar el candado al primer intento.

—Sabía que era la fecha de publicación del primer Ace Savy —Festejó la deportista—. ¿Lo conozco o no lo conozco bien?

Mientras Lynn buscaba con una sonrisa y lágrimas en sus ojos entre las cosas de su hermano desaparecido, Luna se puso a hacer guardia.

Un ruido extraño llegó a los oídos sensibles y entrenados de Luna; un llanto quedo, el mismo llanto de un niño asustado.

Movida por su instinto maternal recién revivido por el recuerdo de su hermanito, Luna siguió el ruido un par de pasos hasta su origen; una puerta doble de madera que iba bajo tierra. Eso la tranquilizó, las criaturas normalmente rehuían de los espacios oscuros y fríos, por eso siempre debían volver a su casa antes de que amaneciese.

— ¿Planeas bajar a investigar? —Dijo Lynn mientras guardaba dentro de su abrigo un viejo conejo de felpa, lo hacía con tanto cuidado que parecía tratarse de una reliquia sagrada—. Te cubro Luna.

—Entonces cuento contigo... "pies veloces".

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Más pálida que nunca, Lisa salió de su habitación y se encontró directamente con Darcy, casi tan pálida como ella. Sin prestarle mucha atención al estado de su mejor amiga Lisa fue directamente hacia la habitación frente a la de ella y tocó la puerta con violencia. Al no recibir una respuesta de ninguna de las gemelas, volteó por fin y se dirigió a su compañera de cuarto.

—Darcy ¿Tú conoces de casualidad la ubicación actual de mis unidades consanguíneas mayores?

Sin cambiar la expresión de shock, la pequeña morena se limitó a señalar al baño.

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El sótano estaba absolutamente oscuro, una densa nube de podredumbre las enfrentó de lleno tras abrir la puerta y ocasionó que Lynn intentará vomitar, los gruñidos que oyó ahí abajo la convencieron de volver a tragarse su desayuno y cambiar la lámpara LED por su mira de visión nocturna. Luna la imitó.

Tan pronto como bajaron los escalones derruidos, el llanto y la desesperación que lo acompañaban se hicieron más notorios. También las recibió una escena surreal; seis niños infectados estaban amarrados a las tuberías de la abandonada caldera, de tal forma que ninguno de ellos pudiera alcanzar a los que estaban a los lados, una de las cuerdas estaba libre.

Al recorrer con la mirada el resto de la habitación subterránea, una visión mórbida las congeló a ambas; un infectado, seguramente se trataba del mismo que se había escapado de la cuerda, devoraba absorto y a toda prisa las entrañas de una niña esquelética, ambos cuerpos estaban dentro de un destruido armario para escobas.

A un lado del mismo, en cuclillas y en evidente shock por contemplar tal escena, se hallaba otra niña, con pelo negro y piel morena pero tan famélica como la primera.

—Ese maldito... ¡Ese maldito! —Explotó Lynn y con una descarga de su arma aniquiló a aquella abominación con apariencia de niño, con un par de disparos más terminó con la existencia del resto de infectados atrapados en el sótano.

—Tranquila amiguita, tranquila —con extremo cuidado, Luna tomo del brazo a la niña traumatizada, la pequeña no opuso resistencia mientras la castaña la cargaba fuera del sótano pestilente— no te haremos daño, chiquita... olvida todo eso...

— ¿Viste eso, Luna? —Con la voz ronca a causa de los gritos, Lynn cerraba la retaguardia—. Esa cosa estaba bien vestida, como si fuera una persona normal...

—Lynn... por favor ¿puedes dejar de hablar de esa abominación?

—... parecía un niño, no era muy grande así que tenía que ser un niño...

Los nervios empezaban a hacer meya en la mente de Lynn, Luna recordó que esa era la primera vez en meses que su hermana deportista tuvo que disparar su arma contra un infectado, ya estaba planeando que palabras decirle para tranquilizarla tan pronto salieran de la escuela cuando el sonido de pisadas torpes y de vidrios quebrándose a sus espaldas detuvo a las tres mujeres a medio pasillo. Con el corazón en la garganta, fue Luna la primera en voltear.

Un infectado, el mismo que se estaba dando un festín en el sótano, acababa de pasar por la puerta doble. La luz del día ya era suficiente para poder reconocer rostros sin problema... y ese sería un rostro que ninguna de las Loud olvidaría jamás.

Ahí parado, con la cara y las manos llenas de sangre fresca y una mancha de sangre blanca creciendo en su chamarra a la altura del tórax, estaba Lincoln. Su expresión tranquila, la mirada perdida y el estado lamentable de sus ropas, le recordó fugazmente a Luna a una ocasión en que Lincoln, con tan solo siete años, se tiró encima toda una jarra de agua de frutas. Lori lo había regañado por semanas debido a eso.

— ¿Lincoln? hermanito... ¡Sabía que estabas bien! —Con lágrimas en los ojos, Lynn se lanzó a los brazos de su hermano menor—. No dejaré que nada malo te pase nunca.

Seguramente, gracias a esa apariencia inocente de niño perdido y al gran cariño que siempre se tuvieron, Lynn tuvo un recuerdo similar al de su hermana mayor y felizmente se dejó convencer que esa criatura seguía siendo su hermano.

Tan absorta estaba la deportista que nunca advirtió cuando la expresión de tranquilidad desapareció del rostro de su hermano y era reemplazada por un gesto de voracidad salvaje, por suerte para la única hermana de en medio, Luna si notó el cambio.

Antes de que la cosa-Lincoln se impulsará hacia la muchacha que corría a su encuentro, Luna le disparó y el proyectil fue a impactar entre los ojos del niño albino, llevando el pequeño cuerpo directamente hacia el suelo.

El estruendo fue lo bastante fuerte para despertar a Lynn de sus ensoñaciones y el incipiente río de fluido blanco que escurría por la frente del pequeño tirado en el piso inmundo fue más que suficiente para que la pecosa más joven se diera cuenta de la criatura en la que se había transformado su mejor amigo.

Esa revelación fue la gota que derramó el vaso, pues la pecosa se hincó y empezó a llorar de forma histérica.

Para asegurar que está vez el chiquillo permanecería quieto de forma definitiva, Luna vació todo su cargador en el cuerpo perfectamente bien vestido de su hermano.

Cuando las hermanas y su nueva acompañante subieron finalmente en la vieja Vanzilla, el sol ya se asomaba claramente tras el horizonte y empezaban a oírse los aullidos y alaridos de aquellos demonios a lo lejos.

Tan afectadas estaban las hermanas por su descubrimiento, que nunca advirtieron la presencia de una niña infectada y con mechones negros que venía caminando detrás de ellas.

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— ¿¡Qué mierdas significa eso!? —Con los brazos temblorosos, y lágrimas histéricas bajando por su rostro, Lynn estrujó fuertemente al viejo peluche con una de sus manos—. ¡Intenta hacerle algo a Bun-bun y te mataré Lisa! ¡Juro que lo haré si te atreves a experimentar con él!

La genio se había hecho bolita en su silla plástica, nunca había visto a ninguna de sus hermanas tan afectada por ofrecerle una desinfección completa. En ese momento le tenía demasiado miedo a Lynn como para explicar sus palabras claramente.

—Lo que Lis quiso decirte es que Bun-bun está muy sucio y necesitamos cambiarle algunas costuras —tan pronto como Leni se le había acercado para intentar calmarla, Lynn detuvo a su delicada hermana mayor y violentamente apretó uno de sus brazos; sin embargo poco podía hacer contra la paciencia y el cariño infinitos de la hermosa rubia—. Te prometo que lo dejaré tan reluciente que incluso Lola querrá invitarlo a una fiesta de té...

Llorando como nunca antes, Lynn se rindió por fin a su desesperación, abrazó a Leni y con mucho cuidado besó el moretón recién formado en la muñeca de la modista. Nadie se atrevió a mencionar que Lola tenía años sin hacer fiestas de té.

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Cuando Lincoln despertó finalmente, el sol empezaba a ocultarse, todo el cuerpo le dolía como si hubiera corrido un maratón completo y las garras del hambre se clavaron más profundamente que nunca en sus entrañas, en pocas palabras, estaba de pésimo humor.

— ¡Por Ace! ¿¡Qué significa todo esto Clyde!? —Esas intrusas habían vándalizado toda su base secreta, no quedaba un solo rincón integro—. ¿Por qué no las detuviste? ¡Pudiste haber hecho algo!

— ¡Estaban armadas Lincoln! No puedo hacer nada contra enemigos armados.

Un nuevo gruñido de su estómago provocó que el albino cayera de rodillas y se llevará ambas manos a su panza, tener tanta hambre no podía ser sano.

—Como sea Lincoln, tengo hambre... quizá podamos volver al sótano a seguir comiendo aquellas golosinas que encontramos.

Haciendo un gran esfuerzo para evitar el dolor muscular Lincoln se quitó la chamarra empapada en líquido blanco y la dejó tirada en el suelo, revelando así un cuerpo inhumanamente delgado. Más débil que nunca y renqueando todo el camino, el peliblanco se dirigió en silencio hacia el sótano, seguro que después de comer lo suficiente volvería a sentirse como siempre.

Nunca pasó por su mente el cuestionarle a su mejor amigo por qué siempre que usaba la misma ropa, ni dónde se había escondido si ya no quedaba un sólo salón en pie en toda la escuela.

Nada de eso le importaba en lo absoluto a Lincoln, lo único que pesaba en su mente era la forma en la que podría deshacerse de aquella ansia por comida que nunca los dejaba tranquilos, estar a atento a todas las oportunidades era algo que le había enseñado por la fuerza aquel mundo nuevo y cruel... y Lincoln siempre tenía un plan.

—Quizá sea buena idea empezar por buscar otro escondite ¿No crees Clyde? —Sólo el silencio y el eco de sus pisadas le respondieron—, sí, yo pienso igual.

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Mientras Leni, Darcy y Lily le daban de comer a una voraz morena que aparentaba ser de la misma edad, o incluso menor, que Darcy o Lisa, el resto de las hermanas tenían una reunión en el cuarto de las mayores, viejas costumbres no mueren ni con la muerte del mundo.

—Lynn, ¿estás literalmente segura que estaba infectado? —Lori hacía un esfuerzo inhumano para no romperse en llanto frente a sus hermanas—. Hay muchos casos de gente traumatizada que actúa de formas raras e impredecibles, casi podemos decir que imitan el comportamiento típico de esas cosas… después de todo dices que estaba usando ropa limpia y en buen estado...

La niña genio, al igual que todas sus hermanas, se negaba en redondo a perder su único rayito de esperanza, la única idea que les daba consuelo: el regreso de su hermano. Sin embargo su mente lógica sabía que la oportunidad de un reencuentro milagroso con su hermano siempre fue prácticamente imposible.

— ¡Intentó morderme, Lori! ¡MI HERMANO nunca intentaría hacernos daño!—La castaña se mecía con el conejo de felpa ya limpio y una playera naranja entre los brazos—. Además, ya le había disparado y se volvió a levantar al poco tiempo sin quejarse siquiera por el dolor. Nadie podría hacer algo así.

—Entonces, basada en los datos que nos acaban de suministrar, supongo que no llevaba mucho tiempo infectado —concluyó Lisa.

—Seguro lo mordieron al entrar en la escuela... estaba tan cerca de regresar a casa —la desesperación producto de su línea de pensamiento hizo que el estómago de Lola se revolviera— mi Linky estaba tan cerca...

Abrazando a su gemela por la cintura, Lana le hizo saber que estaba ahí para ella, aunque la niña multiusos también estaba llorando.

—No creo que la infección haya sido reciente, chicas —intentando controlar el temblor de sus manos, Luna habló por primera vez desde que regresó junto con Lynn—. Lucia exactamente como un niño de once años, un niño aturdido a mitad de la noche.

—Pero dijeron que estaba bien vestido, que usaba ropa limpia y apta para el frio de la noche —Lori volvió a hablar, aferrándose a la teoría de un contagio tardío—. ¿Qué clase de persona vestiría a un infectado como una persona normal?

—La misma clase de persona que mantendría encerradas a un par de niñas en un sótano lleno de cadáveres voraces… —Luna volvió a hablar, cada vez más enojada— hablamos de un pervertido o un loco de la peor clase.

—De cualquier forma, tenemos que volver por el cuerpo; sabemos que los infectados se comen los cadáveres de los suyos y si un bastardo le hizo algo a mi hermano ¡debemos hacerle pagar! —La voz de Luan era temblorosa, rota y sin un atisbo de alegría, pero su postura no dejaba ver un ápice de duda—. Sea lo que sea que aceche en esa escuela, no les dejaré tener su cuerpo...

—Es plena mañana, salir ahorita es un suicidio... queramos o no, deberemos esperar a que anochezca.

Todas estuvieron de acuerdo con Lana.


Cómo se pudiera notar por el nombre de la historia (y los nombres que les daré a algunos capítulos) este fanfic tendrá referencias poco comunes, aunque estás sean exclusivamente en los títulos.

Investiguen cuál es el jinete del caballo negro.