Disclaimer: One Piece es de Oda, hago esto con el único afán de entretener.

Notas de la Autora: Respondiendo a una petición al Kink meme de la página de Facebook de Hessefan. Debo agradecer a este reto por haberme revivido a la musa, y eso es de agradecerse. Este fic ya lo tengo completo, pero voy a estar subiendo un capítulo por día, sin más, a leer.

I DON'T WANT YOU TO WATCH ME

Capítulo 1:

Miedo era la palabra que mejor definía su estado y lo había sido durante mucho tiempo. Tenía miedo de amar, tenía miedo de entregarse a otro cuerpo, y por "entregarse" se refería a darlo todo en un beso, un abrazo, en la reunión de sexos y gotas de sudor entremezclados.

No, no era virgen. Se había deshecho y hecho en tantos bares y prostíbulos y tabernas y… Se sintió abatido, lo único que podía hacer, era resignarse, agachar la cabeza y seguir fingiendo ser un individuo sin lugar en su mente para otra cosa que no fuese entrenar y embriagarse como si su vida dependiese de ello. ¿Por qué tenía tanto miedo? Todo se remontaba algunos años atrás cuando todavía no podía discernir la maldad, la discriminación… Aún era un niño rebelde con deseos de ganar a toda costa.

Pero sabía, de una u otra manera, que no era normal, por así decirlo. Escuchaba a los chicos del dojo hablar entre ellos, sobre las curvas de alguna muchacha, que si los pechos de otra eran perfectos, que si la cintura era delgada y las caderas amplias. No entendía ese gusto en común que tenían los demás. Empezaba a preocuparse, porque no veía en ninguna, ese algo especial para hacerlo reaccionar como los demás, que de tanto en tanto, cuando se encerraban en las duchas después de los entrenamientos y se ponían a hablar sobre actos desconocidos con muchachas imaginarias, ese miembro que hasta entonces le veía una sola utilidad, incrementaba su tamaño y parecía estar rígido como una roca.

Le habían dicho que eran cosas de adultos, pero los demás muchachos, apenas y le llevaban un par de años de ventaja, así que no entendía exactamente qué era esa habilidad extra que tenían los demás para tener fortaleza en ese lugar.

Tuvieron que pasar meses y el descubrimiento de la masturbación, para darse cuenta de que su pene, no necesitaba de ejercitación para que logre quedar erecto, o bueno, no de esa clase de ejercitación que él en su inocencia pensaba. Ocurrió en una de esas mañanas de clima caluroso, en donde despertar sin sábanas era lo más común del mundo.

Fue despertado al grito de "Zoro ha tenido un sueño húmedo" y sobresaltado al notar que el colchón estaba mojado y que, de una u otra manera, ese entrenamiento especial, había dado resultado.

Enseguida fue acorralado por los demás muchachos y fue bombardeado por un sinfín de comentarios y preguntas referidos a la clase de mujer con la cual había soñado. Zoro, que de por sí estaba avergonzado, estaba también confundido. Corrió hacia el baño, dejando atrás las risas de todos ellos y escuchando los comentarios de sus sueños eróticos pasados.

Un hilo de voz interrumpió sus recuerdos. Abrió los ojos para demostrar que estaba despierto, y apenas lo hizo, sintió un vuelco en el corazón que le cortó la respiración.

—¿Estás bien? — Se le oyó decir al que había interrumpido.

Zoro no logró articular palabra de inmediato. Se encontraba perdido entre tantas cavilaciones y el sentimiento que afloraba en su piel nuevamente,

—Estoy bien— Apenas pudo pronunciar.

Usopp dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta, no sin antes regresar a ver hacia Zoro, y cuando el mentado lo vio, la mente le jugó una mala pasada y vio reflejado en la fisionomía del moreno, a ese muchacho que hace años hirió.

Los ojos de Zoro se abrieron en son de sorpresa y los recuerdos quisieron hacer nido en su cabeza.

—¿No has escuchado? Que Luffy se comerá tu porción de comida.

Zoro se levantó con esa aspereza tan típica de él, pasó de largo dejando a Usopp en el cuarto circular en donde se encontraban y bajó las escaleras.

Empezó a comer casi como un autómata, respondía poco a los estímulos de su alrededor y casi no insultaba al cocinero cuando hacía uno de sus comentarios sarcásticos, y tampoco ponía el grito al cielo cuando el capitán o el resto se dedicaba a sus tonterías habituales. Todo parecía ser igual que todos los días, pero hubo alguien, una sola persona que en realidad se percataba de que el carácter del espadachín, no era el de siempre. Notaba que algo debería haberle molestado a tal grado de dejarlo en ese estado, y es que Usopp, tenía esa habilidad extra de ser sumamente perceptivo con las emociones de sus compañeros.

Lo observaba tímidamente, escondiendo el rostro de vez en vez entre los platos de comida para no ser descubierto mientras lo examinaba a fondo, o trataba de hacerlo. La verdad es que Zoro, desde hace ya varios días que andaba cabizbajo, dubitativo, y notaba que, si bien era cierto que tendía a desaparecer un buen tiempo para dormir o echar unas cervezas, esta vez era totalmente diferente. Parecía estar ausente, aunque estuviera a tres palmos de distancia.

Lo observó alejarse tras haber terminado su porción, y a pesar de que la noche ya había caído, Zoro desembarcó y fue a dar una vuelta por la isla a la que habían llegado.

Nuevamente los recuerdos le llegaron como un huracán.

Zoro, nunca había dudado de su fuerza, de sus ganas de luchar, de atacar al que lo atacase, de defender su orgullo y seguir en dirección hacia su sueño. Pero esa vez, embriagado por los tantos sueños consecutivos con "él", cegaron inmediatamente su mente adolescente que pedía a gritos satisfacer esa necesidad acumulada. Debía contárselo de inmediato a alguien, o si no, reventaría, pero algo en su interior, quizás el instinto, le decía que no era lo más adecuado. ¿Por qué todos los chicos soñaban con mujeres, y él era la única excepción que soñaba con su compañero de cuarto?

Él era, quizás el más débil de todos, el que peor se la pasaba, el que siempre era vencido en las peleas y que siempre se vio obligado a refugiarse entre las sábanas cuando las cosas se ponían feas…

—Basta— Si, había gritado en mitad del camino hacia lo desconocido, que aunque estuviera a unas cuantas calles del puerto, Zoro ya no logró localizar el camino de vuelta.

Empezó a caminar tratando de despejar su mente, tratando de encontrar un lugar donde desahogar toda la energía acumulada desde la última vez en que lo había hecho, y bingo.

No era tan difícil reconocer el lugar adecuado, siempre había hombres por afuera atrayendo a otros hombres para entrar, había también chicas de cuerpos ostentosos, como de gorila maquillado, era también una de las señales.

—Aquí está— Se sonrió y se acercó para ser abordado rápidamente por uno de esos hombres.

Entró al lugar y siguió el típico protocolo de buscar al más fortachón y llevárselo al cuarto improvisado con paja y otros enceres. Estando allí dentro, lo tomó de la camisa y empezó a desnudarlo. Estaba desesperado y furioso consigo mismo por haber traído a su memoria esos sucesos que no quería recordar. Le devoró la boca al tipo que se resistía para ser él el dominante, más la fuerza de Zoro y su brutalidad eran más fuertes, que al final de cuentas, logró que la voluntad del otro se viera doblegada. Lo volteó y lo penetró sin previo aviso, sin lubricación como hacía siempre y empezó a embestirlo con fuerza, tratando de sacar de su organismo todos esos pensamientos estúpidos que lo estaban atacando durante las tres semanas que no habían tocado tierra.

Con el paso del tiempo se había vuelto osco e insensible, había aprendido que en ese tipo de lugares no se debían mezclar sentimientos con el placer físico, y por ende, no valía la pena actuar para conseguir algo, solamente después de terminar, se pagaba la tarifa y ya estaba.

Trataba de concentrarse en ver el choque de unas nalgas contra su miembro, más le era imposible, los ojos se le cerraban atrayendo recuerdos antiguos y frescos que le dolían en lo más profundo de su ser, esto hacía que las embestidas se hicieran cada vez más fuertes hasta el punto que el muchacho que tenía en cuatro en frente de sí, estuviera a pocos segundos de caer exhausto, inconsciente, perdido en el mar de sensaciones que hasta entonces únicamente el espadachín fue capaz de arrancarle.

Zoro clavó sus uñas en la cintura del otro, y con un grito, dio por terminada la sesión.

Un mareo lo sacudió de pronto, se sintió muy cansado y se dejó caer junto al gorila que también se había dormido. Y soñó. Soñó con el cuerpo desnudo de Usopp que se mecía sobre él arrancándole gemidos que nunca en su vida pensó. Sonrió entre sueños y se acomodó sobre el montón de heno como un niño siendo acurrucado por el más dulce de los sueños.

CONTINUARÁ…

Ok, esto no es Fluff, pero un poquito de paciencia por favor, la trama se me va enredando (Como casi todo en mi mente en estos días), pero tengan por seguro que llegará el momento tierno con estos dos. Nos vemos en el siguiente capítulo.

Suerte!