Era un día caluroso y Hoseok comenzaba a arrepentirse de no haber buscado algún lugar cercano a su casa en donde pasar el día con su… cita. Estaba nervioso, hacía tiempo que no quedaba con alguien, menos con un desconocido. Tenía miedo de haber perdido su toque y que todo fuera a ser un absoluto fracaso. Gracias al cielo, la alegre taxista que lo llevaba al sitio acordado lo mantenía lo suficientemente distraído.
Al parar el coche, el joven sacó su cartera para poder pagarle.
—Son 100
—¿Nada más 100?— preguntó Hoseok, curioso. Había comenzado a buscar un billete más grande.
—Por supuesto que sí, ahora apurate. No hagas esperar a tu pareja.
—No es mi… bueno, como sea. Aquí tiene— le entregó el dinero y se bajó con una sonrisa —En serio, muchísimas gracias por todo—.
—No hay de qué. La próxima vez que necesites un taxi, sólo marcame y llegaré volando— puso el coche en marcha —Que tengas un buen día—.
El chico se despidió con un gesto de su mano y suspiró. El establecimiento estaba detrás suyo, por lo que dio media vuelta y reunió el valor necesario para caminar hacia ahí. Fue a través de una de las ventanas que pudo ver a aquella persona y al instante sintió como su corazón se detenía. Era ahora o nunca. Comenzó a caminar, decidido, pasando por recepción. No le dieron muchos problemas, ya que rápidamente explicó que alguién más lo estaba esperando dentro. Caminó entre varias mesas y pasillos hasta dar con él. Sonrió ampliamente, acercándose; aún no se había dado cuenta de su presencia.
—Hola.
Cuando el chico volteó a verlo, Hoseok pudo sentir cómo se le escapaba el aire del cuerpo. Había visto fotos de él, tanto las de su perfil como las que el muchacho le había mandado, por lo que, en su mente, ya se había hecho una idea de cómo sería. Sin embargo, ahora que lo veía en persona, descubrió que no estaba preparado en lo absoluto para lo que significaba salir con Choi Jun Hong. Si el joven le había parecido atractivo antes, en aquel momento hacía que sus piernas se sintieran inútiles. Su usual confianza había sido evaporada por lo extremadamente atractivo que le resultaba aquel chico. ¿De verdad iba a tener una cita con él? Era un sueño hecho realidad.
Aclaró su garganta al darse cuenta que llevaba un rato sin decir nada, el otro chico no parecía estar realmente molesto por eso, estaba demasiado ocupado examinándolo de pies a cabeza.
—Uhm, perdón. Tú debes ser Jun.
Jun le dedicó una de sus más amplias sonrisas, lo que provocó que su corazón latiera con más fuerza. Era ridículo lo atraído que se sentía por él a pesar de ser la primera vez que se veían en persona. Tenía que tranquilizarse.
—En vivo y a todo color. Y tú eres Hobi, mucho gusto— prácticamente cantó el otro —Debo admitir que eres mucho más guapo de lo que esperaba, y más enano— y fue la tremenda honestidad con la que el menor de los dos habló lo que lo trajo de vuelta a la realidad. Estaba confundido, de alguna forma se las había arreglado para hacerle un cumplido y ofenderlo en una misma oración —Además, ¿camisa blanca y pantalón negro? ¿No crees que es algo básico para una primera cita?—.
—¿Disculpa?
—No es personal, sólo estoy siendo sincero. Siempre he preferido a la gente directa, creo que, al ser honesto, le ahorras tiempo a muchas personas y si voy a exigirle eso a los demás, lo mínimo que puedo hacer es actuar en reciprocidad. ¿No crees?
Sin pelos en las lengua. Jun, en ningún momento, dio señales de que estuviera fingiendo o algo por el estilo, genuinamente era una persona muy franca. No es que le desagradara del todo, aunque consideraba que era una manera un tanto fuerte de empezar una conversación. ¿Estaba tratando de probar algo al actuar así?
—Sí, estoy de acuerdo contigo— terminó dándole la razón de igual manera.
—Perfecto, estamos en sintonía entonces. Espero no me hagas perder mi tiempo— y ahí estaba nuevamente aquella brutal sinceridad. Hoseok comenzaba a sentirse muy conflictuado al no saber si el chico le agradaba o no. Le creía cuando dijo que no era personal, por otro lado, no estaba acostumbrado a que las personas fueran tan directas con él, por lo que una pequeña parte de él estaba tomando todo aquello como una agresión. ¿Lo estaría haciendo a propósito para ponerlo a prueba? ¿quería que se fuera? Abrió la boca para decir algo cuando fue interrumpido por el menor, quien no pareció percatarse de sus intenciones de tomar la palabra —Por cierto, me sorprende tu puntualidad, te da puntos extra. Detesto a la gente mal quedada—.
—Oh, simplemente odio ser irresponsable— decidió tomar asiento bajo la mirada expectante del chico, quería probar un poco más —En realidad pensé que había llegado tarde porque te vi esperandome.
—¡Para nada!— el humor de Jun mejoró al ver que finalmente se había sentado, era como si hubiese creído que se iría que en cualquier momento. Quizá no había tenido suerte en otras ocasiones. A Hoseok le sorprendía el poco aguante de muchas personas —Llegué temprano porque la entrevista de trabajo que tenía antes de venir aquí duró menos de lo que esperaba. Me daba algo de flojera regresar a mi apartamento, así que decidí venir directamente— comenzó a explicar mientras ojeaba el menú —Por cierto, me agrada mucho el lugar, es muy lindo para un primera cita—.
El ambiente, que en un inicio era tenso, poco a poco se fue disipando. El mayor estaba bastante feliz de que la conversación comenzara a fluir con naturalidad. Seguía un poco desconfiado por lo del inicio, pero llegó a la conclusión de que el chico simplemente era así. En realidad le gustaba.
—¡Que bueno que te haya gustado!— al sentirse más tranquilo, Hoseok se sintió con la libertad de hablar con la misma energía de siempre. Su sonrisa era amplia, lo que provocaba que todo su rostro se iluminara —Fue recomendación de un amigo mío, lleva años diciendome que venga aquí, pero nunca había tenido la oportunidad hasta hoy. En cuanto aceptaste supe que este era el lugar adecuado—.
Jun, que hasta ese momento había estado leyendo el menú, lo bajó mientras lo miraba con estrellas en los ojos. Recargó su cara en una de sus manos mientras contemplaba a Hoseok como si fuera un tesoro.
—Eres realmente lindo— las mariposas no tardaron en llegar al estómago del mayor, se sentía sumamente enternecido. Saber que el otro lo decía con total honestidad lo hacía aún peor. Su sonrisa se volvió tímida mientras jugaba con una servilleta debajo de la mesa, tratando de calmar sus nervios. Iba a decir algo, pero, por segunda vez aquella tarde, fue interrumpido por su acompañante —Antes de que llegaras me puse a ver el menú entero, así que, si no has venido aquí antes, dejame decirte que estos dos platillos de aquí— señaló ambos —Se ven prometedores. Si eres vegano, te recomiendo que pruebes este otro de acá que también se ve delicioso. Aunque, si tienes ganas de mariscos, podemos pedir una de las órdenes para compartir—.
Era adorable como se estaba tomando aquello tan en serio.
—¿Sabes? Pareces una persona sensata que toma buenas decisiones, así que ¿por qué no pides por los dos?
Jun ladeó la cabeza. Soltó una risita, confundido.
—¿Estás seguro de eso? Podrías arrepentirte, ¿qué pasa si pido algo y acabas intoxicado por eso? ¿O qué tal si pido por error algo que tenga un ingrediente al que eres alérgico y te mueres? Puede que yo sea la última persona con la que hables.
El menor era alguien bastante raro y hasta cierto punto bizarro. Hoseok decidió que le agradaba.
—Si lo pones así, morir no suena tan mal.
—Hey, dejame el coqueteo a mí— por el leve sonrojo que Hobi alcanzó a detectar en sus mejillas y la boba sonrisa que se extendió en el rostro de su cita, concluyó que había tenido el efecto deseado. Dios, podría morir tan solo viendo aquella hermosa sonrisa, sin importar las veces que el chico sonriera, el mayor no podía acostumbrarse a ésta. Se preguntaba si el menor era consciente de la facilidad que tenía para volverlo una bola de nervios con gestos tan pequeños como aquel, no quería dejar de sentirse de aquella manera jamás. Un mesero se acercó a ellos para tomar su orden, sacándolos a ambos del pequeño paraíso en el que se habían perdido por algunos segundos, el más alto de los dos comenzó a ordenar.
—¿Qué desean para beber?
Jun volteó a verlo, él simplemente asintió, dándole a entender que confiaba en él.
—¿Vino te parece bien?
—Excelente.
—De acuerdo, entonces vino será.
El mesero terminó de anotar todo en una libreta y les sonrió con cordialidad.
—De acuerdo, en cuanto esté lista les traeré la comida.
—Es usted muy amable, gracias— contestó Hobi, esperando a que se fuera. En cuanto volvieron a estar solos, volteó a ver el otro con una mirada inquisitiva. El chico de pelo azulado se preocupó ligeramente —Jun, ¿te puedo preguntar algo?—.
—Uhm claro.
—Si no es indiscreción, ¿cuántos años tienes? Es sólo que me parece curioso que hayas especificado todo lo demás con lujo de detalle, y milímetros, en tu perfil menos eso.
El menor esperaba algo peor, se relajó visiblemente al notar que era una pregunta mundana. Llevó una mano a su barbilla mientras meditaba si contestarla o no. Soltó una leve risa al darse cuenta de lo serio que su cita lucía, lo que, sin darse cuenta, hizo que Hoseok se sintiera más atraído por él. El castaño simplemente no podía creer que existiera alguien tan hermoso. Necesitaba conseguir una segunda cita, mínimo.
—Hagamos un trato— Jun finalmente habló —¿Qué te parece si primero nos damos la oportunidad de conocernos mutuamente y, si después de comer aun quieres saber mi edad, te la digo?
Era un trato un tanto peculiar, igual que todo lo demás en aquel chico, por lo que no debería sorprenderse. Extendió una mano.
—Me parece perfecto.
—Tenemos un trato entonces— ambos chicos estrecharon las manos sonriendo mutuamente. Hoseok no lo soltó hasta que notó que su acompañante quería volver a sentarse. Soltó un suspiro, extrañando la suave sensación de las manos del otro. Se hizo un silencio incomodo entre ambos.
El castaño se sentía bastante desanimado por aquello. Hasta ese punto, todo había ido bien, ¿qué podía hacer para que la conversación volviera a fluir como ántes?
—Bueno, Hobi, espero que te guste hablar de política, porque a mí sí. Así que dime, ¿cuál es tu sistema de gobierno ideal?
Hoseok sonrió, todo estaba mejorando cada vez más.
—Una democracia presidencialista con multipartidismo moderado...
—¿Y sistema electoral de mayoría con segunda vuelta?
—¿Cómo más si no?
Jun sonrió, viéndolo sumamente impresionado.
—Además de atractivo, inteligente; justo cuando pensaba que no podías ser más sexy. Estás a nada de que te lleve a mi casa por el postre.
—¿Compraste algo?
—Hobi…
El mayor le sacó la lengua y se recargó en el respaldo de la silla. Estuvo a punto de dejar que el otro lo pusiera nervioso, pero eso no iba a pasar otra vez. Aunque le había prometido darle una oportunidad hasta que terminaran de comer, quería tener un poco de control sobre la conversación. Quería que Jun se interesara por él tanto como Hoseok lo hacía por el muchacho.
Ahora que sabía que al otro no le molestaba hablar de esa clase de temas en la primera cita, no se iba a contener. Era su punto fuerte, lo iba a impresionar de tal manera que no pudiera negarle a volver a verse. Justo cuando iba a abrir la boca para decir algo más, fue interrumpido por su celular. Soltó un suspiro. Esperaba que no fuera del trabajo porque había dejado muy en claro que ese era su día libre. Por desgracia no podía esperar mucho, considerando que, en otras ocasiones, aquello les había importado muy poco.
—¡¿Es Troye Silvan?!
Hoseok alzó la vista de su dispositivo al escucharle. En efecto, se trataba de una de las canciones que más le gustaba de ese artista, en realidad amaba todas.
—Así es, ¿te gusta?
—¡¿Qué si me gusta?! Hoseok, Troye Silvan es mi pastor y nada me faltará. ¡Lo amo desde que estoy en secundaria!— el otro se veía sumamente emocionado —Inteligente, guapo y con excelentes gustos musicales. Esto cada vez se pone mejor, que no te sorprenda si te pido que nos casemos al final del día—.
Y eso que Hoseok solo iba a pedirle una segunda cita.
—Me halagas, pero me gustaría que llevaramos las cosas lento.
Ambos chicos rieron. El mesero regresó, entregándoles a ambos sus respectivos alimentos.
—No se ve nada mal.
—¿Tengo buen gusto o qué?
—Relájate Bocuse, todavía falta que lo pruebe— rió mientras movía un pedazo de carne hacía un lado —Por cierto, me parece que no hemos hablado de esto antes, pero ¿a qué te dedicas?—.
—Oh, estoy en un voluntariado.
—¡Suena interesante!
—Quiero decir, por ahora me encargo de todo el tema administrativo, lo que no me encanta, pero espero pronto irme a un área más interesante.
—Ya veo, ¿y por qué la entrevista de trabajo?
—Solo por si acaso— sonrió con pesadez —Bien dicen que es mejor prevenir que lamentar—.
¿De qué se estaba previniendo? Tal vez era demasiado pronto para indagar en lo que parecía un complejo personal, aunque no estaba de más preguntar.
—¿Quisieras hablar de eso?
—Tal vez en otra ocasión.
—De acuerdo, solo quiero que sepas que si necesitas algo, aquí estoy— le sonrió. Aquello logró que el otro se relajara, retomando su actitud anterior —Cambiando de tema, esta es la parte en que tú me preguntas a qué me dedico—.
—En realidad ya lo sé.
—¿Perdón?
—No es porque te haya acosado. En una de mis clases me dejaron leer un reporte tuyo para analizarlo y me gustó bastante. Aunque realmente no me llamaste la atención hasta que un día, el mismísimo Benedict Anderson fue a nuestra universidad a dar una conferencia y citó varios de tus textos y pues... ¡Es Benedict Anderson, ¿sabes?! Si te mencionó es por algo— Jun tan solo picoteaba su comida —En ese momento supe que tenía que leer todos tus trabajos lo más pronto posible, así fue como terminé enamorandome de varios de tus textos y ahora henos aquí—.
Hoseok no sabía si gritar porque el otro estaba verdaderamente interesado en él o por el hecho de que Benedict Anderson no solo lo había leído, sino que le había gustado lo suficiente como para usarlo en sus pláticas. Sentía que se iba a morir.
El joven se dejó llevar por la emoción, casi pasando por alto un pequeño detalle que Jun dejó escapar por error, no fue hasta que comenzó a pensar en aquellos días en los que era un simple universitario con el sueño de ser reconocido por los grandes que reparó en ello: ¿acaso Jun le acababa de revelar su edad sin querer? Es cierto que a la universidad iban personas de muchas edades, pero era más común encontrar a gente que estuviera entre los 20 y 25 años.
Una sonrisa burlesca apareció en su rostro, cosa que pasó desapercibida por el chico de cabello azul al estar demasiado concentrado en un brócoli de su platillo.
—Entonces… ¿Eres universitario?
—No, ya no— contestó mientras picaba su carne con un tenedor —Hace poco me grad… oye— alzó la mirada, finalmente percatandose del terrible error que acababa de cometer y que el otro lo había descubierto. El menor se cruzó de brazos, odiando la expresión de victoria que el mayor tenía en su rostro —En otras circunstancias te habría borrado esa estúpida sonrisa del rostro de un golpe, tienes suerte de que sea hermosa—.
—No soy el único aquí con una sonrisa hermosa.
Jun se sonrojó levemente mientras miraba a otro lado, aún "molesto". Hoseok rió y decidió comenzar a comer, pues estaba seguro que ya se había enfriado la comida. De igual manera sabía de maravilla, le agradaba darse cuenta que el otro tenía un buen ojo para la gastronomía.
—¿Por qué no querías decirme tu edad?
—He salido con gente que, cuando se entera que soy menor que ellos, comienzan a tratarme como si fuera un bebé que no sabe nada del mundo. Simplemente desacreditan todo lo que digo y es… frustrante— su mirada se volvió triste —Algunas personas parecían más interesados en mí en el momento en que descubrieron que soy menor, lo que es raro si lo piensas—.
El mayor lo miró con cierta lástima, por más que el otro tratara de disimular lo mal que aquello le hacía sentir, con ese último comentario era evidente que le molestaba bastante. Tomó una de sus manos, acariciandola con cariño.
—No tiene por qué preocuparte, yo jamás le haría eso a alguien y mucho menos a ti. Todos y todas tenemos derecho a ser escuchados, además, yo creo que no importa lo grande que seas, siempre puedes aprender algo nuevo de los demás. En especial de personas que, claramente, saben tanto, como tú. De verdad quiero conocerte y si eso implica escuchar todos tus argumentos políticos, entonces creeme que estoy más que encantado.
Jun lo miró y algo repentinamente cambió en él, seguía siendo la misma persona extravagante que conoció al inicio, pero parecía que estaba más tranquilo, hasta feliz. Su energía disminuyó ligeramente, pero la emoción seguía ahí.
—Creo que te debo una disculpa, Hobi.
—¿Una disculpa? ¿Por qué?
—Por mi actitud inicial— comentó el otro aún sin apartar su mano del agarre del chico —Es cierto que amo ser directo, pero soy consciente de que puedo llegar a ser algo impertinente, sobre todo cuando estoy nervioso. Simplemente no sé cómo actuar, hace mucho que no salía con alguien y realmente quería gustarte— admitió con cierta vergüenza —Pero todo acabó en un vómito verbal, lo que siempre hace que sea mucho más honesto que de costumbre y eso suele asustar a la gente—.
En lugar de alguna clase de reproche, Hoseok le dedicó una sonrisa más dulce.
—Jun, jamás te disculpes por ser quién eres. No hay nada malo contigo, si las personas no están acostumbrados a la verdad es su problema. Estoy seguro que, si muchas de tus citas anteriores se hubieran dado el tiempo suficiente para conocerte, se habrían vuelto locos por ti, aunque en parte agradezco que no lo hicieran. No habría tenido esta oportunidad de no ser por ellos.
—De verdad eres increíble, Hobi. Mejor cambiemos de tema o voy a querer besarte.
—¿Y cuál es el problema con eso?
Ambos se miraban el uno al otro con una sonrisa boba, era como si hubieran descubierto los secretos del mundo entero en la mirada del otro pues ninguno de los dos estaba dispuesta a apartarla. Tristemente, tenían que hacerlo si no querían que el tiempo se les fuera de esa manera, aún quedaban muchas cosas de qué hablar y comida deliciosa por probar.
El resto de la tarde pasó con tranquilidad, ninguno de los dos volvió a tocar algún tema profundo, aún así, ninguno de los dos se había sentido tan en sintonía con alguien más al grado de sentir que las palabras no eran necesarias para expresar lo que cada uno estaba pensando. Bastaba con una simple mirada o gesto para que ambos entendieran a la perfección lo que el otro pensaba, era extraño, parecían amigos de toda la vida. "Con suerte, algo más que amigos" pensaban los dos tontos, deseando de todo corazón que el otro pensara lo mismo.
Llegó la hora de pagar la cuenta.
—Deja que pague todo.
—Hobi...
—Por favor, Jun. Quiero hacer esto por ti, después de todo, fui yo quien te invitó a comer. La próxima vez podemos dividirla.
El menor iba a replicar, pero se calló, suspiró y se recargó en su asiento.
—De acuerdo, solo por la implicación de que habrá una próxima vez.
Hoseok sonrió, objetivo conseguido. Llamó al mesero que los había atendido aquel día. Después de un rato, éste llegó con la cuenta y la terminal, el chico realizó la transacción. Pronto, ambos jóvenes se encontraban fuera del lugar, caminando hacia un parque que se encontraba cerca de ahí. Ninguno de los dos había dicho qué proseguía, pero era evidente que no querían que la cita terminara aún. Ahora que estaban de pie, el mayor se dio cuenta de que el menor estaba en todo su derecho de llamarlo enano. Le sacaba al menos una cabeza. Bien, no se podía tenerlo todo.
Lo examinó mejor, reparando en varios detalles, pero, más que nada, en lo que traía puesto. A pesar de ser un conjunto bastante colorido, estaba muy bien combinado. Traía una camiseta roja que iba fajada en un pantalón a rayas que le llegaba hasta los tobillos, dejando en descubierto sus calcetines; ninguno de los dos parecía congeniar con el resto, lo que, de alguna forma extraña, hacía que se vieran en armonía con lo demás. La cereza del pastel se la llevaban las botas tintas que le daban unos centímetros más, algo completamente injusto a su parecer. Era simplemente Jun, y le quedaba de maravilla.
Estuvieron tonteando un rato más hasta que el menor fue el primero en proponer algo de con bastante sutilidad.
—Hoy es el último día que van a proyectar una película que realmente quiero ver— no sabía si eso era verdad, pero necesitaba una excusa para convencer al otro —Me preguntaba si te gustaría acompañarme a verla o algo por el estilo— comentó con timidez —Si no puedes o no quieres está bien, entiendo que probablemente tengas otras cosas más importantes que hacer—.
Hoseok enarcó una ceja viendo al otro como si lo desconociera.
—Vaya, vaya. ¿A dónde se fue toda esa confianza del inicio?— su tono era burlón.
—Al mismo lugar al que se fue tu timidez aparentemente.
Estaban descendiendo por unas escaleras que se encontraban en el lugar, el mayor de los dos dio un paso grande para poder bajar el último escalón primero, poniéndose frente a Jun.
—Sería un honor para mí acompañarle a dicha función, si es lo que usted desea, joven Jun— le tendió una mano mientras hacía una leve reverencia. Era una escena tan ridícula y cursi que Jun no pudo evitar sentirse como el protagonista de alguna de esas novelas juveniles que tanto odiaba. Ahora podía entender por qué la gente adoraba tanto esa clase de cosas. Se sonrojó mientras tomaba su mano.
—Deja de ser tan tierno, no sé como responder a eso.
—Cariño, esto no es nada. Será mejor que te prepares para lo que viene— Hizo que el joven lo tomará del brazo de manera que caminaran como si fueran una pareja de viejitos enamorados —Ahora, si fuera tan amable de indicarme la dirección del cinema que desee atender, me asegurare de que lleguemos ahí y pueda así disfrutar de la película que tanto desea mientras yo contemplo su hermoso rostro lleno de emoción y goce—.
—Si quieres "contemplar" mi rostro lleno de goce, se me ocurren otras cosas que podríamos hacer en lugar de la película.
—¡Jun, se supone que esto sea romantico!
—¿Y qué es el romance sin algo de picardía? En especial en los clásicos, quiero decir, "Permítame decirle que siento una gran admiración por usted y que la amo con pasión". No dudo que con aquella confesión nuestro estimable Sr. Darcy tuviera sentimientos genuinos por Elizabeth, pero vamos, "amo con pasión" me huele a una fuerte represión sexual. Sin mencionar todas las demás cosas que hizo a lo largo del libro.
Hoseok miró al otro, incredulo. ¿En serio acababa de llamar a Darcy reprimido sexual? No podía ser… ya no existía forma de que lo dejara ir. Estaba seguro de que era el indicado.
—Cómo sea, señor crítico experto en literatura, guíame.
—De acuerdo, pero que quede claro que esta vez invito yo.
—Bien, pero ya pago la próxima.
Jun lo miró, sonriente. Hoseok lo soltó para poder abrazarlo con fuerza.
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Para cuando salieron de la película, Jun estaba mucho más enérgico que al principio. Daba brincos por todo el lugar sin dejar de mirar al otro.
—¡Amé la película! Estuvo mucho mejor de lo que esperaba. ¿A ti qué te pareció?
—Me entretuvo bastante. Si te soy sincero, la volvería a ver.
—¿Cuál fue tu parte favorita?
El castaño se quedó pensando con una expresión bastante cómica en el rostro.
—¿Cuenta la parte en la que nos besamos? Porque en definitiva disfruté la parte en la que nos besamos.
Jun tan solo rodó los ojos, dándole un beso en la mejilla mientras se colgaba del otro como un koala.
—Lo digo en serio ¿qué fue lo que más te gustó?
—En definitiva me pareció brillante que usaran de referencia a Benedict Anderson, quiero decir ¿no te parece que todo tenía la esencia de su teoría de la comunidades imaginarias?
—¿La que dice que las naciones no existen y que no son más que un producto de la imaginación colectiva?
Hoseok asintió, emocionado, mirando al otro, sonriente.
—La manera en que lo representaron me voló los sesos.
—Si lo pones así, supongo que muchas cosas comienzan a cobrar más sentido. Aunque, mi parecer y viéndolo desde esa perspectiva, siento que hicieron más referencia a su Teoría de la Securitización, en especial la parte que dice que los discursos políticos son los que hacen que algo, cualquier cosa, se pueda convertir en una amenaza a la seguridad nacional y que forma parte del constructivismo. Es más que obvio en esta película puesto que casi toda la trama giró en torno a como Denild Tramp, el personaje que era el presidente de Unidos Estamos, convirtió a la comunidad de los latines en el principal enemigo nacional a pesar de que, en realidad, eran la base de la sociedad.
—Quién diría que al final todo fue un complot para desestabilizar al país desde dentro y convertirse así en el salvador que afrontó una de las mayores crisis nunca antes vividas, además de ser aquel que erradicó a la "raza parásito". Me maravilló la manera en que apeló al patriotismo de una de las clases más peligrosas de ese lugar para adquirir más poder.
—Yo creo que lo hizo porque, en cierta parte, también creía en eso.
—No lo dudo ni un segundo.
—Suerte que es solo una película y esas cosas no pasan en la realidad.
Ambos chicos rieron.
—De saber que de eso iba la trama, la hubiera visto desde el primer día que salió— admitió Hoseok mientras se estiraba.
Jun sonrió al notar que el otro había disfrutado la película. Suspiró y miró el cielo.
—Hobi… ¿Qué piensas de mí?
—¿A qué te refieres?
—No suelo ser de los que besan en la primera cita— pasaron cerca de una tienda bastante concurrida, el sol comenzaba a ponerse —No suele importarme mucho la opinión de los demás, pero tú me caíste particularmente bien y no me gustaría que creyeras que soy... "fácil".
Hoseok lo abrazó haciendo que se detuviera.
—Otra vez pidiendo disculpas.
—No lo hice.
—Fue implícita— le apuntó con un dedo —Es una tontería, palabras como "fácil" o "zorra" no son más que instrumentos sociales empleados para avergonzar y estigmatizar a la gente por vivir su sexualidad libremente, no te preocupes por ello— se apartó, extendiendo los brazos al cielo —¡Es ridículo que sigamos humillando a la gente por tener una vida sexual activa en pleno siglo XXI! Si quieres besar a alguien en la primera cita o después de dos meses, o dos años, hazlo libremente y sin culpa— respiró hondo, calmandose —Al menos a mí no me importa, no me hace pensar menos de ti. Ser fácil es un mito—.
Jun sonrió y volvió a abrazarlo de un brazo.
—Como las naciones.
—Y el tiempo— agregó Hoseok, divertido ante la referencia.
—Y el dinero.
—Y todo, básicamente— el mayor hizo que el otro diera una vuelta. Ambos rieron y suspiraron. Ya era hora de despedirse y lo sabían.
—Me la pasé muy bien hoy Jun, disfruté mucho tu compañía. Ojalá no tuviéramos que separarnos.
Jun comenzó a acercarse al otro, tomando las manos de Hobi para colocarlas en su cintura con una sonrisa.
—No tenemos que hacerlo. Podrías, por ejemplo, invitarme a tu apartamento— rodeó el cuello del mayor con sus brazos —para hacer algo más—.
Hobi sonrió de manera coqueta.
—Me gusta como piensas, ¿qué opinas de los segundos besos en la primera cita?
—¿Segundos besos?
El mayor lo atrajo a él para poder besarlo. Éste, si bien duró algunos segundos, no era para nada comparado al que se habían dado en el cine. Dejó a ambos jadeantes y con deseos de más. Hoseok rápidamente sacó su celular para poder marcarle al taxi que lo había llevado al restaurante.
