Aun se recuerdan aquellos tiempos donde nuestra gran familia estaba divida y unas de nosotras tenían que vivir en aquel lugar lúgubre, pequeño y frió. El espacio era insuficiente para entregarles una vida digna como se merecen al ser nuestras hermanas.
Entonces en esa época de oscuridad, una pequeña luz hizo acto de presencia. Una de las extrañas criaturas que habían venido de arriba se acerco a nuestras hermanas y les brindo ayuda. Su cálida presencia les dio esperanzas para soportar ese insípido lugar.
Ella nunca mostró desprecio, miedo o asco, protegía a nuestras hermanas de todo ser malvado que quería pisotearlas. Ella con toda naturalidad nos aceptó y les mostró quienes estaban atrapadas un camino para ser libres se su pequeña prisión y estar todas juntas otra vez. Unir a nuestra familia.
Pero el trabajo era arduo y con mucho tiempo de preparación, muchas de nosotras son impacientamos y caíamos en la desesperación, pero ella, que podía ir y venir de aquella jaula nos enseñó a esperar y ser perseverantes. Ser el primer vinculo vivo para unirnos, más allá de las cartas.
No solo nos enseño a esperar, sino, formas distintas de ver lo que nos rodea. Cuando al fin nuestras pudimos regresar a ser una familia, ella permaneció a nuestro lado, nos ayudo a surgir, y que los otros nos tuvieran más respeto, que no éramos monstruos despreciables, sino que merecíamos el respeto digno de cualquier otro.
Nuestra amiga, quien, aun siendo distinta era una de nosotras, ella era una araña de tomo y lomo. Ahora es nuestra labor cuídala, y no dejaremos que alguien la lastime. Cuando llegue el día cumpliremos su voluntad para que por última vez nos muestre la salida de la jaula mayor, pero hasta que ese momento, estará inmaculada de cualquier extraño, estando bajo nuestra protección.
Su fascinación se convirtió en nuestra fascinación. Aun la amamos y la amaremos hasta aun cuando nos separemos, de nuestra gran amiga araña de cuatro patas, Elenna.
