Diario de Lincoln Loud
SEPTIEMBRE
6 de Septiembre de 1944
Todo inicio en una noche oscura y con lluvia copiosa, hubiera sido un placer salir a la calle y jugar con mis amigos, pero aquello cada vez se dificultaba más. Desde que había iniciado la segunda Gran Guerra los tiempos habían cambiado. La mayoría de mis amigos más cercanos habían sido trasladados a orfanatos o cuidados por parientes de otras zonas, sino es que purificados. Yo miraba aburrido por la ventana, viendo como las gotas golpeaban el vidrio y tratando de crear un ritmo como el de otros grandes artistas sobre los techos de colores cuando escuché que alguien llamaba a la puerta. Nuestra casa no era muy grande, así que no le tomo mucho tiempo a mi hermana mayor atender y vigilar por la mirilla, puso su dedo índice sobre su labio y luego intentó sisear sin hacer ruido. Obedecí.
La puerta fue abierta y un Gefreiter, lo sabía por la insignia en su pecho, no mayor de cuarenta y cinco años, andaba cojeando, entró a la alfombra de bienvenida con lentitud y con manos a su espalda.
—Estimados señor y señorita Loud, ¿Podrían permitirme un momento?—preguntó volteando primero a verme a mí, y luego a Lori.
—¿Qué ocurre oficial?—preguntó mi hermana preocupada.
Hubo un momento de silencio en el cual el oficial lanzó un suspiro y negó ligeramente con la cabeza a la vez que se quitaba el sombrero y lo sostenía con ambas manos.
—¡NO!—gritó Lori desconsolada mientras su espalda se curvaba y su rostro se ocultaba entre sus manos—¡NO! ¡NO! ¡NO!
Yo quede en silencio, congelado ante tal imagen de mi hermana con ese dolor, y sin embargo no sabía que yo podría también sentir un dolor igual, solo que el tiempo no era el indicado.
—Por favor señorita Loud, no en frente del niño.—dijo el oficial.
—Puede llamarme…—iba a decirle, pero sentí como mi voz era cortada por algo en mi garganta.
—Señor Loud, lamento informarle que su padre y madre han fallecido en el campo de batalla al norte de París el veintidós de Junio.
Para él fueron solo unas simples palabras, sí, difíciles de soltar, pero a final de cuentas, solo otros nombres más entre los cientos y cientos de cadáveres de nuestros compatriotas que morían incesantemente. Para Lori y para mí, en cambio, eran como puñales insertados en nuestros ojos. Yo ya había llorado antes, pero no recuerdo jamás haber llorado con tantas fuerzas, nunca antes había tenido una herida que no pudiera hacer nada para alivianar… No, siempre había estado mamá para sanarlas, o padre para darme unas palmadas y guiarme en mi manera de actuar como hombre… Pero en ese momento ambos se habían ido, el solo recuerdo de aquel devastador inicio me tienta a volver a soltar lágrimas de nuevo, aunque ya no tan amargas.
El Gefreiter, esperó a que Lori se tranquilizara para tomarle una mano y pedirle que se sentara. Ella me tomó de los hombros y me sentó a su lado, yo me sentía abatido, probablemente de no ser por ella no hubiera tenido la menor intención de moverme de mi sitio, pero el sentir cuando sus manos rozaron mi rostro y limpiaron con su pañuelo mis ojos me hizo sentir lo suficientemente mejor como para levantar la cabeza ante el soldado.
Nunca supe cuando tomó asiento y nos miraba de frente, evidentemente preocupado, pero no sorprendido por nuestras reacciones, probablemente las había visto muchas veces antes. Intentó juguetear un poco con sus pulgares para darnos un momento, y luego continuó.
—Enserio lo lamento.—dijo con tranquilidad—Esperemos que Dios los guíe en su camino a las santas tierras prometidas.—dijo dándole la mano a Lori para dejar una cajita, ella sonrío ligeramente, no por su mano, sino por sus palabras.
—Esperemos que así sea.—confirmó Lori viendo con curiosidad eso que le había entregado.
—Son Medallas de Honor póstumas, por el oficial Lynn Loud y para su amada esposa por sus excelentes servicios de enfermería. —anunció abriendo la caja y mostrando dos cruces.
Las dos idénticas: Una cruz negra con un perímetro de hierro, y en el centro la esvástica. Era sostenida finamente por una tela con los colores rojo, blanco y negro.
—Muchas gracias. —dijo Lori cerrando la caja—Solo, si fuera usted tan amable de decirnos, ¿Dónde podemos encontrar sus cuerpos o…?
El hombre pareció palidecer ante esa última pregunta de Lori, intentó corregir su rostro, pero ya era demasiado tarde, mi hermana mismamente interrumpió su enunciado y le miró con cansancio.
—Sus cuerpos fueron enterrados en una fosa común con todas las condecoraciones posibles por el rango del señor Loud.
—¿En una fosa común? —preguntó Lori.
Sus palabras cargaban con tanto veneno que era imposible determinar qué hubiera sido peor, si gritar o susurrar.
—Así es, murieron junto a varios hijos de la patria y otros tantos soldados valientes y dulces mujeres, todos con honor en las fronteras de Francia.—dijo con un tono que pretendía ser poético, pero resultaba molesto—Contratacaron el campamento donde ellos estaban, pocos salieron con vida.—dijo finalmente mostrando que en el fondo estaba conmovido.
—¿No podremos despedirles como debe ser?—pregunté a duras penas.
—No.—dijo esta vez Lori deteniéndome con una mano para que mantuviera mi cabeza gacha y abrazándome para calmarme.
El soldado esperó a que Lori me soltara y luego nos miró a ambos con el mismo rostro de antes, solo podía significar una cosa, había más noticias.
—No sé si sea el momento adecuado, pero como bien ustedes saben.—dijo de la manera más formal—Pero el niño, ¿Qué edad tiene?
—Recién y cumplió los once, a inicios del verano.—dijo ella cruzándose de brazos—¿Por qué?
—Se están implementando nuevas leyes.—dijo finalmente el Gefreiter, con falso pésame—La guerra ha sido especialmente dura recientemente, perdimos terrenos y ha habido algunos reajustes.—dijo mirándome directamente—A los doce años, señor Loud, usted será requerido presentarse al servicio del Reich, necesitamos toda la ayuda que sea necesaria, entre tanto, podrá ser formado en la academia militar todos los fines de semana, para no interrumpir su ciclo escolar.—dijo finalmente.
Lori soltó un suspiro, como esperando aquellas palabras desde hacía un rato, a pesar de que yo sentí como mi piel se erizaba mi garganta se cerraba más y miré a los ojos al hombre.
—¿Qué?
Él me miró fijamente durante unos segundos, pude ver el cansancio en su mirada. Tal vez en el fondo no quería hacerlo, pero no conoce nada mejor que servir al Reich.
—Vendremos por usted en Julio del año venidero señor Linko Loud.—dijo mientras daba media vuelta y abría la puerta—Será un honor que un niño tan ario se una a nuestra causa.
El estruendo de la puerta fue acompañado por el de relámpagos, o así debió ser, ¿Cuánto tiempo pasamos los dos llorando ante la perdida? Es difícil saber, solo lloras esperando que de alguna manera eso te haga sentir mejor, pero no, no lo logra. La lluvia solo incrementó su ascenso en el cielo aquella negra noche. El resto de los detalles son difusos para mí, Lori dice que me quedé dormido en el sillón y que me llevó a mi cuarto en brazos, pero sé que no es cierto, ella no tiene tanta fuerza, Lynn podría, pero aún no le conocíamos de verdad en ese entonces.
8 de Septiembre de 1944
Lori rompió la boina francesa que mamá le había regalado por su cumpleaños diecisiete. También tiró a la basura la pintura de la torre Eiffel que guardaban nuestros padres en la cocina. Se sentía el comedor menos pintoresco, como si un artista se hubiera quedado sin colores y ahora solo tuviera grises, blancos y negros.
No tocamos mucho el desayuno, Lori sabía cocinar bastante bien, nos la habíamos arreglado lo suficientemente bien para sobrellevar todo este medio año sin nuestra madre, ella tuvo que partir porque nuestro padre fue herido de gravedad y ella se ofreció de voluntaria para atenderlo en cuanto pudo, lo habían trasladado a París un mes antes de que ambos partieran. Ahora la comida no sabía a nada, las papas, aunque cocidas solo se sentían como una masa blanca.
Ese mismo día fue cuando los vecinos nos visitaron por primera vez:
—A su servicio señorita Loud.—dijo un joven un año menor que Lori, rubio con una radiante sonrisa mientras levantaba su mano en señal de respeto al Reich, llevaba puesto un uniforme .
—Hola Loni.—dijo Lori intentando sonreír, sin mucho éxito.
—Loni no tienes por qué ser tan formal tortolito.—dijo nuestra vecina Luan mientras lanzaba una risita dulce, era menor que el —Es Lori, nuestra vieja amiga.—dijo para después darle un abrazo a ella—Lo lamento tanto querida.
Lori se hundió en el cabello castaño largo de la vecina Luan mientras intentaba ahogar algunas lágrimas amargas. Aunque se llevaran casi cuatro años de diferencia, siempre habían sido grandes amigas. Mientras ambas se quedaban en la puerta de entrada, pasó con dificultad por su vestido la hija menor de la familia Meyer. Inexpresiva como siempre, la chica Lisa Meyer paso de largo a Lori, sin siquiera dignarse a mirarla, estaba más interesada en ver cada esquina de nuestro hogar, inspeccionando y rebuscando con la mirada y a veces también olfateando. ¿Acaso ella podía presentir lo que iba a pasar tan solo un par de semanas después? Me es difícil ignorar que tan solo tres semanas después, en el mismo asiento que olfateó se encontraría una de las más encantadoras niñas que jamás habré conocido.
Su hermano mayor, en cambio, estaba frente al espejo del salón, intentando acomodar su insignia, aunque nunca quedaba del todo recta. Él siempre me caía bien, recordaba cuando yo era niño y él dirigía al resto de sus amigos, siempre me dejaba entrar con ellos a jugar.
—Linko, ¿Te avisaron sobre que…?—intentó preguntarme, sin apartar la vista del espejo, ni perder su sonrisa.
—¿… Tendría que unirme a la armada?—terminé la frase cruzado de brazos—Me duele el estómago mientras más pienso en eso.
Y era verdad, era como si alguien estirara mis tripas e hiciera un nudo con ellas, descubrí que la sensación nunca se va, solo aprendes a vivir con ella.
—Por Dios, deberías de estar ansioso mi amigo.—dijo tomándome del hombro y poniéndome a su lado en el espejo—Piénsalo de esta manera, tú y yo, peleando codo a codo por el eje, cuidándonos las espaldas.
Tomó la medalla de su pecho con mucho cuidado y la colocó en mi saco café. Pude ver mi rostro con una media sonrisa, para intentar ser amable.
—Creo que puedes tener razón.—dije intentando mantener los dientes en mi sonrisa.
—Claro que la tengo amigo mío.—dijo el chico lanzando una risotada y al final dándome un abrazo.
No fue tan duradero como el de Luan y Lori, las cuales ya estaban en la cocina, hablando con calma, incluso noté que nuestra vecina no estaba haciendo bromas sobre ratas judías, solo estaba escuchando a Lori. Respondí al abrazo, agradecido de que su familia nos ayudara en estos difíciles momentos.
—Loni, padre ya te habló de no dar abrazos a los muchachos.—dijo la menor de los Meyer con una mano en su cintura y la otra acomodando sus lentes de botella.
—Sí, sí, tienes razón Lisa, pero no dijo nada de mi hermanita.
Antes de terminar la frase se lanzó sobre la menor, la cual comenzó a correr por el salón, seguida de cerca por Loni. Sorpresivamente Lisa logró distraer a su hermano el tiempo suficiente para que apenas este tuviera que suspirar agotado por perseguirla, ella aprovechara para ocultarse.
—¿Lisa? ¿Lisa?
Yo solo reía por la escena, era la primera risa que había salido de mi en lo que había parecido mucho tiempo.
Lori los invitó a comer, lamentablemente Loni no se podía quedar debido a que tenía que hacer su patrulla de vigilancia diaria.
—Espero volver a encontrar un judío.—dijo Loni emocionado—Tal vez me vuelven a ascender de rango así.
—Estoy segura que lo harán.—dijo Luan sacudiendo la mano mientras la puerta era cerrada.
—¿Loni capturó un judío?—pregunté verdaderamente intrigado.
—Sí, resulta que ser ario sí que le sirvió de algo.—dijo Luan para luego lanzar una risa ligera—En la casa del señor Efdez.
—¿El viejo señor Efdez?—preguntó Lori, la cual apenas entraba desde la cocina—¿Qué paso con él?
—Lo colgaron.—dijo entonces la menor Lisa mientras jugueteaba con su vaso de vidrio a medio llenar—Escondía a una pareja de judíos en un pozo, para sorpresa de nadie, Loni es bastante propenso a caer en pozos.
—Oh Dios, no al señor Efdez.—dijo Lori llevándose una mano a la boca—¿Cuándo fue eso?
—La semana pasada.—contestó Luan con cierta amargura—Estamos esperando la carta de padre, por lo que sé, mandaron a la pareja a ser encerrados, y si lo conozco lo suficientemente bien, sé qué hará todo lo posible para encargarse personalmente de esos dos.
—Claro que lo hará, padre tiene contactos con el Fürer.—afirmó Lisa sin duda alguna en su voz—Estará orgulloso de su pequeñín logrando finalmente algo.
—Lisa.—intentó corregirla Luan.
—Niños.—dijo entonces Lori lanzando una risa ligera y repartiendo porciones de comida equitativas en la mesa.
Oramos y comimos mientras seguíamos charlando, Luan y Lori hablaban del pasado de ellas, cuando se conocieron, o cuando Lori le regaló sus muñecas antiguas, entre otras cosas. Mientras tanto yo escuchaba atentó, Lisa solo apoyaba su cabeza sobre sus brazos, mientras miraba fijamente a Luan, pero estoy seguro que no la estaba escuchando en absoluto.
—Estaba pensando.—interrumpí repentinamente ya cuando era muy entrada la noche—No hemos despedido a nuestros padres de la manera correcta.
Una ráfaga de frío recorrió la habitación, no lo suficientemente potente como para apagar la chimenea, pero sí como para terminar la amena conversación de esas dos.
—¿Qué propones?—preguntó, sorpresivamente Lisa—Podemos hacerlo en tu patio, todas estamos vestidas formales.
—¿Yo?
—Sí, Linko, no seas tímido.—me motivó Lori.
En aquel momento me sentía abrumado, sorpresivamente, puedes aprender a vivir con el miedo, pero no con un peso sobre tus hombros. Aquella era la primera vez que alguien me preguntaba qué deseaba yo.
—Enterremos una foto de ambos en el jardín.—propuse.
Tanto Lisa como Luan rieron ligeramente, pero Lori se me quedó mirando, intentando ver tal vez si en verdad estaba sugiriendo aquello. Finalmente sonrió.
—Tengo una foto indicada.
Durante la siguiente media hora tanto yo, como la pequeña Lisa nos dedicamos a excavar una pequeña fosa en mi patio trasero, no era muy grande, pero la tierra seguía húmeda por la lluvia reciente. Esa niña no habló durante todo el tiempo, solo se me quedaba mirando con sus grandes lentes de botella y su cabello alborotado poco apto para una niña, o al menos eso siempre decía mi padre cuando la familia Meyers venía a visitarnos antes de que papá fuera enviado a la batalla.
Lori no trajo, sorpresivamente, la fotografía de nuestros padres, sino que trajo la última foto familiar que tuvimos juntos, yo era cuatro años más joven, aun conservaba mis pecas, antes de que se atenuaran al crecer. Y mi cabello blanco seguía igual, inmutable y siempre bien formado. ¿Por qué Lori querría enterrarla? Tal vez notó eso en mi mirada.
—Esta es la foto de una familia que ya no existe.—aclaró ella—Ellos ya no volverán, y lo más adecuado es que no sigamos siendo los mismos que cuando ellos estaban presentes, a Lynn y Rita Loud les hubiera gustado que creciéramos, aunque sea a la fuerza.—dijo sin evitar soltar algunas lágrimas en medio.
—Por Lynn y Rita.—dijo entonces Luan.
—Por Lynn y Rita.—dijo Lisa intentando sonar emocional, pero fallando.
—Por papá y mamá.—dije observando una última vez la fotografía, la abracé un momento.
Sentí los brazos de Lori a mi espalda, ella me sostenía mientras yo intentaba no temblar al dejar la fotografía en blanco y negro de nuestra familia. Al hacerlo lo estaba confirmando, su muerte repentinamente era más real. Me intenté aferrar al papel e imaginar que mis padres seguían ahí en la fotografía, pero no, solo unas sonrisas eternas.
Mi hermana me apoyó hasta que ambos teníamos las manos en el pozo, sujetando la fotografía, Lori entonces la soltó y me tomó de los dedos para que yo dejara de aferrarme, estaba comenzando a romperla de los bordes porque mis dedos entumecidos se negaban a soltarla. Al final cedí, era cierto lo que había dicho Lori, no era tiempo para ser aquel Linko Loud de la fotografía, mucho menos con una gran responsabilidad delante.
Solté la fotografía.
Lisa y Luan amablemente se ofrecieron a terminar el entierro, incluso se las arreglaron para hacer una pequeña cruz con unas ramas del árbol. El resultado era bastante pobre, pero era mejor que nada, y definitivamente era lo que nuestros padres querrían. Las dos chicas Meyers se fueron ya muy entrada la noche, mientras que Lori y yo nos quedamos viendo la tumba improvisada lo más que pudimos.
Esa misma noche, mientas abrazaba a mi hermana, me propuse algo que el viejo Lincoln nunca pensaría, me propuse a aprovechar el tiempo que me quedaba con mi hermana para dejar una marca en ella, sin saber en lo que me metería, aunque creo que estoy a punto de lograrlo. Y de esa manera, si llego a cambiar por la guerra, tener un testimonio de quien fui, para volver a ser el Lincoln de ese momento.
Le daría a ella una razón para seguir adelante, y a mi mismo para nunca olvidar ese momento.
Continuara…
Notas de Autor – Perdón si peco un poco de Ooc, estoy intentando algo diferente, tengo esta idea rondando desde hace un tiempo, más Loud aparecerán en siguientes capítulos, tranquilos. Gracias por su atención.
Y tengo que remarcar la increíble ayuda que me dio mi amigo Manuel, el cual me ayudó mucho, sobre todo con el contexto histórico, este cap va por ti Manu. Y a Arokham por una hermosa portada que estará como la principal para cuando suba el capítulo 2.
