Where are you?

Los personajes pertenecen al Grupo CLAMP

OneShot


Where are you?

Esa mañana se levantó sin la necesidad de utilizar su despertador y comenzó a arreglarse para comenzar su día de la mejor manera.

Como la mente humana es muy negativa en ciertas ocasiones, mientras se arreglaba, un pensamiento un tanto negativo perturbo su buen día, y es que, por madrugar, está casi segura que algunos —cómo su molesto hermano mayor— seguramente le dirán que se está comportando de manera infantil, que ya va siendo hora de que madure, porque madrugar solo por ser el día de tu cumpleaños, no es digno de un monstruo de dieciséis años.

También está segura que por llamarla monstruo, le daría una patada para que se le quite esa manía de llamarla de esa forma tan fea.

Y es que Touya Kinomoto, no es capaz de darse cuenta que si de inmaduros se trata, él sin duda se lleva el primer lugar, por molestarla con tontos y molestos apodos.

Pero, en fin, su hermano mayor es un caso perdido por el cual no vale la pena pensar demasiado, y menos siendo un día tan especial.

Sin darle mayor importancia al pequeño obstáculo que se atravesó por su cabeza, termino su labor agarrándose su cabello castaño con un pequeño broche en forma de estrella.

Tras ver su silueta en el espejo que hay en su habitación, sonrió ante su obra de arte, pues sentía —y esperaba— que ese día luciera más bonita y radiante que el resto de los días.

En cuanto estuvo lista, tomo su mochila y bajo al comedor de su casa para desayunar.

—¡Buenos días, mamá!

Lo primero que hizo al llegar a la primera planta, fue saludar a la foto que mostraba una bella mujer de cabellos plateados y miranda dulce y verdosa igual a la de ella, pues darle los buenos días a la foto de su madre, era una especie de ritual que hacia desde que Nadeshiko Kinomoto cuida y protege a su familia desde el cielo.

—Sakura —menciono su padre, mientras observaba como su pequeña hija saludada con cariño al bello recuerdo de su madre — Buenos días.

—-¡Buenos días, papá! —saludo Sakura con entusiasmo.

—Muy feliz cumpleaños, hija. —Su padre la felicito, mostrando una amable sonrisa.

Agradeciendo a su padre el recordar el día de su cumpleaños, ambos se dispusieron a tomar sus alimentos en silencio. Ella estaba contenta, pues su padre tuvo la amabilidad de hornearle un pequeño pastelito, el cual disfruto con alegría, ya que sabía a la perfección que por esas fechas su padre había estado demasiado ocupado debido a su trabajo.

—Muchas gracias, papá —agradeció ella dándole un abrazo a su progenitor, justo antes de tomar sus cosas y salir rumbo a la escuela—. Nos vemos más tarde. —Se despidió ella colocándose sus patines.

—Con cuidado. —Se despidió su padre, viendo como su hija menor tomaba camino rumbo a la escuela.


Ir a la escuela en patines es un recorrido que ha hecho desde que va en primaria. Va de esa forma al colegio porque le gustan los deportes, pero también porque de esa manera puede contemplar el paisaje a su alrededor, en especial durante esa fecha del año, pues es cuando las algunas de las calles lucen hermosas, ya que son adornadas con los arboles de cerezos, los cuales están en su máximo esplendor.

El camino a la escuela luce más bello. Los cerezos florecen decorando así el camino, el olor que emana las flores es demasiado agradable, por ello, sin poder evitarlo, al pasar por el parque del Rey Pingüino se da cuenta que esa atmosfera se ve demasiado romántica.

El parque, las flores y el aroma, dan el escenario perfecto para una escena de amor. En la que una persona le declara su amor a otra persona, sellando su amor con un dulce beso.

Piensa que seria maravilloso que ese día a ella le dieran ese detalle, que alguien le confesara su amor bajo un cerezo, volviendo así su día de cumpleaños perfecto, pero sabe que las posibilidades de que eso sucedan son pocas, ya que la persona que ella quiere no la ve de la misma manera.

Para él, ella es una amiga más. Una amiga a la que protege, una amiga a la que acompaña de cerca para cuidarla de los chicos malos que vengan a ella con malas intenciones.

No es que sea negativa por pensar de esa manera, Simplemente es que él se lo dejo en claro en el pasado.

«Hasta que encuentres a alguien especial, seremos algo así como pareja… pero solo será para alejar a los oportunistas, ¿de acuerdo?»

Y ella, ella de tonta dijo que si, pues cuando sucedió aquello un chico con malas intenciones se acerco a ella. Lo bueno que tenía a su mejor amigo para salvarla de lo que pintaba a ser una relación toxica.

Sin embargo, ahora se arrepiente de aquello.

Sakura quisiera retroceder el tiempo y evitar decir que está de acuerdo con la decisión que tomo junto con su amigo, pero no puede hacer nada para cambiar su actual situación.

Tal parece que su mejor amigo, Shaoran Li, solo será eso, un buen amigo para ella.

Y eso a ella le molesta, pues por la dulzura y amabilidad de él, el amor lentamente sugirió. Cambiando los sentimientos de dulce amistad a tierno y puro amor.

Entre suspiros de amor, llegó a la escuela.

Se dirigió a su salón con la esperanza de ver a su mejor amigo y gran amor, más que nada para que la felicitara. Para que, aunque sea solo por un segundo les demostrara su doloroso amor frente a todos, pero nada.

Su amigo aun no estaba en el salón de clases, lo cual sonaba extraño, puesto que él siempre llegaba al salón de clases desde temprano.

¿Le habrá pasado algo? Pensó viendo con preocupación el puesto detrás del suyo vacío.

—Sakurita, buenos días —Estaba tan sumida en sus pensamientos que el saludo matutino de su mejor amiga la tomo desprevenida.

—Tomoyo, me asustastes.

Se quejo ella, recibiendo una sonrisa inocente por parte de su amiga.

—Pues en que pensabas, Sakurita —La aludida se sonrojo—, quiero creer que, en cierto compañero castaño, ¿verdad?

Sakura se puso más roja, las acusaciones de su mejor amiga no le daban tregua y menos, si continuaba con ese comportamiento tan sospechoso. Ya que, si algo tenía Tomoyo Didouji era el de ser bastante observadora, sobre todo cuando se trataba de ella.

Tomoyo a veces venia siendo como una acosadora con Sakura, pues se daba cuenta de cosas que Sakura por ser una chica despistada por naturaleza a veces pasaba por alto. Entonces al notarlo Tomoyo, se la pasaba dándole indirectas a Sakura para que se diera cuenta de las cosas que resultaban más claras que el agua.

—N-no sé de qué me hablas. —Su nuevo nerviosismo, no le ayudo en nada.

—Lo que digas, Sakurita —acuso su amiga, restándole importancia —Por cierto, feliz cumpleaños amiga.

Entre comentarios y bromas con su mejor amiga el timbre de entrada resonó por toda la escuela, pero ella seguía preocupada por su amigo, por el por qué no había ido a clases. Tanta era su preocupación que el horario de clases se volvió eterno, las felicitaciones que sus amigos le dieron durante la jornada escolar las paso por alto.

Egoísta, tal vez, pero en ese momento su preocupación por su mejor amigo, era mas grande.

¿Por qué de tantos días que tiene el año, tuvo que escoger el primero de abril para desaparecerse? ¿Por qué falto a clases? ¿Por qué no le aviso a nadie? ¿Por qué…

Eran tantas las preguntas, las cuales no tenían respuesta, haciendo que su preocupación se incrementara, más y más.

Por ello, al finalizar las clases se decidió ir a casa de su amigo y descubrir las respuestas a tantos por qué que habían surgido en su cabeza a lo largo del día.

«No te preocupes, Sakurita… Todo estará bien.»

Fueron las palabras de aliento que Tomoyo le dijo, justo antes de despedirse en la esquina derecha del colegio.

Sakura sonrió, queriendo confiar en lo dicho por su mejor amiga.


¡Él estaba bien!

¡Shaoran debía de estar bien!

Con pensamientos positivos, se dispuso a ir donde su mejor amigo; sin embargo, al llegar al mismo lugar en el que por la mañana parecía ser su escenario ideal para el comienzo de una historia de amor, lo vio.

Sentado en uno de los columpios, allí estaba él. Sus cabellos castaños se movían en compas con el viento, lo extraño de la situación resultaba que el portaba su uniforme escolar.

Y ella, suspiro aliviada. Todo pintaba a que él se encontraba a salvo. Su corazón latió de felicidad y de alivio.

—M-me espantaste. —indicó Sakura eliminando la distancia que los separaba.

Él dejo de mirar la nada y fijo su mirada dorada en la silueta de ella.

—¿Sakura? —preguntó él, como si la silueta de ella no fuera real— ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no estás en la escuela?

Qué él estuviera tan despistado significaba que había algo mal.

—Las clases terminaron desde hace rato —informó ella—, pero ¿por qué…

Sakura decidió dejar su pregunta a medias. No podía cuestionarle su ausencia de clases, ya que sonaría como una novia celosa y solo era una amiga más.

Una amiga…

La palabra causo estragos en ella. Ese día quería que él la notara, de ahí a que decidiera comenzar su día más temprano de lo normal, y es que tenía la esperanza de que él se diera cuenta de aquel sentimiento que surgió en su corazón por él.

Él la conocía bien, tanto que sabia lo que la atormentaba.

—Necesitaba pensar —aviso él—, entre tanto se me paso el tiempo volando. Lo siento.

Se levanto del columpio en el que había permanecido sentado, desde hace ya bastante rato y se acercó hasta quedar frente a la frágil figura de ella.

—Me preocupaste, Shaoran. —acuso ella.

—Lo sé y… lo siento, Sakura.

El silencio los cubrió. Un silencio cómodo que fue roto por ella.

—No hay problema, me alegra que estés bien.

Él sonrió. Por la suavidad de sus palabras.

—Sakura. Por favor, ayúdame con esto —pidió él, cambiando el tema. Ella asintió en respuesta. —. ¿En alguna ocasión te has arrepentido de una decisión?

Pregunto Shaoran, esperando una respuesta que en su opinión tardaba en llegar.

Ella pensó rápidamente la respuesta; no obstante, se negaba a decirla. Corría el riesgo de que su «si» sonara demasiado desesperado.

—Tal vez en alguna ocasión… —musito ella sin entrar en detalles. Sin aceptar que se arrepentía de decirle que aceptaba que él fingiera ser su pareja.

—Ya veo —Fueron las escuetas palabras que él le dio. —Yo también me he arrepentido de mis propias palabras y no sé cómo arreglarlo.

Eso ultimo lo soltó como un susurro que a ella le afecto.

—Shaoran —llamó ella— ¿Quieres hablar al respecto? —cuestiono ella.

Él negó con la cabeza.

—No hace falta… ya pensé en algo que espero que funcione —Ella iba a replicar, a decirle que cuenta con su apoyo, pero Shaoran volvió a hablar—. Por cierto, feliz cumpleaños.

—Gracias. —musito ella, haciéndose a la idea de que él no entraría en detalles.

—¿No me pedirás tu regalo? —cuestionó él resignado, mientras sacaba de su mochila una pequeña caja envuelta en papel decorado de estrellas doradas, la cual también era decorada con un moño rojo —. Y yo que me había esforzado en conseguir tu regalo.

Ella se sonrojo. Shaoran se había acordado de ella… Aunque tal vez no de la forma que esperaba, pero al fin de cuentas se acordó de ella.

—Muchas gracias, Shaoran.

Al darle el regalo, sus dedos se rozaron, sintiendo ella una sensación agradable proveniente de las manos de él.

Shaoran por su parte esperaba ansioso su reacción. Esperaba que Sakura abriera el regalo que le dio, pero al parecer su amiga no tenía intenciones de hacerlo.

— ¿N…no lo abrirás? —preguntó ansioso… y demasiado nervioso.

Ella se sorprendió por la petición y porque esa reacción temerosa era la que ambos tenían cuando estaba solo ellos dos.

Accediendo a la petición, Sakura abrió el regalo de manera lenta, ya que no quería dañar la decoración.

Él se ponía más nervioso.

Cuando termino su labor, Sakura se dio cuenta que el regalo que él le dio era un bonito peluche en forma de osito, el que a su vez portaba una pequeña cadena con un dije en forma de estrella.

Ella se sonrojo. En su idioma o, mejor dicho, en el idioma de su generación, ese tipo de peluches significaba «te quiero mucho».

Resultaba ser un bonito detalle de su parte, pero al mismo tiempo doloroso, pues ese «te quiero», era diferente al que ella sentía.

—Gracias, Shaoran. Me gusto mucho. —informo ella, sintiendo un nudo en la garganta.

—Eso no es todo, Sakura —aviso él—. E…en el dije hay otra cosa…

Shaoran volvió a tartamudear, pues su más grande temor se encontraba escondido en el pequeño dije en forma de estrella.

Sakura retiro la cadena con el dije del osito. Una vez en sus manos, abrió el dije con cuidado, percatándose que dentro se encontraba un pequeño papel doblado por la mitad.

Temerosa lo tomo y lo abrió.

Leyendo en silencio lo que decía, volteo a ver a Shaoran, permanecía expectante ante lo que diría Sakura.

—Y…y bien… ¿Q…qué opinas?

El tartamudear no le ayudaba mucho, pero por más que se esforzó en sonar seguro no pudo. La presencia de la chica lo ponía más nervioso, sus practicas de qué le diría se las llevo el viento.

A tal punto, que parecía un Shaoran de diez años, asustado y temeroso por hablarle a una chica.

—¿Estás hablando en serio? — preguntó ella, sintiendo una serie de emociones la invadían.

Sintiéndose incapaz de hablar, él asintió.

—Me arrepentí de lo que te propuse en aquella ocasión —indico él— Llegue a pensar que fue Karma —aceptó—. Ya que lo que te propuse, fue muy parecido a lo que mi prima me propuso cuando tenia cinco años y me arrepentí de lo que hice, pero…

Él ya no pudo continuar, pues sabia a la perfección que el proponerle a Sakura ser una pareja, mientras ella encontraba a su persona ideal no fue buena idea, sobre todo porque en el pasado a él le había transcurrido algo similar con su prima.

Ella le pidió que la protegiera y él acepto, hasta que tuvo la edad suficiente y se dio cuenta que un compromiso así era ridículo.

Y entonces la conoció a ella, a Sakura. Esa niña de ojos verdes y cabellos castaños claros que con gran esfuerzo se gano su amistad; pero como era de esperarse él cometió un gran error, del cual se arrepintió en el momento en que se dio cuenta que aquella propuesta iba de algo más allá de un impulso.

No era solo por protegerla.

Eran por celos.

Porque la chica de ojos verdes ya se había apoderado de su corazón y él por ciego no lo había notado.

Hasta que se armo de valor y quiso intentar.

Quiso arriesgarse a descubrir si ella lo veía con otros ojos que no solo eran de amistas.

—Por más que lo intentaste no pudiste arreglarlo —continuo ella. Él parpadeo confuso, por la conclusión a la que llego —. Lo sé, porque me paso igual, Shaoran.

—No pensé que también…

—Shaoran —interrumpió ella. Las explicaciones estaban de más — Si.

Él quedo en silencio. Tardo un par de segundos en reaccionar.

—¿S…si?

Acortando la pequeña distancia que los separaba, ella avanzo hasta quedar a un lado de él.

—Si acepto ser tu novia. —aseguro, dándole un corto beso en una de las mejillas de él.

Ambos se sonrojaron por la acción de ella, pero no les importo. Porque esa escena romántica, era la que ambos habían estado esperando desde hace mucho.

Porque aquel primero de abril, ambos aceptaron su amor. Porque el cumpleaños número dieciséis de ella había sido bastante especial para ambos ya que, teniendo los cerezos en flor como testigos, ambos aceptaron el sentimiento de amor que en ellos había surgido.

Y ese sentimiento, difícilmente desaparecería, pues era de un amor puro y hermoso como las cálidas flores de cerezo que brotan durante la primavera.


Notas de la autora.

Esperé tantas ocasiones para sacar este cliché que incluso perdí la cuenta, pues entre la escuela y el trabajo, el tiempo me faltaba, pero hoy me dije, tengo que hacerlo si o si.

Y aquí estoy, desvelándome y fingiendo hacer mi tarea para sacar este Oneshot lo antes posible (aunque ya paso el cumpleaños de Sakura, pero las intenciones son las que cuentan).

Espero que a alguien le guste y no suene tan raro, porque la inspiración se negaba a ayudar.

Y ya saben, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.