Confía en mí
Disclaimer: Este Drabble fue escrito para el grupo Harmony (Harry y Hermione) y los personajes de este relato pertenecen a J.K Rowling.
El pequeño Teddy Lupin cumplía cuatro años de edad y Harry Potter quería celebrarle como se merecía. En su nuevo papel de padrino, se desvivía por ese niño de cabello azulino e impresionantes ojos grises. Había pasado la noche en vela organizando todo. Había hablado con Hagrid para que llevara el regalo que tanto quería Teddy: una lechuza blanca como la que le contó que tuvo años atrás: La heroica Hedwig.
Todo estaba listo en la mansión Grimmauld Place. Lamentó que Hermione no pudiera estar con Luna Lovegood debido a su turno en el Hospital de San Mungo. Ellas, como medimagas especialistas, tenían mucho trabajo que les consumía casi todo el tiempo. Cuando le transmitió esa inquietud a Ron, el pelirrojo se encogió de hombros y eso le molestó. Hermione era su novia y parecía que le afectaba más a él el hecho que no estuviera.
A mitad de la noche, Harry no podía dormir, no por la ansiedad de la fiesta, sino que por un incómodo presentimiento. Sentía angustia y no sabía por qué. Se levantó, se paseó por la habitación hasta que sintió que alguien estaba en la sala principal. Bajó las escaleras y vio a Andrómeda con el pequeño Teddy en sus brazos. Su rostro de congoja provocó que Harry corriera hacia ella.
-Teddy tiene mucha fiebre, no puedo bajársela con nada- dijo atropelladamente. Harry tocó su frente y notó que ardía sobremanera. Sólo una persona se le vino a la cabeza.
Aparecieron frente al hospital de San Mungo. Al moreno le importó un carajo si algún muggle los descubría, se trataba de su ahijado y ahora él lo cargaba contra su pecho. Temblaba de forma incontrolada y apuró el paso chocando con las personas sin siquiera sentirlo.
-¡Necesito a la medimaga Hermione Granger!- ordenó en recepción y el llamado a la castaña no se hizo esperar. La muchacha llegó advirtiendo la aflicción de su amigo al instante. Un sanador le pidió al niño pero Harry no quería soltarlo.
-Todo estará bien, Harry. Déjalo.- esas palabras dichas por Hermione fueron más que suficientes. El moreno lo soltó y los vio perderse entre las puertas de vaivén. Luego de una hora, donde el ojiverde se estrujaba las manos como un loco junto a Andrómeda, la castaña aparece y lo llama hacia una habitación. En el interior, Hermione le pidió que tomara asiento. -Teddy está bien, le bajamos la fiebre y lo estudiamos por completo.
-¿Qué tiene?
-Está mostrando signos de licantropía… - le dijo sin rodeos. Harry tragó saliva y Hermione se agachó para mirarlo de frente. – Por favor, Harry. Podremos controlarlo, todo estará bien, confía en mí. – la angustia del moreno cesó. Si ella estaba ahí, nada podía resultar mal. Con un movimiento casi involuntario, le acarició la sien y le apartó un mechón de cabello castaño. La muchacha lo abrazó con fuerza y se quedaron así por varios segundos. Al separarse, sus mejillas rozaron causando electricidad. Sus miradas se encontraron y antes de acercar sus bocas, el nombre de Hermione resonó en los altoparlantes para atender una urgencia. Ambos despertaron del embelesamiento y torpemente se pusieron de pie para salir de la habitación. En la sala de espera ya estaban todos y Harry tuvo que disimular el rubor que le encendió hasta las orejas.
