NOTA DE LA TRADUCTORA: Hola gente! Esta es la traducción de A Libero's Mishap (no he sido capaz de traducir el título, si alguien tiene alguna sugerencia, bienvenida sea). Todos los créditos a In-Umbra por su trabajo con este maravilloso fic (dadle corazoncitos). Actualmente In-Umbra está trabajando en la secuela, que iré traduciendo (con la calma). Esperamos que os guste!
DISCLAIMER: Haikyuu y todos sus personajes pertenecen a Furudate
Un horrible descubrimiento
El equipo Karasuno estaba practicando duro para ganar las Nacionales. Estaban más que entusiasmados por ver contra quién se enfrentarían, sobre todo los de tercero, para quienes aquel sería su último año de instituto. Sin embargo, ir a las Nacionales no significaba que podían holgazanear. Todos habían estado trabajando duro desde que ganaron su partido contra el Shiratorizawa.
La práctica del día estaba a punto de finalizar, y cada miembro del equipo recogía sus cosas. Para sorpresa de nadie, Hinata corrió hacia Kageyama.
–¡Hey, Kageyama, lánzame algunos pases!
El colocador miró al rematador unos segundos antes de suspirar.
–Esta noche no puedo. Mi madre quiere que llegue más temprano hoy. Quizás lo podamos hacer mañana.
Hinata le miró decepcionado, causando que Kageyama pusiese los ojos en blanco.
–¡No me mires así!
Kageyama se dio la vuelta y siguió ayudando a recoger. Mientras tanto, Asahi bebía agua cuando Nishiyona se le acercó.
–¡Hey, buen trabajo! ¡No lo has hecho nada mal hoy!
Asahi rió ligeramente.
–Gracias, Noya… Tú has estado tan genial como de costumbre.
–¡Gracias! ¡He estado practicando mucho mis recepciones! Hay que estar preparado para las Nacionales, ¿cierto? – le golpeó con una sonrisa.
–¡Desde luego! – Noya sonrió mientras se marchaba.
Tsukishima y Yamaguchi estaban terminando de guardar sus cosas cuando Daichi se les acercó. Yamaguchi se puso tenso; Tsukishima, en cambio, miró a su capitán sin preocupación alguna.
–¿Puedo hablar un momento con vosotros antes de que os vayáis?
–¿He-hemos hecho algo malo? – preguntó Yamaguchi tímidamente.
–No, claro que no. Solo quería hablar con vosotros dos acerca de cómo mejorar vuestro juego.
Tsukishima y Yamaguchi se miraron el uno al otro antes de enviar a su capitán una mirada interrogante.
–¿Cómo qué? – preguntó Tsukishima.
Daichi empezó a explicar cómo podían ambos mejorar poco a poco. Para Tsukishima fue oír cosas que ya sabía o en las que ya estaba trabajando; parecía que prestaba atención, pero en realidad estaba algo aburrido.
Yamaguchi, en cambio, vio una oportunidad de aprender un par de trucos para su servicio y mejorar, a fin de conseguir más tiempo en la cancha. Observó a Daichi con toda su atención mientras este explicaba. Tsukishima lanzaba ojeadas cada dos por tres a su amigo para ver la ligera emoción de sus ojos.
Poco después, Daichi consultó la hora y se percató de lo tarde que era. Despidió a los dos chicos de primero y empezó a limpiar lo que quedaba del gimnasio. Los otros dos se miraron antes de volver con él.
–Eh… ¿Estás seguro de que no quieres que te ayudemos? – preguntó Yamaguchi.
–Estaré bien. Deberíais volver a casa y…
El sonido de la puerta del gimnasio abriéndose de golpe interrumpió a Daichi. Los tres se quedaron paralizados por el repentino ruido. Una vez se volvieron, vieron a Nishinoya en la entrada jadeando, quien enseguida cerró la puerta tras de sí. Trataba de recuperar el aliento como si acabara de correr una maratón.
–Nishinoya, ¿qué estás haciendo aquí otra vez? Creí que ya estarías en casa– preguntó Daichi, confuso.
Yamaguchi soltó una exclamación y Tsukishima volteó la cabeza, solo para ver los ojos de su amigo abrirse y el horror pintarse en su rostro.
–¿Qué te pasa?
Yamaguchi, temblando, señaló frente a él y Tsukishima, tras seguir la dirección que marcaba su amigo, descubrió qué le había horrorizado tanto. Iba a decir algo cuando Daichi se percató de que algo iba mal.
–N-Nishinoya, ¡¿qué ha pasado?!
Nishinoya estaba cubierto de cortes y hematomas de los pies a la cabeza. Sin embargo, estos no eran nada comparados con la sangre que empapaba la parte inferior de su camiseta. Sin examinarlo, era realmente difícil, imposible incluso, determinar de dónde salía tanta sangre.
–No es… Tan grave como… Parece– exhaló Nishinoya.
–Es evidente que no estás bien- señaló Tsukishima–. Mentir no va a ayudarte en esta situación.
Nishinoya lanzó una débil mirada al rubio al tiempo que andaba hacia él. Intentó que pareciera normal, pero no convenció a nadie. Daichi comenzó a ir hacia él cuando empezó a desacelerar el paso, señal de que estaba a punto de colapsar. Daichi no perdió un segundo y corrió hasta él, consiguiendo agarrarle a medio camino de la puerta.
Tsukishima y Yamaguchi corrieron hacia ellos mientras el capitán se agachaba rápido pero gentilmente con Noya en sus brazos. Los ojos del líbero estaban cerrados y su aliento se reducía por segundos. Daichi no llevaba ni veinte segundos sujetando a Noya y su mano ya estaba cubierta de sangre. Se volvió hacia los otros dos chicos.
–¡Tadashi, llama a una ambulancia! ¡Tsukishima, ayúdame a parar la hemorragia!
Tsukishima asintió antes de mirar a Yamaguchi, que aún estaba paralizado.
–¡Oye! – Tsukishima le golpeó en el hombro, sacándole del shock.
–Eh… ¡Claro! ¡Voy!
Yamaguchi sacó al instante su teléfono y corrió al exterior para hacer la llamada. Tsukishima se unió a Daichi en el suelo antes de quitarse la chaqueta, doblarla y ponerla sobre el parquet.
–Úsalo de almohada.
Daichi asintió al tiempo que tumbaba a Nishinoya y se aseguraba de que su cabeza tocara la chaqueta de Tsukishima. Enseguida, una piscina de sangre empezó a formarse en el suelo.
–¡Mierda! – murmuró el rubio.
–Tsukishima, tenemos que hacer que deje de sangrar- dijo Daichi, calmado en el exterior pero devorado por el pánico.
Tsukishima pensó un momento antes de que una idea le viniera a la cabeza. Se quitó la camiseta y de inmediato la presionó contra el costado de Noya. Este gruñó a causa del dolor, pero no se movió.
–Tsukishima, ¿por qué…?
–Necesitamos algo más. La camiseta ya está casi cubierta de sangre.
A Daichi le golpeó lo rápido que aquello había pasado, pero asintió.
–¿Puedes quedarte con él un momento? Voy a ver si puedo encontrar vendas o algo que pueda servir.
Tsukishima asintió antes de que Daichi se levantara y se marchara corriendo. El rubio bajó la mirada y se encontró con que la sangre goteaba de la camiseta. No tenía ningún sentido… Noya acababa de estar ahí, practicando, y ahora sangraba de aquella manera.
Tsukishima nunca había sido muy cercano al líbero, pero no se creía que pudiera estar metido en algún tipo de problemas. Aun así, él en realidad nunca prestaba atención a algo fuera del voleibol… Aparte de Tadashi.
De pronto, Nishinoya empezó a moverse y a girar ligeramente su cabeza. Tsukishima le miró, preguntándose si despertaría o no, y justo entonces el líbero abrió los ojos y le miró.
–¿T-Tsukishima? – la voz de Noya era apenas un hilo.
–Bien, estás despierto. Ahora quédate así.
Nishinoya se percató de que estaba tumbado en el suelo con una chaqueta bajo su cabeza. Lo último que recordaba era a Daichi corriendo hacia él y cogiéndole mientras caía. Estaban Daichi y… Yamaguchi. Nishinoya oteó la habitación para encontrar alguna señal de ellos.
–¿D-Dónde están… Tadashi y… D-Daichi?
–Daichi fue a encontrar algo para ayudar a parar la hemorragia porque estás perdiendo una tonelada. Tadashi está fuera llamando a una ambulancia.
Nishinoya le miró unos segundos antes de que sus ojos se abrieran y la adrenalina le recorriera todo el cuerpo.
–¡¿Has… Dicho que Tadashi está fuera?!
–Eh, ¿sí? – respondió Tsukishima, confuso.
Nishinoya trató de incorporarse, pero el dolor seguía ahí, y tuvo que morderse el labio para no gritar. Todo lo que salió fue un gruñido mientras volvía a tumbarse, apretando los puños.
–Idiota… Todavía estás herido– Tsukishima puso los ojos en blanco–. ¿Qué estabas diciendo de Tadashi?
–¡Está en peligro! ¡Tienes que hacer que entre ya!
Tsukishima se puso rígido. Tener el nombre de su amigo y la palabra peligro en la misma frase le preocupó.
–¿Qué quieres decir? – preguntó, despacio y calmado.
Toda la adrenalina que había inundado a Nishinoya se desvaneció en un parpadeo. Tsukishima pareció notarlo, sobre todo cuando los ojos de Noya empezaron a cerrarse de nuevo.
–¡Oye, no te duermas! – Tsukishima elevó la voz para que el líbero pudiera oírle– ¿Qué te ha pasado y por qué está Tadashi en peligro?
La visión de Nishinoya se nubló; empezó a ver puntos negros. Apenas podía ver a Tsukishima claramente. Sin embargo, con un poco de fuerza que aún le quedaba, se las apañó para contar a su compañero qué había pasado.
–…E-estaba en una p-pelea… Y… a-a-apuñalado…
Entonces el cuerpo de Nishinoya no pudo luchar más, y le forzó a caer inconsciente. Tsukishima comprobó su pulso, que estaba un poco más acelerado de lo que debería. Tras esto, empezó a dar suaves golpes en las mejillas de su compañero.
–¡Oye, he dicho que no te duermas!
–¡Tsukishima! – gritó Daichi.
Tsukishima volvió la cabeza para ver a Daichi llegando con algunas vendas, toallas y otras cosas que pudo encontrar.
–¿Por qué has tardado tanto? ¡Se está desangrando muy rápido!
De no ser por las circunstancias, Daichi le habría reprendido por su actitud. Sin embargo, no lo tuvo en cuenta.
–Encontrar vendas ha sido más difícil de lo que pensaba. Pensé que podríamos usar toallas para ayudar a parar la hemorragia.
Tsukishima asintió al tiempo que cogía la camiseta ensangrentada y la reemplazaba por una toalla. Nishinoya hizo una mueca de dolor, pero no se movió. Tsukishima pensó en lo que Noya había dicho sobre Yamaguchi; considerando la situación, sabía que no mentiría sobre algo tan serio.
–Ey, capitán, ¿puedes…?
De pronto, la puerta del gimnasio se abrió de golpe, mostrando a Yamaguchi. Tsukishima suspiró aliviado al comprobar que su amigo estaba bien… Al menos, físicamente.
–¡He llamado a la ambulancia y al entrenador! ¡Pensé que podría ser de ayuda!
–Bien pensado– exclamó Daichi.
–¿Cómo está?
–No muy bien– dijo Tsukishima–. Está sangrando mucho.
Los ojos de Yamagushi se abrieron ante la piscina de sangre que se había formado en torno al líbero y tuvo que cubrirse la boca con la mano.
–Dios mío…
Daichi puso una toalla nueva sobre Noya.
–Me pregunto cómo ha podido pasar esto…
–Le han apuñalado en una pelea– respondió Tsukishima, provocando que sus compañeros le miraran en estado de shock y confusión.
–¡¿Q-Qué?! – la voz de Yamaguchi se quebró.
–¿Cómo lo sabes?
–Porque me lo ha dicho. No sé nada sobre los detalles.
–Así que… ¿Se ha despertado? Debió ser cuando fui a buscar las vendas.
–Estuvo en alerta unos 30 segundos antes de desmayarse otra vez.
–Entonces… Si Nishinoya estaba en una pelea y consiguió escapar con una herida como esa… ¿Q-Qué le pasó al otro tipo? – inquirió Yamaguchi ligeramente aterrorizado.
Daichi y Tsukishima se miraron el uno al otro, y antes de que pudieran decir nada las sirenas llegaron hasta sus oídos.
–¡Son ellos! – dijo Daichi, levantándose.
–¡Yo les aviso! – exclamó Yamaguchi enseguida– Vosotros seguid ayudándole.
Daichi habría protestado, pero aquel no era el momento, así que aceptó. Yamaguchi corrió hacia la puerta y comenzó a agitar los brazos mientras la ambulancia se acercaba. Tras ella iba un coche, que Yamaguchi supuso sería de Ukai. El coche se las apañó para parar a unos metros de la ambulancia y su ocupante se dio prisa en salir de él. Yamaguchi estaba en lo cierto, era Ukai.
–¡Entrenador!
–¡¿Dónde está?! – dijo Ukai, tratando inútilmente de mantener la preocupación y el pánico fuera de su tono de voz.
–¡E-En el gimnasio, con Daichi y Tsuki!
Ukai no perdió el tiempo y corrió hacia el interior del gimnasio. Yamaguchi esperó fuera a los paramédicos que venían en auxilio de Nishinoya. Mientras tanto, Ukai entró y sus ojos se abrieron ante la condición del líbero. Yamaguchi le había dicho que estaba gravemente herido y sangrando mucho… Pero no pensó que sería tan malo.
–¡Entrenador! – exclamó Daichi al tiempo que el entrenador se arrodillaba frente a Nishinoya.
–¿Qué le ha pasado?
–Parece que ha sido apuñalado en una pelea– respondió Tsukishima–. Al menos eso fue lo que me dijo.
–¿Una pelea? ¿Y se hizo ese tipo de herida?
–No sabemos lo profunda que es. Llegó al gimnasio así– explicó Daichi–. Hemos intentado parar la hemorragia pero no hemos visto dónde está la herida exactamente.
–Ya veo– dijo Ukai antes de mirar a Nishinoya–. Ey, Nishinoya, ¿puedes oírme?
Ninguna respuesta, como temía. De pronto, Yamaguchi entró corriendo seguido de los paramédicos.
–¡Todo el mundo para atrás! – gritó uno de ellos.
Nadie puso objeciones. Tres de los paramédicos se agacharon junto al líbero mientras otro comenzó a hacer preguntas a los tres estudiantes y a su entrenador.
–Vale, ¿alguien puede explicarme qué ha pasado?
Tsukishima supo que tenía que contestar.
–Me dijo que se metió en una pelea y fue apuñalado en el proceso.
–¿Sabes dónde fue la pelea?
–No, pero asumo que tuvo que pasar en el recinto escolar. Estaba sangrando mucho así que no creo que pudiera llegar muy lejos con una herida como esa.
El paramédico frunció el ceño.
–Ya veo. Bueno, si fue en el recinto escolar, sería mejor que se involucrara la policía. Si el asaltante sigue por el campus, lo mejor es capturarlo lo antes posible. No podemos dejar que nadie más resulte herido.
A ninguno le gustaba la idea de meter a la policía en todo aquel asunto, pero sabían que era necesario. El paramédico se giró hacia Ukai.
–¿Es usted el tutor de este joven?
–No…– negó Ukai con un movimiento de cabeza– Soy su entrenador de voleibol. Uno de mis jugadores me llamó para contarme qué había pasado.
–De acuerdo. ¿Tiene su información de contacto? ¿De sus padres? ¿Su tutor?
Ukai asintió. Antes del inicio de temporada era necesario tener los contactos de emergencia de todo el equipo.
–De acuerdo… Podéis venir al hospital si queréis– el hombre se volvió hacia los estudiantes– ¿Podéis decirme vuestros nombres? Si la policía atrapa a ese tipo, os podrían llamar para preguntaros y posiblemente actuar en calidad de testigos.
Todos se miraron, sin que la idea acabara de gustarles, pero aún así querían ayudar en lo que pudieran.
–Sawamura Daichi.
–Tsukishima Kei.
–Y-Yamaguchi Taadashi.
El paramédico anotó sus nombres.
–¿Y el del chico?
–Nishinoya Yuu– respondió Ukai.
El hombre asintió antes de que el resto de paramédicos comenzaran a llevarse a Nishinoya fuera del gimnasio.
–¡Tenemos que irnos! ¡Su condición está empeorando!
–¡Sí! – exclamó el paramédico que había estado preguntando. A nadie se le pasó por alto lo pálida que estaba la piel de Nishinoya; era aterrador.
–¡ Vosotros tres, conmigo! ¡Vamos a seguirles! – exclamó Ukai.
–¿No deberíamos limpiar antes este desastre? – preguntó Tsukishima, haciendo referencia a la piscina de sangre del suelo– Quiero decir, va a dejar mancha.
–¡No es el momento! Y tampoco puedo dejaros aquí solos. El paramédico tiene razón, si hay alguien peligroso ahí fuera puede ir a por vosotros.
–Pero podemos cuid…
–¡¿Y qué pasa si terminas como Nishinoya?! ¡No podemos arriesgarnos! – declaró el entrenador, cogiendo a Tsukishima con la guardia baja.
–Ti-Tiene razón– dijo la suave voz de Tadashi.
–Lo siento– suspiró Ukai–, pero no podemos arriesgarnos a que alguien más resulte herido.
–Sí, supongo que tienes razón.
–Podemos limpiar esto más tarde; ahora deberíamos ir al hospital. De todas formas, tengo que llamar a sus padres.
Los otros asintieron, cogieron sus cosas y comenzaron a seguir a Ukai hacia su coche. Los de primero se sentaron detrás, mientras el de tercero ocupaba el asiento del copiloto. Un minuto después, la ambulancia arrancó y salió a toda velocidad, con las sirenas y las luces encendidas. Ukai arrancó el coche y comenzó a seguirla.
