ARTIFICIAL

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Necesitas aprender cómo pretender.

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Octubre, 19.

ANDROIDE Modelo: 107SPM.

Modelo único.

Nombre código: STAN

Iniciando sincronización.

Programación completada.

Iniciando sistema, STAN ha entrado en función.

La pantalla marcaba mientras el hombre en la silla observaba el proceso seriamente, tecleando un par de veces mientras desviaba la mirada de manera fugaz a la máquina en la mesa de su taller/laboratorio. El ruido de la maquinaria se extendió a lo largo del casi vacío lugar y una alarma le dio la señal de que la máquina había entrado por completo en funcionamiento.

Se levantó de su sitio, sin quitar la mirada de la pantalla hasta que esta marcó el positivo y se volvió hasta el androide. Con movimientos erráticos, la máquina se movió dando pie a que su funcionamiento estaba siendo correcto y sonrió para sí, su creación había sido un éxito. Se acercó con lentitud hasta que el otro abrió los ojos, iluminándose estos levemente de un halo de luz azulada.

—Bienvenido al mundo, Stan —le dijo. —¿Puedes presentarte?

—Androide modelo 107SPM, mi nombre es Stanley Marsh —le dijo de manera mecanizada y el científico simplemente sonrió.

—Bien hecho, Stanley. Fuiste creado para servir y seguir órdenes —indicó al azabache, quien pestañeaba lentamente, como si estuviera asimilando la situación. —Tus dueños son los señores Marsh, en unos días vendrán por ti para que vivas con ellos, como un hijo más —explicó, esperando a que todas las funciones instaladas comenzaran a inicializarse correctamente.

STAN era como un capricho de personas ricas, los señores Marsh habían hecho el encargo con especificaciones en su personalidad y función. Y también, era su proyecto más innovador, al cual puso más empeño que cualquier otro, por la simple necesidad de que fuera perfecto.

El androide tenía la apariencia de un joven de 20 años, cabellera negra y tez blanca. Los Marsh habían invertido una suma especial con tal de que luciese lo más real posible y se había esmerado en los detalles.

Solo esperaba que los programas corrieran correctamente y cómo estaban planeados.

Inclusive había desarrollado un software solo para él, un mecanismo inventivo que le ayudaba a comportarse y sentir como un humano más. También, poseía sensores de todo tipo, ayudando a maximizar los sentidos, siendo algo que le ayudaría a ser más humano. Estaba contento con los resultados y no esperaba menos de su propia inteligencia.

—Comenzaremos a seguir una rutina especial para ayudar en tus sensaciones, sentidos y reacciones, mi hermosa creación —murmuró, comenzando a moverse por el taller en busca de instrumentos que le ayudasen al proceder de la rutina.

El androide le observaba, siendo consciente de su entorno. Cargando los datos necesarios para comenzar a desempeñar sus funciones satisfactoriamente.

Mi nombre es Stanley Marsh. Dijo la voz de su cabeza, mientras alzaba ambas manos frente suya, moviendo los dedos lentamente, sintiendo las articulaciones artificiales moverse y tocó sus dedos, los sensores en los mismos ayudándole a sentir la textura suave y cálida; su motor interior ayudaba a que tuviese una temperatura parecida a la humana. Escaneó el lugar fugazmente hasta que el científico regresó. Frente a sus ojos aparecieron los datos del hombre, quien le sonrió ampliamente. Sonrisa. Una expresión facial de 17 músculos, que detonaba diferentes emociones dependiendo de su extensión.

Pestañeó en cuanto el hombre colocó un par de objetos a su lado. Más que nada eran herramientas y objetos punzo cortantes, así que solo observó fijamente esperando algún movimiento ajeno. El científico alzó lo que era un martillo y sonrió nuevamente, ésta vez, el androide fue capaz de notar la leve diferencia en la expresión.

—Bien, comenzaremos con algo simple, el dolor.