NDA: Bueno, éste será de los pocos Big Project que he tenido preparados. No es algo que me saqué de la cabeza ayer, llevo tres años con ésto en mente y finalmente he decidido liberarlo. Quiero mencionar ésto para evitar alguna confusión con los trabajos de otros autores por si hubiese alguna similitud con otros proyectos. De verdad pido una disculpa si algún personaje / talento luce similar a uno ya existente, NO fue mi intención además de que NO tengo conocimiento de otros relatos / juegos creados por la comunidad más allá de los títulos creador por LINUJ: SDRA y SDRAll.
Me maté semanas tratando de hacer ésto, más conociendo que Dsnganronpa se caracterizan por su arte. En algún momento traeré eso para complementar a los personajes. Sus fichas serán agregadas eventualmente al fanfic con descripciones más profundas.
Me pareció divertido incluir en este proyecto participantes de distintos países: Argentina, México, Serbia, Inglaterra, Grecia, España y otros más para darle variedad. A todos se les dará un trato justo ya que deseo hacer esto más grande y bonito.
Como he dicho, llevo planteando ésto en mente desde hace muchísimo tiempo, demasiado, pero por las clases, la escuela y las circunstancias de la vida no he podido hacer mucho más que escribir. En algún momento voy a contactar con un artista para colaborar y hacer ésto más... estético.
Todos los personajes son creados por mí. Cualquier personaje habido y que tenga semejanza con alguno creado por otro autor o tenga similitud con alguien de la vida real sea vivo o muerto no es nada más que MERA Y PURA COINCIDENCIA. Verás mucho esto porque quiero tener los menos problemas posibles.
Cualquier duda házmela saber por favor. Estaré eternamente agradecido.
Comencemos.
Todo estaba sumido en una completa oscuridad. No podía sentir nada, tampoco tenía habilidad alguna de mover sus articulaciones. Por un momento pensó que había muerto, que eso era lo que le esperaba cuando cerraba los ojos definitivamente.
Entonces una luz brillante, de divino color hizo acto de presencia.
Era tan lúcida, tan preciosa.
La siguió, no sabía cómo lo hacía o si su mente imaginaba a ella misma flotando quizá, o como si fuese un juego que su cerebro estaba llevando a cabo en sus últimos retazos de vida.
—Está viva.
Una voz que no era la suya vociferó, no lo dijo como si fuera algo de alegrarse, sino como si se tratara de una noticia a la que estaba acostumbrada.
Con esa indiferencia.
Todavía estaba inconsciente. Le tomaron unos minutos para poder abrir los ojos y ver en qué se había metido.
Un par de perlas marrones, de un tono muy suave se abrieron.
—Muchas gracias, Sergei.
—Por algo soy paramédico. Debo trasladarla a la brevedad posible.
—Bienvenida al mundo real... ojalá no hubieras despertado.
La voz gruesa pero sin perder su toque femenino expresó sin muchos ánimos.
El caballero la miró con una sonrisa, alegre de haberla encontrado.
—Soy Sergei Romanov, el Paramédico Definitivo. ¿Con quién tengo el gusto de hablar?
Para evitar que ella se pusiera de pie él decidió hincarse. Mantuvo la distancia claro está con tal de no hacerla sentir incómoda.
—Sergei...
Le resultaba familiar, pero no sabía de dónde.
—Yo... mi nombre es.. Kimiko... Kimiko Aruko... y yo...
Se desesperaba, todo fue tan repentino. Su cabeza le dolía y tenía ganas de vomitar. Sentía el sabor del ácido en su boca.
—¡Oye! Tranquila, con calma. Podemos hablar seguros si nos reunimos con los demás... ahí te cuidaremos.
—Gracias...
Estaba desorientada todavía.
—¿Puedes caminar? Intenté buscar equipo pero la enfermería está cerrada... y al parecer el gimnasio es el único sitio abierto.
La señorita de cabellos negros estaba genuinamente encantada con la hospitalidad de él.
—Me duele un poco la cabeza... Gracias.
Quedó pasmada al verlo de cerca.
—Supongo que eres ruso.
—Tengo familia, pero no viví ni vivo en Rusia. Las circunstancias... cambian.
—Sergei...
—¿Sí, Kimiko?
El hombre de gran estatura y cuerpo ancho por una evidente musculatura preguntó como un mecanismo obvio. No lo pensó, sólo lo hizo.
—¿Sabes dónde estamos?
Él postró su vista contra los suelos de azulejos negros y morados.
—No tengo idea... ¿Puedes caminar? ¿Te duele algo o estás herida? Para saber cómo tratarte y trasladarte.
—No... gracias. Puedo caminar, sólo que ha sido muy repentino... Estaba abriendo un cadáver y...
—¿Cómo?
Él se alejó por un momento. Esperaba todo, menos un cadáver. Al parecer su bata blanca, los pantalones negros y ese lapicero rojo puesto en el bolsillo de su seno izquierdo lo engañaron.
—¡Oh! No temas. Mis amigos también tuvieron la misma expresión cuando me conocieron. Soy Kimiko Aruko... La Forense Definitiva.
Él quedó encantado con conocer un talento tan fascinante.
—¡Eso es genial! Tal vez tú y yo podríamos hacer buen equipo.
—Jeje... no es como que vaya a haber algún muerto aquí... ¿Verdad?
Sergei tuvo un escalofrío. Esa sensación recorrió su cuerpo como si eso fuera a suceder.
—No pensemos en eso. Te ayudaré, anda.
Romanov le tendió su mano y ella con gusto la aceptó. Debido a que despertó estaba algo mareada.
Sergei la protegía como si la vida de ella dependiera de eso.
La joven de piel clara caminaba con lentitud, sin perder el ritmo del caballero vestido de blanco y negro. Veía los pasillos, tan vacíos, carentes de vida alguna y con esos tonos de pintura verde que provocaban dolor de cabeza por lo insoportables que eran.
Las demás aulas estaban cerradas, pero no por el picaporte, sino que unas vallas de metal impedían el paso.
—Las puertas solo se abren hacía fuera. Intentamos girar el picaporte y ver qué había dentro, porque las vallas tienen espacios... fue inútil.
—Al menos lo intentaron. Me siento en una prisión...
—Cuando estemos juntos vas a sentirte mejor, te lo prometo. Si tienes algún malestar, por favor dímelo.
—Eres muy amable... tienes una figura de temer, perdona... Veo que tienes un corazón de oro.
—Y todo ésto comenzó hace mucho tiempo...
Él contó cómo llegando de la escuela vió a su madre tendida en el suelo. Estaba inconsciente, su piel era pálida y no se levantaba.
En vez de darse por vencido y llorar la aferró a la vida. Empezó a tomar sus signos vitales por mera intuición, comprobó si aún respiraba y el ritmo al que iba su corazón.
—Era un pequeño niño idiota...
Dijo en un tono de voz inaudible.
—La vida de alguien dependía de mí, y solamente de mí. Nos habían cortado la luz, el teléfono era inútil y nadie podría ayudarnos porque vivimos en condiciones... poco favorables.
—¿Qué fue lo que hiciste entonces...?
—Todo lo que estaba a mi disposición. Fue cuando noté algo peculiar en su garganta, parecía un bulto. Tomé una lámpara de juguete y alumbré su boca... tenía un trozo de comida atorado.
Kimiko recordó que muchos de sus difuntos habían fallecido a causa de eso, atragantarse con la comida. Pero en su caso morían solos o con alguien que no sabía cómo actuar y caían en la desesperación.
—No sabía nada... no tuve ninguna clase que me ayudara a entender el cuerpo humano como la anatomía, las ciencias de la salud o ejercí algún servicio como paramédico. Metí mis dedos para sacarlo, y funcionó.
—¿Qué edad tenías?
—Te vas a reír de mí...
Él miró a otro lado apenado.
—Mmm... ¡Doce años!
—Muy grande.
—¿Diez años...?
—Cerca.
—Mmm...
—Estás muy cerca de ello.
—Vamos, dime, por favor.
Él accedió. Su gran sonrisa lo hizo acordarse de su pequeña estatura y las diminutas lágrimas que salieron cuando la salvó.
—Cuatro años.
—¿Qué?
Kimiko no se lo creía.
—¿En serio? ¡Vaya! Tienes un don muy bonito en ésta vida... mucha gente debe estar agradecida de tenerte ahí.
Romanov se rascó sus cabellos marrones y la miró con una sonrisa débil. Parecía forzado.
—¿Qué ocurre...?
—Soy el Paramédico Definitivo... y no sé si sepas... pero mi deber es salvaguardar la vida... y a veces eso no funciona. No porque sea inútil, o no sepa... las circunstancias no me dejan.
—¿Sergei...?
—Muchos se han muerto en mis manos... de camino al hospital o estaban en condiciones tan... ni mis medicinas ni conocimientos pueden... Hay algo que aprendí de todo ésto.
—¿Qué es?
La japonesa decidió parar para escucharlo.
—Nadie piensa que un día la tragedia llegará, y se darán cuenta de lo a veces insignificante que puede ser la vida... pero las cosas no siempre serán así. Debes creer, tener esperanza hasta el final. La esperanza es la que me motiva a salvar la vida... y la esperanza es la que me consuela cuando esa vida se desmorona y no pude hacer más para resguardarla.
—Pienso lo mismo... un día aquí y mañana no sabemos... ¡Pero! Mientras estemos aquí, debemos atesorar lo que tenemos por delante... y rememorar lo que dejamos atrás... y dejarlo ir de ser necesario.
—Nuestras experiencias cercanas a la muerte son interesantes. Creo que tú y yo vamos a llevarnos muy bien.
Romanov empujó la puerta de madera y ahí estaban otros catorce estudiantes más.
Siete hombres y siete mujeres.
—¡Finalmente llegas, Sergei! ¿En dónde estaba metida la pequeña idiota?
Un hombre que estaba al fondo del gimnasio, sentado sobre un escenario expresó. Se notaba impaciente, y no era del agrado de nadie porque estaba solo.
—¡Por favor cállate. Darko! ¡Ella está tan confundida como todos nosotros!
Una señorita de largos cabellos negros y piel morena defendió. Sus prendas eran llamativas, pues lucía con un traje parecido a un bikini.
—¡Calla, Dalilah! Tal vez deberías conseguir otras prendas y dejar de lucir como una ramera.
—¡Que te calles la puta boca, Kalinic! Saqqaf no es tu madre para que la llames así.
—¡Estás muerto!
—¡Por favor! Por favor no hagan ésto...
Una joven se interpuso entre el hombre serbio y aquél que parecía mexicano.
—No tenemos necesidad alguna de pelear. Dalilah tiene razón, Darko, la nueva está tan confundida como tú, ellos y yo. No pelees... caer en ésta desesperación es justamente lo que debemos evitar.
La chica tomó las manos del sujeto vestido en pieles y las juntó.
—Ahora discúlpate con Saqqaf y López.
—No quiero...
—¿Qué hacemos las personas cuando hacemos algo malo?
—No le voy a pedir disculpas a la zorra y a su novio...
—¡Darko! Recuerda que jamás encontrarás paz si permaneces en éste estado. Reprimir tus emociones para lucir fuerte es un intento inútil.
—¡Qué sabes tú!
Él la soltó con agresividad.
—Que tienes tanto miedo como nosotros...
—Mentira...
Él apenado decidió desaparecer y salir de esa incómoda charla.
—¡Muy bien todos! Vamos a presentarnos, creo que la chica nueva todavía no nos conoce. Así que empezaré yo.
La mujer de cabello negro y que tenía la estatura de una niña se acercó a Kimiko y a Romanov.
—¡Soy Juana Hernández! Vengo de Argentina ¡Me conocen como la Diseñadora Definitiva! ¿No es eso genial?
—Juana posee la capacidad de crear arte con sus manos pero, no de la forma tradicional. Ella usa medios tecnológicos para hacer dibujos que están valorados en miles de dólares. Ella comenzó con simples bocetos en línea que se convirtieron en piezas aclamadas por el público.
—Muchas gracias, cielo. No es nada... es mi deber. Ahora...
Ella lucía llena de vida, y a pesar de revelar que tenía miedo no lo demostraba. Tomó las manos de Kimiko y las juntó con las suyas. A Aruko le costaba verla pues sus largos cabellos negros y esa bandana de múltiples colores le dificultaba ver dónde se encontraban sus ojos.
—¿Cuál es tu nombre y tu talento?
—Soy Kimiko Aruko. Forense Definitiva.
Todos escucharon eso.
El silencio fue muy pesado en el ambiente. Parecía que la atmósfera gris se había impregnado en el ambiente.
Juana se alejó por un momento y regresó a su sitio: El escenario.
—No sean así. ¿No saben que es una grosería? Deberían aprender modales.
Un hombre joven se acercaba a Kimiko. A ella le causaba curiosidad ver sus ojos grises detrás de un par de anteojos. Su físico era delgado, se notaba aún más por el suéter de cuello de tortuga marrón que tenía.
—Soy Jerzain Levi. Me conocen como el Filósofo Definitivo. Dime señorita que mira intrigada mis ojos ¿Quien eres tú? ¿Con quién tengo el gusto de entablar ésta conversación?
—Soy Kimiko Aruko, Forense Definitiva. Es un gusto conocerte, Jerzain. Perdona mi imprudencia... es que eres...
—No te preocupes, de verdad. Perdóname a mí mi imprudencia... Una pregunta ¿Qué se siente estar en tu trabajo? Verlos a ellos en tu mesa... y tú ahí, dándoles un motivo a sus decesos.
Aruko se esperaba esa pregunta.
—Jerzain es un sujeto muy preguntón. Ha publicado en el mundo muchos libros de sus hallazgos. Él... tiene un amplio conocimiento del pensamiento humano. No es un antropólogo... no hay que confundir.
Tras la descripción de Sergei, la chica respondió al israelí.
—Es... curioso. Mi deber aquí es darles un significado a sus partidas. Siento... muchas cosas al momento de verlos con esas expresiones en sus rostros. Por eso les hablo para que se relajen y me dejen trabajar.
—Desconocía que creías en la vida después de la muerte.
—Hay aspectos que han construido ese pensamiento. Tal vez tú como filósofo puedas darme algunos consejos.
—Depende mucho. Puedo darte una perspectiva meramente cristiana, una atea o por si lo prefieres una nihilista. La filosofía abarca mucho, puedes pensar en religión, y no estás errada, pues la filosofía nace de ella... puedo explicarte en privado si lo deseas.
Jerzain acarició su cabello peinado hacía atrás con sus manos en un acto vanidoso.
Aruko no sabía qué responder.
—¿Crees que hay dios?
Romanov preguntó a un hombre intrigante como Levi.
—Díganme los dos... ¿Creen que hay dios?
Les regresaron la pregunta y al no responder, no porque negaran, Jerzain se limitó a sonreír con cierta malicia.
—Tenemos tantas cosas de qué hablar... te espero impaciente, Kimiko, y Sergei. Ustedes dos son las pocas personas con las que puedo desenvolverme en éstos tópicos. Nos veremos después.
Cuando el sujeto se fue un escalofrío recorrió a Romanov.
—Aléjate se él... ése tipo me da tanto miedo...
—Vamos Sergei. No seas así. Quizá... tiene un sentido del humor muy distinto. ¿Te parece si vamos a hablar con aquél caballero?
Ambos caminaron por el gimnasio. A un lado de Jerzain estaba un hombre de estatura mediana. Tenía consigo un libro viejo. Cargaba con una mochila y en su espalda poseía un par de armas, rifles precisamente.
Su piel era clara. Sus ojos negros vieron a los color miel de Kimiko.
Y esa sonrisa, era tan malévola como la del filósofo.
—¿Quién es ésta señorita, Jerzain?
—Preséntate, dama.
—Gracias, Jerzain. Mucho gusto, soy Kimiko Aruko, la Forense Definitiva. ¿Quién eres tú?
Él quedó asombrado ante la presencia de alguien así.
—Oh... los muertos han tenido rituales distintos con el pasar del tiempo. Debe ser un honor estrechar lazos con la vida y muerte... perdona. Soy Jean Paul. Soy el Historiador Definitivo... veo que el caballero Paramédico... no gusta de nuestra presencia.
El ruso miraba frunciendo el entrecejo hacia el rubio francés.
—Sinceramente no me agradan, tú y él. No hagas una estupidez.
—Forense y Paramédico... Quiero entablar una profunda conversación con mi amado filósofo. Vamos, Jerzain... cuéntame esos poemas griegos al oído... quiero escucharlos más de cerca.
Tanto la japonesa y el ruso se sintieron incómodos ante esa peculiar muestra de afecto, no tenían nada en contra de las preferencias sexuales, sentían que había algo muy extraño con ellos y que no estaba bien, algo se sentía fuera de lugar. Tal vez las almas gemelas existían y ellos se habían encontrado.
—Jean Paul es el autor actual de los libros de historia de todos los niveles educativos. Sabe tanto de acontecimientos pasados que pareciera que él vivió en esas épocas. Tiene un gusto... excéntrico, al igual que Jerzain. Sus descubrimientos han impactado al presente, pues ha encontrado cosas es sus investigaciones que son dignas de admirar.
Kimiko sabía que no estaba con cualquier gente. Miró el escenario y ahí las vio.
—Allá hay dos gemelas... venga, amigo.
Kimiko se acercó al escenario. Le parecía curiosa cómo las circunstancias de la vida podían dar como producto semejantes espejos. Las dos tenían cabello marrón, les llegaba hasta la espalda. Vestían con un uniforme de colegiala celeste, lo que las diferenciaba eran los colores de sus anteojos, un par rosa y otro amarillo. Una gemela no paraba de reír y la otra le pedía que guardara la compostura.
—Mira, Nelly... —La chica alegre se acercó a Kimiko y la observó de adelante y atrás. — ¿Eres médico? ¡Apuesto que sí!
—Tal vez deberías preguntarle sutilmente, Kelly. Buenas, señorita de la bata blanca. Somos las gemelas Nelly y Kelly Foley. Soy Nelly, la Novelista Definitiva.
—Y yo soy Kelly, la Cineasta Definitiva.
Las dos estrecharon las manos.
—Kelly y Nelly son dos gemelas que han brindado al mundo obras maestras. Nelly es la encargada de escribir Best Sellers, que al poco tiempo pasan a las manos de Kelly, cuyas películas son calificadas con alto prestigio y sus ideas son de admirar. Parece que ambas son una misma persona.
—Los gemelos son un alma que ha sido dividida a la mitad. Sentimos el mismo dolor, estamos unidas a los lazos que nos han atado a ésta dolorosa vida desde el momento en que llegamos aquí. Mi talento difiere de Kelly, ya que unos simples párrafos míos valen una fortuna.
—Nelly, estás asustando a la gente. Es un gusto conocerte, Kimiko. Oye, he pensado en una película sobre la oscura vida de una mujer trabajando para la morgue y los sucesos que acontecen tras inspeccionar un cadáver en específico... ¿Quieres darme una idea?
Kimiko quería recordar ese típico cliché.
—Siempre lleva la mascarilla. Un error que muchas películas y series cometen es que no hay mascarilla. El cuerpo despide hedores y sustancias... que... eh... Seguro utilizarán maquillaje y utilería.
—¡Te amo! ¡Gracias!
Habían caminado ya por mucho tiempo. No sabían qué más hacer ya que unos estudiantes se habían retirado.
—Oye, idiota. ¿Por qué no te presentas con la dama?
Sergei se dirigió al joven de gran envergadura. Estaba fumando y el olor le era desagradable.
—Darko Kalinic. Sicario. No me molestes.
El serbio se alejó de la escena, quería investigar bien la infraestructura.
—Perdona su mal humor. ¡Hola! Un gusto. Soy José Gabriel Flores López... me conocen como el Guardabosques Definitivo.
—José nos ha contado maravillas de su trabajo. A muy temprana edad tuvo contacto con la vida animal y flora ya que se interesó desde pequeño.
—¡Tienes razón, amiguito! Me apasionó estar rodeado de los bosques... e inhalar ese aire puro... es una felicidad indescriptible. Ayudo a quienes se pierden en las hectáreas de árboles. Una llamada a mi torre de radio se convierte en una vida menos perdida, ¡Y tengo conocimientos de supervivencia! Ahora... ¿Cómo te llamas?
Él lucía tan tranquilo.
Ella extendió la mano y él la sacudió.
—Soy Kimiko Aruko, Forense Definitiva. Es un gusto tenerte aquí, José. Apuesto a que podrías enseñarnos un par de cosas.
—Si quieres hablar de botánica y eso... ahí está María.
El moreno señaló a una chica solitaria.
—¿María?
—Ella es... bueno, ¿Por qué no se lo preguntas?
Invitó. Los tres caminaron a la joven que sostenía una planta en una maceta, era un girasol.
Vestía con un traje de jardinería, tenía un gran sombrero de paja y su falda estaba manchada de tierra.
—Mis cultivos... mis bebés... mami debe estar con ellos o de lo contrario morirán... ¿Por qué me pasa ésto?
—María, tranquila por favor. Mira, ellos son Sergei Romanov, el Paramédico Definitivo y ella...
—Gracias, José. Hola, María. Soy Kimiko Aruko, Forense. ¿Te encuentras bien? ¿Necesitas ayuda?
—No estoy bien... estaba cuidando de mis plantíos y... algo me hizo dormir. Desperté aquí... ¡Joder!
—Mira, si trabajamos juntos podemos salir de ésto. ¿Por qué no empiezas por decirme tu nombre?
María se acarició su trenza marrón y miró a Kimiko.
Respiró hondo y vió al suelo de madera del gimnasio.
—Soy María Lucía Bolós Barnades... soy la Agricultora Definitiva.
Ella siguió cuidando de su planta.
—María es una Agricultora muy respetada en el mundo. Sus cosechas nunca mueren, ella da vida a la tierra y los productos que salen de ella son de una calidad inigualable. Si quieres saber de cómo el suelo y una semilla pasan a través de una metamorfosis, María te lo puede explicar.
—Muchas gracias, Sergei. De verdad necesito salir de aquí...
—¿Cuál es la prisa...?
Kimiko preguntó.
—Verás, yo participo en un programa para ayudar a los desamparados y los que menos tienen. Los cultivos que yo estaba trabajando era para darle de comer a mucha gente, niños... adultos y ancianos... y sin mí la gente pasará hambre... de verdad debo salir de aquí...
—Por eso, María. Vamos a buscar la forma de salir todos juntos. No te desesperes.
—Quisiera confiar en ustedes, de verdad... voy a cuidar a Sofía, mi plantita.
—Bien... bien...
Sergei notó cómo la mujer morena que peleó con Darko ahora estaba bailando con Jerzain. El cómo se movían era hipnótico, incluso percibieron una sensación muy agradable con cada movimiento, el cómo sus brazos y manos se tocaban y las miradas que cruzaban.
—He logrado mi objetivo. Gracias, Filósofo.
—¿Cuál era?
—Algún día lo sabrás. ¡Forense! He atraído tu atención, y la de éste caballero de facciones firmes.
—Dalilah... basta...
—¿Te gustó, no? Ver cómo hago de un simple piso de gimnasio una pista de baile... mis pies tocando el suelo al ritmo de una tonada que ninguno de ustedes escuchó. Soy Dalilah Saqqaf, La Bailarina Árabe Definitiva.
Ella cubrió su cara con una mascarilla azúl de tela.
—No quiero presentación de tu parte. Kimiko, ¡Soy Dalilah Saqqaf! El mundo ama los sensuales movimientos de mi cuerpo, los hombres pagarían miles por verme danzar sólo para sus ojos. ¿Pero sabes algo? No quiero el dinero. Hago todo ésto con el profundo deseo de trascender, que los libros de Jean Paul hablen de mí como una figura de la futura cultura popular.
—Tienes muchas metas, Dalilah... estoy segura que disfrutaré algún espectáculo tuyo.
—¡Estarás extasiada en el primer acto! Querrás más... y Dalilah te dirá que debes esperar. Anda, sé libre amor mío, mi amada Forense y mi amado Paramédico. ¡Vayan y hagan del mundo su tonada y que sus cuerpos sean su danza a la vida!
—Nos faltan cuatro estudiantes... estoy seguro que pronto aparecerán.
—Me cuesta creer que alumnos definitivos estén aquí... es algo muy peculiar. Bueno, algo es seguro... y María me lo confirmó: Hemos sido secuestrados. ¿Sabes dónde estabas, Sergei?
Él quería recordar, pero tenía pocos recuerdos.
—Una ambulancia... y entonces aquí. Seguramente estaba de camino a un accidente.
—¡Oye, Dalilah! ¿Sabes qué estabas haciendo antes de venir aquí?
Dalilah dejó de bailar y la vió con un par de ojos vacíos.
Negros.
—Bailaba para los ojos de mil hombres. Los reflectores iluminaban mi cara, las cámaras ponían sus lentes solamente a mí, y la música... era bella, tanto como yo. ¿Por qué?
—¿Qué hiciste después?
Kimiko quería asegurar su suposición.
—Yo... fuí al camerino... y desperté aquí...
Al hacer eso la motivación se le quitó.
—No... ¡No! ¡Me han secuestrado! ¡He sido secuestrada!
—¿Apenas te das cuenta?
Un grupo de cinco personas liderados por una mujer irrumpió.
—TODOS hemos sido capturados por algún enfermo.
—Perdona, ¿Quién eres?
—¡Soy Xian Liang! La Técnico en Medicina Nuclear Definitiva.
Una mujer de apariencia china se presentó. Veía a todos los presentes con cierto enfado. Ella estaba harta de estar en ese lugar, pues según su noción de tiempo habían pasado horas, y fue la primera en despertar.
—Yo soy Eliza Rose, la Químico Farmacéutico Biólogo Definitiva. Voy a cuidar de su salud y haré uso de todos los recursos para preservar su vida.
—No se olviden de mí y mi talento: Soy Ajax Colonomos, Astrólogo Definitivo. El cielo será nuestro guía y yo nadie más que el intérprete.
—Y por último... soy yo: Callum Fisher, Buzo Definitivo. Viajo a través de los océanos para encontrar en mis búsquedas las especies más deslumbrantes que el mundo marino tiene escondidas. Espero podamos llevarnos muy bien, y que nuestra relación sea tan profunda como el abismo que yace en las aguas.
Xian dió un paso en frente y tomó la palabra.
De verdad todo parecía una ilusión, pero sabía que no era así.
—Sergei y yo te encontramos en el pasillo, Kimiko. Justo antes de tu llegada recibimos una llamada por los altavoces del techo... decía que todos debían reunirse aquí. No sé qué pasará cuando esa tarea sea completada.
—Todos estamos aquí ¿No es así, Liang? Ocho hombres y ocho mujeres.
—Eso me preocupa, Sergei... un número exacto...
—Al menos todos sabemos algo: Alguien nos ha raptado, y debemos trabajar duro para salir de aquí.
¡YO NO CONTARÍA CON ESO!*.
Detrás de un podio que estaba en frente de las cortinas rojas de teatro una voz resonó.
Era un dolor de oídos el simple hecho de escucharlo. Parecía que se burlaba de su tragedia.
—¡No te rías de nosotros, maldito! ¡Da la cara, idiota!
Darko le gritó al extraño desde el otro extremo del gimnasio.
—¡Voy a arrancarte los testículos y te los vas a comer como un par de huevos fritos! ¡Vamos, hijo de perra!
Y las luces del gimnasio fueron apagadas.
—¡No! ¡No me quiero morir!
María gritó.
—¡Guarden todos la compostura y no se muevan!
Kimiko ordenó al grupo. Lo dijo con tal firmeza que podía notarse la seriedad en cada palabra.
La luz volvió, revelando un pato de peluche encima del podio. No era amarillo, sino blanco y negro.
—¿Uh?
Xian se acercó a la figura extraña.
—¡No lo hagas!
Kimiko advirtió.
—No estoy de humor para ésta mierda.
Ella lo tomó con sus manos y lo sacudió. Lo vió de todos los lados posibles, sólo que no podía encontrar nada fuera de lo usual.
Se percató de una abertura de plástico que había en su espalda. Ella la abrió y vió que no tenía pilas.
Y el foco de su ojo se encendió.
—¡Primera y última advertencia! ¡Nadie toca al director de Hope's Peak Academy!
—¡Ah!
Ella lo arrojó por miedo.
—¡Eso ha sido una grosería, Xian Liang! Ahora si has terminado... ¡Bienvenidos sean, mis amados alumnos que construyen el futuro! Soy Monoduck, su señor y adorado... ¡Director!
—¿Qué? ¿Un pato es nuestro director?
Sergei Romanov estaba atónito.
—¡Sí! Ésta es su ceremonia. Ustedes están a un paso de graduarse y de hacer el mundo todo suyo. ¿Lo imaginan? Poder, dinero, vivir una vida de gran alcurnia... cumplir todos sus sueños y deseos...
Hubo silencio.
Había algo malo con la forma en que él hablaba.
—Todos están a punto de estar del otro lado... pero deben saber algo, mis preciosos "fragmentos" de esperanza... hay un costo.
—¡Deja ya la cháchara! ¡Dinos cómo salir de aquí!
Juana alzó la voz.
—Verás, sólo hay un requisito: Matar. ¡Deben matar para poder salir de aquí!
María por el shock dejó caer su maceta.
—¡Habla en serio, Monoduck!
La joven china no quería escuchar sus locuras.
—Sólo deben matar, mis alumnos de oro. Quemar, acuchillar, traicionar, embestir, uso de la brujería, envenenar, DEVORAR, decapitar, mutilar, infectar, drogar, violar, torturar, asfixiar, ahorcar, bañarse en ácido. ¡Hagan todo lo que quieran para conseguir su logro!
—¡Estás loco, pendejo!
A López le dolía el estómago de solo escucharlo.
—Fácil, puedo joderme a todos aquí. ¿Solo los mato y ya?
Darko reía porque atrajo la mirada de todos.
—¡Amo tener alumnos como tú! Pero no es tan fácil. Éstas son las reglas.
Monoduck hizo que una pantalla gigantesca apareciera frente a todos. Ahí habían distintos dibujos con versiones pequeñas de cada estudiante.
—Para salir de aquí deberán matar, pero no sólo eso. Cuando tres alumnos vean un cuerpo, es ahí donde se iniciará una Investigación para encontrar al culpable, al cruel y egoísta monstruo que les quitó a uno de sus compañeros...
—No voy a ver ésto...
Cuando María quiso abandonar, las puertas del gimnasio fueron cerradas con la aparición súbita de vallas de metal.
—Como iba diciendo, ustedes tienen que encontrar pistas que guíen al asesino. Si lo atrapan, solamente él será castigado.
Monoduck lo hablaba con tanta alevosía.
—¿Cuál es el castigo?
Kimiko quería saber.
—¡Será ejecutado! ¡Asesinado! ¡Lo verán morir y arrepentirse de sus actos! Voy a hacerlos desangrar como los cerdos que son. Voy a grabar sus gritos y los pondré todos los días en los altavoces... pero...
Hubo una pausa para cambiar diapositivas.
—Si el culpable es victorioso, todos los estudiantes restantes serán asesinados, menos el imputado. ¡Jueguen bien sus cartas, alumnos! Y no confíen en nadie... pues todos son víctimas y asesinos potenciales. ¡Chiao~!
El pato desapareció en otro apagón, al igual que la pantalla.
—Me parece una... ¿Uh?
Sergei sacó de su bolsillo derecho del pantalón una libreta.
—Vibró... es... un celular.
—¡También tengo uno!
Dalilah mostró su móvil, uno rosado.
—Los hombres tienen azul y las mujeres rosa... anda, están las reglas.
Jerzain pulsó una aplicación del aparato. Apareció una pantalla de carga de la empresa "MonoDroid".
—Por favor lean las reglas...
Todos los alumnos estaban concentrados en ello.
1.- Matar está permitido, se permiten dos asesinatos por persona. Tres ejecutados por un mismo individuo se castigará en la brevedad posible.
2.- Cada estudiante tendrá una habitación para sí mismo. El estudiante es el único responsable de a quién deja pasar. La habitación no es un sitio seguro, ya que también ahí se podrán cometer los asesinatos.
3.- Cada asesinato tendrá un respectivo juicio. ¡Busca bien las pistas! O serás ejecutado por tu estupidez.
4.- Está prohibido golpear o hablar mal del director. Se castigará con MUERTE a la persona infraccionada.
5.- La comida se reabastece cada día cada doce horas en la cafetería. ¡Puedes comer todo lo que quieras!
6.- Para actividades recreativas habrán salones exclusivos para que el alumno ejerza su talento sin problema alguno.
7.- Tirar basura está prohibido. Todos los alumnos serán notificados de la persona que cometa ésta infracción. Mantengamos la higiene en nuestra escuela.
8.- Puedes cometer asesinatos a dos personas únicamente, sin importar edad ni sexo.
9.- Entrar a los baños del sexo opuesto está prohibido.
10.- Puedes discutir y pelear con tus compañeros solo y solamente si es con motivos de matarlo. De lo contrario no comerás nada por tres días.
11.- Cada cierto tiempo deberá cometerse un asesinato, o sancionaremos a los alumnos por negarse a las reglas.
12.- TODOS los métodos para asesinar son válidos.
13.- Si vas a suicidarte, DEBES hacerlo de tal forma que tus compañeros deban abrir un arduo caso para dictaminar tu verdadera muerte.
14.- Debes dirigirte con total amabilidad y respeto a tu señor director: ¡Yo!
15.- Habrán jugosas recompensas por cada caso resuelto.
16.- El instituto tiene máquinas expendedoras que puedes usar a cambio de monedas que puedes ganar ocultas por todo el sitio. ¡Te esperan grandes bonificaciones!
17.- Si matas a alguien frente a todos, automáticamente serás ejecutado.
18.- En caso de asesino en serie (Más de dos víctimas) el instituto se encargará de aniquilar la amenaza.
19.- Tendrás libre acceso al instituto, incluso en horarios nocturnos. Te recomendamos dormir ya que gastarás energía vital cuando haya un caso (casos) activos.
20.- La única forma de graduarse es matar sin ser descubierto.
A Jerzain le dolió la cabeza de sólo leerlo.
—Perdona... voy a...
No lo soportó y vomitó en el suelo.
—¡Bienvenidos sean alumnos al Semestre de Asesinato Mutuo!
Dijeron en el altavoz. Todos los participantes se vieron entre sí.
—No moriré...
Kimiko se prometió.
