Hola chicas, aquí estamos otra vez. Vuelvo con otro fic de Sedgie. Este tiene 11 capítulos. Se titula Protège-moi, Protégeme en nuestra legua. Espero que también os guste, como suele ser con las historias de Sedgie.
Capítulo 1
Su vida cambió el 17 de septiembre de 2017.
No olvidaría jamás esa fecha. Se acordaría del día en que el FBI, la policía local e incluso los militares desembarcaron en su mansión. Se acordaría del momento en que entraron y arramblaron con todo. Se acordaría de los gritos de su hijo, aterrado, en su habitación, y de las lágrimas que le quemaban los ojos y la garganta. No olvidaría jamás los gritos de su marido, después los disparos, a cientos, algunos silbando cerca de sus oídos.
Cuando comprendió lo que pasaba, corrió escaleras arriba, para localizar a su hijo. Él se acurrucó en sus brazos, los dos postrados en la cama del pequeño, hasta que se escuchó una explosión y el humo invadió la casa. La puerta de la habitación se abrió de un golpe, haciéndolos sobresaltarse, y entonces sintió que la cogían por los hombros. Ella gritó cuando la separaron de su hijo, que también gritaba de miedo.
Estaba perdida, lo único que deseaba era estar con su hijo. Pero la cabeza le daba vueltas a causa del humo, y le dolía. De repente quería dormir…Y en los escasos momentos que consiguió mantener los ojos abiertos, distinguió los escombros de su casa en llamas.
Después, de repente la nada, la oscuridad completa.
Cuando volvió a abrir los ojos, estaba en el hospital. Se incorporó y sintió que tenía una vía en la mano derecha. Recorriendo rápidamente la pieza con su mirada, vio a un hombre vestido con un traje negro, sentado en un sillón.
―¿Mi…Mi hijo?
El hombre alzó la cabeza y se levantó.
―Él está bien. Está en pediatría, no está solo.
Al notar que la mujer estaba asustada, se acercó y se sentó en el borde de la cama.
―Miss Fire, sé que se siente perdida, pero…
―¿Qué ha pasado? Yo…Hubo explosiones, humo…Y mi hijo que estaba aterrado.
―No hemos tenido elección. El efecto sorpresa era primordial…
―…
―Siento que haya sucedido así, pero…
―…No han tenido elección, lo he comprendido
―Seguramente sospechaba que algún día esto iba a pasar, con el marido que tiene…
―…
―No la estoy juzgando. Seguramente tiene sus razones para estar con él…
―Quiero ver a mi hijo
El hombre tomó aire antes de mirarla.
―Créame cuando le digo que soy el más diplomático de mis colegas
―…
―Sé que es mucho para asimilar en poco tiempo, pero…La necesitamos
La joven rió.
―¿En serio? ¿Qué creen que sé yo? Y aunque supiera algo, no estoy lo suficientemente loca para testificar contra él….
―Usted sabe cosas, por fuerza tiene que saber. Confidencias de almohada o…
―…Nada puede obligar al cónyuge a divulgar información hecha durante el matrimonio―recitó ella mecánicamente
Él sonrió.
―¿Ha cursado Derecho?
―No siempre he sido la mujer de un gánster―dijo ella en broma
―Siento curiosidad por conocer su historia. A pesar de todas las investigaciones que hemos hecho sobre su marido y sus negocios, sabemos muy poco sobre su mujer
―Quizás porque no hay gran cosa que decir
―O quizás porque él la ha mantenido encerrada en la casa desde hace años sin posibilidad de comunicarse con el exterior, ejerciendo un verdadero lavado de cerebro.
―Sé pensar, hablar y actuar por mí misma―replicó ella enfadada
―Jamás he dicho lo contrario. Me gustaría que usted me lo probase.
―…
―No debe temer nada, estamos aquí para protegerla.
―Quiero ver a mi hijo
―Lo verá…
―¿De qué se trata esto? ¿Amenazas? ¿Chantaje? No tiene derecho a separarme de mi hijo.
―Queremos lo mismo: protegerlo. Tenemos los medios para hacerlo, debe confiar en nosotros.
Ella rió
―¿En serio? Aparecen en mi casa, arramblan con todo, aterran a mi hijo…¿Y me pide que confíe? ¡Váyase a la mierda!
―¡Encantador!
―¡Quiero a mi hijo!
Entonces el hombre se levantó, notando que ya no sacaría nada más de la mujer. Y cuando se disponía a abandonar la habitación…
―¡Hablaré! Le diré todo, pero solo si veo a mi hijo
El hombre se dio la vuelta, y esbozó una sonrisa.
―Entendido. Descanse―dijo él antes de salir.
Se unió a un hombre y a una mujer que estaban fuera.
―Os lo dije: si se quiere que coopere hay que usar a su hijo―dijo la joven mujer.
―¡Esa zorra es cómplice, no dirá nada!
―Vosotros no lleváis años trabajando en este caso, no sabéis nada de los métodos de Fire. Es un verdadero maestro. Ha secuestrado a esa mujer y literalmente la ha puesto bajos sus alas. Ese hombre es un manipulador…Ella sabe que él es malo, probablemente ha sido testigo de cosas que ni imaginamos…Pero no olvidemos que ella también es una víctima.
―Ya, una víctima que duerme en sábanas de seda en una hermosa mansión con piscina―dijo de forma irónica el agente
La mujer se acercó a él con expresión amenazadora.
―Antes de juzgar, haga su trabajo, yo haré el mío.
El hombre tragó en seco antes de desviar la mirada.
―Sí, vamos a hacer eso―dijo, para después alejarse.
―Agente Mills―la joven se dio la vuelta hacia otro hombre ―Harris es un bruto que cree saberlo todo porque tiene una placa
―Y que lo diga
―Pero no es una razón
―…
―Todos sabemos que usted es la experta en este caso. Trabaja en él desde hace siete años.
―Llevo esperando para echarle el guante desde que entré en el FBI
―Lo sé, y también sé que es la mejor para actuar con esa mujer. Usted conoce la psicología de Fire, sabe hasta qué punto él puede ser persuasivo. Debe ganarse su confianza.
―He dejado atrás la edad para ser canguro.
―Pero si quiere cerrar este caso, después de tantos años de investigación, no tiene elección. Ha sido usted quien sugirió la idea de separarla de su hijo para servirnos de él como moneda de cambio.
―No era muy difícil: está claro que una madre que no tiene sino a su hijo como un bien preciado no soportaría estar separada de él.
―De todas maneras hay que pensarlo bien. Mientras, esta habitación será vigilada las 24 horas.
―Será lo preferible
―Agente Mills, estamos a punto de echarle el guante definitivamente a ese mafioso. Sinceramente, después de tantos años de investigación, me preguntó qué hacer después…
La joven sonrió.
―Un descanso bien merecido en el Caribe, quizás
―Quizás―sonrió él ―Mientras, váyase a casa
Ella asintió a modo de despedida, pero en lugar de marcharse, lanzó una ojeada a la puerta de la habitación y frunció el ceño.
Estaba completamente mareada. Estresada por estar en ese ambiente que no conocía y tan lejos de su hijo, estaba asustada. Habría querido salir de esa habitación, pero los hechos hablaban por sí solos: aún le flaqueaban las piernas. Fuera lo que fuera que hubiera inhalado, la había dejado KO.
Al cabo de algunos minutos, tocaron a su puerta, y sin que ella diera el permiso para entrar, aquella se abrió. Cuando vio entrar a un agente que era una bella morena, suspiró.
―Ya he dicho que no hablaré sino cuando vea a mi hijo. ¡No es tan complicado de entender!―refunfuñó
La agente arqueó una ceja antes de, con expresión seria, girar su cabeza y hacer una ligera señal. De repente, la joven vio a un pequeño aparecer tras la agente.
―¡Henry!
―¡Mamá!
El pequeño pasó por delante de la agente y saltó a la cama para acurrucarse en los brazos de su madre.
―Cariño, ¿cómo estás?
―Bien…He tenido mucho miedo
―Oh, mi amor, todo está bien, yo estoy aquí―simuló un gracias con sus labios hacia la agente que tenía delante, que respondió con un ligero movimiento de cabeza.
―Mamá, ¿dónde está papá?
―Oh, euh…Cariño…Tú…¿Recuerdas lo que pasa cuando se es malo?
―Sí, se va a prisión
―Tu papá ha hecho cosas malas…
―Entonces, ¿está en prisión? ¿Ya no lo veremos nunca más?
Su madre tragó saliva.
―Quizás un día…Pero por ahora, no
El rostro del pequeño se endureció entonces.
―Tengo miedo, mamá…
La agente Mills entonces tomó aire antes de esbozar una sonrisa y acercarse.
―Hey…Henry―el pequeño se giró hacia ella ―Me llamo Regina―ella sacó un billete de su bolsillo ―¿Quieres hacer una cosa por tu mamá?―él asintió despacio ―Aquí tienes cinco dólares. Estoy segura de que ella tiene sed, ¿no?―Henry miró a su madre y la joven le sonrió
―Sí, tengo sed, cariño, serías muy amable.
―Ok…―dijo él cogiendo el billete y bajando de la cama
―Un agente te acompañará
La agente Mills condujo a Henry fuera y ordenó a un policía que estaba delante de la puerta que acompañara al pequeño para poder quedarse ella a solas con la bella rubia.
―Miss Fire, me presento, soy la agente Mills del FBI
―¿FBI?
―Llevo en este caso desde hace años
―Entonces es usted a quien debo agradecer esa entrada estruendosa en mi casa―dijo ella amargamente
―De cierta manera
―…
―Miss Fire…
―…Emma, llámeme Emma. Nunca quise ese apellido.
La agente Mills frunció el ceño.
―Sé que su vida no ha sido siempre sencilla
Emma rió.
―Sé lo que todo el mundo piensa
―¿Ah sí?
―Pobre muchacha que vivía rodeada de lujo, en una mansión con piscina y que se trasladaba en Mercedes.
―Yo no pienso eso. Cuando ese tipo de vida se impone…No se puede sino disfrutarla
―¿Qué sabe usted?
―Como le he dicho, trabajo en este caso desde hace mucho tiempo. Y sin querer sonar pretenciosa, puedo decir que conozco mucho más de usted que usted misma.
Emma suspiró
―Si usted lo dice…
―Miss Fi…Miss Emma, la única razón por la que no ha seguido a su marido a la prisión es porque sabemos que ha sido una víctima colateral
―Nadie nunca me había llamado así: víctima
―…
Emma parecía hundida en sus pensamientos.
―Cometí tonterías en mi juventud, conocí a malas personas. Incluido Neal. Y todo rodó como una bola de nieve…Todo se encadenó y ya no pude hacer nada
―Él abusó de usted, de su confianza, de su poder
―Decía que me protegería, que nada me sucedería. Yo era ingenua. Mi vida estaba destrozada y él era lo único constante.
―Nosotros no la juzgamos. Es un gran manipulador―se acercó hasta sentarse en el borde de la cama ―Usted fue secuestrada durante años en esa casa. El no la mantenía en seguridad, la mantenía con una correa. Su hijo jamás ha salido de esa casa.
―…
―Usted es una víctima, jamás la veré como una cómplice
―La gente piensa que podría haber protestado, haberme marchado, huir, pero…
―Comprendo. La gente no imagina qué infierno ha tenido que vivir ―Regina posó su mano sobre la de Emma, captando su mirada―Debe seguir siendo fuerte. Las próximas semanas serán cruciales.
―¿Qué va a suceder?
―Se quedará en prisión hasta el juicio
―¿Y yo?
―La protegeremos. Seguramente entrará junto con su hijo en el programa de protección de testigos
―¿Y eso qué implica?
―Nueva identidad, nueva vida, nueva ciudad. Debe ser olvidada. Él no puede encontrarla.
―Pero, ¿por qué tomarla conmigo?
―Por varias razones: usted está libre y él no, después usted tiene a su hijo, ciertamente la única persona a la que él quiere sinceramente. Y por último es usted un testigo crucial.
―¿Un testigo? Pero yo no sé nada. Él me encontraba demasiado tonta, y por eso no compartía sus chanchullos conmigo.
―Precisamente. Por subestimarla probablemente haya visto o escuchado algo que él creía estar guardando bien.
Emma suspiró y entrecerró los ojos
―De todas maneras, no veo…
―Quizás detalles que cree insignificantes. Pero hablaremos de eso más tarde.
De repente el pequeño volvió, con una lata en la mano.
―¡Toma, mamá!
Regina se levantó para dejarle espacio y se unió a su colega.
―¿Y?
―Será un camino largo, pero lo lograremos―dijo ella, confiada.
Regina se dio la vuelta e hizo un gesto con la cabeza a la joven rubia, que se lo devolvió, antes de abandonar la habitación.
―Mamá, ¿qué vamos a hacer ahora?
―Vamos…Vamos a quedarnos juntos. Lo lograremos, cariño.
―Pero, ¿con papá?
―Ya veremos más tarde
Ella le dio un beso en la frente y lo pegó contra su cuerpo. Ella tampoco sabía lo que iba a pasar en los días sucesivos. Estaba perdida. Por primera vez en su vida desde hacía años estaba fuera de su zona de confort, al menos ese confort artificial. Lo desconocido se ofrecía ante ella, y ya hablaban de una nueva vida. No tenían idea de hasta qué punto todo iba a cambiar para ella.
Bien, ¿qué tal pinta? Este primer capítulo es pequeño para lo que nos tiene acostumbrados Sedgie, pero los demás serán más largos, asegurado.
