Había algo que había estado inquietando a Adrien últimamente. Algo extraño e insistente bajo su piel como si su cuerpo estuviera tratando de advertirle de algo. Quizá era porque el invierno pronto terminaría y daría paso a la primavera y la mayoría de los omegas de la manada entrarían en celo, pero no pensaba que eso fuera todo.
Había estado cerca de omegas en celo desde que era cachorro y nunca había sentido esto. Esta sensación era más territorial, más animal. La necesidad de proteger a la manada crecía y crecía mientras los aromas se mezclaban en el aire, mezclándose también con aromas nada familiares que hacían que arrugara la nariz.
"Luces nervioso." Nino comentó.
Ambos estaban patrullando, captando cualquier aroma ajeno que pudiera indicar algún tipo de peligro.
El principal rol de un Alfa era proteger, y eso era algo que Adrien y su lobo interno (Chat Noir) se tomaba en serio considerando que la manada estaba llena de personas que amaba, personas que lo amaban. Al pensar en eso, cierta pilla hiperactiva fue el primer rostro que llegó a su mente antes de desaparecer cuando se miró entre los árboles, manteniendo ojos y oídos alertas.
"He estado sintiéndome extraño últimamente," respondió en voz baja, "No puedo explicarlo."
"Los diferentes aromas, verdad?"
Adrien asintió. Nino y los otros Alfas de la manada puede que también se hayan sentido así.
Los distintivos aromas extraños pendían pesados en el aire, agrietando su hogar con un matiz de miedo mientras los Alfas se preparaban para lo que sea o quien sea que decidiera atacar. La mayor parte del tiempo, otras manadas pasaban de largo sin lastimar a nadie, pero los aromas que ahora todos los Alfas habían estado sintiendo los tenía nerviosos, lidiando con sus emociones y tratando de mantenerse normales para que sus omegas no se sintieran amenazados y vivieran con miedo de lo que vendría. No había razón para que cesaran sus actividades diarias hasta que los Alfas pudieran confirmar que estaban en peligro. Los aromas eran ligeros solo acentuándose con el viento, y esa fue la única confirmación para Adrien y Nino de que aquella manada estaba lo lejos suficiente como para que pudieran dormir bien esa noche.
"No creo que sea una manada normal," Adrien dijo mientras llegaban al claro a mitad del bosque. Ellos fueron los primeros en regresar y ser saludados por Alya y Marinette quienes se lanzaron a ellos.
Alya se acurrucó afectuosamente contra el cuello de Nino, suspirando feliz al tener el calor de su Alfa. "Te extrañé." dijo.
Nino retrocedió un poco para mirarla con adoración mientras depositaba un beso en sus párpados. "Eres tan pegajosa como bonita. Eres afortunada de ser adorable."
El puchero de Alya fue reemplazado por una sonrisa, curvando sus dedos entre los de Nino, alejando al Alfa y quejándose sobre que acurrucarse con Marinette no era tan bueno como con Nino.
Marinette, por otro lado, jaló con impaciencia a Adrien. "Vamos, juega conmigo. No es divertido jugar sin ti."
La sonrisa de Adrien se volvió una expresión de 'estás de broma' antes de soltar una risa. "Eres una princesa consentida."
Marinette entrecerró los ojos y se inclinó para lamer la mejilla de Adrien, alejándose para cambiar a su forma de loba y convertirse en una preciosa loba con pelaje blanco (ladybug le habia dicho la madre naturaleza que se llamaría en su forma animal -madre naturaleza era bastante juguetona a veces con sus hijos-), moviendo la pata en el suelo y moviendo la cola mientras miraba a Adrien a la expectativa. Puede que Adrien fuera un Alfa, pero nunca en sus 21 años de vida había tenido la fuerza de voluntad para rechazar jugar con Marinette, quien estaba moviéndose constantemente, siempre tan hiperactiva que Adrien no pensaba que pudiera controlarse aun si lo intentaba. A Adrien no le molestaba, nunca de hecho, porque Marinette siempre había tenido la habilidad de aligerar los días de Adrien con su personalidad vibrante. Pero claro, el Alfa también podía admitir sin parpadear que a veces Marinette podía ser infantil. Como ahora.
Adrien ladeó la cabeza mientras suspiraba, cambiando un segundo después para correr hacia Marinette y saltarle encima, mordiéndole las orejas y curvando las patas alrededor de la otra loba mientras giraban en el suelo. La nieve estaba empezando a derretirse ahora, dejando el suelo húmedo y frío, pero aún les proveía una forma amortiguada que Adrien agradecía cuando Marinette lo giró una vez más, fijándolo al suelo para morder el pelaje del cuello de Adrien.
Adrien gruñó juguetonamente y rodó a Marinette fácilmente reciprocando la acción, usando su ligera ventaja de poder mientras mordía el cuello de Marinette antes de lamer un camino desde ahí a sus orejas. Casi podía escuchar la risita de Marinette. Adrien podía sentir la satisfacción creciendo en su pecho, pero lo mantenía suprimido al acunarse en el cuello de la menor.
Ambos siguieron jugando durante horas, girando y lanzándose sobre el otro juguetonamente hasta que Emily y Gabriel llegaron y los regresaron a la guarida para comer, cosa que hizo que Marinette hiciera un puchero porque aun quería saltarle y jugar incluso después de cambiar a su forma humana. Adrien pasó los dedos por el sedoso cabello de Marinette, desordenándolos afectuosamente mientras reía. "Vamos, bichito."
Ambos hicieron una rápida parada para cambiarse – uno de los lados malos de cambiar de lobo a humano: estar completamente desnudo después de cambiar – antes de unirse a los demás alrededor de la fogata. Tom y Sabine los recibieron con bowls de comida y Adrien vio a Marinette llenar su boca con comida hasta que pareció un curioso hámster. El Alfa quiso reír ante esa imagen.
"Llegaste a la madurez hace dos años y aun comes como niña."
"No es cierto. Ingiero alimentos como si tuviera hambre, cállate."
Moviendo la cabeza, Adrien alzó la mano para alzar las coletitas tan caracteristicas de Marinette y pasar por su flequillo, cuando estos cayeron sobre sus ojos, escondiendo los azules y enormes orbes casi por completo, y a Adrien le gustó lo que vio – cómo el fuego se reflejaba en ellos, trayendo a la vida el color azul mar dentro de ellos.
Cualquiera que no fuera parte de la manada automáticamente asumiría que Adrien y Marinette eran 'mates' solo con ver la calidez y ternura en los ojos de Adrien cuando interactuaba con la omega. Había un deseo pendiendo que todos podían ver dentro de ellos, y era algo que Adrien había aceptado hace mucho, pero temía que hubiera un Alfa que cuidaría mejor de Marinette, y si ese era el caso entonces lo único que quería era que todo saliera bien para la omega. Si Adrien le preguntara a Marinette si podía cortejarla, temía que el rechazo fuera su única respuesta.
Ellos eran mejores amigos, y eso era todo lo que serían.
Adrien protegía a Marinette, y Marinette, a pesar de no ser Alfa, protegía a Adrien tanto como podía. Era una típica amistad entre Alfa y omega con la excepción de ciertas miradas de anhelo aquí y allá.
Adrien acarició el lóbulo de la oreja de Marinette, y la menor se inclinó en el roce, aun masticando feliz.
Mientras el fuego ardía ante ellos, cálido y reconfortante e iluminando los ojos de Marinette, algo en el pecho de Adrien se apretó. Las ganas de jalar a la omega y llenarla de afecto, crecían más, pero alejó esos sentimientos y picó la frente de la menor, riendo cuando la chica frunció el ceño.
"Bichito." Suspiró sonriendo sin sentirlo.
Amigos. Eso era todo lo que serían.
"Cuándo vas a ceder y pedirle que sea tu 'mate'?" Nino le preguntó después de cenar cuando hicieron su última patrulla de la noche. No necesitó especificar a quién se refería con su pregunta.
"Bro, no lo haré. No soy el Alfa correcto para ella" Adrien suspiró, sonando como un disco rayado porque había repetido eso tantas veces durante dos años.
"Y quién lo dice?"
"Lo digo yo," Adrien gruñó, y de inmediato se disculpó.
Era un tema muy delicado para él. Odiaba tener que decir que no sentía que era lo suficientemente bueno para Marinette. Como Alfa, lo último de lo que debería preocuparse era si era o no lo bueno suficiente – debería estar confiado de que lo era – pero no podía evitar sentirse así, aun si le hacía figurar como un niño inseguro.
"Nino, quiero que esté con el mejor Alfa que pueda encontrar, ok? Si siento que puedo con el rol, entonces sí, la habría marcado de pies a cabeza," y, Dios, Adrien lo decía en serio. "Pero no creo que lo haga, así que déjalo así."
"Qué hay de lo que Mari siente?" Nino dijo y Adrien resistió las ganas de quejarse.
La luna estaba en lo alto, dejando caer sus rayos plateados en el agua, y Adrien vio moverse la corriente cuando el viento sopló. Un pesado aroma llegó a sus fosas nasales, un aroma que hizo que sus huesos se tensaran mientras él y Nino estaban en medio del bosque. Adrien podía sentir sus dientes empezando a crecer. Podía sentir las garras de Nino mostrándose justo cuando de reojo un leve gruñido provino de entre los árboles y algo sacudió a Adrien por dentro. Un impulso de cambiar y seguir el aroma hizo que hundiera sus dientes en su labio inferior, tan fuerte que pudo sentir el sabor metálico cuando su piel fue perforada.
Alfa.
Adrien nunca había sido conocido por tener buen autocontrol ante el enemigo. Sabía cómo mantenerse lo domado suficiente hasta que llegaba la amenaza al área – y saber que tenía que proteger a Marinette presionaba la necesidad de matar cualquier depredador que se acercara.
Ni siquiera se dio cuenta que estaba colocándose a gatas hasta que Nino lo sujetó del brazo, anclando sus uñas, como navajas, en su piel. "Bro," dijo, poniéndolo de pie. "Vamos. No podemos atacar sin estar preparados. Usa la cabeza."
Adrien gruñó, la adrenalina surcó y sus latidos se aceleraron. Le tomó todo lo que tenía para girar y seguir a Nino a la guarida.
Las semanas siguientes a la llegada de la otra manada, Adrien se la pasó ansiando – y no se lo admitiría a nadie – a cierta hiperactiva omega.
Los días se hicieron más cálidos y prolongados. Los árboles estaban empezando a cambiar de hojas y había flores naciendo, llevando el placentero aroma de la primavera y el cálido sol bañándolos. Marinette pasaba sus días aferrada a Adrien más de lo usual. Siempre estaba ahí, presionada al lado de Adrien o siguiéndolo cuando el mayor iba al bosque para aclarar su mente. Claro, con el aroma de Marinette cerca, lo último que hacía era aclararse ya que todo era solo Marinette, Marinette, Marinette, y las ansias crecían más y más.
Pero no le importaba porque de esta forma podía beber cada onza de Marinette que podía hasta que su celo empezara y, a juzgar por su súbita naturaleza pegajosa, Adrien no creía que pasaría mucho antes de tener que ir al bosque y esconderse para evitar reclamar a Marinette para sí mismo. Se negaba a siquiera intentar tomar a Marinette cuando la otra no había mostrado interés en ser su 'mate' y aun había una posibilidad de que la omega no quisiera a Adrien como pareja después de todo.
Marinette estaba siendo muy afectuosa hoy, Adrien no pudo evitar notarlo. Tenía sus dedos unidos a los de Adrien, presionándose tan cerca que su brazo se rozaba con sus pechos, y el Alfa no supo cómo, pero quiso a Marinette aún más cerca. Quería enterrar su rostro en su cuello y respirar su aroma por horas, quería enredar sus dedos en el cabello de Marinette y disfrutar la calidez de tenerla cerca, haciendo bromas y riendo de las respuestas sarcásticas de la omega.
Su corazón estaba tratando de salir y casi lo hizo por completo cuando Marinette preguntó. "Puedo escuchar tu corazón latiendo rápido. Estás bien?"
Asintiendo, Adrien sonrió. "Sí. Solo me siento inquieto."
"Es por esa nueva manada?"
Adrien pasó saliva. Su garganta se apretó y la mirada interrogante de Marinette ardió en él. "Sí. No es una manada normal, Bichito. No puedo oler a ningún beta u omega."
"Entonces son una manada de Alfas?"
"Aparentemente, Nino y yo tenemos el presentimiento de que vendrán aquí cuando los omegas entren en celo."
Marinette se quedó en silencio, y cuando Adrien la miró pudo ver la súbita tensión en el mentón de la omega y cómo sus ojos se llenaron de miedo. Adrien apretó su mano dándole seguridad. "No dejaré que ninguno te lastime."
Marinette pareció calmarse con eso, porque sabía tan bien como todos que Adrien había dedicado su vida a protegerla. Parpadeó y miró alrededor, apretándole la mano, "Sé que será así."
La omega dejó de caminar, jalando a Adrien cuando el otro siguió caminando. Adrien giró y empezó a sonreír cuando vio a la omega tratando de pelear una sonrisa.
"Qué?" dijo.
"Tienes alguien en mente? Es decir, como 'mate'."
La sonrisa de Adrien se alteró. De todos los Alfas en la manada, él era uno de los pocos sin 'mate'. Y no era que nunca pensó en cortejar a nadie, es solo que ninguno era Marinette y no se sentía correcto. No podía convencerse de reclamar a otro omega cuando la única omega en quien podía enfocarse era Marinette. Sabía que tenía que olvidarla en algún punto, pero ahora no era el momento correcto, en especial con una manada de Alfas cerca del perímetro. Ya se preocuparía luego por conseguir 'mate'.
"No," respondió, cambiando su peso de un pie a otro.
"Siquiera quieres un 'mate'?"
'Te quiero a ti', pensó.
"Algún día," Adrien suspiró y alzó la mirada. "Es solo que no es el momento indicado."
Una sonrisa regresó al rostro de Marinette. "O es eso, o eres muy quisquilloso."
Adrien empujó a la menor y ella rio, devolviendo el empujón al Alfa.
"No soy quisquilloso," musitó Adrien.
"Solo encuentra al o LA 'mate' indicada, ok? Quiero que seas feliz."
No había carencia de sinceridad en el tono de Marinette. Sus rasgos eran suaves y sus labios formaban una sonrisa, y la necesidad de sujetar su rostro y besarla, golpeó con fuerza a Adrien. Su corazón no dejaba de martillear como loco.
"Lo haré. No te preocupes, Bugaboo. Vamos, nos perderemos el almuerzo si no regresamos pronto."
"Carreras?" era más como un reto que una pregunta.
Adrien resopló. "Para qué? Para que puedas perder como cada vez?"
"Cielos, los Alfas son tan presumidos," Marinette dijo, acuclillándose. "En sus marcas…"
"Listos," Adrien también se acuclilló.
"Fuera!"
Y entonces tomaron impulso, sorteando árboles y demás, saltando sobre las raíces para evitar caer. El mundo alrededor de ellos era difuso y aun con el sonido de sus pies chocando contra la tierra, Adrien todavía podía escuchar la risa de Marinette.
La omega siempre estaba ansiosa por sobrepasar a Adrien en cada cosa solo para probar su fuerza, para probarle a los otros omegas que ella era LA omega (en su pequeño mundo de todos modos), pero Adrien no se sentía incómodo por ello porque cada momento que pasaba con Marinette era la mejor parte de sus días.
Justo cuando empezaban a acercarse a la guarida, Adrien disminuyó el paso lo suficiente para que Marinette tocara el terreno justo un segundo antes de que el Alfa lo hiciera. Estaba jadeando pesadamente y alejando su cabello para dejar que el viento refrescara su acalorada frente mientras Marinette celebraba su victoria, con el rostro sonrojado y sonrisa satisfecha.
"Quién es el perdedor esta vez? Hmm Chaton?" Marinette bromeó.
"Eres tan infantil."
"Mientes. Soy la luz de tu vida."
"Claro, ya qui-" Adrien dejó de hablar en cuanto el aroma golpeó su nariz.
Un gruñido resonó en su pecho, una ola de calor recorrió su espalda cuando giró. Podía sentir sus dientes amenazando con crecer y tuvo que apretarlos en un intento de calmarse. Estaba oliendo muchos aromas, pero uno que sobresalía era el sobrecogedor aroma de Alfas; Alfas que no eran parte de su manada. Cinco de ellos. Su reacción inmediata fue tomar la muñeca de Marinette y mantenerla cerca, escondiendo a la omega tras su espalda.
'Tenía razón.'
La mirada de Adrien se ancló a donde Tom Dupain y su padre hablaban con la manada intrusa, y Adrien pudo escuchar los gruñidos saliendo de sus compañeros. Tom y Gabriel eran Alfas sensatos, más dispuestos a hablar antes de decidir si una pelea valía la pena o no el riesgo, mientras que otros Alfas eran tercos y menos amigables. Tom y Gabriel eran como las voces de la razón y el resto de la manada seguía sus órdenes.
El Alfa que hablaba con ellos despedía una vibra de desconfianza, y Adrien supo de inmediato que era su aroma el que aplacaba el de los demás. Él estaba hablando y riendo como si esto fuera cosa de todos los días, pero aun así Adrien no confiaba en él.
Él no era tonto, y su padre tampoco lo era. Como Alfa líder, Gabriel era el primero en sentir algún tipo de amenaza para su manada, y sería el primero en estar listo para atacar si la situación lo requería. De normal era calmado, pero dado el caso, todos le temían.
"Adrien," Marinette dijo tras él, su aliento golpeó la oreja del mayor.
Adrien tembló.
"Vamos, tengo hambre."
Cuando Marinette dio un paso, Adrien apretó su agarre para mantenerla quieta. "Quédate tras de mí."
Marinette no protestó y Adrien no dejó su lado hasta que tuvo su comida y estuvo segura con Alya, Rosita, Nathaniel y Sabrina. Los otros omegas estaban en sus casas para cubrir el inicio del celo, y el hecho de que esta otra manada tenía los nervios de presentarse justo a tiempo para la época de apareamiento, tenía a Adrien enojado. Podía ver los ojos de Ivan, quien estaba custodiando la entrada de su hogar y protegiendo así a su 'mate' – adquiriendo un tono rojo, mientras que Kim estaba cerca de Alix. Tanto Ivan como Kim hicieron obvio que destrozarían a quien se atreviera a tocar a sus 'mates'.
Gabriel giró cuando sintió la presencia de Adrien, virando del todo cuando el chico se acercó. Estaba haciendo bien al mantenerse calmado hasta ahora, pero no podía negar cuánto quería gruñir y decirle a esos Alfas que se fueran por donde llegaron.
"Adrien, él es-"
"Luka," el Alfa dijo, extendiendo la mano hacia Adrien.
Adrien miró su mano y solo asintió, "Adrien." Miró a su padre. "Qué sucede?"
"Se quedarán aquí un tiempo. Su guarida fue destruida." Gabriel le dijo y Luka sonrió.
"Se quedarán? Qué hay de nuestros-"
"Omegas?" Luka interrumpió. "Hemos accedido a no tocar a nadie, no te preocupes."
Adrien contuvo otro gruñido. "Bien."
Mientras ignoraba la sonrisa de Luka, pudo sentir una mirada ardiendo en su espalda, y cuando giró otra vez, pilló a Luka observando intensamente a Marinette.
Sin poder evitarlo, apretó los dientes y las manos, hundiendo las uñas en sus palmas.
Se obligó a sentarse al lado de Marinette, manteniendo la mirada en Luka aun cuando la omega empezó a empujar trozos de comida contra los labios de Adrien, incitándole a comer. El Alfa masticó sin más, aceptando la comida que Marinette le daba, pero su mirada no se apartó. Podía notar – de reojo – a Marinette mirándolo, y solo dejó de mirar a Luka cuando la menor lo tomó del codo.
"Cálmate. No se quedarán mucho tiempo." Dijo suavemente.
"No encuentras algo extraño que decidieran llegar cuando los omegas están por tener su celo?" preguntó con el mentón apretado.
Marinette se alzó de hombros y tomó la carne que estaba en su plato. "Quizá, pero eso no los hace malos. No sabemos sus intenciones."
La ira se esparció por el pecho de Adrien como fuegos artificiales porque…esperaba esto de Marinette, pero no podía enojarse con ella por creer que todos tenían algo bueno. Ella siempre había sido así. A veces Adrien deseaba tener esa forma de pensar, pero eso era casi imposible.
"Tengo una idea sobre sus intenciones," Adrien dijo. Quería ponerse de pie e ir a su casa, pero no se atrevía a dejar a Marinette fuera de su vista ahora mismo, así que se cruzó de brazos y se inclinó de modo que su hombro tocó los senos de Marinette
Era un familiar roce que compartían a diario, pero calmó lo suficiente a Adrien
El Alfa había esperado que Marinette le diera el beneficio de la duda a Luka y su manada, pero ciertamente no esperó que Marinette empezara a socializar con ellos. Si había algo que podía hacerle ver rojo de un segundo a otro, era eso. Marinette no era su omega y Adrien no tenía derecho de estar celoso y posesivo, pero le tomó cada onza de su autocontrol para no arrancarle la garganta a Luka para dejarle claro que Marinette era suya.
Excepto que…Marinette no lo era.
