El universo y los personajes de Boku no Hero Academia son propiedad de Kohei Horikoshi, a mi solo me gusta jugar con ellos.

Breve resumen: Este fic surgió por diferentes razones, la principal es It's Kabisabi, de verdad espero que te guste y no haberte roto demasiado tu corazón.

Para los demás, pues esto es un DabiHawks inspirado en la canción de Bad guy de Billie Eilish. Contiene spoilers del capítulo 266 del manga. Probablemente van a terminar llorando en algún momento, así que sobre aviso, no hay engañó.

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Bad guy

"Y como Ícaro, voló demasiado cerca del sol,

de un sol que lo cegó, encandiló… y enseñó a vivir".

"El héroe en ascenso, Dabi, ¡por fin entró en escena! Es notable la herencia de Endeavor en sus movimientos e impecable manejo de quirk…"

Silenció las noticias, con el asco brotando de su garganta mientras desvía la mirada. Puras alabanzas superficiales, basura comercial para vender al héroe a las masas, como si fuera su salvador.

Estupideces.

Devolvió la mirada a la televisión para contemplarlo por última vez. Su cabello blanco contrastaba con sus llamas azules. Odia admitirlo pero es un espectáculo digno de admirar.

Aunque lo prefiere jadeante, sudando y sin aliento debajo de él.

Desea culpar, repudiar e ignorar su presencia, sin embargo…

¿Cómo te metiste en mis venas, Touya Todoroki?

Sintió sus alas tensarse y adoptó una postura defensiva cuando una corriente de aire cruzó la ventana.

Mantenía la esperanza de ser un hombre libre algún día, de ser capaz de volar sin cadenas o miedo a ser atrapado, otra vez.

Lo cierto es que conoció a Touya Todoroki cuando escapó del gobierno. Tenía ocho o diez años. Tal vez doce, nunca hay una edad exacta cuando vives en cautiverio. Sonríe ante el recuerdo. La imagen mental le devolvió la sonrisa y siente una opresión en su pecho porque sabe que ese momento, esa cálida época, no volverá.

Extiende sus alas, buscando relajarse. Últimamente tiene los nervios de punta, el previo lo mantiene alerta. Alcanza su celular gracias a una pluma, busca rápidamente el número antes de presionar el botón de llamar. Escucha tres tonos y después su voz.

"En este momento estoy en una misión, deja tu mensaje y en la brevedad me comunico contigo".

La tristeza lo invade porque son las palabras de Endeavor en la voz de Touya, respira profundamente antes de hablar.

"Tou, soy Keigo, tenemos que vernos".

Se permitiría un suave desliz antes de hacer que todo arda. La policía aún no lo asocia con los accidentes y teme que él no será tan ingenuo a la hora de atar cabos.


Era cubierto por sus alas, a su alrededor, todo era de un insólito blanco. Hacía frío y estaba mojado. Tiembla y se traga las lágrimas porque prometió que no volvería a llorar mientras fuera libre.

Se envuelve con más fuerza cuando una corriente de aire golpea su frágil cuerpo y un quejido escapó de sus labios. Empalma sus plumas, buscando calor que no encontrará por qué está a un paso de morir de hipotermia.

Siente una cálida tela envolver sus alas y por inercia las despliega, preparado para un rápido escape.

—Tranquilo, te vi temblando de frío. —Más blanco. Su cabello se perdía en el paisaje, sin embargo, sus ojos azules contrastaba con el entorno—. Es cálida —señaló, ofreciendo su chaqueta—. ¿Estás perdido? Puedo llamar a un héroe para que busque a tus padres. —Se mantiene estático, alerta y a la defensiva, listo para volar. Un pequeño fuego azul como sus ojos emergió de él—. Así ya no tendrás frío —agregó, sosteniendo la chaqueta con una mano y el fuego con la otra, tratando de transmitir con sus actos el calor de su mirada.

Las alas se bajan y buscan instintivamente volver a su temperatura usual, todavía sigue en su lugar, midiendo la reacción e intención del otro.

—¡Touya! —Escucha a la distancia una voz. Todo sucedió tan rápido y cuando el chico de cabello blanco observó, la chaqueta despareció junto al niño de alas rojas—. ¿Dónde estabas? Mamá se asustó —reclamó una niña—. ¡Sabes que no puedes usar tu quirk! Papá se molestara. —Touya contempló a su hermana menor, los rebeldes mechones rojos destacando de la melena blanca.

—Vamos a casa, Fuyumi —aludió sin dejar de pensar en la mirada perdida y el despliegue de fuerza.


Nunca le contó que carecía de fecha de cumpleaños y tampoco que desconocía su edad exacta. Supone, por mucha observación y comparación, que probablemente comparte edad con la hermana menor de Touya, además adoptó el día que se conocieron como cumpleaños.

Si lo pensaba detenidamente, cuando él le ofreció su calor, también le dio una nueva oportunidad de vivir.

Aunque sin desearlo, también de gravitar en torno a él.

Tres golpes cortos y dos largos lo despierta de su estupor. Reconoce la clave para saber que su amante ha llegado.

—Traje pollo frito. —Fue el saludo que recibió cuando abrió la puerta. Era una ironía que su comida favorita estuviera vinculada de alguna forma con su quirk. No le gustaba pensar mucho en el proceso del pollo porque le recordaba a su propio cautiverio. Se hizo a un lado, dejando pasar a Touya, quien se inclinó para besarle la frente—. Recibí tu mensaje —explicó cuando se encaminó a la cocina—. Estaba en una misión, al escucharlo pensé en venir directamente, lamento no consultarte antes.

Y Keigo se mantiene en silencio, delineando cada curva de su cuerpo con la mirada. Sabe que Dabi es un héroe popular, atractivo y poderoso. También que está en el top clandestino de los héroes solteros más codiciados. Ha visto como fans se lanzan a él después ser una misión o durante una gala, siendo rechazadas con una sonrisa.

—¿Sucede algo, Kei? —Levanta la mirada. Y lo sabe. Así que camina con determinación, escondiendo sus miedos y verdaderas intenciones.

—Ámame, Touya —súplica, pasando los brazos por el cuello de su amante para bajarlo a su altura—. Ámame como si no hubiera mañana.

Porque sabe que no habrá un después.


Luego de aquel invierno, Keigo estuvo vigilando la casa del niño que no dudó en ofrecerle su abrigo para protegerlo del frío. Descubrió que su padre es Endeavor, el héroe número dos de Japón. También que tiene dos hermanos y otro próximo a nacer.

—Nunca me dijiste tu nombre —cuestiona un día al aire. Keigo se esconde, ocultando su presencia, duda haber sido descubierto ya que fue entrenado para ser cauteloso—. Mi nombre es Touya, probablemente lo sabes —continua sin dirigirse a nadie en específico—. Tus alas son asombrosas y más la velocidad con la que te mueves, ¡Podrías ser un gran héroe si quieres! Yo deseo ser uno… como papá.

El pensamiento lo asquea. Los héroes sólo existen de adorno, no salvan vidas ni personas; ningún héroe fue capaz de salvarlo. Y entendió la valiosa lección de no confiar su seguridad a otra persona.

Aunque… sentía que él era diferente. Soltó un suspiro, preparando sus alas para escapar cuando su mirada fue atrapada por un adormecedor mar.

La distracción fue suficiente que bajó la guardia, permitiendo que un dardo se incrustara en sus omóplatos. Su último recuerdo es el océano agitado y desesperado.


Jala las piernas de Touya más cerca de él. Aprieta los dientes con fuerza, manteniendo el ritmo al tiempo que abre los ojos, clavando el dorado en el cielo. Está ruborizado, con el rostro distorsionado y… suelta un sutil gemido cuando sus miradas chocan. Keigo lo levanta para abrazarlo por la cintura, buscando ponerlo a su altura, desea sus labios, probarlo otra vez, hundirse en su boca como lo hace en su interior.

Su nombre se vuelve una súplica cuando sus bocas colisionan y sabe que no hay otro lugar donde desee estar. Su compañero es el primero en alcanzar la cúspide, siente el líquido tibio manchar su estómago, así que aumenta la velocidad hasta que siente la añorada satisfacción y su cuerpo ceder ante el placer, sale de él, buscando la calidez de su toque otra vez.

No sienten asco cuando se acurrucan. Keigo sabe que pronto saldrán de la cama, tomaran una ducha y la burbuja que creó se romperá, por lo cual se aferra un poco más a Touya, escondiendo el rostro en su cuello y deleitándose con su intoxicante aroma.

—Podría acostumbrarme a esta bienvenida. —El de pelo blanco es el primero en romper el silencio, dibujando figuras imaginarias en los brazos de su amante—. He conseguido un departamento con lo que he ahorrado —cuenta, sin detener las caricias—. También pensé que podrías… ya sabes, mudarte conmigo, tener nuestro propio espacio.

Keigo quiere llorar. La bruma placentera se disipó completamente ante el afrontamiento de la realidad.

—Dudo que a tu madre le haga gracia que vayas a mudarte con otro hombre —señaló, esforzándose por mantener un tono de voz neutro.

—Mamá… —titubeo un poco antes de recobrar la confianza—. Natsuo y Fuyumi me han ayudado a contarle, podrá no estar de acuerdo pero me apoya y quiere que sea feliz.

—¿Y tu padre? —Refutó, dándole dónde más le dolía. Meter a Endeavor a la discusión apagó su semblante por completo. Keigo sabía que la familia de su pareja era demasiado tradicional y prejuiciosa, se sorprendía que su madre haya aceptado sus preferencias, pero sabía que su padre no sería igual—. ¿Y qué hay de la prensa? ¿Estás listo para aceptar que estás en una relación romántica con otro hombre?

Touya se quedó en silencio antes de levantarse. Keigo se encogió, buscando calor propio dónde antes ardía la pasión. No esperó que él regresará tan rápido.

—Revolucionaste mi vida, me inspiras a ser mejor persona y me ayudaste con mi relación familiar… —La suavidad de sus palabras lo abrumó, se sentó en la cama al tiempo que él ponía una rodilla en el suelo mientras le mostraba una pequeña cajita—. Si estás a mi lado… ¿Quién contra nosotros?

No, no, NO. Nada estaba saliendo según lo planeado y él sólo quería echarse a llorar porque le resultaría imposible dejarlo si aceptaba, pero tampoco deseaba romperle el corazón cuando se enterara.

—Keigo Takami, solo estoy seguro de algo y es de compartir mi vida contigo, ¿deseas lo mismo? —Preguntó al tiempo que abría la caja y un anillo con sutiles tonos azules hizo aparición.

—Touya, no hagas esto —murmura, sabe que no tardará en lanzarse a sus brazos y aceptar. Tiene que ser fuerte, necesita ser fuerte.

—No es necesario que respondas ahora —ofrece, sacando el anillo de su estuche, dejando ver una cadena—. Piénsalo, si te sientes seguro de tu decisión, usa el anillo, de lo contrario, mantenlo en tu cuello hasta que te sientas preparado —agregó, rodeando a Keigo con el collar. El frío de la cadena contrastaba con el ardor interno y…

Sabe que ha caído cuál Ícaro volando cerca del sol, sus alas se desvanecen y tiene que huir para sobrevivir.

Pero ahora su calidez se siente tan bien que no le importaría morir.


—Fue difícil encontrarte —El asco nubla sus sentidos—. Que halcón tan malagradecido.

El niño tiembla de miedo. Sus ojos siguen vendados, sin embargo, reconoce la voz, el entorno… y su cautiverio. Su peor pesadilla se volvió realidad. La obediencia ya no era una opción; lucharía cada día buscando su libertad.

—No me toques —réplica, apretando los dientes—. Ya no les pertenezco.

—Gracias por avisarnos. —Una nueva presencia se incorporó. Era extraña y familiar, adivinó de quién se trataba cuando escuchó su voz hacer eco.

—El trabajo de un héroe es devolver a los niños perdidos a su lugar de origen.

—Y antes de que pienses escapar, Hawks, sólo queremos mencionar que conocimos a tu amiguito, ¿Cómo se llama?

—Todoroki, Touya Todoroki. —Ahora tiembla de rabia, suelta una de sus plumas hasta el cuello de quién habló.

—No tienes derecho de mencionar su nombre siquiera —advierte.

Le enseñaron a ser un arma, a no dudar ni tener escrúpulos. Levantó la cabeza con orgullo, no se doblegan. Es Hawks dentro de esas cuatro paredes, en el interior de ese complejo gubernamental perdió su identidad.

Volvería a ser Keigo Takami cuando abriera sus alas.

"Te diré mi nombre cuando sea libre otra vez, Touya, ten paciencia".


Caminan juntos, rozando sus manos y con un semblante de complicidad que no tratan de ocultar. Están tanteando el terreno. Algunas personas lo reconocen aunque no lo detienen y eso los hace felices. Tienen intimidad y tiempo juntos, así que ignorar los murmullos no resulta tan complicado.

—El blanco te sienta mejor —comentó luego de que su pareja le expresara que desea pintarse el cabello. Keigo no quiere decir que de volverse pelirrojo se convertiría en una réplica de su padre y se perdería—. Dabi se caracteriza por el concepto de blanco y azul. Un color base y uno de contraste. Con el rojo… destacaría y sería una lucha entre tu quirk y el cabello.

Es una excusa barata, ni siquiera sabe combinar colores, de lo que está seguro, es que la necesidad de aprobación de Touya lo está haciendo perder el rumbo. Perderse a sí mismo para complacer a su padre.

—Pensé que sería una buena combinación con tus alas —puntualizó con soltura.

Y quiere retractarse porque siente una calidez invadirlo junto a la culpa.

—No pierdas tu identidad por nadie, Tou, es lo único que te pertenece.

Es lo único que él tiene y lucha por mantener, no soportaría ser la causa de la perdición de su pareja. Touya lo contempla con un deje de adoración y Keigo se siente abrumado por la atención. Se sobresalta cuando lo toma de la mano y lo lleva a un rincón escondido para premiarlo con un beso.

—Por ti iría al infierno de ida y vuelta —promete, besando sus nudillos y sin despegar sus ojos del dorado sol—. Duda del mundo, pero no de mi amor ti.

Ahora es él quien se propone besarlo porque lo derritió con sus palabras. Sus alas van desapareciendo lentamente con cada muestra de afecto que le proporciona y carece de importancia. La idea de quedarse estancado en esa isla suena más agradable y menos solitaria.

Salen del callejón tomados de las manos y cuando Keigo trata de soltarse para cuidar las apariencias, Touya se limita a sonreír y asegurarle que estará bien al tiempo que afianza el agarre. Toca el anillo en su cuello con la mano libre y sonríe tenuemente.

Son ellos contra el mundo, ¿no?


Se quedó sin plumas, herido y cree que se va a morir en cualquier momento. Todavía desconoce cómo es que sigue de pie con el aire pinchando su pecho. El frío recorre su cuerpo, el inició de sus alas es más vulnerable sin las plumas que lo revisten. Tose con fuerza, siente que sus pulmones saldrán si se descuida.

—¡Búsquenlo! —Se estremece con la orden. Avanza sin titubear, primero pasos lentos y luego un trote ligero, la adrenalina bombea sus piernas porque ya no tiene fuerzas.

Es una mera casualidad el escape. Una apertura sin intención y cuando lo notó, ya volaba lejos de ahí. Utilizó sus plumas para despistar y atacar a los agentes que intentaron atraparlos. Cayó sin previo aviso, usando lo que aprendió en contra de sus maestros.

—Ese niño lo pagará, Hawks.

La amenaza surtió efecto, pero se forzaba en creer que si era hijo de un héroe, probablemente todo resultaría en una mentira. Así que confía en ello y continúa sin girarse. Despliega sus pocas plumas, hiriendo de gravedad a sus captores. No sabe cómo llegó otra vez a aquella tradicional casa que solía espiar. Se desvanece antes de tocar la puerta.

...

—Guarda silencio, Fuyumi, vas a despertarlo.

—¡Vamos a jugar, Touya! Natsuo no quiere, ¡Por favor!

—Fuyu… —escucha un prolongado silencio antes de un suspiro resignado—. Solo será un rato y después estarás con Natsu, ¿okey?

Distingue el deslizar de una puerta y después… paz. Se atreve a abrir los ojos; la luz lo ciega pero no tarda en adaptarse. Está sobre una superficie suave y tiene una manta encima; es cálido y calmo. Busca sentarse para examinar el estado de sus omóplatos; pequeños indicios de plumas van regando sus alas.

Respira con tranquilidad porque reconoció la voz de los niños.

Arranca la pluma más grande que ha crecido; su tamaño es pequeño, de un ave en crecimiento y espanta la analogía de sus pensamientos. Decide hacerla volar, buscando reconocer el lugar, después de diez minutos concluye que hay seis personas; tres niños, un bebé y dos adultos.

Pero nadie es él.

Así que se permite relajarse. Vuelve a su posición original para seguir durmiendo, aún no ha recuperado sus fuerzas y teme que cuando despierte, será otra vez un ave en cautiverio.


—¿En qué piensas? —Touya sigue con los ojos cerrados, el semblante adormecido pero su voz sonaba bastante despierta. Keigo recorre sus rasgos con suavidad, disfrutando de cada curva.

—En el día que desperté en tu habitación por primera vez —es sincero, aunque mantiene un tono de voz juguetón, esperando que recuerde el vínculo sexual en lugar del emocional.

—Papá estaba en una misión —contestó sin moverse—. Iba de salida cuando te encontré inconsciente en la puerta, con ayuda de Fuyumi logré meterte en la casa, le suplique a mamá que permitiera que te quedarás hasta que te recuperarás —abrió los ojos, buscando los de Keigo—. Estabas tan frío que utilice mi quirk por primera vez en una capacidad tan baja durante mucho tiempo. Tus alas se extendieron y me parecías un ángel…

El silencio volvió de una forma abrumadora.

Keigo detuvo el movimiento de su mano en el cabello de Touya. No tenía palabras para responder. Ambos vivieron el mismo momento desde diferentes perspectivas. Entreabrió los labios buscando qué decir. El mayor sonrió al tiempo que se acomodaba en el regazo de Keigo, que antes usó de almohada, dirigió su mano derecha hasta el rostro de su compañero.

—Desde la primera vez que te vi, pensé que el infierno que viví con papá debido a los entrenamientos no era tan malo sí logré conocer a mi ángel de la guarda —acomodó la mano a la mejilla del rubio—. Keigo, elegí ser un héroe con la esperanza de encontrarte otra vez y nunca me arrepentiré de esa decisión porque gracias a ella estamos aquí: juntos.

Y esa misma elección le impedía quedarse.

—Eres un tonto, Touya —murmuró desviando la mirada y ruborizándose.

—No tiene sentido negarlo —respondió el otro con un tono risueño.

Ambos hombres se quedaron en silencio, sumergidos en un futuro tan diferente entre sí.


Los primeros días en el departamento que Touya compró parecían un sueño hecho realidad. Lograron acoplarse al otro en una rutina agradable para ambos. Durante las mañanas y parte de las tardes, Touya trabajaba mientras Keigo limpiaba y cocinaba, en las noches, era el turno del héroe pese a su cansancio. Fueron equitativos y congruentes en sus tareas, también tuvieron muchas disputas pero al final… estaban juntos.

Las noches que Touya tenía guardia o misiones especiales, Keigo desaparecía del apartamento para regresar al menos una hora antes que su pareja. Era un mal hábito que conservó después de mudarse.

Cada día era más difícil esconder sus huellas. Uno que otro dato se filtraba a la prensa; ataques a héroes, desaparición de agentes de gobierno, atracos a pequeños establecimientos… el caos se desató cuando la primera muerte se hizo pública por error.

"Se han encontrado vestigios de lo que parece ser un cuerpo, se presume que podría ser el desaparecido héroe, Best Jeanist, de quién se perdió rastro desde hace dos semanas, aún continúan las averiguaciones, sin embargo…"

Cambió inmediatamente de canal cuando escuchó la puerta abrirse.

—¡Estoy en casa! —Suspiró con alivio al reconocer la voz de su cuñada—. Hola, Keigo —saludó cuando lo vio en la sala—. Touya mencionó que quizás saldrías así que pensé en venir y sorprenderlos dejando la cena hecha —contó, señalando las bolsas que cargaba—. Mamá hizo soba fría y me pidió traerle un poco también, ya sabes que es su favorita —explicó yendo a la cocina.

Después de mudarse, era usual que Fuyumi o Natsuo fueran a pasar tiempo en el departamento. A veces para servirles la despensa, otras para divertirse. Terminó por acostumbrarse a la presencia de ambos aunque sentía especial empatía por Fuyumi, ya que supuestamente eran de la misma edad. Siguió a su cuñada para apoyarse en el marco de la puerta mientras la veía moverse con familiaridad en la habitación.

—¿Qué tal va la universidad? —Preguntó para romper el silencio.

—Muy bien —la emoción la embargó tanto que terminó contándole sobre sus clases, la teoría y las prácticas de campo que está teniendo—. Después de cuidar de Natsuo y Shoto, me di cuenta que los niños son mi adoración y tengo mucha paciencia, así que pensé explotar esa posibilidad siendo maestra de preescolar, ¡Y fue la mejor decisión!

Río de ternura al verla sonrojada. Fuyumi seguía siendo una niña en el interior que tomó el rol de nana cuando los problemas se intensificaron en su casa.

—Eres increíble, Fuyumi —alabó—. Cuidaste y volviste funcionales tres desastres andantes —bromeó, refiriéndose a los hermanos de la misma.

—Hice… hago lo que puedo —respondió con seriedad, perdiendo cualquier resquicio de alegría—. Así que es mejor seguir dándolo todo, ¿verdad? —El cambio desconcertó a Keigo, quien se limitó a asentir—. Papá ha estado visitando la casa —contó después de girarse para buscar lo necesario para la cena—. Mamá todavía sigue incómoda por su presencia pero ambos lo intentan… a su manera.

El rubio se ahorró cualquier comentario. Todos los Todoroki sabían que la familia se volvió una fachada para la reputación de Endeavor y ahora, de Dabi. Era estúpido fingir que nada sucedía aunque optó por dejar pasar el tema.

—Actualmente está trabajando en el caso de varias desapariciones —se tensó visiblemente, si la información llegó a manos de Enji, tendría que volar antes de lo esperado—. He visto los reportes de héroes accidentados, nadie sabe cómo sucede —se quedó quieta, meditando su siguiente movimiento—. Sólo espero que Dabi no se encuentre con el ángel de la muerte.


—Así que tú padre es un héroe, ¿eh?

—¡De los mejores! —Respondió emocionado—. Quiero ser como él, así que entraré a U.A. la siguiente primavera, ¿no es asombroso?

Keigo río. Para él, los héroes no existían y menos eran esos monstruos disfrazados con lycra y colores brillantes. Genuinamente creía que Touya podría ser diferente, el brillo en sus ojos, la emoción de su voz y el desinterés de sus actos lo precedía. Tal vez podría aliarse con un héroe como él.

Logró esconderse de los agentes de gobierno por año y medio. Sabe que la ayuda incondicional de la familia Todoroki fue fundamental, además de una odisea ocultar su existencia al héroe #2. Valía la pena el desastre que vivió si podía tocar a su propio sol.

Pese a que Touya no se diera cuenta o no lo quisiera aceptar, Keigo sabía que se forzaba en querer a su padre, en cumplir sus expectativas y suprimir el odio que florecía cuando lo veía maltratar a su madre. En una ocasión apareció con un ojo morado y algunas quemaduras en las manos que excuso con un desmedido entrenamiento, la sonrisa en sus labios no alcanzaba la tristeza en sus ojos.

Keigo deseaba que Touya fuese un héroe capaz de salvarse a sí mismo.

—Serás un gran héroe, Tou —murmuró, apoyando la cabeza en el hombro del otro—. Y estaré ahí, viéndote.

Cuando el invierno volvió junto a los resultados de aceptación por parte de una de las mejores escuelas de héroes, sintió que todo parecía ir bien por primera vez.

Hasta que el diablo en persona se apareció frente a él.


Tarde o temprano volverían a reencontrarse.

Keigo esperaba que fuese tarde, sin embargo, ya lo evito demasiado.

—Le diré la verdad.

Cuatro letras fueron suficientes para desarmarlo. Deseó ser capaz de azotarle la puerta en la cara, pero el hombre frente a él le doblaba la edad y tal vez, le triplicaba el tamaño.

—No me alejaré —respondió tajante, escondiendo el miedo y la ansiedad. Odia tener que levantar la cabeza para demostrarle que no se siente intimidado.

—No esperaba que lo hicieras, pajarillo, parece que no valoras la libertad y la confunden con libertinaje, arrastrando a mi hijo contigo —notó el asco en cada palabra, gesto y tono—. Te quemaste por volar demasiado cerca de un sol que está en otro universo.

—Y lo volvería a hacer sin dudarlo.

Cerró la puerta, recargándose en la misma buscando valor. Pese a decirlo, sabe que tendrá que desaparecer otra vez, tal como lo hizo hace seis años.


Ahoga la risa cuando lo descubre detrás de una ventana, no sabe si ha estado ahí mucho tiempo, pero teme que todo terminó.

El apogeo del invierno lo envolvió. Es su estación favorita y la que le provoca mayor desdicha. Cree que tiene cerca de doce años, Touya recién cumplió quince, en menos de tres meses iniciará su formación de héroe, incluso le ayudó a diseñar el traje que usaría.

Detesta las despedidas. También los vínculos emocionales. Ambas situaciones lo lastiman de gravedad.

Endeavor, aquella persona que algún día considero un magnífico héroe resultó ser un mal padre, pésimo esposo y una persona que no dudó en devolver al gobierno la primera vez que escapó… ahora está frente a él, lanzando una amenaza para que se aleje de su hijo mayor.

Es tan solo un niño cuando Enji Todoroki le promete el peor de los futuros si sigue rondando a Touya. Es Endeavor, el héroe que llamó nuevamente al gobierno para que controlen su experimento fallido.

Odia las despedidas casi tanto como al patriarca de los Todoroki.

En aquel entonces solo… desapareció. No tuvo el valor para verlo una última vez, abrió sus alas y buscó desesperadamente un lugar donde desarrollarse sin vínculos o amores que tendría que abandonar.


Terminó de guardar sus pertenencias en una maleta que la madre de Touya les obsequió cuando se mudaron. Acomodó en una caja las fotografías, regalos y recuerdos que compartieron. Pensó en tirarlos, pero sonó impersonal y la idea de quemarlos sería un suicidio, así que optó por esconderlos.

El departamento quedó medianamente vacío y sin la identidad que la pareja le proporcionó.

Tocó por última vez las sábanas dónde durmieron, aspiró el aroma de una almohada y sabe que no tiene el valor para besarlo sabiendo que será la última vez.

Así que lo hace sin anestesia; deja el collar, el anillo y dos palabras garabateadas en un maltrecho papel, toma la maleta y sale de la habitación.

Evita detenerse hasta llegar a la puerta, cada paso es acompañado por vividos recuerdos que lo transportan a momentos donde fue feliz. Deja las llaves en el lugar de siempre, antes de cerrar la puerta con seguro. Ya no hay marcha atrás.

—¡Keigo! —Se detiene de golpe. Reconoce esa voz, más no esperaba volver a escuchar tan pronto—. ¡No lo hagas! ¡No le hagas esto otra vez! —Teme girarse, sabe que ahora está roja de la ira—. ¡Touya no lo soportará, no ahora! —Y tampoco quiere confrontarla porque no tiene palabras para justificarse.

—Lo siento, Fuyumi —murmuró, reanudando el paso. Él tampoco lo va a soportar.

—La última vez que te fuiste, Touya cayó en depresión —confesó, apretando las manos con impotencia—. Él dejó de vivir —escuchó su voz quebrarse y teme encontrarse con esa mirada gris acusadora—. Tomó un año para recuperarse antes ingresar a U.A. y aun así…

—Volverá a estar bien —se limitó a contestar, abriendo sus alas y preparándose para volar.

—Él solo volvió a brillar después de aquel día donde apareciste en su cumpleaños —contó, limpiándose las lágrimas rebeldes que bordeaban su níveo rostro—. Lo apagaste completamente.

—Es un sol, Fuyumi —se permite sonreír—. Un sol capaz de iluminar hasta el rincón más oscuro...

—Pero no a sí mismo. Y lo sabes.

Por esa razón no puede quedarse.

—Cuídate. —Lo pensó un par de segundos antes de agregar—. Y cuida de él, por favor.

Sin más, emprendió el vuelo, dejando su razón de existir en aquel departamento.

Recuerda con dolor el último pensamiento que le dejó. Esperaba que Touya fuera capaz de entenderlo y no buscarlo.


"El llamado Ángel de la muerte ha hecho su aparición, dejando su característica firma junto a un nombre: Hawks. Aún continúa la investigación sobre este nuevo villano".

Cambió el canal, buscando más noticias.

"Hawks, así se hace llamar el villano que las redes sociales bautizaron como el Ángel de la muerte. Se desconoce aún su identidad, los retratos hablados de los testigos afirman que es una persona normal con grandes alas manchadas de sangre…"

—Sus alas son naturalmente rojas —murmura con la voz rota.

"Los héroes que han despertado concuerdan con las características de este villano, sin embargo, debido a los ataques recibidos y las investigaciones realizadas, se ha descubierto que las personas implicadas están relacionadas con diferentes proyectos del gobierno, se desconocen los detalles, pero… ¿Y si en realidad este villano solo busca justicia? Recuerden este nombre; Hawks, el Ángel de la muerte".

Aquella noticia lo atrapó.

Todos los héroes trabajaban para el gobierno, le rendían cuentas, ¿por qué las víctimas serían especiales?


—¿Qué son estos números? —Preguntó la primera vez que estuvieron juntos. Keigo estaba de espaldas mientras él le acariciaba las alas.

—Mmm… —No puedo evitar reírse. El rubio asemejaba la imagen de un ángel en medio del paraíso, su expresión de placer y calma lo decía todo.

—No es nada, Keigo, descansa —prometió, dándole un beso en el cuello para después acurrucarse con él.

Cada día que dormía a su lado, lo hacía con la incertidumbre de que fuese la última vez, temía que los antecedentes se volvieran realidad y un día simplemente… desaparecería.

Touya sabe que ahora es héroe y tendrá los medios para buscarlo y protegerlo de aquellos temores de la infancia, de las personas que lo persiguen y velar por su libertad.

Cuánta ingenuidad.


Tocó con desesperación la puerta.

—¡Touya! Qué bueno verte aquí, entra, entra, estoy a punto de servir la cena —ignoró a su hermana yéndose de largo hasta la oficina de su padre para abrirla de golpe.

—Tú estás dentro del caso de Hawks.

—No —respondió Enji sin alejar la mirada de los reportes que revisaba—. Y cierra la puerta después de salir.

Touya tembló de rabia. Apretó la pluma junto a la nota, con una mezcla de enojo y frustración. Cerró la puerta tras de sí, dispuesto a enfrentar a su padre por primera vez.

—No era una pregunta —señaló—. El héroe #2 está inmerso en el caso. Ambos lo sabemos.

—No sé qué pretendes lograr, Touya —contempló cómo se quitó las gafas mientras se ponía de pie—, pero desconozco la información y aunque la tuviera, no te diría nada por ser confidencial.

"Héroes implicados en experimentos, trata de personas y desarrollo de drogas". Esa es la verdad de las personas heridas por él. —Tardó algo de tiempo en unir las piezas—. Mercenarios del gobierno, así les conocían.

—No te metas en esto, Touya —advirtió Enji, volviendo a su lugar—. La ignorancia ha sido tu mejor arma, sigue usándola y no busques problemas.

Una carpeta cayó sobre el escritorio, el mayor mantuvo la expresión neutra luego de identificar su procedencia.

"Código: Hawks. Nombre: Keigo Takami. Niño de escasos recursos, reclutado después de salvar a las personas dentro de un tren sin control, menciona ser admirador de Endeavor. Sin aspiraciones de ser héroe". —Escupió cada palabra con la ira quemando sus venas—. "Notas: escapó en dos ocasiones; la primera a las ocho años, la segundo a los diez años. La primera vez fue encontrado por Endeavor. Se desconoce su ubicación actual." —Perdió momentáneamente el control de su quirk—. Sabías la procedencia de Keigo, ¡Lo entregaste sin dudarlo!

—Así que el parajillo se armó de valor para contarte. Esto si es una sorpresa —comentó sin inmutarse.

No —contradijo—. Él solo… —Las llamas desaparecieron junto a su valentía.

Por qué Touya Todoroki era un héroe formidable, un hermano extraordinario y una persona admirable, pero también era un humano enamorado. Y la noche en que llegó a su departamento, todavía ni siquiera abría la puerta cuando entendió que se volvió a quedar solo. Al ingresar al lugar vacío el fuego lo quemó por dentro hasta incinerar cualquier sentimiento. Lloró y gritó por horas, expresando el sufrimiento que almacenó por años; lloró por su madre, por sus hermanos y por Keigo. Lloró al darse cuenta que la burbuja se rompió, que no era un héroe y solo se escondió en esa fachada para, egoístamente, proteger a las personas que amaba. Y lloró porque fue incapaz de hacerlo. Keigo ya se había ido.

Cuando se vacío, enfrió su cabeza lo suficiente para empezar a hacer las preguntas correctas. Escribió la serie de números que encontró en su espalda, realizó un par de llamadas y todo fue cayendo en su lugar.

Los ataques no fueron aleatorios a héroes inocentes. Hilo con paciencia los datos, fechas y lugares; las personas se volvieron piezas del ajedrez frente a sus ojos. Todavía se sorprende por la imparcialidad de sus actos.

—¿Dónde está? —Escupió con desesperación. Enji lo observó con decepción y molestia.

—El amor los hace débiles —musito, saliendo del escritorio para enfrentarlo. El más joven retrocedió por inercia—. Tu madre insistía en que no era así. Basura. No debí dejar que se hiciera cargo de ustedes.

—¡No metas a mamá en esto! —Advirtió, pequeñas llamas azules bordearon su cuerpo.

—Rei es una mujer débil. No solo heredaste su constitución débil, también su frágil corazón.

Gruñó audiblemente, dispuesto a saltarle a la yugular y dejar salir el resentimiento que guardó por años. Las llamas desaparecieron de golpe. Parpadeó, buscando esa fuerza que Keigo le transmitía aun a la distancia.

—No ahora —replicó, dándose la vuelta y saliendo del despacho. Enfrentar a Endeavor implicaba mostrar sus verdaderas intenciones, ya tendría tiempo de hacerse cargo de él.


—Al final te volviste un estupendo héroe —Levantó la mirada, tratando de identificar su presencia—. No tan bueno si tengo que revelarte mi ubicación —agregó con burla.

Lo encontró colgado de una viga, con una expresión divertida. Inconscientemente el azul bordeó su cuerpo de emoción antes de apagarse. Tardó dos segundos en estar a su altura y aferrado a sus brazos.

—Vaya, si te emociona verme. —Rápidamente lo rodeó con sus alas, manteniendo la calidez solo para ellos.

—Eres un idiota —murmuró, permitiendo que lágrimas de felicidad rodarán por su mejilla—. Cada día despertaba pensando que hice mal para que desaparecieras, pequeño idiota. Y me esforzaba para ser un héroe capaz de encontrarte y protegerte.

—Touya —lo separó de su cuerpo para poder mirarlo a los ojos. Ese precioso mar en total calma, se consolaba al verlo tranquilo y no arrasando con todo a su paso. Le acarició la mejilla, disfrutando de su toque—. Me basta con que puedas protegerte a ti mismo.


Pateó una piedra frente a él. Regresó a su antiguo departamento con la intención de obtener sus últimas pertenencias antes de fugarse otra vez.

—Eres predecible, Touya Todoroki —confirmó, abriendo la puerta forzada, pero aquel desastre no fue hecho por su ex pareja.

—Te equivocaste de Todoroki, pajarillo. —Enmudeció en el acto, tomando una posición defensiva—. Tantos años siendo cauteloso, precavido y lo tiraste al borde por un… ¿Qué? ¿Un revolcón?

—De los mejores en mi vida —añadió, buscando una apertura para escapar. Endeavor hizo una mueca de asco.

—La sobreprotección de su madre lo convirtió en esto —gruñó, justificando la orientación sexual de su hijo mayor—. Apenas desaparezcas volverá a ser el mismo.

Aquello despertó una ira ardiente en el ser alado.

—¿El mismo? ¿Solo un muchacho que sigue las órdenes de su padre para complacerlo? ¿Una persona sin voluntad? Eso no esa vida —puntuó, enfadado—. Y tampoco digo que conmigo sea mejor, él necesita aprender quién es; lejos de tu mierda y de la mía.

—Al menos en eso estamos de acuerdo —señaló, caminando hasta él. Por instinto retrocedió. Keigo no podía darse el lujo de subestimar a Endeavor. Trató con muchos héroes, incluso atacó algunos dentro del ranking, pero sabe la diferencia abismal entre él y el héroe #2—. Desaparece para siempre y esta vez lo haré por mis medios —amenazó.

—¿El gobierno te envío como su mercenario otra vez? ¿A controlar su experimento fallido? —Escupió con valentía y asco. Era un ligero parpadeo rojizo, pero alcanzo a distinguirlo—. Ya no soy un niño.

—Será más divertido así —sus expresiones cambiaron y genuinamente sintió un escalofrío y un temor de haber provocado un volcán que no se detendrá—. Ahora entenderé cuál es la obsesión de Touya por ti. —Todas las alarmas sonaron escandalosamente en la cabeza de Keigo, quien perdió de vista el plan original. A cada paso de Endeavor, el menor retrocedió: fuertes recuerdos de su cautiverio danzaban en su interior. Hasta que comprendió que estaba demasiado familiarizado con la situación. La mirada depredadora que adaptó y...

—¿Cuántas víctimas? —Cuestionó con un deje de urgencia—. Está no es tu primera abusando de otra persona a través de tu poder —ilustró, colérico de la posible respuesta—. Incluso Rei…

—Cuidado con lo que vayas a decir. —El fuego creció. El calor provocaba rechazo en sus alas, sus plumas huían de él y necesitaba escapar antes de empezar a derretirse.

—¿Acaso no te bastó forzar a tu hijo a utilizar su peculiaridad hasta perder la sensibilidad? ¿O llevar a tu esposa al borde del colapso por los abusos? Por suerte, Natsuo y Fuyumi solo sufrieron tu indiferencia.

—Cierra la boca —gruñó, enardeciendo el fuego. Keigo tragó, nervioso. El incendio se estaba elevando, quitándole las salidas.

—¿Te molesta hablar de la terrible persona que eres? —Añadió, levantando la cabeza—. ¿Del pésimo padre y esposo que resultaste? ¿O quieres que hable de los supuestos villanos que desaparecen cada día?

Todo se volvió rojo, apenas alcanzó a abrir las alas y escabullirse entre el fuego. El pequeño lugar que fue su hogar comenzó a ser devorado por llamas que prometían ser una muerte segura. Suspiró. Tendría que buscar un nuevo escondite.


—Hay una pequeña casa que mi abuela me obsequió —abrió los ojos sorprendido mientras Touya adquiría un adorable color rojo—. Deja de verme así —pidió, desviando la mirada y ganándose una suave risa.

—Solo tu familia podría regalarte una casa en las montañas —señaló sonriendo—. Es simplemente… sorprendente.

—Nunca lo habité —murmuró, avergonzado—. Son cinco horas de viaje en automóvil. Cada verano me repetía que iría para relajarme, pero…

—No podías dejar a tu familia. —Le acarició la mejilla, leía claramente el tormento en sus ojos—. ¿Pensaste en contarle a tu madre? Ya sabes, ella podría ir ahí con el pequeño Shoto para despejarse.

Deseaba que fuese una alternativa viable. Ya había convivido el tiempo suficiente con la familia Todoroki para entender que entre más cerca estén de Endeavor, su fuego los consume más rápido.

—Ya lo ha intentado —confesó en voz baja—. Papá fue por ella.

No fue necesario que terminara la oración para comprender las consecuencias de aquel acto de rebeldía.

—Esta es la llave —sacó de su bolsillo un llavero—. Eres libre de visitarla cuando desees. Si un día solo quieres… desaparecer, puedes ir ahí y sabré que estarás bien.

Un sentimiento cálido lo embargó. Tomó la llave antes de besarlo. El miedo era palpable. Nunca quiso dañarlo, solo quería volverlo más fuerte y en su lugar, lo hirió de gravedad.

—Lo usaré sabiamente —prometió.


Las alas le ardían. Voló demasiado alto para evitar ser captado por el ojo humano. Esquivó a cuando héroe de topo y solo se permitió aminorar el paso cuando vislumbró la casa a la distancia.

Aterrizó, desplomándose en el pasto. El vuelo resultó agotador, aunado a que parte de sus plumas resultaron quemadas y eso que no enfrentó directamente al héroe.

Revisó la señal de su celular, buscando alguna red disponible. Aceptó la incomunicación cuando ingresó a la casa. El polvo invadía cada rincón. Limpió con paciencia, sacudiendo y revisando la funcionalidad del lugar. Encontró futones guardados y los sacudió antes de recostarse. Su estómago gruñó de hambre, así que buscó su mochila. Se maldijo por no comprarse el combo de KFC antes de abandonar la ciudad.

—Morirás de hambre —detuvo a tiempo la pluma que apuntaba al visitante—. Conociéndote, pensé que traerías comida, veo que no fue así.

—Te pondré un maldito cascabel —gruñó, levantándose para darle la bienvenida—. Intenta hacer ruido al llegar, pude haberte matado —regañó antes de arrebatarle la cubeta de pollo.

—Creí que no volvería a verte —confesó, al tiempo que lo envolvía en sus brazos—. Esa nota fue muy ambigua y por un momento… —apoyó la frente entre sus alas, ahogando el suave gimoteo entre las plumas—. Sentí que tenía catorce otra vez.

Keigo sintió su corazón encogerse. No tenía valor para admitir lo hizo; que lo abandonó sin dudarlo, pero Endeavor apareció para hacerlo recapacitar sin desearlo.

No quería mentir otra vez, así que se limitó a contenerlo.

Cenaron juntos en el patio de la casa, observando la improvisada fogata. En algún momento creyeron que sería buena idea salir de campamento juntos, ya descubrieron que probablemente hubieran muerto de hambre o frío.

Cuando la luna alcanzó su punto más alto, optaron por ir a la cama. Se vieron por horas en la oscuridad, memorizando el cuerpo del otro, adorando la suavidad y la dureza. Se besaron con devoción, guardando las palabras bonitas para otro momento, sus acciones sabían comunicar sus sentimientos.

Keigo enterró la cara en la almohada, callando el gemido desesperado que escapó de sus labios cuando se sintió completo. La respiración de Touya era fuerte e irregular; ambos soltaron un quejido cuando tomó al menor por el inicio de sus alas, un punto erógeno que proporcionaba placer y dolor a partes iguales.

Terminaron agotados, envueltos en las cálidas alas de ángel.

El incomparable placer fue efímero. Justo el tiempo que Endeavor necesitó para descubrir dónde se había ido su problemático hijo.

Los encontró desnudos, envueltos en sábanas y fundidos como uno solo.

Gruñó antes de encender su fuego en las plumas de las alas. Keigo abrió los ojos de golpe, ahogando un maullido de dolor. La sorpresa lo paralizó al encontrarse de cara al diablo.

—Ahora podré deshacerme de los dos —advirtió con una sonrisa perversa. Touya despertó en el acto, contemplando con horror a su padre. Apenas alcanzó a colocarse los calzoncillos antes de confrontarlo.

Ni siquiera hubo palabras o intento de diálogo; los tres sabían que sus diferencias eran irreconciliables, solo dos saldrían con vida de esa casa en las montañas, lejos del ojo público y los medios, donde el fuego no devoré más que rencores.

El primer ataque salió de Touya, quiénes se apresuró hasta su padre con un vibrante azul cubriendo su cuerpo, Keigo deseó poder detenerlo y llevarlo lejos de ahí, sin embargo, el enfrentamiento era inevitable. Caminó hacia atrás, procurando mantener un bajo perfil mientras armaba un plan para salir vivos del infierno.

—Lento. —La palabra salió como un insulto cuando Endeavor esquivó a su hijo con ligereza—. No olvides quién te enseñó lo que sabes, mocoso insolente.

—Tampoco olvido que mi peculiaridad es más fuerte —devolvió, incrementando el fuego en su mano derecha. Esta vez no tuvo tiempo de evadir, pero amortiguó el golpe con su propio fuego. El ser alado estaba fascinado por el despliegue de colores hasta que el calor lo afectó. Tendría que irse pronto.

—Con el débil cuerpo de tu madre, no eres más que recursos desperdiciados. —Aquello detonó el interior de Touya, su familia era un tema sensible; su madre en especial. El olor a piel quemada inunda el ambiente—. ¿Cuánto más seguirás de pie antes de empezar a llorar de dolor?

Keigo comprendió inmediatamente que el portador de las llamas azules no tenía su traje de héroe, provocando que fuese más vulnerable a los efectos de su capricho. La disputa se volvió corporal, golpes por aquí y por allá. Treinta minutos después, Touya cayó inconsciente, siendo consumido lentamente por sus propias llamas. Endeavor estuvo dispuesto a darle el golpe de gracia hasta que…

—¡No! —Se armó de valor y con su pluma más grande. Se colocó frente a Touya, cubriéndolo con su cuerpo—. Ya no podrás hacerle más daño.

—¿Y tú vas a impedirlo? —Se irguió, para confrontarlo con la cabeza alta, sin dejarse intimidar—. Solo eres un estúpido experimento fallido… —murmuró.

—Pensar que te adoré cuando era niño —contó con el dolor impregnando su voz—. Creí ciegamente en ti hasta ver cómo destruiste lentamente el espíritu de tu hijo y llevaste al borde del colapso a tu esposa; gran héroe y una horrible persona. Vaya combinación de mierda.

Las palabras surtieron efecto cuando notó que se abalanzó en su contra… o eso creyó hasta que descubrió que se dirigía al cuerpo malherido de Touya. Keigo saltó por reflejo, cometiendo el error de darle la espalda al supuesto héroe y envolver en sus alas al amor de su vida.

El fuego lo consumía vivo mientras trataba de despertar a Touya de su letargo. Quería despedirse, decirle una vez más que lo amaba.

Cómo Ícaro, sus alas estaba siendo calcinadas por el sol; uno sádico que disfrutó de disminuir la intensidad para prolongar su sufrimiento.

—Hey, Tou, arriba —pidió impaciente, moviendo su cabeza—. Despierta cariño, deja que vea tu precioso océano una última vez.

—No será la última. —Lo abrazó con más fuerza, permitiendo que cálidas lágrimas bordeen su rostro—. No te desharás tan rápido de mí.

—Mi corazón comenzó a latir el día que te conocí —contó, besando su cara, disfrutando de sus labios—. Y no me arrepiento de qué se apague al protegerte.

Al comprender el alcance de las palabras, la frente perlada y la voz agotada, supo que era demasiado tarde. El cuerpo perdió la firmeza y cayó encima de él.

—No, no, no. Keigo, no hagas esto, saldremos juntos de aquí, despierta. —La desesperación de su voz nubló su juicio.

Lo último que recuerda es salir de la casa agotado, cargando el cuerpo de Keigo Takami, que yacía sin vida en sus brazos mientras que la casa que su abuela le regaló, ardía en llamas con un Enji inconsciente en su interior. A cada paso, las quemaduras intensificaron el dolor físico, su corazón ya estaba sofocado desde hace horas. Las lágrimas se perdían en los últimos resquicios de noche.

—El día que abriste tus alas, le diste sentido a mi existencia. Mi propio ángel de la guarda… —una amarga risa inundó el ambiente— y lo cumpliste hasta las últimas consecuencias, ¿no? —Un largo silencio se prolongó hasta que sintió sus piernas ceder del cansancio y dolor—. Me enseñaste a ser fuerte y valiente estando contigo, ¿quién contra nosotros? Pero ya no hay un "nosotros". Fuiste un chico realmente malo, Keigo, me diste vida y luego vuelas lejos. Un día te alcanzaré y ya no podrás deshacerte de mí. Seremos tú y yo contra el mundo, ¿comprendes?

Aunque sabe que el cuerpo sin vida ya no dará respuesta, su alma reconoce que volverán a encontrarse.


Las palabras de Twice vibraron en su interior. Se suponía que él también debe de proteger la felicidad de otros a costa de la propia, ese es el trabajo de un héroe, ¿no?

—Les pasaré el mensaje —prometió, apretando con mayor fuerza la pluma que empuñaba. Una explosión y todo se volvió azul. Apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando una bota se incrustaba en su cráneo, rompiendo sus lentes.

—No hay necesidad de pasar el mensaje, ¡te escuché fuerte y claro! —Reconoció la voz de Dabi—. No me viste venir, ¿verdad? —Tragó saliva, gruñendo por haber descuidado su espalda. Él no debería de estar ahí—. ¿Así que "no cometo errores", estúpido héroe? — El calor aumento y…

¿Por qué tiene la sensación de conocerlo? Desde la primera vez que lo contactó notó la conexión que rechazó al instante. Era un villano y él un héroe. No tenían nada en común.

El fuego aumentó y comprendió que no se detendría. Por reflejo, tomó a Twice y evadió las llamas. Sentía el ardor en la parte izquierda del rostro.

Ladro varias quejas cuando señaló que a Dabi no le importó quemar a su propio compañero. Sintió asco al escuchar la analogía de que por ser héroe salva vidas, cuando ellos le forzaron quitársela a Best Jeanist. La bilis subió por su garganta cuando se burló de él.

Bajó la mirada, asegurándose que cumplió su objetivo de neutralizar a Bubaigawara sin crear un daño irreparable. Se sorprendió cuando lo vio saltar.

—¡No te muevas! —Aunque sonó a orden, su interior gritaba en una súplica desesperada. Llegó a empatizar con el grupo de marginados, sin embargo, los sentimientos por ellos no excusaban sus acciones.

Alcanzó a evadir las llamas, yendo por el enfrente para atacar a Jin nuevamente. Él era su objetivo principal. Dabi parecía sorprendido por su velocidad.

—¿De dónde saliste, Takami Keigo? —Cinco palabras fueron suficientes para desarmarlo en un segundo. Continuó con su ataque a Twice, sin embargo…

"¿Por qué sabe mi nombre? ¿Quién es este tipo?"

Su identidad era protegida por el gobierno. Ni siquiera tuvo la confianza de decírselo a Endeavor, la persona a la que más admiraba, pero, ¿por qué un villano la conocía?

¿Y por qué su corazón se aceleró involuntariamente, buscando su calor?

Se forzó fuera de la bruma que lo sumergió Dabi, atacando a Bubaigawara sin dudarlo, permitiendo que el último clon que creó escapara.

Se giró hacía el villano de las llamas azules, quien lo veía con una sonrisa psicótica, no obstante, su atención se desvió fugazmente al collar que pendía de su cuello; un anillo con un vibrante zafiro que despertó un recuerdo abandonado.


"No importa en qué universo sea; seamos héroes o villanos, piratas o incomprendidos, nuestras almas se siguen buscando con desesperación, entre encuentros y desencuentros, al final somos los dos contra el destino que insiste en anular nuestros anhelos.

Cuando reconozcas porque sientes atracción por una persona odiada y repulsión por un ser amado, sabrás que estamos unidos otra vez. Somos los dos extremos del mismo cuerpo que requiere conectarse para existir.

Estamos juntos contra el mundo, ¿quién podrá contra nosotros?"

Y el destino lo tomó como un reto.

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¡POR FIN! Desde mediados de mes quería postear este OS, porque eso es. El final no me convenció y me alegró de haberme esperado. Adoro esta pequeña joya. Ahora si, pueden putearme y lo aceptaré con gusto porque tienen un cachito de mi corazón por leer esta mierda, que hasta ahora, es mi fic favorito.

Si les gustó, les invitó a pasearse por mi perfil, y con suerte, nos leemos después.

¡Hasta la próxima!