N/A: Una historia que se me ocurrió en un momento de inspiración. Espero que sirva para amenizaros un poquito la cuarentena :) Son capítulos cortitos, en torno a mil palabras cada uno, y si me decís que os gusta la idea del fic, intentaré publicar a diario ^^

Warnings: #Harco #SexoGay #PrimerasVeces #GayEnElArmario y un hechizo con muy malas intenciones… ;P Oh, sí. Y #humor y #romance. Porque me encanta combinarlos. ¡Espero de corazón que os guste!

Disclaimer: El universo Harry Potter es de JK Rowling de WB Company. No tengo ánimo de lucro publicando esta historia.


LA MILAGROSA CAMA DE POTTER

(1) El rumor


Draco Malfoy aún no se había acostumbrado a trabajar por la noche. Como sanador en prácticas en el ajetreado hospital de San Mungo, debía de estar también preparado para afrontar la jornada nocturna. Y a esas horas, lo normal era formar parte del equipo de Urgencias, cuya obligación era estar constantemente preparado para atender cualquier contratiempo que pudiera presentárseles. Y así durante doce horas diarias.

En realidad, lo llevaba bastante bien: de lunes a viernes, cuando tocaba, registraba religiosamente su varita a las ocho en punto de la tarde en la entrada al hospital, y colgaba la túnica color verde lima en su taquilla a las siete de la mañana del día siguiente. La adrenalina propia que caracterizaba al área de Urgencias le impedía perder la concentración por mucho cansancio que acumulara.

Rendía de manera ejemplar, había que decirlo. Pero su verdadero problema llegaba a partir de las siete y media de la mañana, cuando arribaba a la residencia de internos y se acostaba en la cama de su sobria habitación de seis metros cuadrados.

Porque era incapaz de dormir.

Había noches (perdón, días) que pasaba en vela, hasta que el agotamiento hacía mella en él y conseguía conciliar unas tres o cuatro horas de sueño. No eran suficientes; se levantaba cada tarde con dolor de cabeza, como si le hubieran dado la paliza de su vida o tuviese una señora resaca. Y cuando la semana nocturna llegaba a su fin, en los días libres previos al inicio del turno matinal, le costaba horrores volver a adaptar sus ritmos circadianos, arrastrando así a su cuerpo y mente a una rutina de no-descanso fatal.

- En ningún otro lado he dormido mejor que en esa puta cama.

Draco asintió en silencio, llevando su taza de café a los labios. Estaban en la sala de descanso de Urgencias a las dos de la mañana de un viernes de abril. Dos de sus colegas, que llevaban cerca de veinte horas de guardia, habían aprovechado su presencia allí para tumbarse en alguna camilla y cerrar los ojos aunque fuera un poco. Afortunadamente, no había excesivo movimiento aquella noche. Lo bueno que tenía aquel turno es que los pacientes que se desplazaban hasta allí lo hacían exclusivamente por razones de peso, no por males evanescentes.

- Pero ¿qué demonios tiene? -quiso saber Draco, intrigado, clavando su mirada en Justin Finch-Fletchley-. Siempre estáis hablando de ella: si no eres tú es Davies o Goldstein, pero tiene que ser igual a las que tenemos los demás porque todos estamos en la misma residencia. ¿O por ser Potter le expiden un tratamiento especial? Que tampoco me extrañaría… -rumió.

- No sabría explicártelo, tío -admitió el hufflepuff, encogiéndose de hombros mientras daba una calada a su cigarrillo muggle-. A simple vista su cama parece igual que las nuestras. El tacto del colchón también es igual, y las sábanas y mantas son exactamente las mismas. Pero tiene algo, un tipo de hechizo raro que dejó activado un idiota sin darse cuenta. El caso es que, con solo dejarte caer en ella -Draco vio al hombre cerrar los ojos con placer, como rememorando la sensación-, basta para tener el sueño más reparador de todos. Tienes que probarlo, de verdad -le dijo ahora muy serio, apuntándole con los dedos que aún sujetaban su cigarrillo casi consumido.

- ¿Probarlo? -se mofó Draco, acercándose al fregadero de la salita para dejar su taza vacía-. Claaaaaro. Cuando salga de aquí me iré directo al dormitorio de Potter para pedirle muy amablemente que me deje dormir en su cama. Con él -añadió al ver que Finch-Fletchley iba a replicar-. Porque, por supuesto, dudo mucho que este se baje a dormir a la mía, en la que te adelanto que yo no descanso una mierda, a cambio. Porque vosotros… -se detuvo, recortando con los ojos la silueta del otro sanador que ahora le observaba con curiosidad-. Quiero decir, Davies, Goldstein, tú… supongo que si habéis podido dormir en esa cama ha sido porqueeee… -sus intentos para que Finch-Fletchley terminará la frase por él quedaron en nada, ya que este solo asintió con la cabeza, alentándole a continuar. Draco puso los ojos en blanco-. Supongo que es porque habéis follado. Porque los cuatro sois gays. ¿No?

- Bueno, en realidad…

- Porque, claro -le interrumpió Draco, expresando en voz alta su repentina avalancha de pensamientos-, puede que sea un gryffindor, pero no un alma de la caridad y desde luego que no ha nacido ayer. Así que lo único que se me ocurre es que, antes de dormir, tengáis un buen orgasmo. ¿Y quién no puede dormir bien después de una sesión de sexo decente? -cuando Finch-Fletchley fue nuevamente refrenado para dar su versión de lo ocurrido, la expresión de la cara le cambió un poco, aunque el slytherin siguió con lo suyo-. Seguro que eso es lo que en realidad "obra el milagro" -agregó, imitando las comillas con los dedos-, y no un hechizo lanzado por descuido por un desconocido.

Para cuando al fin terminó, el otro hombre le miraba visiblemente molesto de brazos cruzados, a la altura del pecho. Odiaba que le cortaran cuando estaba hablando.

- ¿Por qué si eres tan listo no lo descubres por tu cuenta, Malfoy? -solo dijo sin sonreír-. Podrías sorprenderte -añadió con ironía.

Draco clavó sus ojos grises en los azules de Fletchley:

- El día que yo le pida a Potter dormir con él, se pasará frío en el Infierno.