Botones y campanillas
N/T: Nada me pertenece. Esta es una traducción-adaptación del relato 'Buttons and Bluebells' de la maravillosa escritora en lengua inglesa Laurielove. Si os animáis a leerla en su idioma original, encontraréis más de 80 relatos suyos en FFN. Esta es mi pequeña aportación para que conozcáis sus magníficas historias. Gracias por leer y espero que me perdonéis si no os parece perfecta, pues es el primer trabajo que hago en este sentido.
N/A: ¡Ah! Un pequeño regalo veraniego para todas vosotras. Mientras tanto, Severus está tan ocupado como siempre. Durante mucho tiempo imaginé una historia con él y Hermione en el bosque. Me gustan las campanillas y me gustan los botones y me gusta la vulnerabilidad de Severus y la sorpresa ante lo que está ocurriendo aquí. Pero cuando se mete en ello… oh sí. Una historia posterior a la guerra. Snape ha sobrevivido milagrosamente y Hermione no está lejos de los veinte.
'Sólo tocarán las sustancias necesarias y no se apartarán del camino. ¿Entendido?'
'Sí, Profesor Snape.'
'Bien. Entonces podemos proceder. Sigan a la profesora Sprout. Iré a la retaguardia.'
Hizo un gesto a la clase, para que caminaran delante de él a través del bosque. Todos lo hicieron. Excepto una. Apretó la mandíbula con frustración. Qué previsible.
'Señorita Granger.'
Ella había seguido con los otros pero se quedó detrás, estudiando una formación en la corteza de un roble.
Estaba doblada por la cintura, concentrada en el objeto que había captado su atención. '¿Ha visto esto, Profesor? No puedo creer que esto sea un desarrollo natural. Debe estar relacionado con el encantamiento del bosque. Nunca he visto un crecimiento como éste en ningún –'
'Señorita Granger, ¿no me escuchó?'
Ella se dio la vuelta, su rostro por fin mostrando conciencia. '¿Escuchar qué?'
'Les indiqué a usted y al resto de la clase que siguieran adelante con la Profesora Sprout.'
'Oh, sí, lo escuché, pero ahora no soy exactamente parte de la clase, ¿verdad? Los alcanzaré, no se preocupe.'
Él hizo un ruido audible de desaprobación. 'No estoy preocupado, señorita Granger. Usted no me preocupa de ninguna manera, se lo puedo asegurar, pero aun así espero que cumpla con mis demandas como su maestro.'
La chica Granger se irguió y se cruzó de brazos. Claramente la había molestado. Pero entonces, eso no era difícil. Ella disfrutaba cualquier oportunidad de ejercer sus opiniones y sentido de superioridad, el agravante. A pesar de sus experiencias, mantenía su enfoque obstinado en todo lo que hacía. Eso lo enfurecía.
'Soy, se lo recuerdo, ya no sólo su alumna, profesor, sino su asistente. La profesora McGonagall lo dejó muy claro. Puede que finalmente esté aquí para terminar mis EXTASIS, pero mi experiencia y habilidades deben aprovecharse para ayudar a otros, tanto a los estudiantes como al profesorado.'
Él entrecerró los ojos y la fulminó con la mirada, imitando su postura cruzando los brazos. 'Su arrogancia es realmente asombrosa, ¿no?'
'¿Lo es?' Su mandíbula sobresalió desafiante. 'Supongo que usted lo sabrá, ya que sólo es superada por la suya.'
Sus labios se tensaron y su boca se abrió. Palabras de reprensión se formaron en la punta de su lengua, pero cuando ella lo miró fijamente con esos ridículamente grandes ojos castaños, ninguna emergió. Giró sobre sus talones. '¡Vamos! Al menos debemos aparentar ser parte de esta expedición banal.'
'Es sólo una excursión al campo, profesor. Y no es banal. Me gusta salir del castillo al bosque.'
'Lo haría,' murmuró malhumorado, caminando decididamente delante de ella. Por una vez, ella lo siguió.
'¿Qué fue eso?'
'Nada. Camine, no hable.'
Los otros habían ido más allá y ahora estaban reunidos en un pequeño círculo mientras la profesora Sprout les daba una lección sobre los hongos faerie. Snape puso los ojos en blanco. Los hongos eran de gran utilidad en pociones, lo que era la razón principal por la que había sido forzado a unirse a esta excursión, pero la explicación de su colega lo adormecía de aburrimiento. Claramente ella no tenía necesidad de él. Se volvió y miró atrás. Granger estaba lejos de él en una pendiente, una vez más concentrada en su propio interés. Volvió caminando hacia ella.
'La clase está allá arriba. Debería estar con ellos,' declaró él mientras se acercaba.
'Oh, no se preocupe por ellos. Ya sé todo eso. Lo estudié cuando estuvimos acampando en el Bosque de Dean el año pasado.'
Ella caminó adentrándose en el bosque. Era abril y había una alfombra de campanillas dondequiera que mirara. Granger caminó decididamente a través de ellas. Él la siguió con un gruñido de agravio. Ella se inclinó frente a él. ¿Se suponía que las faldas del uniforme se llevaban tan apretadas? La chica señaló algunas hendiduras en el suelo. 'Estas huellas de centauro son interesantes, ¿no lo cree? Mire. Dos han estado aquí. Parece que estaban apareándose. Puede ver cómo las huellas están muy juntas aquí, y sólo hay seis pisadas de pezuñas. Claramente el macho estaba montando a la hembra en este lugar y-'
'¡En serio, señorita Granger! ¿Debe hacerlo?'
Ella alzó la vista, con los ojos muy abiertos por la sorpresa ante su interrupción. '¿Qué?'
'¿Es completamente necesario discutir tales asuntos?'
'Oh, por el amor de Dios. ¡Es la naturaleza, profesor! Nada que no sepamos.'
'Se supone que debe estudiar los hongos y su uso en pociones.'
Ella se incorporó, acercándose a él y sonriendo burlonamente. 'Oh, pero incluso usted debe pensar que los centauros lujuriosos son un tema mucho más interesante, ¿eh, Profesor?'
De repente hacía mucho calor. 'No… en realidad.' Él no sabía dónde mirar. Ella lo miraba fijamente. Eso tuvo un efecto bastante curioso en sus partes inferiores.
'Profesor Snape, de repente se ha puesto bastante rosado.'
Él sintió el color inundando sus mejillas. Estaba seguro de que ahora se había puesto bastante escarlata.
'Es un día caluroso, eso es todo.'
'Lo es.' Sus ojos se posaron en su torso. 'Y sin embargo, insiste en llevar su túnica completa. ¿Por qué no se la quita?'
'Umm…' Su cerebro sintió que no funcionaba correctamente. Toda su sangre parecía estar fluyendo a alguna otra parte.
Granger estaba parada, con los brazos cruzados de nuevo y media sonrisa burlona en su rostro. Su lengua se agitó fuera momentáneamente para humedecer sus labios. Él realmente deseó que no lo hubiera hecho. No ayudó a la situación del flujo sanguíneo. 'Umm…' fue todo lo que pudo lograr decir de nuevo.
'Venga, profesor.' Ella se inclinó más cerca y arqueó una ceja antes de susurrar en tono conspiratorio, 'No lo contaré si usted no lo hace.'
Luego, sin dudarlo, levantó sus manos a su túnica. Tomándola por los hombros, comenzó a quitársela. Él apenas podía respirar y dio un paso instintivo hacia atrás.
'¿Qué está haciendo?'
'Tratando de hacerlo sentirse más cómodo.'
'Se espera que los maestros lleven su túnica cuando enseñan.'
'Bien, en caso de que no lo haya notado, su clase no se ve por ningún lado. Realmente no está enseñando mucho, ¿verdad?'
'Usted está en mi clase.'
'Ya hemos discutido eso. Yo no cuento.'
'Lo hace para mí.'
Él deseó no haberlo dicho así. Por un momento ella lo miró por completo y sus ojos se abrieron mientras perdía su cuidadoso control. Pero rápidamente bajó la mirada y volvió a concentrarse en quitarle la túnica. Esta vez, él se encontró parado allí cuando ella la apartó de sus hombros. Pudo sentir sus dedos, ligeros pero notablemente seguros, a través del tejido de su levita, que permanecía debajo. Su túnica exterior cayó al suelo cubierto de campanillas debajo de él. Sus ojos volvieron a ella.
'Ahí,' ella sonrió. 'Eso es un comienzo. Sin embargo, todavía lleva esa levita negra. Debe ser ridículamente caliente, el color negro absorbe el calor.'
Por fin pudo recuperar la ventaja. 'El negro no es un color. Es la ausencia de color.'
'Sólo con respecto a la luz. Pero, por supuesto, en este caso me refiero a un tinte, un pigmento. El pigmento negro de su ropa seguramente absorbe el calor.'
Su labio se curvó con molestia, pero pronto lo olvidó. Ella estaba parada notablemente cerca. Podía oler su perfume. Podía ver las pequeñas pecas que salpicaban su nariz.
'¿Todavía debe estar muy caliente, profesor? ¿Lo está?'
'¿Qué?'
'¿Caliente?'
Estaba mirando esos ojos otra vez, y ella no los estaba evitando. Él asintió, incapaz de no hacerlo. Estaba tan estúpidamente caliente que no podía imaginar volver a sentir frío. No si ella estaba cerca.
'¿Por qué no se quita la levita?'
Quizá tenía calor porque no podía respirar. Le dolía respirar. Tenía el pecho tan apretado que se preguntaba si algo alarmantemente médico estaba sucediendo. Pero la sangre ciertamente fluía ahora. Le golpeaba la cabeza y luego se lanzaba a… O dioses, justo ahí. ¿Ella lo vería, seguramente? No, por favor, eso no. Estaba perdiendo todo el control. ¿Debería mover sus manos para cubrirlo? ¡No! Eso lo empeoraría. Sería muy obvio si hiciera eso.
Ella le había hecho una pregunta. Tenía que responder. 'No puedo.'
'¿Por qué no?' ¿Por qué de repente su voz era tan suave y baja? Sintió como si lo estuviera acariciando con ella.
'Porque…' ¡Tenía que pensar en algo! 'Porque… hay… demasiados botones.'
Ella le ofreció otra de esas pequeñas sonrisas malvadas que hacían que sus entrañas brincaran como un cordero en primavera. 'Lo noté.'
'¿Lo hizo?'
'Sí.' Su voz era aún más baja, sus ojos más profundos, su perfume más potente. 'Lo he notado durante bastante tiempo. Sus botones distraen bastante, Profesor Snape.'
Su manzana de Adán se sacudió. '¿Lo hacen?'
'Sí.'
'¿Durante cuánto tiempo ha estado distraída por… mis botones?'
'Alrededor de tres años.'
'¿Tanto tiempo?'
Ella asintió lentamente, todavía mirándolo fijamente. Él tragó saliva.
'No me ha dado ninguna señal de que le distraían tanto mis botones.'
'Bueno… eso habría sido bastante incómodo, ¿no?'
'Sí, supongo que lo habría sido.'
'Pero ahora que tengo diecinueve años y soy… su asistente-'
'Alumna…' la corrigió aunque él mismo no lo creía. 'Alumna asistente… para las cosas…'
'Ahora que tengo diecinueve años y soy su alumna asistente para las cosas, me siento obligada a decirle que sus botones me distraen mucho, mucho, en efecto.'
'¿Mucho?'
'De hecho me distraen tanto, que no puedo pensar en nada más.'
Él no pudo parar. 'Ya veo… y… um… ¿cómo sugiere extender su interés a… mis botones?'
'Bueno… podría… contarlos.'
'Supongo que… puede.'
Ella puso sus manos sobre su levita y las deslizó hacia arriba para terminar en su cuello. Él respiró hondo. Sus dedos se curvaron alrededor de su botón superior.
'Uno.' Lo sacó de su ojal. Sus manos se deslizaron hacia el siguiente.
'Dos.' De nuevo, lo desabrochó.
'Tres.' Él sintió el apretado tejido aflojarse en su pecho.
'Cuatro. Cinco.'
'Señorita Granger…'
'Seis, Siete. Ocho.'
'Señorita Granger, en serio, usted…'
'Nueve. Diez. Once.'
Era demasiado tarde.
'Doce. Trece.' El último botón sucumbió a sus dedos. Su levita se abrió por completo para revelar la camisa blanca debajo.
'Trece botones, profesor. Un número desafortunado… para algunos.' Levantó sus manos a sus hombros y le quitó la levita. Él flexionó los brazos y supo que estaba facilitando su progreso. La prenda negra cayó para unirse a su túnica en la alfombra de campanillas.
'¿Mejor?' murmuró ella, aún más cerca. Sus labios eran oscuros y llenos, sus ojos incluso más. Él no podía moverse. No quería moverse.
'Mejor,' estuvo de acuerdo. Ella estaba más cerca. Más cerca.
Sus labios tocaron los de él. Suaves. Cálidos. Generosos.
¿Cuándo fue la última vez que alguien se había entregado a él? Eso lo conmocionó y retrocedió, rompiendo el contacto.
'¿Qué fue eso?' preguntó, genuinamente desconcertado.
'¿Qué?' murmuró ella, sus ojos desviados por fin, como si la realidad de lo que estaba sucediendo se hubiera registrado.
'Esa… esa cosa… esa cosa de boca.' Sus dedos revolotearon hacia sus labios y el recuerdo de su toque, y frunció el ceño, tratando de recuperar la razón en medio del confuso caos de su alma.
'Un beso. Fue un beso. Lo besé.'
'¡No puede hacer eso! ¡Soy su profesor! Usted es mi alumna asi-' Luchó para formar las palabras.
'Alumna asistente para las cosas.'
'¡Sí! ¡Eso! ¡No puede!' Se balanceó hacia atrás, agarrando su cabeza.
Los ojos de ella estaban cerrados y estaba sacudiendo la cabeza levemente, como si intentara forzar que el sentido volviera a sí misma. 'Lo siento, Profesor. No lo pensé. Lo siento, fue estúpido… yo… yo… me iré ahora.' Comenzó a alejarse de él.
Su mano salió y la agarró del brazo antes de que estuviera más allá de él. La atrajo hacia atrás, tan fuerte que ella se dio la vuelta y cayó completamente contra él con un jadeo de sorpresa. Él no le dio tiempo a recobrar el aliento. Sus manos aferraron su cabeza, volviéndola hacia él, y su boca se estrelló contra la de ella.
Atrás quedó cualquier vacilación o timidez. Nunca había deseado tanto algo. No desde… Gimió, aferrando su cabeza con más fuerza y abriendo su boca con la suya. Era cálida y húmeda y le dio la bienvenida. Su lengua se movió hacia la de él y el deleite de ello fue sorprendente. El instinto anuló la razón. Hacía pasado mucho tiempo desde que había besado a una mujer, pero ahora se recordaba a sí mismo como si fuera ayer. Las manos de ella se elevaron, aferrándose primero a sus hombros, luego sujetando su nuca y enredando su cabello. Él se mareó con la oleada de euforia y deseo y tuvo que echarse atrás para tomar aire. Jadeó, y ella lo sujetó contra ella, acurrucándolo en la curva de su cuello, y él supo entonces que era el lugar más reconfortante del mundo. Quería quedarse para siempre. Pero la situación del flujo sanguíneo estaba presionándolo, o más bien su ingle. El deseo lo empujó hacia adelante, hacia ella. Temió que huiría, pero en lugar de eso ella misma se presionó contra él y sintió una sacudida de placer. Había rozado su mano contra él a través de sus pantalones. Lo hizo de nuevo, rítmica y concertadamente, antes de que sus ágiles dedos buscaran los botones.
'¿Estás segura?' murmuró él, sus palabras cambiando a un gemido de placer.
'Más segura que de nada, Severus.'
Había dicho su nombre. Lo dijo en voz alta. Hizo su intimidad permisible. La dejó desabrochar los botones de sus pantalones mientras se quitaba el cinturón, los calcetines y los zapatos.
Se quedó en ropa interior y ella volvió su atención a la parte superior de su cuerpo otra vez, sonriendo y tomando su camisa en sus manos. 'Quiero verte.'
Se apoderó de Severus una repentina imperfección sin esperanza. Carecía de la definición muscular de los hombres jóvenes que ella conocía. Flacucho, esmirriado, le habían dicho en su juventud. Pasaba horas encerrado en las partes más oscuras del castillo, evitando la luz del sol – su piel era pálida y blanca, no las perfectas formas oscuras de sus contemporáneos. Sus brazos se mantuvieron rígidos contra sus costados mientras ella intentaba quitarle la camisa.
Hermione sonrió y volvió a besarlo. 'Te he esperado. Déjame entrar, Severus.' Ella tiró y los constantes golpes en su ingle no le dieron otra opción más que levantar los brazos. Ella le sacó la camisa por la cabeza. No podía mirarla, pero tan pronto como su cuerpo fue revelado, ella dejó caer la cabeza sobre la pálida carne y plantó una miríada de besos sobre ella. Sus manos revolotearon a través de su piel y besó e inhaló todo lo que era él. Mantuvo las manos a los lados mientras ella lo absorbía.
'Eres tan, tan hermoso,' murmuró ella. Años de trabajo para Voldemort habían endurecido su estructura delgada, sabía eso, y a la pálida luz del bosque, exudaba una suavidad esculpida en alabastro en la que ahora ella se deleitaba. Necesitaba verla como ella lo veía a él. Sus dedos buscaron a tientas su camisa, ya no con incertidumbre sino con desesperación. Ella lo ayudó, rasgando rápidamente los botones y tirando de la prenda. Se bajó la falda y la dejó a un lado. Hermione Granger estaba parada ante él con un sostén y bragas blancos y era perfecta. ¿Qué había hecho para merecerla?
Pero ahora que la tenía, la reclamaría. El auto-control que exhibía en el dominio de Hogwarts y entre los mortífagos retornó y la miró fijamente con ojos oscuros, arqueando una ceja. 'Señorita Granger… está usted haciendo caso omiso descaradamente de las reglas relativas al uniforme, y debo decir que…' Llevó un dedo bajo su barbilla y la elevó. 'Le queda muy bien.'
Sosteniendo su mirada con un coqueteo increíblemente seguro, ella tomó su muñeca y acercó su mano hacia sí. Él no necesitó más guía. Su otra mano tomó su nuca, sosteniéndola contra él, y, mirándola directamente a los ojos, deslizó largos dedos bajo el elástico superior de sus bragas. Su boca se abrió un poco en anticipación y él pudo ver la pequeña hilera de sus dientes blancos.
Se encontró con el vello suave – toda ella – pero continuó bajando, sus dedos buscando su verdadera esencia. Ahí. Suave y liso y cálido y muy húmedo. Por él. Encontró el surco en el centro y deslizó su dedo más largo hacia abajo a través de él. Ella abrió mucho los ojos y contuvo el aliento, pero él seguía mirándola mientras su dedo continuaba. Curvó su dedo en la abertura, absorbiendo esa exquisita sensación de calor y mujer antes de arrastrarlo hacia arriba. Luego bajó de nuevo, asegurándose de frotar sobre el pequeño manojo de nervios en el ápice cada vez. Las cejas de ella se arrugaron, no con molestia, sino de puro placer. Se mordía el labio ahora y pequeños maullidos escapaban de ella de cuando en cuando. Era completamente suya.
Quería dárselo. Placer. En sus manos, una mano, incluso un dedo, rápida y completamente y ahora. Quería mantenerla en sus ojos mientras se corría para él. Podía hacerlo. Incluso él. Por ella.
Sus ojos se movieron entre los de él y su boca se abrió de nuevo. Estaba cerca. Su aliento superficial y sus mejillas rosadas le decían eso. No había olvidado cómo dar placer a una mujer, y eso provocó una oleada de orgullo y una hinchazón de su polla ya endurecida.
Ese solitario y largo dedo continuó acariciando y frotando y sumergiéndose dentro y fuera y alrededor hasta que repentinamente ella ella levantó una mano para aferrar su hombro y se arqueó sobre él, temblando, con los ojos muy abiertos sin ver, su boca abierta y jadeante.
Se dejó caer contra su hombro, tomando respiraciones largas y lentas de placer.
Su alma le decía que eso era suficiente. Entregarle era suficiente, pero su polla tenía otras ideas, y cuando su cálida mano se metió en su ropa interior y lo agarró, tuvo que actuar. Se bajó la ropa interior, revelando su erección por completo y sin vergüenza.
Ella miró abajo y no pudo apartar la vista. ¿Era demasiado grande? ¿Demasiado larga? Había sido comentado antes. Pero luego se arrodilló y la estudió. Él se mantuvo en pie y la dejó.
Ella lamió. Una lamida larga y lenta desde la raíz a la punta, y podría morir feliz. Sus ojos se cerraron y su cabeza cayó hacia atrás y sintió más. Estaba encerrado en la cálida humedad de su boca, y su lengua y labios – notablemente hábiles (¿cuántas veces había hecho esto antes y a quién?) – succionaban y lamían la insondable sensación de él. Forzó su cabeza hacia abajo y la miró mientras iba hacia él. Tomándolo profundamente antes de arrastrar sus labios hacia atrás y apretar la punta. ¡Oh, dulce Merlín, explotaría!
Con un supremo esfuerzo, se agachó y la apartó de él. Su sostén y bragas pronto estuvieron fuera y ambos estuvieron desnudos ante el otro.
La tumbó en el suelo, aplastando las campanillas debajo de ella. Su cabello se esparcía a su alrededor como un halo de suavidad bruñida.
'Tengo que estar dentro de ti. Hermione…'
Se situó encima y empujó su pierna derecha hacia arriba, inclinándola para abrirla para él. Ella dejó caer los brazos sobre su cabeza y esperó. Él se colocó cuidadosamente y luego, cuando ella lo miró, embistió dentro con un gemido de intenso placer. Embistió una y otra vez, sin detenerse hasta que estuvo completamente dentro de ella.
Ella gimió ahora, una vez, un rápido y agudo gemido de sorpresa. '¡Oh Dios, eso está lleno!'
'Dime,' dijo él. ¿Sonó duro? ¿Exigente? No importaba. Quería escuchar todo lo que era así como sentirlo. Embistió de nuevo, reforzando su presencia. Circe, estaba apretada. Tragó saliva para contener la gloria furiosa de eso.
'Muévete otra vez. Quiero sentirte moviéndote dentro de mí,' dijo ella. Él lo hizo. Lentamente afuera, luego adentro bruscamente, golpeando de nuevo, haciéndole arquear la espalda, y provocando otro gemido. 'Eso es. Eso es increíble. Oh Dios, eres grande. Me encanta. Adoro esa sensación.'
'¿Cuál? ¿Cuál? Dilo.' Embistió otra vez, más fuerte aún, y su grito quedó atrapado en su garganta.
'La sensación de plenitud, de estar completa, completa contigo. Sólo contigo. Dentro de mí, llenándome, follándome. Fóllame, fóllame.'
Merlín, Hermione Granger acababa de decirle que la follara. Y lo estaba haciendo. La follaba ahora. Su polla, más dura y llena que nunca, la atacó con furia, golpeándola, embistiendo y abriéndose camino a través de su glorioso cuerpo. Ella se aferró a su espalda, instándolo a seguir.
'¡Sí, sí! No pares. Quiero eso. Te deseo.'
'¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo lo has deseado?'
'Mucho tiempo. Observándote, preguntándome, soñando.'
No frenó sus golpes. Sus preguntas llegaban a través de gemidos y embestidas. Su carne se separaba para él cada vez, cerrándose sobre él.
'¿En mi clase? ¿Te sentabas allí en clase y pensabas en mí? ¿Pensabas en esto?'
'Sí. En nada más. Te deseaba, deseaba tu cuerpo, deseaba tu polla dentro de mí. Como ahora. Follándome. Follándome tan duro.'
Estaba frenético ahora. Su cuerpo estaba húmedo de sudor, y las palabras fueron abandonadas mientras la atravesaba. Ella lo aferraba con fuerza, como si él pudiera desaparecer si no lo hacía. Sus manos agarraban los músculos tensos de su espalda tan fuerte que le dejaría rasguños. Su cuerpo parecía hecho a medida para él y la trabajó con habilidad instintiva, arqueando e inclinando su cuerpo y su polla para acariciar y crear placer irrevocablemente. Se levantó sobre sus brazos en un momento para mirarla, pero un vistazo de su rostro, extasiado y devoto, y tuvo que volver a enterrarse en su cuello o terminaría demasiado pronto.
Ella había dejado de hablar pero en cambio hacía pequeños sonidos de dulce abandono y creciente éxtasis. Él llevó la mano entre sus piernas para encontrar su clítoris y, a un tiempo con el insistente embate de su polla, la llevó al borde.
Ella se congeló sobre él con una repentina inhalación y él lo sintió. Su orgasmo se cerró alrededor de su polla ferozmente y la sacudió salvajemente. Gimió largo y fuerte y su cuerpo tembló impotente debajo de él. Él tuvo que moverse hasta el final ya que su propio placer no podía ser contenido. Aferró su trasero, embistiendo aún más profundo a través de su carne y hundiéndose en ella con una desesperación borrosa. El placer creció, creció, creció, y luego cayó sobre él, salvaje e imparable. Escupió toda su afirmación dentro de ella, espesas, largas sacudidas de semilla estallando en su cuerpo una y otra vez, copiosas y calientes. Con ello gimió con el mismo retumbar de barítono y ella se aferró cada vez más a él.
Cuando por fin recuperó el sentido, yació sobre ella, sabía que pesadamente, pero a ninguno le importó. La mano de ella cayó sobre su espalda y lo retuvo.
'Fuiste hecho para mí,' ella. 'Fuiste. Hecho para mí. El ajuste perfecto. El hombre perfecto para mí.'
Estuvo agradecido de que su cabeza todavía estuviera enterrada en su cuello cuando sintió un extraño picor en los ojos.
'¿Estás bien, acostada ahí?' consiguió decir por fin.
Ella rio lo mejor que pudo. 'Tengo una manta de campanillas.'
Se incorporó y la besó. 'Hermosa chica.'
Los ojos de ella se abrieron mucho de repente. '¿Qué pasa si los otros nos ven? Mierda. Es mejor que nos levantemos. Terminarán pronto.'
Él gimió. '¿Significa eso que tengo que salir de ti?'
'Por ahora.'
'¿Sólo por ahora?' Prométemelo.'
'Sólo por ahora. Lo prometo.'
Con agónica lentitud, desesperado por no dejar su calor perfecto, se deslizó fuera. Algo de su semilla resbaló fuera con él y buscó un pañuelo en su levita. 'Aquí. Lo siento. Siempre es un desastre.' Lo había olvidado.
Ella sonrió. 'Nunca antes me habían ofrecido un pañuelo.'
Cuántas veces había habido antes, se preguntó.
Se vistieron rápidamente, conscientes de su precaria posición. El sol de mediodía se arrastraba por el dosel, proyectando patrones de luz moteada en el suelo azul. Nunca había visto una visión más hermosa que la de Hermione volviendo a vestirse, su cabello más rebelde que nunca.
'¡Ah! ¡Severus! ¡Hermione! ¿Dónde han estado?' He terminado mi lección. Estaba esperándolos para que la completaran.
La Profesora Sprout marchaba cuesta abajo hacia ellos con un rastro de estudiantes a su paso.
'Ha sido por mi culpa, Profesora,' comenzó Hermione. 'Me distrajeron algunas fascinantes formaciones de árboles. Conoce muy bien su materia; nuestro conocimiento es inadecuado. Pensamos que era mejor darle rienda suelta.'
Los ojos de la Profesora Sprout se iluminaron ante el cumplido y su rostro se relajó. 'Ah, bueno. Supongo que tiene razón. ¿Qué estaban haciendo exactamente?'
Hermione lo miró, con una leve mirada de pánico en su rostro.
'Estudiar las relaciones en la naturaleza. La armonía del mundo natural,' respondió Severus.
La nariz de Pomona Sprout se arrugó. 'No es propio de usted librarse con clichés débiles, Severus. ¿Se siente bien?'
'Muy bien,' retrucó con su amargura habitual, cortando más conversación.
Pomona se irguió y se sacudió la confusión. 'Bien entonces. Supongo que deberíamos volver. Ustedes dos a la retaguardia de nuevo.'
La clase avanzó, encabezada por Pomona. Hermione y Severus los siguieron, retrasándose un poco. Él sintió algo en su mano y miró hacia abajo. Hermione había deslizado sus dedos entre los suyos. Nadie le había tomado la mano desde…
Él le apretó los dedos un poco y siguió caminando. Estaba lleno de felicidad. Quizá reconsideraría su opinión de las excursiones al campo después de todo.
Trece botones. Nunca los había contado.
N/A: Aún lo amamos. Espero que hayáis disfrutado eso.
N/T: Si os ha gustado, habrá más próximamente.
