La noche estaba fría, tanto que incluso el crudo viento atravesaba sus huesos causándole un estremecimiento en el cuerpo. Las calles estaban desoladas, y ni un alma se le atravesaba por su camino. Miró su reloj de muñeca y frunció el ceño al ver que eran pasadas de las dos de la mañana. Se metió las manos en los bolsillos y se dirigió con fastidio hacia el lugar que pisaba de vez en cuando. Pensar que a esta hora estaría de lo más cómodo acostado en su cama, descansando luego de un agobiante turno de trabajo. De hecho, estaba a punto de irse a dormir. Si tan solo no hubiese contestado la llamada del teléfono de su departamento, no hubiese tomado las llaves de su auto con apuro y no estaría aquí.

Dio un suspiro hondo, apretó las manos en puños y se llenó de valor. Finalmente ingresó.

. . .

Apenas cruzó la puerta se quitó el abrigo que llevaba puesto y dejo su maletín en el sillón del cálido departamento. Se recostó cansado y estiró su cabeza hacia atrás. Como se le antojaba tomar una cerveza para mitigar la sed que atacaba su garganta. Unos segundos después, su nariz fue capaz de percibir el exquisito olor que provenía de la cocina. También escuchó el típico sonido del sartén friendo algo. Su esposo cocinaba exquisito. Se saboreó los labios e incluso un poco de saliva comenzó a formarse en la boca al pensar cual sería la cena que su esposo prepararía esta noche.

-Steve, ¿llegaste? – preguntó una voz desde la cocina.

-Así es, amor- dijo el rubio levantándose del sillón para ir a saludar a su esposo.

Steve ingresó a la cocina y lo vio frente al sartén. Su esposo usaba un delantal para protegerse la suciedad que generaba la labor de la cocina. Siempre cuidando perfectamente su ropa. Era un tanto maniaco en ese sentido. Aún recuerda la vez en que accidentalmente manchó su camisa favorita con un poco de café. Anthony había puesto un grito al cielo al ver que la mancha no salía.

-Me alegro de que llegaras- dijo Tony sin quitarle la vista a la comida- ya está casi listo.

-Pero que afortunado soy- contestó Steve abrazando por detrás a su esposo y depositando un suave beso en el cuello- ¿Qué cosa rica me preparaste hoy?

-No te hagas grandes expectativas, Steve- dijo el castaño girándose y para saludar a su recién llegado esposo con un beso en la mejilla- solo es un salteado de verduras.

-Tú sabes que amo tu salteado de verduras.

Tony sonrió y se giró nuevamente para seguir cocinando. Sin embargo, Steve no tenía las mismas intenciones que el más bajo. Introdujo suavemente sus manos en el suéter que traía puesto y comenzó a acariciar con suavidad la sensible piel de su esposo.

-Steve, para- dijo Tony quitándole las manos de encima- ¿no ves que estoy cocinando? Tienes que comer.

-Pues, yo preferiría que mi comida fuera otra cosa- respondió el más alto con picardía.

Estiró sus labios acercándolos a los de Tony y apretándolo contra su cuerpo lo besó fervientemente. Los labios de Tony eran tan suaves y dulces. Eran un vicio para su persona.

Fue entonces cuando un golpe en su cabeza rompió la apasionada atmósfera. Tony se separó con una cuchara de palo en las manos. Mientras que Steve se sobaba el área en donde lo había golpeado.

-Tonto, eso es para el postre- dijo el castaño guiñendole un ojo- así que mejor pon la mesa ¿quieres?

Steve sonrió tontamente con un ligero sonrojo en sus mejillas. Entonces como buen esclavo, siguió las órdenes de Tony. En cuanto ya la tuvo lista, regresó hacia la cocina viendo como el castaño sacaba los platos para servir. Entonces escuchó:

-Sabes, hoy fui al doctor- dijo el castaño dándole la espalda- tú sabes, la rutina que hago una vez al año. Bruce fue el que me atendió y no sabes que fue lo que me dijo.

-¿Qué pasó?- preguntó Steve preocupado- ¿tienes algo? ¿Estas enfermo? Mejor llamo a Bruce.

-No es grave, Steve- dijo Tony suspirando cansadamente la exagerada reacción del rubio. Steve alzó una ceja y se sentó en el pequeño comedor que había dentro de la cocina- me dijo que subí de peso.

Steve tragó duro. Ya imaginaba como estaba su esposo en la consulta. Lo más seguro es que le dio un sermón de improperios a Bruce por osarse a decir algo referido a su físico. Pobre del médico, pensó el rubio para sus adentros. Esperó a que Tony comenzara a defenderse o a decir algo al menos. Sin embargo, el más bajo no dijo nada, es más, se veía un poco nervioso y los labios le tiritaban levemente.

-Hey- dijo Steve acercándose a Tony para acariciar su barbilla- ¿Qué importa lo que diga Bruce? Está bien. No creas que te dejare de amar por unos kilitos de más.

Tony alzó la mirada encontrándose con los azules ojos de Steve, los cuales lo miraban con profundo amor. Se mordió el labio un poco nervioso.

-Además, tengo más de donde tocar- dijo Steve manoseando su cuerpo sacándole unas cuantas carcajadas a Tony.

-Es que no es eso, Steve- dijo Tony controlando un poco su risa.

El castaño paró de reír y se puso serio, cosa que alertó un poco al rubio. Steve le puso atención y lo miro sin entender mucho a lo que Tony quería llegar. Entonces, sin más, dijo:

-Voy a tener un bebé.

Dicho eso, la cocina se quedó en silencio. Steve se le quedó mirando tras unos segundos. Mientras que Tony se mantuvo de pie esperando algún tipo de respuesta por parte del más alto. Sin embargo, el hombre no emitía ninguna palabra, no movió ningún solo musculo. Nada.

-Steve...

En eso, el rubio se levantó de golpe de la silla haciendo que esta cayera hacia el piso. Nervioso se acercó a Tony con las manos temblorosas y las tomó entre las suyas. El castaño se asustó.

-¿Qué fue lo que dijiste?- preguntó un poco inseguro- que tú vas, que tú vas ¿Qué?

Tony sonrió y completó

-Que voy a tener un bebé- dijo apretando con suavidad las resecas manos de Steve- vamos a tener un bebé.

Los labios de Steve se ensancharon formando una sonrisa llena de felicidad. La noticia había llegado de golpe y todavía no se lo creía del todo. Por Dios, pensó él. Iban a tener un bebé. Tony lleva a su bebé. Sin que Tony se lo esperara, Steve lo tomó entre sus brazos y lo junto hacia el suyo dando muchas y muchas vueltas dentro de la cocina. El castaño se sintió aliviado entre los brazos de su esposo. Por un momento tuvo miedo de la reacción de este. Sin embargo ahora ya no tenía nada porque temer. El hombre estaba feliz igual que él por la noticia.

-No lo puedo creer- dijo Steve explotando de emoción- vamos a ser padres.

- Lo sé - dijo Tony afirmándose a él- pero necesito que pares de girar. Me estas mareando.

-Oh, lo siento- dijo dejando los pies del castaño en el suelo- ¿te encuentras bien? ¿Necesitas vomitar?

-Estoy bien, Steve- dijo Tony abrazándose al cuerpo de su esposo- pensé que no estarías tan feliz. Por un momento tuve miedo.

-Estás loco. ¿Cómo no voy a estar feliz? –Dijo Steve tomando entre sus manos el rostro de su castaño- me has hecho el hombre más feliz del mundo, Anthony Rogers Stark.

Steve comenzó a repartir besos a lo largo de todo el rostro del más bajo, sacándole una que otra risa. La joven pareja de recién casados estaba feliz. Su familia poco a poco comenzaría a crecer con la llegada del nuevo integrante.

. . .

Lo primero que vieron sus ojos fue a un cantinero limpiando el mesón del bar. Se acercó hacia él observando cada uno de los rincones del establecimiento. El cantinero, un hombre gordo y que a simple vista no parecía tener un buen carácter, lo miró con una ceja alzada. Sin tener miedo, siguió acercándose a él, entonces el gordo le dijo:

-Ya estamos cerrando.

-Lo sé- respondió secamente- estoy en busca de una persona.

-No son muchos los que vienen a esta hora- dijo el hombre mirándolo con desconfianza- pero lo más seguro que la persona que busca sea esa.

La vista de Steve se dirigió hacia donde apuntaba el dedo del cantinero y para alivio y desgracia suya el hombre tenía razón. A unas cuantas sillas de distancia se encontraba un hombre que parecía dormir en el mesón. Steve se acercó con el ceño fruncido y con cuidado comenzó a sacudirlo.

-Hey, Tony- dijo Steve sobando su hombro- Tony despierta.

-No creo que este del todo consciente- agregó el cantinero- está muy dopado.

-¿Cuánto tomó?- preguntó el rubio mirando al castaño de reojo.

-Se tomó más o menos 7 botellas de vino-respondió el hombre haciendo memoria- y no ha pagado.

Steve suspiró con resignación y sacó de su bolsillo trasero la billetera.

-¿Cómo es posible que usted permita que una persona ingiera semejante cantidad de alcohol?

-¿Cómo no permitirlo señor?-preguntó el hombre mientras recibía el dinero del rubio- este hombre es uno de mis mejores clientes.

Steve miró con profundo odio al hombre frente suyo, ¿Cómo era posible que se aprovechara de alguien como Tony? En cuanto pagó, trató de despertar otra vez al castaño y para dicha de este, poco a poco comenzó a abrir los ojos.

-¿Quién eres tú?-preguntó inseguro.

-¿Tan ebrio estas, Tony?-preguntó preocupado- soy yo, Steve.

-¿Steve? –Preguntó el castaño abriendo más los ojos- el Steve que conozco no tiene barba.

-Pues ahora sí la tiene- respondió el rubio tomando al más bajo de la cintura y rodeando uno de sus hombros- vamos.

-¿A dónde me llevas?

-A tu casa. Ya fue mucha bebida por hoy.

-Puedo irme a casa solo- dijo Tony quitándose de encima los brazos de Steve, lo cual hacia a duras penas.

-Eso no está en discusión, Tony. Estas muy lejos de tu casa, no trajiste tu auto y ni siquiera puedes mantenerte de pie.

-Nadie pidió tu ayuda, Steve- dijo Tony alejándose del rubio a pasos temblorosos-No te necesito.

Steve respiró profundamente y se cruzó de brazos. Lo último había sido un fuerte puñal a su maltratado corazón. Sin embargo, estaba acostumbrado al mal carácter de Tony y más cuando estaba borracho. Sabia cuan equivocado se encontraba, obviamente esas palabras no las sentía completamente.

Observó como el castaño intentaba dar unos cuantos pasos por sí mismo. Sintió un poco de lastima al ver el andar tambaleante de su exmarido y más aún cuando este en un descuido tropezó con su propio pie y cayó de cara al piso. Steve suspiró con cansancio y se acercó nuevamente hacia el ebrio.

-¿Te falta poco para llegar a casa, Tony?- preguntó con sarcasmo.

-Cállate- dijo el castaño entre dientes.

-Anda, vamos.

Con algo de dificultad, Steve levantó el peso muerto del cuerpo de Tony, quien apenas podía mover los pies. Con resignación, el castaño se dejó llevar por el rubio, el cual no le dirigía ni una palabra alguna.

Que serio, pensó Tony.

Sintió el sonido de desactivación de la alarma del auto y como Steve abrió la puerta del copiloto. Las manos ágiles de su ex-esposo lo sentaron y lo acomodaron. El click del cinturón de seguridad retumbó fuerte en sus oídos. Cerró los ojos por unos leves segundos, esperando que Steve ingresara al auto. En cuanto lo hizo, dijo:

-¿A dónde me llevaras?

-A tu casa- dijo Steve secamente- tienes que descansar.

. . .

Paseando en las afueras del consultorio, Steve y Tony no paraban de alardear de lo maravilloso que había sido la ecografía de su primogénito. El más bajo la miraba con profundo amor. El hecho de que una criatura estuviera alojándose en su interior era algo increíble y más aún cuando comenzó a sentir las primeras patadas de su hijo. Hoy, el doctor Banner les había confirmado que el bebé que estaban esperando no era nada más ni nada menos que un varón. Ambos lloraron de alegría ante la noticia.

-De tanto que la miras la vas a arrugar, cariño- dijo Steve tomando a Tony de la cintura mientras caminaban.

-La guardaré en mi libreta para que no se arrugue- contestó el castaño- estoy muy feliz de que Banner haya dicho que estaba sano.

-¿Por qué no lo estaría? Este bebé que viene en camino será lo mejor que llegará a nuestras vidas, Tony- dijo Steve acariciando el abultado vientre de su pareja- dentro de poco estará con nosotros.

Tony sonrió con anhelo ante las palabras dichas por su esposo. Ya ansiaba el momento en que su hijo naciera y comenzara a vivir con ellos.

-¿Te he dicho que te amo? –preguntó el rubio todo acaramelado.

-Digamos que ya me tienes harto- mencionó el castaño de manera fingida.

-No me importa - dijo el rubio afianzando el agarre de lo que fue la cintura de su marido- te amo mucho, mi vida.

-Yo también te amo.

La pareja que no paraba de desprender amor y cariño, siguió caminando por las calles, platicando acerca de los próximos planes dentro de la semana.

-Estaba pensando que tenemos que comprar la cuna todavía, pintar la habitación, comprarle ropa. ¿Por qué se nos ocurrió hacer todo a última hora?

-Tranquilo, Steve. Todavía tenemos tiempo para eso. Este niño no nacerá hasta al menos tres meses más.

-Pero aun así debemos estar listos, amor.

Tan concentrados se encontraban, que no se percataron que a unos metros más allá de ellos, se avecinaban un trio de hombres que pasaban por ahí. Uno de ellos miró con un poco de desprecio a la feliz pareja, sonrió con malicia y prendió un cigarro. Tony ignoró el gesto del hombre y tomando reafirmando el agarre de la mano de su esposo, apresuró el paso. Sin embargo en cuanto pasaron por delante de ellos, el hombre exhaló todo el contenido del tabaco en pleno rostro del castaño. Los ojos del gestante se cristalizaron debido al humo y comenzó a toser. Steve, quien se había percatado de ello, tomó las solapas de la camisa del fumador y lo aventó a la pared de ladrillo.

-¿Cómo te atreves, imbécil?-explotó Steve con rabia- ¿acaso eres ciego que no te das cuenta de su estado?

-Lo siento, no me me di cuenta- dijo el hombre sin una pizca de remordimiento. Steve no lo creyó en absoluto.

-Maldito...

-Steve, vámonos- dijo Tony agarrando fuertemente la camisa de su esposo- no te rebajes ante este tarado.

Steve soltó el firme agarre de la camisa y se dejó llevar por el castaño. Lo mejor era alejarlo de cualquier cosa que le resultara desagradable. Caminaron unos cuantos pasos cuando Tony habló:

-Tú sabes mejor que nadie que puedo defenderme por mi mismo, Steve.

-Eso lo tengo claro, pero ahora mismo no puedes- dijo Steve enojado - ¿te sientes bien? ¿Te mareó el humo?

-En absoluto, solo fue un instante- añadió el castaño intentando calmar al rubio. Sin embargo, el ceño fruncido marcado en la frente del más alto no lograba desaparecer- vamos, Steve ¿no dejaras que esto nos amargue el día o sí? Cambia esa cara ¿quieres? Además, recuerdo perfectamente que hace un tiempo tú también fumabas ¿no?

-Lo sé, pero ahora es diferente. No quiero que te expongas a ese tipo de cosas, les hace daño a ti y al bebé- dijo Steve acariciando las manos de su esposo- además, hace años que no fumo y eso se debe principalmente a ti. Eres el reemplazo perfecto a mi vicio, cariño.

-Por Dios, Steve. ¿Podrías dejar de ser tan cursi?

-Vamos a ti te gusta que sea meloso contigo- dijo besando suavemente sus labios- lo adoras.

-Mejor cállate –dijo el castaño con un poco de vergüenza- mejor vámonos a casa que tengo hambre.

Steve rio mientras tomaba con más fuerza la mano de su esposo.

. . .

El trayecto hacia la casa del castaño fue largo y silencioso. Ninguno emitía palabra alguna y eso dificultaba a que el ambiente fuera grato. Steve suspiró con pesar. Mientras conducía, miró de reojo como el castaño parecía incomodo en su asiento. Entonces preguntó:

-¿Qué te pasa? ¿Te duele algo?

-Me siento mareado- dijo Tony cubriéndose el rostro con las manos- ¿podrías manejar más lento?

-Estoy yendo a una velocidad de treinta, Tony- los ojos azules de Steve miraban con preocupación al castaño- además queda poco. Resiste.

-No puedo. Creo que voy a...

Tony no necesito completar la oración para que Steve supiera que acababa de ocurrir. Stark vomitó dentro del auto haciendo acrecentar el enojo que habitaba en la mente del rubio. Sin embargo, no dijo nada. Se aguantó las profundas ganas de regañarlo en ese mismo instante. Se concentró en el camino. Ya quedaba poco. El interior del auto se desprendió un aroma maloliente. Era insoportable. Steve abrió todas las ventanas del vehículo para mitigar el mal olor. Por otro lado, Tony parecía avergonzado ante la acción que había hecho.

-¡Mierda!- dijo Steve tomando con fuerza el volante.

-Lo siento- dijo posando su rostro en la ventana para recibir un poco de aire fresco.

Steve suspiró hondo y reprimió los improperios que rogaban por salir de su boca. Miró de reojo al castaño, quien tenía la mirada perdida en el paisaje nocturno que le ofrecía Manhattan.

-No tenias porque hacer esto- dijo Tony sin mirar a los ojos del rubio.

-No tienes a nadie más.

Los labios de Tony temblaron levemente. Ante esto, Steve se reprendió a si mismo por sus palabras.

- Lo siento. No tomes en serio lo que digo.

-No. Tienes razón. No tengo a nadie más- dijo el hombre perdiendo su mirada en el camino de cemento- Y tú deberias dejar de hacer esto. El hecho de que hayas sido mi esposo, no te da el deber de cuidarme. No estas atado a mi, Steve. Ya no mas.

Los ojos azules de Steve ardieron ante la frialdad de las palabras de Tony. Aunque quisiera, Steve no podía evitar sacar a Tony de su vida. El hombre era tan importante para él, que simplemente no podía dejarlo a su suerte. No. Mil veces no. Antes muerto que dejarlo a su suerte en ese bar. Quien sabe que pudo haberle sucedido en ese estado de ebriedad.

Cerró los ojos esperando que el peso de su garganta se fuera disipando durante el transcurso del viaje.


Hola a todos, ¿qué tal todo? He venido con otra historia y bueno, no es una idea reciente, mas bien, es una idea que estuvo escrita hace mucho. Sin embargo, no esta terminada totalmente. No es una idea feliz, sino triste. Así que sujetense bien de sus asientos cuando la lean y no me maten por hacer ideas melancólicas. Denle una oportunidad ¿ok?

Ojala les haya gustado el primer capitulo. Habrá mas. O eso espero. Quedo atenta a sus comentarios. Recuerden, los amo.

Tal vez actualice con mas frecuencia debido a la cuarentena. No salgan de sus casas y cuídense.

¡Nos leemos!