Disclaimer: Boku no Hero Academia no me pertenece.
Advertencias: Posible OoC, a Bakugou le gusta ser mandado, ou yea. Y sí, otro fic de Bakugou dándose cuenta de que la quiere porque sí, porque puedo y ayuda para el cutis.
Creo que perfectamente pasó un año hasta que pude acabar esto. POR DIOS. Y encima sacrifiqué mis horas de sueño. Ojalá que les guste, la verdad, y que no se me haya pasado ningún terrible dedazo xD
Apreciaría que me avisaran si es que hay alguno, de aquí no despierto en dos días.
Azúcar quemada para la tos
—Avancemos y mirémonos mutuamente—
Katsuki siente algo atorado en su garganta. No se va ni porque intente sacarlo a la fuerza, ni porque grite mientras golpea el saco como si su vida se fuera en ello hasta no poder evitar controlar su quirk y provocar que este explote, dejando el suelo lleno de arena al rededor de sus pies. Kirishima lo mira enarcando una ceja cuando regresa del baño, botella con agua en mano y tan lleno de sudor y agua que su cabello se aplasta un poco.
Aunque le pregunta, porque sabe que hay algo raro con él, Katsuki no le responde y se guarda todo eso porque ni siquiera él está seguro. De todos modos su compañero —amigo, hermano, a pesar de que se queja cuando le llama así— no es la persona que puede arreglar eso, que es tan molesto al punto que cuando está solo se obliga a toser una y otra vez, con furia mientras la cabeza le late con fuerza, y lo sigue haciendo porque siendo sincero, ¡no lo soporta! Quiere que se vaya de una puta vez, o que por lo menos se esconda y pase desapercibido, que no influya en su vida.
Él no está para esas estupideces, como cuando sus ojos se desvían a donde no deben y su ceño se relaja un momento al toparse con lo que su subconsciente busca. No está para pasar por la arritmia y la arteria carótida amenazando con explotar.
No está para contener la avalancha de emociones que busca enterrarlo bajo cada una de esas cosas odiosas y tontas, pero ella lo mira y su sonrisa es rara —¿es eso incomodidad?—, y aprieta los labios porque eso se hace cada vez más difícil. Desde que sus ojos comenzaron a estar pendientes de ella ya no parece tan segura al estar flotando a su lado de vez en cuando como solía hacer, lo siente, incluso si el explicarle los sentimientos con detalle a él es como intentar charlar con una pared de ladrillos gruesos —aunque posiblemente eso no haga competencia alguna con el endurecimiento de Kirishima.
De todas formas Katsuki no es imbécil y aunque no termine de comprender esas tonterías, sabe que hay algo que cambió. Quizás dentro, quizás fuera, quizás en su forma de verla y sentirla. Quizás se golpeó en la cabeza sin notarlo y se volvió imbécil.
Ella está segura de que algo pasa, pero no sabe qué, porque el simple hecho de pensar en comprender a Katsuki Bakugou podría provocar un derrame cerebral, según más de uno de sus compañeros. Y en ella provoca un sentimiento de inseguridad. Podría ser esto, o lo otro, quizás si se lo pregunta se enfadará y no querrá oír nada del tema. Puede que piense que se está burlando de él y la mande a tomar por culo, es lo que le diría textualmente, nada más ni nada menos. Aún así no piensa en él como un chico extraño, sino todo lo contrario.
Puede que casi toda su admiración se la lleve Deku, sin embargo él tiene una parte de ella y piensa con completa honestidad que es una gran persona. Logró cambiar para mejor, aunque en esencia seguía siendo el Katsuki de siempre. Y a pesar de que dudó de ella un momento —era normal—, pronto se dio cuenta de que estaba equivocado mientras los demás todavía estaban preocupados, y su mirada se lo decía claramente. No eres un estorbo, no eres débil. Puedo mirarte como un igual.
Y cuando se lo dijo a la cara...
—Fue una sorpresa —sonrió de aquella forma emocionada, de esa forma en la que sólo él podía sonreír y ponerle los pelos de punta a más de uno. No fue nada tranquilizadora, pero a ella la hizo feliz—. Pero aparentemente sirves como oponente, a la próxima espero que me hagas pedazos antes de que pueda ganarte.
(Aunque fue mucho tiempo después).
Sólo los dioses sabían lo mucho que se había esforzado para seguir avanzando, para algún día mostrarle en batalla lo mucho que había cambiado. Para que entonces a él le costara mucho más ganarle, para darle una pelea emocionante en la que no necesitara contenerse. Porque aunque había temblado de miedo, encontró una emoción gratificante y una sensación de satisfacción al luchar contra Bakugou.
Lo que no sabía ella era que Katsuki lo tenía claro. Podía ver lo mucho que había mejorado, a veces echaba un vistazo cuando entrenaba para asegurarse de que fuera así. Su técnica había mejorado, había conseguido más agilidad y su fuerza también era mayor.
Pocas veces había sentido tanta emoción como cuando se trataba de Uraraka. Cuando lucharon, cuando veía sus avances, cuando...
—Katsuki —Kirishima le dio un codazo frente a las escaleras—, Uraraka se va a gastar. ¿Seguro que estás bien?
Él rodó los ojos. Ya sabía que la estaba observando, su sangre había comenzado a esparcirse con mayor rapidez, haciendo exaltar aquella arteria en su cuello. Además sentía con aún más intensidad eso en su garganta que no lo dejaba en paz cada vez que le ponía los ojos encima.
—Sí, hombre.
—Pues no me lo parece.
—Pues no preguntes —lo miró de reojo. Kirishima abrió la boca, sorprendido.
—¿Me estás diciendo que...?
—Yo no te estoy diciendo nada sobre nada, piensa lo que quieras —gruñó disponiéndose a ir a la cocina. Tendría que pasar por al lado de Ochako para eso.
Ella se voltea justo para verlo a él y al pelirrojo yendo tras suyo, seguramente no con muy buena cara, porque puede notar un cambio en la forma en que lo mira. De cualquier manera pasa de largo, como siempre suele hacer, tragándose todo eso porque de todas formas no sabe cómo arreglarlo.
—¡Bakugou!
Alza las cejas cuando la ve caminando desde el otro lado, en dirección contraria a la suya. No está seguro de qué puede querer, pero él vuelve a sentir todo eso y no quita la mirada de la suya. Están solos en el pasillo, está seguro de que eso no es ni por asomo saludable para él.
—En la mañana Kirishima parecía preocupado, ¿está todo bien?
—¿Por qué no habría de estarlo? —Se traga la respuesta brusca, de verdad quiere saber por qué se ha acercado.
—No lo sé, ¿no quieres hablar? —sonríe.
—No.
—¿Eh? —suspira— Bueno. De todas formas —Vuelve a hacerlo, tonta, le dan ganas de agarrarle las mejillas y estirarlas— cuidémonos mutuamente, todavía tenemos una pelea pendiente. ... Eh, quiero decir-y-ya sabes... No estoy diciendo que... ¡Ah!
Katsuki frunce las cejas y suelta un bufido divertido. Casi puede ver la cuenta regresiva en su cara, amenazando con hacerla explotar en pedazos de un momento a otro.
—Lo he entendido, cara redonda.
Ochako se tranquiliza un poco y ríe nerviosamente.
Cuando Kirishima lo ve más callado de lo que es —cuando nadie le está molestando— se lo extrae a base de fastidiar por minutos interminables, finalmente se sube casi sobre él, agarrándolo por los hombros y lo mueve de aquí para allá sin ningún reparo. Como si Katsuki fuera a estar tranquilo con eso.
—¡Está preocupada por ti!
—¡Suéltame, hijo de-! —El pelirrojo provocó que se diera un cabezazo contra el sillón.
—¡Uraraka se ha preocupado por ti, una bestia del infierno!
—¡Déjame, maldición!
Kirishima comenzó a pensar que Uraraka le gustaba —y que ella gustaba de él—, incluso se lo dijo en su propia cara. Por supuesto se ganó un golpe. Pero Katsuki sabía que podía tener razón, era una tontería, la más grande que había oído en mucho tiempo luego de Deku con un quirk, y aún así por un breve momento creyó que eso podía explicar esa sarta de estupideces que no estaba seguro de qué trataban, y que se moría por soltarle a Ochako en toda la cara para que le diera algo contra la tos pronto, que él ya no lo aguantaba más.
Entonces ella está entrenando, sola, llegó justo cuando estaba a punto de hacer explotar otro saco y después de saludarlo alegremente para comenzar, Katsuki sintió que ella lo absorbía en cada movimiento que hacía. En cada patada y en cada puñetazo. Cuando el cabello se le movía al rededor del cuello y sus latidos invocaban en sus mejillas tornados de color.
Katsuki se asquea, con las manos sujetando el saco, cuando siente su propia fascinación.
Esta vez hace que explote y la arena caiga a sus pies porque las sensaciones le atacan sin dejarlo respirar y se encuentra deseando ir y tomarla por los brazos y agitarla, y gritarle —¡Suéltame, déjame, golpéame fuera de tu puta órbita porque no puedo con esto!—, y así que la tos se vaya.
Se da cuenta de que Uraraka se detuvo para mirarlo cuando la ruidosa explosión producida por sus manos acabó con el objeto. También se da cuenta de que su pecho sube y baja frenéticamente y el sudor le cubre la piel. Y también, de que se quedó mirándola como imbécil y ella se ha dado cuenta de todo, esta vez.
—Bakugou, ¿en serio todo va bien?
—¿De qué hablas? —Busca hacerse el tonto. No tiene otra opción. Bueno, en realidad sí. Distraerla con sus gritos sin sentido mientras sale del gimnasio. Pero ya ha hablado, no puede cambiar su respuesta.
—Pareces en otro mundo.
—Sólo estaba pensando.
—¿En mi entrenamiento? —se atrevió.
—Qué insinúas —gruñe, todavía sintiéndose un idiota.
Ohacko se encoge de hombros, sonrojándose un poco más sin que tenga que ver con la actividad física. Rasca ligeramente su mejilla con un poco de nerviosismo.
—No dejabas de mirarme así que... —murmuró.
—¿Quieres hablar más fuerte? —frunció el ceño.
—¡Que no dejabas de mirarme! —alzó la voz— No parecías disgustado, así que supongo que... te... ¿agrada mi rutina? Nunca la habías visto, ¿cierto? Es primera vez que entrenamos cerca del otro en un tiempo, ¿no es verdad?
Katsuki la nota sonreír. Se ha montado su propia película, y debería dejarlo como está, ya que es la excusa menos ridícula que podía decir y le ha ahorrado el trabajo de pensarla. Pero no se siente con la intención de dejarlo así.
—Te miraba a ti —hizo especial hincapié en la última palabra.
Le sale tan natural que no se reconoce, pero no dura demasiado porque el rubor le inunda un poco las mejillas. Aún así se va cuando ella comienza a buscar que decir y parece que su rostro va a explotar, porque encuentra mejor bufar, burlándose un poco de ella.
—Claro que me mirabas a mí —ríe—. Y mi rutina.
—... ¿Qué rutina?
—Pero la viste.
Katsuki alza las cejas, pero de inmediato siente la furia crecer en su interior. ¿Estaba intentando ignorarlo? Porque si no era así, no podía creerlo. ¡Y luego él era el denso, según Kirishima!
No se siente capaz de seguir con eso.
—¡Cierra la boca, cara redonda, me tienes hasta los cojones!
—¡Hey! —Esta vez ella frunció el ceño— Tampoco tienes que reaccionar así.
—¡Te juro que estoy intentando no lanzarte al espacio de una sola explosión!
—¡Yo debería decirte eso! —Se cruzó de brazos.
Él apretó la mandíbula, tragándose la frase llena de insultos que podía soltarle. Pero se encontró con que lo único que se le ocurría era tonta, cara redonda y cara de ángel. El último descartado completamente como insulto. ¿Qué estupidez era esa, maldición?
En ningún momento dejó de sentir su corazón latir con fuerza. Era cierto que lo estaba sacando un poco de quicio, pero su pulso siguió acelerado a causa de mirarla nada más, con las mejillas todavía un poco rojas, mucho menos que antes, y la camiseta pegándose a su cuerpo. No entendía cómo era posible que de estar entrenando, con los ojos fijos en el saco con determinación y esa habilidad que lo hizo sentir fascinado, emocionado, haya pasado a esa ligereza, a esas sonrisas, y a esa jodida actitud de mierda. Y ahora a mirarlo como si fuera a lanzarlo a Júpiter, que es capaz de hacerlo, Katsuki no lo duda.
Lo peor es que, de todas formas, sigue exaltando su arteria.
Es malditamente patético, joder.
Después de eso, ella le sigue sonriendo como siempre, porque puede que a veces no estén de acuerdo y peleen por tonterías, sólo si se cruzan por más de cinco minutos y se disponen a charlar aunque sea de nimiedades —eso casi nunca sucede, en todo caso—, porque si. Cuando ella lo pilla mirándola todavía le dedica esa sonrisa. Ahora parece no preguntarse el por qué de que la observa y lo deja estar. Ya no parece incómoda, todo está bien. Relativamente.
Kirishima sigue insistiendo en que se gustan. A él le da igual, esas son imbecilidades y tiene cosas más importantes que hacer que darle importancia a algo como eso. Simplemente...
No.
Vuelven a encontrarse en el gimnasio. Sólo que Katsuki no se enteró hasta que comenzó a sentirse tan agotado —lo ignora, en un arranque de furia porque de verdad no comprende. Misteriosamente ha tardado más en explotar de lo esperado— que eventualmente llega el momento en el que ya ni siquiera es capaz de provocar una explosión decente —aunque el sentimiento le ayuda a tener fuerza en los brazos todavía—, y en uno de los últimos grandes muros de Cementoss, en vez de destrozarlo sólo logró romper su puño.
Eso dolió, sin duda, pero aparte de un fuerte gruñido no emitió otro sonido. Por supuesto eso alertó a Ochako, que aunque no quiso molestar a Katsuki, había decidido aprovechar los escombros que dejaba a su paso.
Cuando él la vio llegar a su lado sus ojos se abrieron con sorpresa, pero ella no se dio cuenta hasta que lo miró para murmurar con preocupación que qué demonios era lo que estaba haciendo. Lo había visto, y el ambiente a su alrededor no tenía comparación. Era cierto que era Bakugou, casi siempre enojándose y agitándose por cosas casi sin sentido cuando se fastidiaba, pero ella no recordaba haberlo visto tan agotado antes.
Uraraka le toma la mano con preocupación, y él es incapaz de apartarla. Está adolorido, sí, incluso comienza a arder, pero ver su reacción hace que sea imposible quitarle la mirada de encima. De sus pestañas, de sus mejillas, de sus ojos y de su boca. La cola de caballo que se hace cuando entrena con el buzo de la escuela está suelta, y así se ve malditamente perfecta.
Sus párpados comienzan a pesar y de repente se siente demasiado pesado como para seguir así.
—Deberías ir a la enfermería, no se ve nada bie-¡Katsuki!
Uraraka se queda quieta en su lugar, haciendo más fuerza de la que tiene para no caerse. No valía la pena preguntar nada, era bastante obvio que Bakugou no se había inclinado hacia ella por gusto. De inmediato lo toca, haciendo que flote un poco para que su peso no la siga tirando hacia atrás. Entonces debería llevarlo a la enfermería de inmediato, ya que se ha desmayado, pero no puede evitar quedarse mirando su rostro un segundo. Con los ojos cerrados y los labios levemente separados, Bakugou se ve realmente apuesto.
Cierra los ojos con fuerza, intentando dejar de pensar en eso, y decide dejar de perder el tiempo. ¿Qué era ese latido que podía sentir en sus orejas y el calor que estaba sufriendo? ¿Se había vuelto loca? ¿Cómo podía priorizar ver el rostro de su compañero inconsciente antes de asegurarse que estuviera bien llevándolo con Recovery Girl?
La tarde pasó demasiado lenta, y Uraraka no podía evitar regresar de vez en cuando para ver si Bakugou ya había despertado. Recovery Girl le había dicho que simplemente se había tratado de una descompensación por agotamiento. Bakugou había entrenado muy seguido y demasiado duro, por lo que eventualmente su cuerpo no había resistido tal tortura con tanta constancia. Ella mencionó que también podía ser posible que estuviera muy estresado, lo que le podría haber otorgado un cansancio mental además de corporal.
Esa vez, para su mala suerte, pensó; Bakugou ya estaba despierto.
Uraraka se encontró preguntándose qué era lo que esperaba yendo tantas veces, si no era verlo despierto. Por un momento pensó que era buena idea salir corriendo, pero se obligó a quedarse ahí. Bakugou aún parecía agotado, viéndolo desde la distancia, pero por alguna razón cuando se dio cuenta de que estaba presente, todo rastro de agotamiento se fue para dejar que la furia de sus ojos rojos la atravesara.
—¡Uraraka! Esperaba que viniera otra vez, su paciente ya está despierto, como ve —Podía jurar que Recovery Girl estaba burlándose de alguna forma.
—¿Otra vez? —gruñó Bakugou.
—Es sólo una manera de...
—Sí, la señorita Uraraka vino varias veces a lo largo del día para ver tu estado. Deberías agradecer el amor de una jovencita tan dulce en vez de sonar tan enfadado por ello —Lo reprendió, alejándose de él para acercarse a su escritorio.
Ella se llevó una mano a la frente, completamente roja ante las palabras de la enfermera. ¿Qué cosa tan imperdonable había hecho para merecer eso?
—Bueno, yo... —murmuró al sentir la mirada de Bakugou sobre ella— Creo que es mejor que me vaya. Sólo quería saber si había despertado...
—Oh no, espera por favor —le pidió Recovery Girl—. No creo que le pase algo de camino a los dormitorios, pero será mejor que lo acompañes. Después de desmayarse puede sentirse débil físicamente, además de porque le curé la mano. Necesitará cambiar la venda de su mano al menos otras dos veces y tomar antiinflamatorios para que su mano termine de mejorarse correctamente —indicó, acercándose para entregarle un rollo de vendas y las dos pastillas.
Ochako estaba segura de que el sentimiento asesino de Bakugou estaba creciendo cada vez más ante la situación y las palabras de Recovery Girl. No podía negarse ante la mujer, pero estaba segura de que él preferiría no tener que depender de ella ni siquiera en un caso hipotético.
—¿Está segura...? —Le preguntó, intentando ignorar a su compañero y mirando las cosas en sus manos.
—Por supuesto. Ya puede irse, sólo debe ser más consciente con su cuerpo y dormir esta noche. Y si hay algo que te esté estresando, muchacho, tendrás que resolverlo o dejar de pensar en ello. Sino, vas a seguir igual —lo miró desde su lugar con insistencia.
—Sí, ya entendí —dijo con fastidio.
—Eso espero. Quizás para la otra no haya una chica bonita para salvarte.
Katsuki estaba realmente molesto. ¿Por qué demonios esa vieja había estado tan empeñada en resaltar que Uraraka lo había llevado? No necesitaba que lo acompañara hasta la residencia, iba a estar bien, sólo necesitaba dormir e ignorar a la tropa de estúpidos que tenía por compañeros.
—Bakugou...
Uraraka no había hablado desde el momento en que salieron de la enfermería. A penas iban a la mitad del camino, y él realmente esperaba que mantuviera la boca cerrada.
—¿Puedo preguntar... qué es lo que te está estresando? —dijo desde atrás. Había puesto las cosas en los bolsillos de su pantalón.
Se detuvo.
—Quiero decir, está bien hablar sobre las preocupaciones. A veces puedes encontrar una solución con el sólo hecho de decirlo en voz alta y-.
Katsuki se había volteado y había caminado hacia ella.
—¡Cállate, maldita sea!
Ella abrió la boca con sorpresa, pero pronto frunció el ceño, dispuesta a quejarse por su actitud.
—¡Todo esto es tu culpa, y encima te atreves a reírte de mí! —exclamó.
—¡¿Y por qué se supone que es mi culpa?! —gritó. Katsuki tenía el don para hacerla salir de su zona de comfort y hacer que le dieran unas increíbles ganas de gritar y patearle el maldito trasero— ¡Tú eres el que se mata entrenando día sí y día también, ¿qué tengo que ver yo?!
Él apretó las manos y luego, sin pensarlo realmente, las subió hasta su rostro y envolvió su mandíbula con ellas. Sus dedos podían tocar la piel de su cuello, la de su oreja y una pequeña porción de cabello. Con sus manos ahí, la hizo mirar hacia arriba, y sin querer consiguió apegarla a él.
—Eres una puta molestia, ¿quieres decirme que cojones me hiciste, cara redonda? —dijo a centímetros de su cara— ¡No puedo hacer nada malditamente tranquilo porque siempre te apareces! ¡A veces ni en mi habitación puedo estar en paz porque me acuerdo de tu jodida cara y tu jodida actitud y de ti-QUÉ MIERDA QUIERES QUE HAGA! ¡Eres como una puta mosca, yendo de allá para acá conmigo, donde vaya, y encima parece que se me vaya a explotar el puto cuello de un momento a otro! QUÉ. COJONES. HAGOCONESO.
Uraraka lo miraba en completo silencio, tan sorprendida que ni siquiera estaba haciendo esfuerzo por soltarse de sus manos, a pesar de que estuviera totalmente pegada a él y apoyándose en su cintura.
—¿Es... esto un acertijo?
—Eres una jodida estúpida.
—¡Es que no lo entiendo! —dijo entonces, intentando volver a pisar completamente el suelo, pero Bakugou no parecía dispuesto a dejarla— ¡Las pocas veces que hemos estado juntos últimamente es en el gimnasio y en el comedor! ¡No estoy siguiéndote constantemente ni-!
Bakugou la soltó y se llevó las manos al cabello. Pero ella no se apartó. Inmediatamente después, él soltó un quejido y tomó la mano herida con su otra mano.
—¡Cómo jodidos no entiendes que no dejo de pensar en ti y en tus-tus malditas cosas! —movió las manos, intentando señalarla— ¡Eres-JODER- eres tan atractiva, demonios! ¡¿Quieres por favor apartarte de mi?!
Uraraka miró hacia el frente, dándose con su clavícula descubierta, y cuando sintió la piel caliente de la cintura de Bakugou se movió hacia atrás rápidamente. ¿Hace cuánto que estaba así? Luego miró a Bakugou a los ojos, estaba enfadado, pero también tenía las mejillas tan rojas que ella se preguntó realmente qué era lo que le había hecho a su compañero sin querer.
—Entonces... ¿te gusto? —preguntó, más bien para decirlo en voz alta y ver si así podía comprenderlo.
En el transcurso, Katsuki se da cuenta de que siente su garganta perfectamente despejada. Pero a cambio hay una pesadez en su pecho que lo tiene absurdamente inquieto.
—Uhm, Bakugou... ¿Ese día en el gimnasio, cuando dije sobre mi rutina... estabas ligando conmigo? —murmuró con las mejillas cada vez más rosadas.
—Como dije, eres una jodida estúpida.
—¡No tienes por qué decirme estúpida! Y lo siento, si me hubiera dado cuenta yo...
Ante la duda y lo que implicaba esa frase, él volvió a fruncir el ceño.
—¿Tú qué? Déjalo así, ni siquiera me interesa —respondió tajantemente.
Iba a girar para seguir caminando, pero ella lo detuvo.
—¡Espera! ¿No... no estás esperando una respuesta? —preguntó, tomándolo de la muñeca de la mano herida.
—No —dijo mientras soltaba otro quejido.
A Uraraka le pareció ciertamente curioso que lo negara. ¿Qué sentido tenía que se lo dijera si finalmente iba a darle igual si le decía que a ella también le gustaba o si no?
Ella no iba a negar que había podido ver algo atractivo en Bakugou además de su apariencia cuando no estaba furioso, o que de cierta forma le había puesto feliz saber que había intentado ligar con ella, a pesar de que eso pareciera estar tan fuera de lugar dentro de sus actitudes de siempre. Después de haber negado tanto que había sentido algo por Deku, y de finalmente creérselo al punto en que realmente parecía que ya no sentía nada más que amistad; debía aceptar que se había instalado cierta amargura en ella. No había querido hacer nada ni aferrarse a ese sentimiento porque después de todo estaban formando un camino para ser héroes, tenían que preocuparse de otros asuntos antes que de tener una relación amorosa con un compañero. Sin contar que hasta ese día seguía dando vueltas por su cabeza la pregunta de si aún creían todos que ser mujer las hacía menos aptas a todas para enfrentarse a un compañero más fuerte. No podía evitar pensar ¿entonces cuál es el propósito de pertenecer al mundo de los héroes si nos van a guardar los asuntos menos peligrosos? Eso no significaba que quería hacer cosas peligrosas, sino que tarde o temprano, estaba segura de que tendría que enfrentarse a algo más grande, y no habría nadie allí para protegerla más que ella misma.
Era un precio que había que pagar, las heridas, el dolor y la presión, por los ciudadanos y por las personas a las que tarde o temprano iban a perder. Un recuerdo de Nighteye volvió a su cabeza, destruyéndole el pecho como un rayo.
A pesar de todo eso, estaba Bakugou, que entendía eso a la perfección. Y ella, posterior a su pelea, se había encontrado deseando volver a probarse ante él. No para demostrarle nada a Bakugou ni a nadie, era por ella. Por su ego, por su orgullo, porque aunque había sentido miedo, también se había sentido bien ser tratada como lo que era. Una mujer capaz. Una mujer que tenía que aprender para valerse por sí misma y para proteger a quienes estuvieran en peligro, lo que incluía sobre todo a sus compañeros. Cuando Kirishima estuviera en peligro, quería poder ser de utilidad. Cuando Kaminari necesitara ayuda, Jirou, Momo, Todoroki, Deku, todos, y entonces, también quería poder ser capaz de ayudar a Bakugou si llegaba a ser necesario.
—¿Qué quieres? —preguntó con aspereza, dándose cuenta de que parecía estar en otro mundo.
Uraraka levantó la mirada, determinada a que eso no acabara así. No quería volver a luchar con Bakugou para probarle que podía, tampoco para probárselo a alguien más. Era su ego, su orgullo, y el hecho de que quería ver cuánto habían avanzado ambos en esos meses. Quería saber que, de alguna u otra forma, estaban trabajando juntos para ser lo que deseaban. Porque ya no se trataba solo de dinero. Uraraka podía decir con la mano en el pecho, jurando por sus padres, que lo que quería era ayudar y proteger a las personas. Y no había nada que la detuviera una vez consciente de eso, ni para convertirse en la héroe que deseaba, ni para poder decirle libremente a Bakugou que quería que avanzaran uno al lado del otro.
—¡Quiero que escuches mi respuesta!
—Ya te dije que me da exactamente igual —gruñó, intentando tirar de su mano—. También agradecería que soltaras mi mano herida.
Ella se enderezó, apartando su mano. Lo había olvidado por completo, tan absorta en sus pensamientos como estaba.
—Pero a mí no me da igual, Bakugou. Y vas a escucharme.
Bakugou frunció el ceño, sin embargo no volvió a pensar en irse. Uraraka había escuchado sus tonterías sobre ella, al menos le tocaba respetar su decisión de decirle lo que quería.
—Te escucho.
—He pasado por mucho, Bakugou. Al igual que todos, y al igual que tú, y muchas veces me he sentido incapaz de poder ayudar o culpable por cosas que, aún hoy, duelen. Y ahora lo entiendo, todo esto es lo que nos formará como los héroes que seremos, cada herida que nos han hecho, cada instancia que no hemos podido terminar en paz —Tomó aire, llevando las manos a su pecho, una abrazando a la otra—. Sin embargo, está en nuestras manos cuidar no cometer los mismos errores, pero es inevitable seguir tropezando. Es por eso, Bakugou, que debemos poner especial atención a cada día en el recorrido hasta llegar a eso. Y yo quiero crecer junto con todos, quiero que cuando estemos en batalla y nos crucemos, considerarme un apoyo digno para todos y para ti. Y para eso quiero aprender hasta el último detalle, quiero entender, quiero entrenar-.
Uraraka se detiene cuando ve que él levanta su mano, en señal de que se detenga.
—Ve al punto. No se si estás contándome que quieres ser una jodida héroe, cosa que ya sé, o si estás hablando en una especie de código secreto-basta.
—¡Pero cómo vas a entender si no te lo digo todo! —exclamó, con la cara roja de vergüenza.
—¡Entonces busca otra forma, dijiste que querías que escuchara tu respuesta, QUÉ JODIDOS ES ES-!
—¡Significa que quiero que avancemos juntos! —le gritó de vuelta, interrumpiéndolo— Quiero ayudarte cada vez que la presión sea tanta que todo cede. Quiero decirte que es posible que también haya estado pendiente de ti, que te viera entrenar y que pensara en lo genial que eres a pesar de todo. ¡Y sobre todo, quiero que sigas mirándome, Bakugou!
Estaba completamente seguro de que los ojos de Uraraka brillaban más que la puta luna. Sus mejillas estaban rojas y al finalizar, su pecho y sus hombros se movían, como cuando estaba cansada ya de pelear, pero su determinación la mantenía de pie. Una sonrisa tiró de sus labios, sintiendo el corazón latiendo de pies a cabeza, y de pronto estaba riendo descontroladamente. Después de todas esas tonterías, no sentía traba alguna de reír de esa manera frente a Uraraka, quién mientras tanto le miraba como si le hubiera salido una segunda cabeza.
—¿Por qué te ríes? —preguntó, temiendo lo peor.
Estuvo riendo otro rato, hasta que intentó calmarse un poco para mirarla.
—Definitivamente no podía estar pendiente de una debilucha —dijo, y aunque dudó un segundo, alzó su mano sana a la altura del rostro de Uraraka—. Vamos a patear traseros, cara redonda.
Al darse cuenta de que esa era la forma de él de aceptar sus sentimientos y deseos, Ochako sonrió de manera radiante y estrelló su mano contra la de Bakugou. Después ambos las estrecharon, acercándose ligeramente y sin dejar de mirarse. Al darse cuenta de ello, se soltaron lentamente, completamente avergonzados. Aún así, Uraraka se tragó el bochorno para hablar.
—Deberías ir a descansar.
—Hm.
Esta vez caminaron uno al lado del otro, indecisos pero más calmados. Bakugou ya no sentía la presión en el pecho que había reemplazado a la tos, se sentía completamente normal, a excepción de su mano. Aún podía sentir que ardía. Cuando estaban a unos metros de la puerta, la mano de Bakugou se movió por si sola, como si fuera intento desesperado por saber que en realidad había entendido bien.
Ochako sintió de repente los dedos de Bakugou deslizándose en su meñique y acariciando la yema de su dedo.
—Cierra la boca.
—No he dicho nada —se quejó, frunciendo el ceño.
—Ya podía escucharte preguntar alguna tontería —se burló. A pesar de todo, Ochako se dio cuenta de que no era la única avergonzada por el gesto. Bajo sus ojos, las mejillas de Bakugou se notaban un poco rojas, y su ceño estaba levemente fruncido.
Al llegar frente a la puerta decidieron detenerse, prefiriendo no arriesgarse al hecho de que hubiera alguien en la sala y que al final todo acabara abruptamente. Así que, pensó Ochako, aunque no necesitaba ya una excusa, no había nada de malo en querer estar segura de que iba a poder verlo como tal al día siguiente.
—Antes de ir a clase mañana, espérame en la sala —Katsuki se dio cuenta de lo autoritaria que sonaba. Su ceja tembló, ¿le decía que no podía dejar de verla y ya creía que podía tratarlo de esa manera? Aunque, en realidad, Ochako constantemente lo trataba así cuando hacía decía algo que la fastidiaba. Estaba perdido.
—¿Para qué? —preguntó, apartando la mano de su dedo con cuidado.
—Tus vendas.
—Ah.
—Oh, ten —Le pasó ambas cosas, el rollo de vendas y los antiinflamatorios. De inmediato él los recibió sin acotar nada—. Nos vemos, Bakugou. Que descanses.
Ella le sonrió y Bakugou se limitó a asentir.
—Cara redonda.
—Es Ochako —Le sacó la lengua.
Esta vez sí sonrió.
—Es Katsuki, toonta.
Finalmente fue él quien se dignó a abrir la puerta de la residencia y entrar. Mientras que desde atrás Ochako no pudo hacer más que gritar su nombre con enojo por ser llamada tonta.
[...]
Un par de semanas después durante las clases, Ochako se quedaba mirando a Bakugou fijamente, pensando en lo loco que había sido eso. Ahora entrenaban juntos y de vez en cuando, cuando estaban en silencio y descansando, Ochako recordaba la mano helada de Bakugou tocando la suya como si fuera un secreto que le pertenecía, como si ella no tuviera idea de eso.
De repente escuchó la voz del profesor Aizawa llamarle la atención, por lo que no pudo evitar saltar en su asiento, aterrada.
—¿Qué ocurre, Uraraka? —le preguntó, haciendo que todos la miraran, incluso Bakugou, aunque notó por un segundo que lo hacía de reojo. No era tan descarado como los demás.
—N-nada, profesor.
—¿Segura? —enarcó una ceja, haciendo que se pusiera aún más nerviosa.
—Lo juro —dijo con desesperación, chocando las manos frente a su rostro, rogándole.
Aizawa se limitó a entrecerrar los ojos y apartar la mirada de ella para proseguir con la clase. Segundos después, volvió a mirar a Bakugou, que esta vez también la miraba. Ochako pudo apreciar con pesar cómo movía los labios. Estaba segura de que volvía a llamarla tonta.
Katsuki regresó su vista al frente, fijándose en que Aizawa esta vez lo miraba a él. Todo el tiempo que Uraraka lo había estado mirando lo había podido sentir perfectamente. ¿Así se había sentido ella durante semanas? Prácticamente había sido un mes. Se sintió ridículo. Y él que pensaba que nadie lo notaba, por All Might, sólo un imbécil no se daría cuenta de eso. Se enderezó para anotar en su cuaderno.
Decirle a Ochako que no sea tan jodidamente obvia.
Se quedó mirando un segundo sus palabras, y justo abajó anotó, incluyendo una flecha.
Decirle a Ochako que corra sin mirar a Aizawa cuando acabe la clase.
