Mendacium

Capítulo 1


Draco se paró en una esquina del Callejón Diagon con la excusa de subir el cuello de su abrigo. Exhaló aire y unas volutas de vapor se fueron alejando de su boca. Miró a ambos lados de la calle con fingida indiferencia, tratando de emular una tranquilidad que no sentía.

Habían pasado 3 años desde la caída de Voldemort —junto con la reputación del apellido Malfoy—. Ya no había temor ni respeto cuando se nombraba su apellido, y lo más seguro era que nunca lo volvería a haber. Era una sensación a la que su familia nunca podría acostumbrarse.

Pero él ya no estaba seguro de si sentirse parte de ese apellido. De cualquier forma, Draco recordó que estaba en la calle, por lo que enderezó su postura y levantó la barbilla, iba a continuar su marcha, pero su vista se fijó en un afiche con dos hombres colorines en ella. Eran George y Ron Weasley promocionando un nuevo proyecto que, como rezaba el cartel Revolucionará la industria del entretenimiento. La gran revelación sería esa misma tarde.

Draco arrugó el ceño y comenzó a caminar dando grandes zancadas. Sus padres ya le habían informado que asistirían, esperanzados por contribuir monetariamente en el negocio de los Weasley. Draco negó con la cabeza recordando el momento, la lastimera expresión de sus padres… Con eso le dejaban más que claro lo desesperados que estaban.

Quería negarse, ya que ir implicaría escuchar murmuraciones a su espalda y tener que soportar miradas asqueadas y reprobatorias. Pero lo cierto era que no quería verla, no quería ver a nadie. Si, quería negarse, pero tampoco quería apagar esa pequeña luz de esperanza de su madre, aunque fuera infructuoso. Iría.

El frío lo devolvió a la calle y al afiche de los hermanos Weasley.

—Los últimos manotazos de ahogado… —Musitó Draco, antes de dejar el Callejón—.

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La tarde había llegado y, si bien Draco y su familia sabían que estaban en un escalafón más abajo que Mundungus, no significaba que debían demostrarlo. Tanto él como sus padres iban vestidos de manera impoluta, lo único que era diferente era el que ya no miraban despreciativamente a nadie, no porque no quisieran, sino porque no podían darse ese lujo.

Entraron en el recinto que para su sorpresa, no tenía decoración chillona ni estrafalaria. Era más bien un ambiente serio.

En la entrada los esperaba un pergamino, pluma y un recipiente de cristal que levitaban. Su padre dictó sus nombres a la pluma, que apenas terminó de escribir tres trozos de pergamino fueron a dar al recipiente. Ahí estaba la excentricidad que esperaba Draco, ahora solo debía ir al rincón más oscuro y pasar desapercibido toda la noche.

—Draaaco —gritó una chica—.

—¿Por qué no me dijiste que vendría? —Le dijo Draco a su padre con tono molesto, sin necesidad de volverse a ver a la chica que lo llamaba—.

—Porque has estado evitándola, —Lucius le dio una mirada elocuente— será mejor que cambies esa cara, esta es una buena oportunidad para mejorar nuestras relaciones —Lucius se calló de pronto, observando como empezaban a llegar los Longbottom, Lovegood, Harry Potter y Hermione Granger— …Todas nuestras relaciones —enfatizó, y Draco le dio una mirada envenenada, a lo que su padre lo agarró del brazo— ¿Qué te he enseñado?—.

—…A sacar provecho de todas las situaciones —le respondió con los dientes apretados, y su padre sonrió levemente—.

Lucius y Narcisa se alejaron cuando la chica que llamaba a Draco se acercó. Draco suspiró, y ante la mirada intensa de su padre, le hizo un ademán de asentimiento, de que podía estar tranquilo.

—Pansy —La saludó Draco de manera formal cuando llegó a su lado, a lo que ella sin ningún tapujo le dio un beso en los labios—.

Draco se separó demasiado pronto de ella, Pansy se lo quedó viendo ceñudo y Draco dándose cuenta de su brusquedad tomó rápidamente dos copas de una de las bandejas llevadas por magia. Le entregó la copa a Pansy con una sonrisa estudiada, ella la recibió radiante.

—¿Cuánto crees que demore Weasley en mostrar su invento revolucionario? —Le preguntó él con voz aburrida, por hablar de algo—.

—¿Por qué? ¿ansioso por irte? —Pansy le dio un sorbo sugerente a su copa— ¿o ansioso por estar conmigo?—.

Draco se la quedó mirando con semblante serio, sin responder, pero cuidando de no demostrar que lo que quería era totalmente lo opuesto. Pansy no se dio por enterada, se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla.

—Aquí no —le respondió Draco, tratando de sonar sutil, ella volvió a su lugar sin verse molesta. Draco paseó la vista por el salón y se encontró brevemente con la mirada de Hermione, ella con calma desvió la mirada y Draco sintiéndose extraño, hizo lo mismo; sus ojos se posaron en otra chica, y no pudo dejar de notar que era muy bonita— ¿Quién es? —Le preguntó a Pansy para quitar esa extraña sensación que le dejó la mirada de Hermione— Pansy se giró a verla y se cruzó de brazos fastidiada, Draco enmendó su error— Quise decir, ¿de qué familia?—.

—Ah, bueno… Es Astoria Greengrass, iba en Hogwarts con nosotros—.

—¿Si?—.

—Si, ¿no la notaste?—.

Draco dejó de mirar a Astoria y fijó su mirada en Pansy, ligeramente sorprendido por su pregunta, lo cierto es que en el colegio había puesto su atención en otra persona.

—No, solo tenía ojos para ti —le respondió con una sonrisa breve que fue suficiente, Pansy le sonrió complacida—.

George se aclaró la garganta y les pidió a todos su atención. Y Draco obediente, se giró a verlo, había interrumpido el momento justo en el que Pansy iba a besarlo.

—¿Cómo están? ¿Divirtiéndose? ¿No? Bueno, ya lo harán —les dijo guiñándoles un ojo— ¿Ya bebieron? ¿Todos tienen una copa? —Hizo un barrido rápido por el público que levantaban sus copas y dio una palmada complacido— ¡Excelente! Lo que acaban de beber damas, caballeros y extraños, que se llama mendacium —dio otro guiño que causo asentimientos entre la audiencia— es el mejor producto que esta mente maestra a podido crear —se escuchó un silbido de desaprobación entre el público— …Está bien, mi hermano Ron también tuvo su parte —George rio por lo bajo— …Una pequeña parte—.

Pero nadie parecía compartir esa pequeña broma, todos estaban demasiado consternados por lo que había dicho el anfitrión de la velada. Draco miró con horror su copa, solo le quedaba un pequeño trago ¿qué había bebido?

—No tengan miedo, no es venenoso —trató de tranquilizarlos George y así bajar los murmullos del salón—, no representa ningún daño, de ningún tipo… Lo que acaban de beber es de hecho, un detector de mentiras—.

George se quedó en silencio y los observó a todos, que se habían quedado tan en silencio como él. Después de unos segundos comenzó a reír y todos lo siguieron, como si pensaran que era solo una broma.

—Nos está tomando el pelo señor Weasley. —Le gritó alguien con una risilla— Después de todo usted es un bromista—.

—Pues si, lo soy. —Le respondió George serio, lo que causo más risas— Pero esta vez no les estoy tomando el pelo. Voy a probárselos. —Hizo aparecer el recipiente de cristal de manera histriónica, que estaba lleno de trozos de pergamino, Draco sin entender por qué, comenzó a sentirse nervioso— Si, así es, aquí están sus nombres, yyyy sacaré dos de ellos: Uno hará las preguntas y él o la otra persona tendrá que responder —Sonrió como un niño travieso—.

George hizo aparecer dos sillas —una frente a la otra— y un espejo de mano que se mantenía flotando en el aire. La ansiedad de Draco se acentuó, tragó saliva y dirigió la mirada hacia la salida, quería irse de ahí; comenzó a moverse, pero se encontró con la mirada de su madre, quien le negó con la cabeza, haciendo que Draco se quedara plantado en el mismo lugar.

—¿Qué clase de pregunta? —Quiso saber alguien del público—.

George se encogió de hombros.

—Lo que quieran, —una exclamación entre miedo, nerviosismo y sorpresa llenó el salón, George sonrió— oh bueno… más bien preguntas de si o no—.

—Y si la persona miente ¿qué ocurrirá? —Quiso saber alguien más—.

Draco se soltó el primer botón de la camisa, era ridículo que se sintiera así de nervioso, habían más de 100 nombres en ese recipiente.

—Un puntito rojo aparecerá en la cara de la persona que miente, pero tranquilos no es permanente. ¡Muy bien empecemos!—.

Draco miró a todos pensando que saldrían en bandada, pero se equivocaba. Todos seguían en su lugar, con una mirada expectante y murmullos entusiastas.

—Son todos unos morbosos —masculló Draco—.

—Y el primer nombre, a quién se le harán las preguntas. —Anunció George levantando su mano y recibiendo mágicamente el pergamino— Es… —Dirigió su mirada al público, sonrió y se quedó viendo el pergamino unos segundos eternos. Con voz contenida llamó— Draco Malfoy—.

Draco se tambaleó levemente, por un segundo la fuerza en sus rodillas lo abandonó, pero se recobró al instante.

—Draco Malfoy suba al escenario, por favor —lo volvió a llamar George—.

Draco pensó en retirarse, pero la mirada atenta de todos estaba sobre él, y no quería que además de todo lo que ya lo llamaban, le dijeran cobarde. No, eso no, no de nuevo.

Subió al escenario.

—¡Excelente! Un aplauso por favor —pidió George—.

Draco sentía que sudaba, estaba demasiado nervioso, miró al público, pero no logró distinguir a nadie y George seguía hablando, pero lo que decía no le llegaba al cerebro. Como en cámara lenta vio que tomaba otro pergamino, la sorpresa era notoria en la cara de George, después de un momento de confusión todos aplaudían. Draco aguantó la respiración hasta ver quién se sentaba frente a él para hacerle las preguntas. Volvió a respirar aliviado, era Luna Lovegood, no había nada de qué preocuparse, lo más probable era que le hiciera solo preguntas incoherentes.

—Oh esto va a ser interesante —dijo George observándolos a ambos—.

Luna clavó sus grandes ojos azules en Draco y le dio una pequeña sonrisa. Si, Draco se sentía más tranquilo. Pero entonces Luna se giró hacia el público y fue entonces que Draco cayó en la cuenta de que Luna también era imprevisible.

—Hola a todos —los saludo con voz tranquila—, Draco y yo no somos amigos. —Lo miró y le dedicó una sonrisa— En el colegio siempre lo observaba de lejos preguntándome porqué era tan malo, ya que ¿qué podía ocurrir con él si lo tenía todo?—.

Draco miró con indignación a George, y él pareció entender que Draco se levantaría en cualquier minuto.

—Eh Luna… Recuerda las preguntas. Son tres —Le guiñó un ojo—.

—Ah si, —respondió Luna con naturalidad, pero para desgracia de George volvió a dirigirse al público— bueno, solo quería decir que estoy agradecida de que mi nombre haya salido, porque creo entender el motivo de que Draco sea como es. —Finalmente posó sus grandes ojos azules en los de Draco, y él comenzó a transpirar nervioso— ¿Draco, estás enamorado?—.

Draco miró a George que mostraba una gran sonrisa, luego a Luna que no parecía enterarse de lo avergonzado que lo había hecho sentir con su estúpida pregunta, y por último al público que además de mirarlo de manera burlona solo esperaban su respuesta. Draco sentía que hervía.

—¿Qué clase de pregunta esa esa? —Le espetó a George—.

—De las que tienes que responder si o no —Le dijo él causando risas en la audiencia—.

Draco inspiró y se dijo que lo mejor era ser sincero, realmente no tenía nada de malo, no tenía que dar detalles de su respuesta, solo si o no.

—Bueno, si—.

Todos guardaron silencio y se acercaron más al escenario para observar de cerca a Draco, pero parecía que nada ocurría.

—¿Paso a la siguiente pregunta? —Quiso saber Luna—.

Draco rogaba que las tres preguntas se acabaran pronto, con todas las miradas sobre su cara, no podía dejar de preguntarse si tenía lagañas o la nariz sucia. Que idiotez.

—Espera un momento. —Le pidió George mirando detenidamente a Draco— ¡…Excelente! Draco Malfoy está enamorado ¡No nos ha mentido! Ahora si Luna, puedes pasar a la siguiente pegunta, ella asintió de manera afirmativa—.

—Entonces si estás enamorado no debe ser un amor correspondido —dijo Luna, como si pensara en voz alta—.

—Claro que si es correspondido. —Gritó Pansy desde el público y Luna en vez de verse ofendida por la interrupción se la quedó viendo con ojo crítico. Draco tragó saliva cuando ella se volvió a verle—.

—¿Estás enamorado de Pansy Parkinson?—.

Draco miró instintivamente a Pansy que lo miraba con una sonrisa. Estaba claro que ella no tenía ninguna duda de que era así. Y así era, se repetía mentalmente, se aferró a ese pensamiento antes de responder.

—Si, así es—.

Un "awww" general se escuchó entre el público. Draco dio un suspiro de alivio, ya habían pasado unos cuantos segundos, debía ser suficiente, pero George le hizo un gesto a Luna de que esperase, Draco apretó los nudillos.

—Ajá —exclamó George triunfante— ¿pueden verlo? Un punto rojo justo en su barbilla—.

Draco se espantó, se tocó la cara, pero no encontró nada. Todos comenzaron a apuntarle con el dedo y con palabras de asombro se sonreían entre ellos. Draco tomó el espejo y pudo ver con claridad el punto rojo, como si fuese un lunar. De pronto no supo qué hacer, se quedó en blanco, plantado en la silla.

—¡No, es mentira! —Gritó Pansy señalando el punto rojo sin querer creerlo—.

—Claro que es mentira —Respondió George con sorna— y ahí está la prueba. No se puede engañar al mendacium—.

Draco estaba como en piloto automático, podía distinguir a Pansy con su mirada llena de reproche y sus labios casi blancos de tan apretados que los tenía.

—¿Siguiente pregunta? —Le preguntó Luna a George totalmente indiferente a la pena de Pansy, y ese fue el momento en que Draco aterrizó. Luna asintió y se dirigió nuevamente a Draco— …Bueno, ahora lo entiendo todo, el por qué eras como eras en el colegio—.

—Luna, por mucho que nos has divertido esta noche —comenzó a decirle George con una sonrisa cálida—, solo ve a la pregunta—.

—Si, lo siento. —Se aclaró la garganta e hizo su última pregunta— ¿Estás enamorado de Hermione Granger?—.

Una gran exclamación de asombro se escuchó en el salón, y como si se tratara de un encantamiento, Draco se encontró con el rostro de Hermione, roja como un tomate. Se le secó la garganta y el palpitar del corazón casi le dolía.

—No, claro que no. —Respondió luego de un tenso momento. Se paró de la silla listo para irse—.

George que había quedado consternado con la pregunta de Luna, le costó un poco recobrarse, pero al ver que Draco se levantaba, le empezó a funcionar el cerebro. Fue hasta él y lo tomó de los hombros con su mirada fija en el rostro de Draco, pero él se soltó al vuelo, pero no fue lo suficientemente rápido.

—Oh por las calcetas de Merlín —musitó George—.

En ese momento a Draco le pareció que lo que sucedía, no le pasaba a él si no a alguien más, y que él era parte del público que murmuraba, se burlaba y apuntaba al pobre diablo del escenario. Podía escuchar como alguien lloraba y también entender los cuchicheos: "pero si él es un ex mortifago", "inaudito", "cómo si Hermione pudiese fijarse en él", "ella nunca lo correspondería", "esto si que se puede llamar justicia", "pero si la odiaba".

Draco sintió que alguien le tomaba la mano y le dejaba algo. Era el espejo. Se miró y pudo ver el otro lunar rojo que le había salido, acusadoramente en la frente. El pobre diablo no era nadie más que él.

—No tiene nada de malo Draco —le decía Luna en un tono tranquilizador que alborotó aun más a Draco—.

No dio más, Draco hizo a un lado a Luna, soltó el espejo y bajó del escenario, pero no alcanzó a dar dos pasos cuando Pansy con ojos llorosos se plantó frente a él y le dio una fuerte bofetada. Se lo agradeció internamente, era lo que necesitaba para despertar del todo.

Draco miró a su alrededor, todas las miradas estaban en él y se dijo que ya era suficiente. Tomó una de las botellas del mendacium y se dirigió a la salida, sintiendo todas las miradas abrasadoras sobre él. De pronto algo se encendió en Draco y aquello ya no pareció ser suficiente; estando ya en la puerta se giró a verlos a todos y por último se dirigió a George aun sobre el escenario listo con el recipiente para escoger a alguien más.

—Te digo algo Weasley, —comenzó a decirle a viva voz— te irá de maravilla con esto —aventó en el aire la botella—, ya sabes, habiendo tanto hipócrita, mentiroso y falso por ahí. —Le dio una mirada al público— ¡A causa de gente como ustedes es que uno tiene que ocultar quién es y lo que de verdad siente!—.

Y tras decir eso, y dejar un incómodo silencio en el salón. Salió.

Mientras caminaba maldijo su mala suerte ¿por qué justamente tenían que llamarlo a él? ¿por qué Luna tenía que preguntarle esas cosas? ¿por qué específicamente sobe ella? ¿era tan evidente? Llegó al Caldero Chorreante, miró la botella de mendacium sin entender por qué la había traído consigo, ciertamente no quería beberla.

—Un sitio privado —dijo apenas entró, dejó unas cuantas monedas sobre la tarima que acalló el malhumor del dependiente por la brusquedad de Draco— y una botella de whisky de fuego. Que nadie me moleste—.

Draco se fue donde le indicaron. Era un rincón acogedor que quedaba cerrado por dos gruesas cortinas que no dejaban salir ni entrar sonido. Se sentó y dejó la botella infame sobre la mesa, tenía ganas de romperla, pero no lo hizo, en cambio se llevó ambas manos a la cara y se apoyó en el respaldo de la mesa, recordaba el rostro de Hermione entre el público… Negó con la cabeza con ganas de enterrarse bajo tierra, nunca se había sentido tan avergonzado en su vida, pero por sobre todo vulnerable, expuesto.

Se abrieron las cortinas y Draco se incorporó para recibir la botella de whisky. Se quedó de piedra cuando vio que quién le traía la botella era Hermione.


En esta cuarentena no hay excusa para no escribir, y hace mucho que tenía escrito este borrador, son solo dos capítulos, algo liviano y entretenido. No es necesario anunciar que el siguiente capítulo es el más candente jaja bueno, igual lo hago. Espero todas sus especulaciones en los comentarios. Y recuerden, quédense en sus casas (si pueden hacerlo), por mí, por ti, por todos.

Si llegaste hasta aquí y te gustó lo que leíste, déjame un review. Detrás de cada obra hay una gran imaginación y creatividad que son necesarias para crear y escribir un fic ¡cuesta un montón!, pero dejar un review no cuesta nada ;)

C o r Ne L ia E s c i p I ó N