Saludos a todos, esta nueva historia no estaba programada para salir ahora, pero la inspiración llegó fuerte, así que aprovecho para traerla antes, será algo corta, pero sustanciosa, eso si, la temática tiene tintes de corte adulto, así que se sugiere discreción, ADVERTENCIA: TEMATICAS DE VIOLENCIA Y SITUACIONES LEVEMENTE PARA ADULTOS, espero les guste.

"Calle 101 Dálmatas", propiedad de Passion Animation Studios y Atomic Cartoons, producida para Disney Channel UK, fanfic su servidor.

Que comience el viaje, será corto pero efectivo, disfrútenlo.


CALLE 101 DALMATAS (FANFIC)

"NOCHE DE CHICAS"

Capítulo 1: Un poco de diversión

El sol se ocultaba en el horizonte de la ciudad londinense de Candem. El cielo se tornaba levemente anaranjado, un breve y colorido preludio antes del anochecer. El tráfico disminuía en las calles y la ciudad se preparaba para las actividades nocturnas propias del pintoresco y concurrido barrio inglés, mientras otros lugares se preparaban para reposar, incluyendo la calle Dálmata. Por fuera de la casa marcada con el número 101 todo se veía tranquilo, aunque dos oscuras figuras se acercaban al lugar. En su interior, los numerosos cachorros dálmatas residentes generaban un abrumador concierto de aullidos, ladridos y gritos, los cuales apenas eran medianamente controlados por Dylan, el hermano mayor, quien luchaba por preparar a sus hermanos para enviarlos a dormir.

-Cachorros, prepárense para su lavado de dientes, hagan una fila! DIESEL, DEJA DE CAVAR! ACABO DE LAVAR LA ALFOMBRA! Dawkins, trae a los Dimitris, y dile a Deepak que podrá meditar todo lo que quiera pero primero debe de lavarse sus dientes!

El dálmata adolescente gritaba para tratar de poner orden en el ambiente. Sin embargo, sentía que faltaba algo, así que fue al pasillo, viendo a su hermana Dolly correr hacia la puerta.

-Dolly! A donde crees que vas? Ya está anocheciendo y debes ayudarme a acostar a los cachorros! –reclamó Dylan, recibiendo una burlona sonrisa por parte de la cachorra.

-No esta noche, hermano -dijo Dolly-, hoy voy a salir con Roxy y Snowball, es noche de chicas.

-Noche de chicas? Acaso ustedes se reúnen para hacer algo en especial? Algo mucho mejor que jugar Poodlewolf? No me lo imagino que haya algo mejor que eso.

-Créeme, no lo entenderías, por eso son cosas de chicas, adiós nerd! –dijo Dolly, pasando su pata por el escáner y abriendo la puerta. Oyó que Dylan decía algo antes de irse, pero no hizo caso a sus palabras, así que cerró la puerta. Fuera de la casa, estaban las dos figuras misteriosas, quienes se acercaron a Dolly, revelando su identidad ante la dálmata.

-Roxy! Snowball!- gritaba Dolly-, llegaron justo a tiempo, listas para salir a divertirnos?

-Por supuesto! –gritó la rottweiler-, Snowball tiene una sorpresa para nosotras.

-Qué clase de sorpresa?- pregunto Dolly con intriga-, Una nueva pista de patinaje? Un parque de diversiones? Un paseo extremo en bote?

-Ya lo veras, pero primero, pongámonos en camino, es un poco retirado de aquí, pero valdrá la pena, síganme! –dijo Snowball. Las tres perritas corrieron por las calles de Londres, siguiendo a la pequeña pomeriana, quien sin su clásica correa se movía a una velocidad increíble. Tras un largo recorrido, llegaron al Holiday Inn de Candem, un hotel bastante lujoso, parada obligatoria para todo turista. Dolly y Roxy intercambiaron miradas de confusión al ver el lugar al que habían sido llevadas por su amiga.

-Eeeehh…..Snowball, porque nos trajiste hasta acá? –preguntó Dolly.

-Sí, es un lugar para humanos, no exactamente para perros –dijo Roxy.

-No vamos a entrar ahí, tontas, sino ahí– dijo la pomeriana, señalando un edificio cercano al hotel, más modesto y algo derruido, algo que seguía generando confusión en sus amigas.

-Vamos a entrar ahí? –preguntó Roxy. Más bien parece un lugar abandonado.

-Ustedes confíen en mí, vengan –dijo la pomeriana. Sus amigas la siguieron a un lugar oculto entre varios arbustos, donde disimuladamente había una puerta de servicio oculta, algo vieja y oxidada. Frente a la puerta, había un enorme sabueso polaco custodiando la entrada. Se veía intimidante, portando una correa con picos y una placa que decía "Borys". Al ver a las visitantes, el enorme macho se levantó y les atajó el paso, gruñendo levemente.

-Tienen invitación? –preguntó de forma cortés pero tajante el perro.

-Vamos Borys, sabes que soy yo, Snowball, déjanos pasar "veľký chlapec" (niño grande)– dijo la pomeriana. El sabueso polaco paso de una expresión ruda a esbozar una gran sonrisa.

-Jojojojojojo, por supuesto, pequeña "lavína" (avalancha), solo estaba bromeando, pasen y diviertanse– dijo Borys, permitiéndoles el paso. Las tres cachorras entraron, pasando por un pasillo medio iluminado, llegando a una puerta más moderna y en mejor estado. La abrieron y entraron a un lugar totalmente distinto al que se mostraba fuera: un salón enorme, decorado al más puro estilo victoriano, pero con decorados más modernos. Lujosos sillones de piel que contrastaban con mesas de metal y sillas de plástico. Un gran candelabro estaba al centro del salón, con algunas bocinas ingeniosamente acopladas, y debajo había una mesa con un Russell Terrier quien manejaba una tornamesa, poniendo música como lo haría cualquier DJ profesional. En un extremo había una antigua barra de bar, reacondicionada para los visitantes, con platos llenos de croquetas y bocadillos de diversas variedades. Un Cocker Spaniel preparaba bebidas, las cuales ponía en pequeños tazones fosforescentes. El lugar estaba lleno de perros de diversos tamaños y razas, todos conviviendo, charlando y bailando, dándole al lugar un aspecto más parecido a un concierto de música electrónica. Las tres perras estaban totalmente sorprendidas ante el espectáculo que el improvisado antro ofrecía.

-Guau! Esto es impresionante Snowball –dijo Roxy.

-Esto se ve muy exclusivo, no pensaba que habría un lugar así, ni Clarissa podría ser invitada, como fue que lo encontraste? –pregunto Dolly.

-El vigilante de la entrada es un viejo amigo de la infancia, se mudó hace poco a esta ciudad y nos reencontramos en la tienda de Stanislav. Me contó que trabajaba aquí y que podía venir cuando quisiera, y aquí estamos.

-Esa es una buena coincidencia, pero como pagaremos por todo lo que hay aquí –pregunto Dolly. Snowball sonrió y luego metió su pata derecha en su pelaje y sacó un enorme fajo de billetes, sorprendiendo a sus amigas.

-Recuerdas cuando vendimos las playeras que tu hermana pintó? Pues sobró bastante dinero, así que aparté un poco para casos como este, así que…vamos a divertirnos!

Las tres perras aullaron de emoción, dispuestas a disfrutar de la noche. Por un rato estuvieron bailando, comiendo bocadillos y mirando a los machos que buscaban pareja para bailar. Roxy consiguió un gran danés con quien bailaba al ritmo de música electrónica, mientras que Snowball se fue con un terrier escocés, dando pequeños brincos en la pista de baile, dejando a Dolly sola en una mesa. La dálmata no se decidía por algún macho en particular, después de todo era bastante independiente como para perseguir a alguien con quien convivir, además de que su mente seguía fijada en Hanzel, a quien veía como el mejor prospecto para una relación mas seria. Estaba tan concentrada que no se percató que un setter inglés se acercó a ella y la miraba con interés, pero al no ver respuesta de ella, aclaró su garganta para llamar su atención.

-*Coff coff*, disculpa, está ocupado este asiento?

-Eh? Oh, perdón, estaba algo….pensativa –dijo Dolly apenada.

-No te preocupes, seguro estabas pensando en tu novio –dijo el setter.

-Yo? Bueno….es que….no es que sea mi novio, es….alguien que….alguien que me gusta…pero…eso no tiene importancia, soy…..soy Dally Dólmata…quiero decir…Dolly! Dolly Dálmata! –respondió la cachorra totalmente nerviosa, algo que divirtió al setter.

-Jejejejejeje, descuida "Dolly", yo me llamo Laurence, y te preguntaba si es tu primera visita, porque soy asiduo visitante de este antro y no te había visto por aquí antes.

-Bueno…es mi primera visita aquí, no conocía esta lugar, vine con unas amigas –dijo la dálmata señalando a la rottweiler y la pomeriana.

-Oh, veo que están muy entretenidas, que te parece si bailamos un poco?

La dálmata asintió, aceptando la invitación. Ambos canes se levantaron, uniéndose al enorme grupo de perros que bailaban alegremente al centro del salón. Por un buen rato, Dolly y su acompañante estuvieron bailando, saltando, aullando, todo acompañado del frenético ritmo de la música. Tras un rato de agitada diversión, la cachorra regresó a su mesa para descansar, acompañada del setter que no despegaba sus ojos de la hembra.

-Tienes muy buenos movimientos Dolly –dijo Laurence-, se ve que eres muy ágil.

-Gracias, tú también te mueves con mucho ritmo –dijo Dolly, sacando la lengua con agitación.

-Te ves sedienta, déjame pedirte algo para beber, Joshua! Preparame un par de "llaves inglesas"! –grito Laurence al cocker spaniel, quien de inmediato tomó algunas botellas, mezcló vigorosamente los ingredientes y sirvió las bebidas en dos tazones de color verde fosforescente. Los puso sobre una charola que el setter recogió y puso frente a la dálmata.

-Oye, yo no tomo alcohol! –dijo Dolly algo consternada.

-Relájate niña, esas bebidas tiene solo la cantidad exacta para un perro, te aseguro que no las sentirás, son inofensivas, vamos! A veces hay que atreverse a cosas nuevas, pruébala.

Con algo de desconfianza, Dolly olfateó las mezclas, sintiendo un olor cítrico penetrante pero muy agradable. Metió su lengua en uno de los tazones, dándole unas lamidas al brebaje, paladeando y saboreando el líquido en su hocico.

-Mhhhhh, esta deliciosa! –dijo la perra. Le dio unos lengüetazos mas al plato hasta vaciarlo, mientras Laurence tomaba su propia bebida en forma más moderada.

-Guau! Es como si tuvieras práctica para esto, quieres otra?

-Claro! –dijo Dolly con entusiasmo. Esperaron un momento y el setter fue por otra charola con dos nuevos tazones llenos del delicioso brebaje. Ambos chocaron sus patas y Dolly estaba punto de tomarlo, pero de pronto se detuvo.

-Pasa algo chica? –preguntó Laurence extrañado.

-Yo….estaba pensando que…no lose….debería estar con mis amigas, después de todo, se supone que vine con ellas para pasar una noche de chicas y divertirnos juntos.

-Pues yo las veo bastante ocupadas y entretenidas, no lo crees? –dijo Laurence. Dolly volteó y vio a Roxy jugando con el gran danés en una competencia a jalar la cuerda, mientras varios perros los rodeaban animandolos. Por su parte, Snowball platicaba animadamente con el terrier escocés, riendo mutuamente. La dálmata miraba como sus amigas estaban pasando un buen rato, cada una por su lado, sin necesidad de que estuviera con ellas. Viendo eso, decidió no interrumpirlas, sabía que era su turno para entretenerse por su propia cuenta.

-Tienes razón, VAMOS A DIVERTIRNOS! –dijo Dolly, tomando el platón con sus patas y de un sorbo bebió todo el líquido, eructando ruidosamente.

-Jeejejejeje, se ve que te gusta divertirte en serio, oye, quieres que vayamos a un lugar más….privado? –dijo Laurence, con una mirada coqueta.

-Por supuesto, podemos platicar de muchas cosas, como patinetas, skateboard, acrobacias…

-Claro, patinetas….tu solo sígueme –dijo el setter inglés. Los dos caninos se alejaron y atravesaron una puerta que estaba oculta detrás de una cortina. Después subieron por una larga escalera que los llevó a otro piso, el cual terminaba en un corredor con varias puertas. Laurence guiaba a Dolly, quien se veía algo mareada, pero la cachorra atribuía esa sensación al alcohol. De pronto, y sin saber cómo, se vio dentro de una habitación sencilla, demasiado sencilla en comparación con el glamour del salón, más parecida a un cuarto de mantenimiento. La habitación estaba vacía, con excepción de un colchón viejo situado en medio del cuarto.

-Que…que estamos haciendo aquí? –pregunto Dolly con extrañeza, notando que el setter inglés estaba atrás de ella, poniendo sus patas en los hombros de la cachorra, riendo maliciosamente.

-Vamos pequeña, sabes que estamos haciendo aquí, sé que lo deseas con ansias –dijo Laurence, mientras comenzó a tocar lascivamente a Dolly. Eso hizo que la dálmata reaccionara asustada ante eso, empujando rápidamente al macho para mantenerlo a la distancia.

-OYE. NO SOY ESE TIPO DE PERRA, ALÉJATE DEPRAVADO! AUXILIOOOO!–gritó la dálmata, gruñendo y tratando de adoptar una pose de pelea, pero comenzó a tambalearse, producto del mareo. Lejos de amedrentarse, el setter inglés esbozó una sonrisa siniestra.

-Vamos niña, no te resistas, te aseguro que la pasaremos muy bien, además, aquí nadie puede oírte, y no creo que estés en condiciones de hacer algo al respecto.

En ese momento Dolly sintió un mareo aun mayor, así como una sensación de debilidad que invadía todo su cuerpo. Con terror se percató de que no estaba en posibilidades de luchar. Se recargó en una pared para sostenerse, pero el mareo se incrementaba, mientras Laurence se acercaba lentamente hacia la dálmata. Ella sabía que en cualquier momento se desmayaría, quedando a merced del can. Debía hacer algo, pero su mente estaba aturdida, por lo que no se percató que el setter la tomó del cuello, azotándola contra la pared, mientras apretaba su garganta con fuerza y recorría lujuriosamente con sus garras la entrepierna de la cachorra.

-Relájate, entre menos luches será mejor para ti, además, no creo que para mañana recuerdes algo, pero yo lo disfrutaré por ambos- dijo Laurence con cinismo, lamiendo el rostro de Dolly. La dálmata aprovechó ese momento para morder la nariz del setter con fuerza. Laurence gritó de dolor y la lanzó violentamente al piso. Dolly se arrastró por el piso, y al voltear vio como el perro gruñía, mostrando sus afilados dientes y mirándola de forma asesina y salvaje.

-NIÑA ESTÚPIDA, TE CREES MUY LISTA, EH? PENSABA SER TIERNO CONTIGO, PERO AHORA, VOY A HACERTE SUFRIR TANTO QUE DESEARAS NO HABER NACIDO! –rugió Laurence y se abalanzó sobre la hembra, pero ella aprovecho la posición que tenía para empujarlo con sus patas traseras, alejándolo con fuerza al otro lado de la habitación, dejándolo temporalmente incapacitado. Dolly se sentía muy mal, pero sabía que si el macho la alcanzaba, ya no tendría oportunidad de huir. Alzó la mirada y alcanzó a ver una ventana, la cual no parecía tener protecciones. Oyó como el setter se levantaba, gritando obscenidades y preparándose para atacarla. Sin más opciones, usó sus últimas fuerzas para levantarse. Corrió para tomar impulso y de un solo salto, se lanzó directamente contra la ventana. Lo último que la cachorra oyó fue el sonido de un vidrio rompiéndose, mientras algunos trozos cortaban su piel, sintiendo como su cuerpo caía lentamente en la oscuridad de la noche, hacia el incierto vacío.