SONRISA DE ESCARCHA
Los niños gritaban persiguiéndose mutuamente por la calle, gozosos. Era mediados de octubre, lo cual significaba que faltaba menos para el invierno, y entonces él vendría otra vez. Traería diversión y juegos bajo la nieve, desfilaría en un trineo congelado y su lustroso cabello blanco hondería en el viento, al tiempo que con su deslumbrante sonrisa, iluminaría las calles más que los decoros navideños. Jamie Bennett soñaba despierto con aquel muchacho que conoció hacía ya tres años, y quien cada solsticio de invierno, cada navidad, venía a verle, aunque para ser sinceros, el último año había sido extraño, pues no solo le producía felicidad saber que el guardián existía, sino que una misteriosa ansiedad acompañada de un hormigueo en el estómago se habían hecho presentes en cuanto Jack le sonrió ampliamente, diciendo que le alegraba verlo de nuevo.
Solo pensar en aquella blanca sonrisa, y ojos llenos de luz lunar hacían que su corazón diera un brinco. –se llevó la mano al pecho, apretando la ropa con el puño, al tiempo que miraba hacia el cielo– "Pero… ¿por qué?" se preguntó en el silencio de sus pensamientos. ¿Por qué ahora y no antes? ¿Que era lo que significaba? Jack era su amigo, uno que estaría literalmente (por la mala suerte de ser inmortal) a su lado para siempre. Su amigo. Y aún así Jamie encontraba irresistible la idea de que aquel albino desobedeciera a los otros guardianes con tal de ir a verlo. Por tan solo cruzar unas palabras.
Sin siquiera quererlo comenzó a sonreír, al tiempo que su corazón latía más rápido. Más al darse cuenta, se sujetó la cabeza apretando los ojos asustado de si mismo. ¿Cómo podía pensar algo así? Jack además de ser solo un amigo, era un chico también. Por su puesto, esto en tiempos actuales no era para nada extraño, de hecho, Jamie Bennett no se sentía culpable al respecto. Ya antes había notado que él era diferente. Tuvo bastantes clases de gimnasia (y las subsecuentes duchas compartidas) para comprobarlo. Incluso besó un chico una vez, durante su fiesta de quince años. No significó mucho para los demás, pues había sido un tonto reto, pero para él significaba la comprobación de sus sospechas: le gustaban los chicos.
Su madre lo aceptaría, estaba seguro, y Sophie, ¡ah! ni hablemos de Sophie, quién podía endulzar la más amarga taza de café con tan solo dedicarle una mirada. Ella aún así lo adoraría. ¿Pero Jack? ¿un chico que venía de una época donde tener un lunar más grande de lo normal significaba arder en la hoguera? "¡Ni hablar!" pensó el chiquillo. Sí él se enteraba… si… tal vez…
Suspiró, derrotado.
Por ningún motivo quería que algo así fuera la razón de perder su sonrisa de escarcha para siempre. Sí Jack se alejaba, no sería por lo que Jamie fuera o dejara de ser.
Estaba por bajar uno de los escalones del atajo que recién descubrió, lo llevaba a casa quince minutos antes, cuando un fugaz destello azulado pasó por debajo, congelando a su paso todas las escaleras. Quiso detenerse pero fue muy tarde, Pisó el hielo y resbaló. Soltó un jadeo por la sorpresa, al tiempo que se aferró del barandal, que para su mala suerte, también estaba congelado.
Antes de darse cuenta, estaba resbalando a toda velocidad cuesta abajo y al percatarse de lo apresurado que se precipitaba el suelo del otro extremo hacia él, cerró los ojos, esperando el golpe de la caída, más un montón de nieve ahogó la mayor parte.
–¡Jamie! –Exclamó una voz de terciopelo, endemoniadamente familiar. Rápidamente quitó la nieve de sus ojos para levantar la vista hacia él. Jack Frost. El espíritu del invierno. El guardián de la diversión… y protagonista de sueños que le avergonzaba haber tenido. Pensar lo anterior, sumado a la sonrisa que justo ahora estaba dedicándole, hicieron que la sangre subiera de inmediato a sus mejillas.
Jack ofreció su mano, pero Jamie la ignoró, poniéndose de pie por sí mismo en un intento por esconder su sonrojado semblante.
–Hola Jack– Pronunció desviando la vista.
–¡¿Estás listo para el invierno?! oficialmente comienza en unas cuantas semanas. ¡Tengo muchas nuevas ideas para hacer que otros niños crean en m... ! ¿Jamie?
El castaño había comenzado a caminar cuesta abajo, en dirección a su casa nuevamente. Le dirigió una mirada de complicidad a Jack, al tiempo que esté, un tanto confundido, lo seguía flotando por su costado derecho. El chico rebuscó en su mochila hasta que sacó un celular. Lo acomodó en su oído, cual sí recibiera una llamada y finalmente miró a Jack con una sonrisa.
–¿Cuáles son tus ideas? –El espíritu de invierno mantenía una mirada interrogatoria, a lo que Jaime se encogió de hombros. –Nunca había hablado contigo fuera de mí habitación. Sí las personas en el pueblo ven que de pronto me pongo a hablar solo pensarán que enloquecí.
Jack rió por lo bajo, haciendo una mueca comprensiva.
–Sí… Ya no eres tan pequeño después de todo –Comentó distraídamente, evaluando al mismo tiempo la estatura que ahora poseía el niño que valientemente, enfrentó a Pitch Black junto a sus amigos. –Nada mal
Jamie se sonrojó de nuevo, y se maldijo por dentro por ser tan endemoniadamente obvio. Pero Jack parecía no prestar atención.
–Ya se que hacer para que los niños crean en mí –prosiguió– Habrá que leerles historias. Verás, Norte habló sobre otros espíritus que andan rondando por ahí, ¡espíritus que incluso pueden ser vistos por adultos! ¡Porque incluso ellos creen que existen!
Jamie levantó ambas cejas sorprendido.
–¿En serio? ¿Cómo quién?
–Como el duende de la buena suerte, las sirenas o cupido. Ellos tienen libros de historias. ¡Por eso necesito tu ayuda! cada año tus dibujos mejoran más, ¿podrías hacer alguno sobre mí?
"Todos los que no has visto son sobre ti" pensó el chico riendo para sus adentros, algo avergonzado.
–Por supuesto –Exclamó con alegría
A/N: según yo es un one shot, pero aún no sé sí continuarla. Sea como sea, espero la hayan disfrutado.
