Discaimer: Todos y cada uno de los personajes de esta historia le pertenecen a J.K. Rowling. La trama si es mía y no permito su distribución en otras páginas que no sean FanFiction y bajo mi autoría.

DISFRUTADLO

La cabeza le daba vueltas. Sentía sus oídos embotellados. Era la misma sensación que tenía cuando se levantaba rápidamente de la cama y todo se nublaba a su alrededor. La diferencia era que no estaba en su cómoda cama, la sensación no se iba y el hedor que notaba no era, ni de cerca, parecido al de su habitación en Gryffindor.

Habían pasado tan solo unos meses desde el ataque en Hogwarts, parecía mentira que su vida hubiese cambiado tanto. Desde el ataque no había vuelto a ver a sus amigos pero por lo que sabía, ellos no habían sido capturados.

Miró a su alrededor, lo mismo de siempre, tres paredes de piedra maciza y una reja oxidada. Maravilloso.

La castaña gimió de dolor al mover sus músculos entumecidos.

La poca luz que entraba dejaba ver una estancia húmeda, mohosa y sucia. Su hogar durante los últimos meses. Solo salía de ella una vez a la semana para reunirse con Voldemort, quién la interrogaba a base de Cruciatus, intentando sacarle información sobre Harry Potter.

Sonrió.

No lo había logrado ni una sola vez.

Puede que acabase siempre inconsciente durante días, con los músculos agarrotados y castigada sin comer. Como ahora. Pero ni una sola palabra había salido de ella.

Tampoco mentía, no sabía dónde estaba Harry, ni Ron, ni otros miembros de la orden. Tampoco conocía los planes que podrían tener.

Oyó pasos acercarse hasta su celda. Se extrañó. Dudaba que hubiese pasado una semana inconsciente y si iban a sacarla de ahí no sería para nada bueno. Se puso alerta, preparada para lo que pudiese pasar.

En la penumbra pudo ver una sombra. Era un hombre. Antes de abrir la reja con su varita levantó la vista hacía ella. Lo reconoció al instante. Malfoy.

Con sus pulcras túnicas de siempre, más delgado y más alto también, Hermione pudo notar que tenía aspecto cansado, ojeroso y parecía nervioso, pero él nunca reconocería esto último.

Vamos Granger levántate, no me hagas entrar en esta pocilga. – Seguía teniendo la misma arrogancia de siempre, hay cosas que no cambian.

Hermione no se extrañó de verle. Alguna vez en su semiinconsciencia tras las torturas pudo notar que estaba en la mansión Malfoy. Lucius muchas veces estaba presente durante los interrogatorios y Draco solo de vez en cuando, aunque siempre con la cabeza gacha, evitando mirarla.

¿Dónde me llevas? – Le miró desconfiada, no tenía miedo pero no era idiota, prefería saber lo que iba a pasar.

Voldemort se ha cansado de tenerte aquí. Eres inútil – Sonrió de lado. No es algo que me extrañe.

Aunque a Hermione se le pasaron muchas respuestas por la cabeza, su subconsciente la paró a tiempo. Insular a su carcelero no era la mejor idea. Se levantó y como pudo se acercó a la puerta que él mantenía abierta.

Sal, sangresucia.

Pasó por su lado y espero en el pasillo oscuro mientras cerraba la celda. Él empezó a caminar hacia el fondo del pasillo, donde esperaban unas escaleras de piedra, por donde solían llevarla a las torturas.

Observó la espalda de Malfoy. Seguía caminando con aires de superioridad, pasos firmes y elegantes, suponía que era algo innato. Se fijó en sus zapatos, negros, limpios y caros. Rodó los ojos.

Se fijó en sí misma, llevaba los pies descalzos y vestía la misma ropa que llevó en la batalla. Unos vaqueros ya desgastados y una camiseta roída y manchada de sangre, no sabía si solo suya. Durante los últimos meses no pensó para nada en su aspecto, pero al verle a él, echó de menos una ducha. No quería imaginarse su pelo.

Caminaron un rato y empezó a ver elfos domésticos realizando sus tareas y en algún salón, personas que no creía que fueran mortífagos.

Llegaron a una zona de habitaciones, parecían las del servicio. Malfoy se detuvo en seco frente a una puerta. Iba tan abstraída que chocó con su espalda.

¿Qué cojones haces sangre sucia, no me toques, no tienes ojos en la cara? – Draco la miró con una mueca mezcla entre asco, incomodidad y sorpresa.

Iba distraída, idiota. – Bufó Hermione

Ni se te ocurra volver a tocarme. Entra.

Al abrir la puerta Hermione vio una pequeña cama con una mesilla al lado y un arcón a los pies. Giró y miró a Malfoy.

¿Qué es esto?

¿Tu pequeña neurona se ha atrofiado, Granger? – Malfoy adoraba meterse con ella, era como volver al colegio, donde no había muertos ni torturas.

Sé que es una habitación estúpido, pero ¿por qué estoy aquí? ¿Por qué me has sacado de la celda?

¿Prefieres volver a la mazmorra? – Hermione rodó los ojos y negó. No he sido yo quien decidió sacarte. Esta es tu nueva habitación – dio un paso hacia el interior – a la derecha tienes un aseo. Lávate por Merlín. Serás la nueva sirvienta de la Mansion Malfoy – Sonrió de lado. Podremos disponer de ti cuando queramos

Hermione sintió un escalofrío. Le contestó

¿Sirvienta? Querrás decir esclava.

Llámalo como quieras, dúchate y cámbiate de ropa, en el armario tendrás tu nuevo uniforme. Cuando acabes encontrarás alguna sirvienta que te explicará tus tareas.

¿Me torturarán otra vez? – Hermione preguntó despreocupadamente, pero Malfoy notó que estaba algo asustada, la conocía demasiado y le dio miedo este hecho.

Depende de cómo te portes. – Se giró hacia la puerta y antes de salir la miró. Como fuente de información sobre Potter eres una mierda, tus opciones son obedecer o morir y darle tu cadáver a tu querida Comadreja. Elige.

Entendido.

Malfoy sonrió de lado y se fue. Dejándola sola en su nuevo cuarto. Tendría cama al menos y una pequeña ventana desde donde se podía ver un patio sencillo, suponía que era un patio interior, por lo que recordaba la mansión Malfoy estaba rodeada de inmensos jardines.

Abrió el armario y sacó su uniforme. Básico. Pero caro. Decía Malfoy por todas partes. Se metió rápidamente en el aseo y sonrió al ver una ducha acristalada, no muy grande pero en comparación a los manguerazos de agua helada que le daban en las mazmorras antes de subir a los interrogatorios era lo mejor que le podía pasar. También había un espejo y con miedo se puso delante.

Hermione ahogó un grito, hacía meses que no veía su reflejo. Estaba mucho más delgada y pálida, tenía pequeñas heridas en la cara. Se desvistió rápidamente y se miró.

Tenía zonas moradas en las costillas, su pelo era un desastre, no se sorprendió. Su cuerpo en sí seguía igual, sus clavículas se marcaban, su cintura era aún más estrecha. No quiso mirarse más y se metió en la ducha

No supo cuánto tiempo estuvo bajo el agua caliente, pero le daba vida. Se permitió llorar.

Lloró todo lo que había aguantado.

Lloró por sus amigos y su familia.

Lloró por lo que se le venía encima ahora.

Lloró como una niña.