Siento nunca voy a reescribir esto así que simplemente lo dejaré subido, la idea era reescribirlo pero hacer cosas en el universo Pokémon ...se ha vuelto más una pesadilla que algo que me apasione. QuemenOrasDeMisMemoriasorz

Los títulos están en francés porque el nombre del Pikachu en inglés es Belle, en japonés es Madame y, pues, da un toque distintivo (?).


Coucher de soleil

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Mientras observaba a los Pikachus coquetas y diseñaba los trajes para el concurso, en algún rincón de su mente, un recuerdo intentaba emerger.

Sin mucha suerte, ya que Ruby estaba demasiado centrando creando patrones procurando la mayor perfección.

Dejando pasar los meses, no fue hasta que un día saliendo del vestidor del edificio de ciudad Calagua en sus oídos penetró la conversación de una pequeña infante con su madre, pidiéndole le comprara un vestido como el que salía en el libro de cuentos que tenía en la mano.

Fue entonces cuando todo encajó en su mente.

La razón la cual había llamado su atención el traje azulado del Aristócrata Pikachu.

Era del mismo tono de azul marino que la niña pequeña y bien arreglada Sapphire le mostró de joven en su libro infantil repleto con colores pasteles y suaves. Como la sonrisa de su dócil rostro decorado con su pálido vestido rosa.

Cerrando sus párpados por un momento con la distante memoria.

Poco a poco tomando el recuerdo forma para darnos permiso para contemplarlo.

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Sobre una pequeña manta para picnic, dos niños reposaban en la hierba terminando su almuerzo.

Ese día Sapphire además de los accesorios para pokemon trajo consigo un libro, para ese entonces era una cuarta parte de su tamaño, bastante delgado pero papá se lo leía casi cada noche.

En esa época de batallas pokemon, escaladas de árboles y rasguños: Ruby no comprendía nada acerca de lo que explicaba exponiendo esas imágenes.

—Y bailaron toda la fiesta juntos. ¿A qué es romántico?— exclamaba una pequeña Sapphire con ojos brillantes mientras señalaba la escena en su libro al recién conocido amigo, cuyo rostro se componía de pequeños rasguños, algo de tierra y trozos de arroz.

Sin saber que comentar, el pequeño se dedicaba a asentir a las palabras que no dejaban de brotar de la infante, cosa extraña porque había estado bastante callada con él antes de abrir ese libro. De alguna forma le gustaba escucharla, y mientras devoraba otra bola de arroz.

Con una pequeña brisa levantándose de vez en cuando, como queriendo animar a la pequeña chica a expresar sus pensamientos. Ella decidió mecer sus palabras en una de las brisas.

— Algún día, cuando crezca me gustaría vestir algo parecido — dejando caer una pequeña risa ocultando la timidez agregando en voz baja — junto a Ruby.

— ¿Cómo la princesa y el príncipe de la imagen? ¿Y prometerse? Así se dice, creo..

El de ojos carmesíes señaló la escena, con la palabra que no terminaba de comprender. Sin todavía caer mucho en la cuenta de lo que eso significaba. La pequeña que sostenía el libro ahora aturdida de que había escuchado su murmullo y cayendo en cuenta de que si él se convertía en su príncipe lo que proseguía en la siguiente página era vivir por siempre juntos.

La vergüenza empezó a aparecer en su puro corazón de señorita. Llevándose sus pequeñas manos a su rostro y negando con la cabeza mientras repetía con voz átona la misma palabra.

—O-o-olvídalo.

—¿Por qué?

— Sólo olvídalo, por favor...

Lo que no sabía es que, para Ruby, cada recuerdo con ella era preciado. Quizás la insistencia de la pequeña con que lo olvidara había funcionado, por un tiempo. Hasta que volviendo a la base secreta decidió sin mas preámbulos comentárselo para avivar las memorias de la conquistadora.

— ¡Olvídalo!

Tras contentarle su nuevo recuerdo desbloqueado con una sonrisa burlona,

la reacción de Sapphire fue exactamente como imagino. Y si bien eran las misma palabras que escucho hace años, ya no eran pequeños murmullos, la voz resonó clara en la cueva. Con el rostro de la joven acompañando un rubor intenso en sus mejillas, que sostenía con ambas palmas de la mano.

— Ol-ví-da-lo

—¿Después de años intentando que recordara ahora quieres olvide? ¿No podrías decidirte de una vez? Me vas a volver loco.

—¡Quien me va a volver loca eres tú! ¿A qué viene recordar tal situación?

Sapphire se preguntaba como Ruby siempre se las arreglaba para: enfadarla, avergonzarla o sorprenderla.

O todas a la vez.

Como ahora.

—Pero, dime Sapphire...

—¿Qué?

—¿Aún sigo siendo el príncipe con el que querías bailar durante…. toda tu vida?

Poniendo énfasis con breves pausas en las últimas palabras, mirando a su compañera como poco a poco el rojo terminaba por teñir hasta sus orejas, Ruby no dejó caer su leve sonrisa juguetona.

Era adorable. Al final, resulta que hasta en proponerse fue más rápida que él.

—¡T-t-tú! ¡En serio, eres un caso perdido!

Sin admitirlo por la vergüenza y sin poder negarlo porque deseaba tener cualquier momento romántico con Ruby. Sapphire solo infló sus mofletes y recito queja tras queja, acusándolo de ruin.

La base se inundo de las quejas de Sapphire y las contestaciones de Ruby a cada una de ellas. Pero, aunque él ahora tenía una sonrisa en su rostro, por el camino a la base había sentido algunos recuerdos una pizca amargos.

No iba a admitirlo pero, debido a aquella conversación de pequeño pasó buena parte del tiempo leyendo cuentos e historias sobre príncipes y princesas. "Debo protegerla" palabras escritas que quedaron grabadas en la mente e hizo uso cuando apareció el Salamence. Y quizás tanta lectura de ello influyó un poco en ocultar sus sentimientos y permanecer siempre con una fachada. Los príncipes descritos en esas páginas no mostraban signo de flaquear en su confianza. Y su gusto por lo brillante y los regalos sorpresa. Eran aburridos para el pequeño intrépido valiente trepa árboles, y sin embargo los leyó.

Quería conectar con las pocas cosas que recordaba de la pequeña.

Quería sentir aún podría volver a verla aunque no se lo mereciera.

Quería remediar su falta de delicadeza de las batallas sumergiéndose en el mundo ella le mostró por unos días.

Era un paisaje delicado, rebosante de colores, en un mundo que se había vuelto monocromático.

Confeccionar las ropas a nana, coco y ruru podía conectarle con ella, esperando un día poder mostrarle que tanto había cambiando.

Aunque de un momento a otro empezó a volcarse en la costura, aprendió de los concursos y, sin poder remediarlo, al crecer la sonrisa de sus recuerdos fue decayendo en detalles y color.

Hasta el punto de no poder recordar la dueña de la sonrisa que le había avivado en tales oscuros momentos.

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Después de, como diría Emerald, coquetear por un largo rato. El resto del tiempo hablaron de sus actividades del día y planeando futuros planes.

Se acercaban los festivales de verano y, por supuesto, Sapphire iba a ir a todos los que pudiera asistir. Arrastrando a Ruby con ella, él se quejaría pero Sapphire accedía a usar los yukatas que confeccionaba. Cada uno de ellos salía ganando.

—Está comenzando a oscurecer, será mejor volvamos a casa ya— anunció Ruby.

Situándose en en la abertura de la cueva y mirando al cielo que ardía en rojo en el horizonte.

Sapphire dio varias zancadas y se situó delante de él. Permitiendo al joven desviar su mirada por sus cautivadores ojos azules. Siempre iluminados, rebosantes de luz.

— ¿ A qué esperas? ¿Vas a quedarte ahí parado hasta que se pierda el sol?

Una veloz y corta brisa intervino en la escena, dejando mecer los cabellos de la castaña por unos meros segundos.

Por uno instantes Ruby advirtió un detalle curioso. Las dos veces Sapphire había expresado su sentimientos hacia él, el viento hacía gala y le brindaba vida a sus palabras.

La naturaleza siempre sería la aliada de la joven. Cerrando los ojos, esta vez siendo él quien avanzó unos pasos, solo para dar media vuelta y tendió su mano.

— Volvamos a Villa Raíz, juntos

Con una confusión mezclada con el latir de su corazón acelerándose por la leve y serena sonrisa de Ruby, Sapphire sin dudarlo más que por unos segundos, tomó su mano, respondiendo al gesto con su dulce sonrisa.

La sonrisa que se perdió en el baúl de sus memorias y tan frenéticamente buscó, volvió a posarse en su pupila, más radiante y hermosa de lo que podía merecer.