¿Por qué lo conocí ese día?... Hay preguntas que simplemente no tienen respuesta alguna.

Su cabello peli-plata brillaba tal como la luna llena, y sus ojos… ¡Por dios!, sus ojos grises eran un día nublado. Mi manos nerviosas no dejaban el abrigo, por cada paso mi ansiedad crecía, por lo cual tomé un momento para respirar con profundidad y dejar que mis músculos se relajaran. Paso por paso me acerqué. ¿Qué había pasado con mi valentía gryffindoriana? ¿Por qué cuando lo veía mi corazón latía con reconocimiento?

Cuando estuve frente a Draco… Draco Malfoy, el mismo chico que odié durante mis primeros años en Hogwarts, pero que lo amé con una gran pasión juvenil durante mis últimos años en mi primer hogar. Mi voz fue un inaudible murmullos cuando salió de mi boca, y él solo frunció sus cejas en signo de confusión y dijo— Emm… Lo siento, ¿qué has dicho?

Mis mejillas se sonrojaron y él me dio una sonrisa ladeada alentándome a seguir; es por ello que hace más de 15 años, Draco ha estado en mi vida, presente en cada pensamiento, siempre recordándome quién soy y qué deseo. Él ha sido mi persona, mi mejor amigo y mi amante.

Sin embargo, hoy mis manos vuelven a temblar sin ningún control, y ya no hay un Draco que puede sostenerlas y calentarlas. El miedo se refleja en mis ojos y las lágrimas, que se suponen que deben ser calientes, están frías al tacto con mis mejillas al ver su cuerpo inerte. Me siento muerto... Un muerto en vida.

Tanto luchar con él y nunca salir de ese pozo… ¿Por qué rayos me sucede esto a mí? Tal vez no fui lo suficientemente fuerte a su lado, quizá mi hombro nunca fue resistente y al final él se desplomó.

¿Por qué hoy? Hoy que la nieve cae como aquel día en el que nuestros labios se juntaron por primera vez, ¿por qué arruinar recuerdo tan dichoso con este suceso que significa la pérdida de mi familia? Siempre estuve a su lado y mis palabras, aquellas que no cabían por mi boca, van a explotar. Es tarde, lo sé, ya su cuerpo no irradia calor, es un cadáver.

Tomo sus manos heladas y pálida, mientras mi corazón da saltos y mi voz trataba de encontrar las palabras adecuadas. Después de unos puedo encontrar mi valor y decir una simple palabra estúpida, pero difícil de pronunciar en esta situación.— Adiós.

—Yo tengo miedo de no tenerte, de simplemente seguir y que no estés allí para empujarme. Me imagino que por eso olvidarte me parece imposible, es que soy tan inútilmente dependiente a ti —mis lágrimas no se detienen y voz es entrecortada por cada sollozo—. ¡¿Por qué lo hiciste Draco?! ¡Me prometiste que no los ibas a volver hacer!

Mi respiración es dificultosa y duele respirar, mi pecho quema. En mi voz la desesperación sale a flote y nostalgia con esta despedida— ¡Nunca hable en voz alta! ¿Te comenté alguna vez el error que cometías? —hice una gran pausa— No, yo sé que no, soy débil. Simplemente no podía ver tus ojos culpables y reñirte, no quería ver tus lágrimas y escuchar tus mentiras, esas que suenan en mi cabeza una y otra vez: ya no lo voy a volver hacer.

Quién diría que yo, Harry Potter, fuera sentimental, que el seguro chico se sintiera tan impotente y desamparado. Estar allí, con Draco, es como estar en hogar. Mi mejor amigo y amante se fueron, me dejaron solo.

Hoy voy a llegar a casa y veré nuestros gatos llorar tu ausencia y la casa decir que aún tiene un vacío. ¿Quién me enseñará a bailar ahora? ¿Quién hará el delicioso desayuno? ¿Quién calmará mis nervios? ¿Quién me hará reír? ¿Quién me amará tanto como tú?

—Draco, tú, mi Beatriz, porque desde el primer día te vi supe que el amor estaba destinado a nosotros. Mi alma encontró el amor con tu mirada, y trajo la felicidad y la paz, pero hoy mi vida acabará en la perdición sin tu luz.

—Sí, sé que dejarte ir, es lo mejor. Me quema pensar en ello. Solo sé que mi amor por ti perdurará hasta la muerte.