Prólogo
El tiempo transcurre sin prisa en el patio trasero de los Potter, para todos menos para Draco. Hace más de una hora que tiene las piernas cruzadas y se ha bebido al menos seis momosas. ¡Merlín! Como si pocas cosas le aquejaran en la vida…
¿Qué diría Lucius si pudiera verlo por un agujero durante al menos un segundo?
«¡Hugo! ¡Hugo! ¡No, no toques eso!»
Hermione detiene abruptamente su monólogo sobre los artilugios confiscados en la última redada del Ministerio y corre hacía el comedor de los Potter, justo a tiempo para evitar un desastre.
—No puedes jugar con esas botellas. —lo reprende. —Si se rompen puedes hacerte daño. Mírame, Hugo, ¿lo has entendido?
El niño asiente ante la mirada acusadora de Ginny, que lleva de la mano a Ron donde nadie pueda verles.
—¿Se puede saber qué estás haciendo?
—¡No empieces otra vez! —susurra.
—¿No crees que Hermione tiene suficiente con lo que está pasando?
—¿Crees que no me preocupo por ella? ¿Crees que no me preocupo por Hugo o Rose? ¡Los que no se preocupan en lo más mínimo de nada son ustedes! ¿Cuánto más vamos a pretender que Malfoy no es uno de ellos? Invitándolo a tu propia casa… Merlín, Ginny, ¿¡qué demonios están pensando todos!?
—¡He enviudado, Ronald! ¡No hace falta que nadie te diga lo difícil que es criar a un niño! ¿Crees que es fácil hacerlo solo? ¡Hermione y tú incluso han tenido la ayuda de mamá!
—¡Hermione es la ministra de magia! ¿Crees que llega a casa todos los días y cenamos los cuatro como hacen tú y Harry? Ginny, la última vez que supe, los Malfoy seguían siendo obscenamente rico. Si lo que necesita es que alguien le de una mano con Scorpius, que contrate una institutriz.
Ginny le apuntó con el dedo índice, oprimiéndole el pecho:
—Tienes suerte de que siga contigo, mucha suerte, Ronald.
…
Hermione recorrió las sábanas y se recostó junto a Ron, que la acunó en su pecho. Con la mano libre enroscó sus rizos en sus dedos, y cerró los ojos.
—Ginny cree que no te quiero. -dijo-Y si Ginny lo cree, probablemente Harry también. Hermione, sabes que te quiero. ¿Lo sabes, verdad?
—Lo sé. Es difícil seguir este ritmo de vida. Ser la ministra de magia es agotador. -confiesa- Pero si no lo hago bien, entonces no habría ni una sola cosa en la que no estuviera fallando. Casi no veo a Hugo, y Rose resiente mi ausencia, como tú.
Otra vez se quedan en silencio.
En el fondo se escucha el reloj que Molly les regaló el día de su boda; está colgado sobre la cama, justo en medio de los doseles. También se escucha la lluvia sobre el tejado y, ocasionalmente, algunos truenos.
—Nunca he cuestionado lo que haces por Rose y Hugo, Hermione. Rose ni siquiera puede esperar a crecer y convertirse en una maga famosa como tú. Yo francamente espero que se conforme con algo que no ponga su vida en constante peligro, pero ya sabes como es. Se moriría si tuviera que pasar el resto de su vida administrando la tienda.
Comparten una risa discreta.
—Ron —levanta la cabeza para verlo mejor—, sé que no puedo pedirte que perdones a Draco por todas las cosas que te ha hecho.
—No son las cosas que me ha hecho a mi las que no puedo perdonar.
—La muerte de Astoria ha sido muy difícil para él y Scorpius. No habría aceptado nuestra ayuda si no la necesitara. No puedo darle la espalda… Si no quieres verlo como algo personal, piensa que su ayuda ha sido muy valiosa para el Ministerio.
Ron resopla. Aparta la mano de los cabellos de Hermione y se acaricia frente, impaciente. Mientras lo hace, descubre que no lleva la bata de siempre, pero está demasiado enojado como para hacer o decir nada.
Merlín, ¿por qué le cuesta tanto controlarse?
—Ginny puede seguir ayudándote. -responde finalmente, y se da la media vuelta, despacio para no hacerle daño. —Descansa, Hermione. Mañana te espera un día complicado. Buenas noches.
…
El flas de las cámaras la ciegan durante un instante, pero no le roban la calma en lo absoluto. Se acomoda el traje y apoya las manos sobre el podio, inclinando el micrófono para que este un poco más cerca de sus labios.
-Por favor, tomen asiento. -pide amablemente.
Ginny y Harry la observan desde el fondo del salón. Draco está sentado en la segunda fila, junto a un reportero de El Profeta que repasa una batería de preguntas.
—Como ya saben, hace algunos meses el Ministerio confirmó un avistamiento de la marca tenebrosa por primera vez desde la desaparición de Lord Voldemort. Sin reportes de fuga de Azkaban, no podemos hacer otra cosa que asumir que se trata de un nuevo grupo de radicales de la magia. A día de hoy, hemos recuperado algunos objetos prohibidos, entre ellos un giratiempo. También se han hecho cuatro aprehensiones. Ningún sospechoso ha hablado hasta el momento.
Toma un sorbo de agua y continúa.
—El Ministerio ha reforzado la vigilancia en varios puntos, no solo en nuestro mundo, sino también en el Londres muggle, desde donde también se pudo observar la marca tenebrosa. La jornada de desmemorización fue exitosa. Al menos tres muggle afirmaron haber visto a una mujer sospechosa esa noche. Un retrato hablado fue publicado en varios diarios, incluido El Profeta. Hasta el momento, es todo. Muchas gracias.
«Señora Ministra, muchos brujos y magos se preguntan si es realmente necesaria la cooperación de antiguos mortífagos en esta investigación. ¿Qué tiene que decir al respecto?»
