Era un plan loco, tonto e idiota.
Y Marinette estaba completamente avergonzada de admitir que fue suyo.
—No puedo creer que estemos haciendo esto —dijo Mylène, mientras metía otro vestido dentro de su equipaje.
—Yo tampoco -estuvo de acuerdo Marinette—. Me podrían mandar a la horca por hacerme pasar por tí.
—No te van a descubrir —aseguró Mylène, aunque el nerviosismo en su rostro demostraba que tenía menos confianza en sus palabras de lo que parecía—. Eres la chica más afortunada que conozco. Como un amuleto de la suerte andante.
-Con mi suerte, el príncipe terminará eligiéndome a mí -se burló Marinette, incrédula.
—Sin ofender, Marinette —comentó Mylène con una media sonrisa-, pero ni siquiera toda la suerte del mundo puede arreglar el hecho de que eres una completa torpe.
—¡Ey! —Marinette le dirigió un puchero exagerado—. Me ofendes.
Mylène emitió una risita, antes de batallar contra su maleta, en su vano intento de cerrarla.
—Aquí —dijo Marinette, subiéndose a la cama para así sentarse sobre el contenido del equipaje, permitiéndole a Mylène cerrarlo de una vez, con un suspiro de alivio.
—Gracias.
—Desde luego. Espero que hayas empacado todo lo que necesitabas.
—Todo lo que quería, básicamente —corrigió Mylène—. Iván prometió consentirme una vez que estemos casados.
Con una sonrisa burlona, Marinette sacudió lentamente su cabeza.
—Apenas puedo creer que la tímida Lady Bug-
—¡No soy tímida! —exclamó.
—Y yo no soy torpe.
Mylène no podía seguir molesta por más tiempo.
—Está bien. Mi desmayo cuando vi a Iván por primera vez en una fiesta (una en la que se suponía que no debía estar, te recuerdo; puedo ser atrevida cuando lo deseo) no fue mi mejor momento. Pero fue lo que nos unió.
—Eso, y el hecho de que ninguna otra chica quiso acercarse, ni mucho menos cortejar, al intimidante Lord Stoneheart.
Mylène jadeó.
—El nombre no va con él. No es más que un blandito.
—Creo que solamente tú podrías haberlo descubierto. Todavía no puedo creer que escribe canciones para tí. Tampoco nadie más lo creería.
La sonrisa de Mylène era más bien un estremecimiento.
—No le cuentes que dije esto, pero aunque tiene un don para escribir canciones, para cantarlas no.
Las chicas estallaron en risitas, rememorando la última vez que Iván había "cantado" sus versos a Mylène.
—Todos los sirvientes al alcance del oído vinieron corriendo, preguntándose por qué estaba gritando —Marinette se carcajeó, recordando que ella había sido una de ellos.
—Pero las letras eran dulces —Mylène lo defendió entre risitas—. Aún a pesar de que apenas pude darme cuenta mientras las estaba gritando.
Las chicas compartieron otra ronda de risas.
—Todavía no puedo creer que me pidió casarme con él —dijo Mylène, con voz soñadora.
—Yo sí —aseguró Marinette—. Él te mira como si fueras la única mujer en la Tierra.
—No es cierto —Mylène contrarrestó, sin demasiada convicción.
—Bueno, entonces, como si tú fueras la única que importa —corrigió Marinette-. Lo que no puedo creer es que tu padre haya dicho que no, cuando le pidió tu mano.
La expresión de Mylène decayó.
—Pienso que fue así, sólo porque el príncipe había mandado sus invitaciones, justo antes de eso.
—Invitaciones —escupió Marinette, mofándose—. Como si hubiera una opción. Se exigía que fueras al castillo y participaras de esta estúpida tradición. Por otro lado, era el rey quien lo requería, no el príncipe. Piénsalo bien: mujeres de todo el reino, compitiendo para ser el regalo de cumpleaños del Príncipe. —Marinette arrugó la nariz con disgusto.
—Lo sé. Es insultante, de verdad —asintió Mylène—. Pero no te preocupes. Estoy segura de que todo estará bien para tí.
—Eso espero —dijo Marinette—. Porque no somos exactamente parecidas.
—Como ya te lo había dicho, nadie me ha visto, al menos no en la capital —aseguró Mylène—. Tengo diecisiete años y todavía no he sido presentada apropiadamente. Sabes que lo conocí a Iván gracias a un encuentro casual. La gente sólo conoce la apariencia de mi padre, y nadie pensaría dos veces que tú eres su hija.
—Ciertamente espero que sí, o esto nunca va a funcionar.
—Fue tu idea.
—¡Era una broma! —exclamó Marinette— No creí que pensarías seguir adelante con esto, de verdad.
—Pero era un buen plan.
—Tienes suerte de que te adore como amiga, o de lo contrario te habría convencido de no hacerlo. —Marinette frunció el ceño.
—¿Gracias? —Mylène se encogió de hombros, avergonzada.
—De nada. —Marinette sólo pudo mantener el ceño fruncido un momento más, antes de transformarlo en una sonrisa.
Esa noche, Iván pasó a recoger a su novia. Su carruaje era pequeño y, lo más importante, silencioso. Le habían ordenado que no apareciera al frente de la casa, sino que se escondiera un poco más adelante. Marinette se sintió mal por los dos sirvientes que tuvieron que transportar el pesado baúl de Mylène durante la noche, hacia el carruaje que estaba esperando. Sin embargo, ambos les aseguraron que un único baúl era mucho mejor que varios más pequeños.
Cuando ellos se encontraron con Iván, éste les ordenó a sus propios sirvientes que tomaran el baúl y lo colocaran en el carruaje. Marinette observaba con una sonrisa cómo Iván recibía a Mylène, abrazándola con fuerza y depositando un tierno beso en su cabello.
Marinette sintió su corazón palpitar ante la dulce imagen. Iván, aunque torpe y callado y aparentemente haciendo honor a su nombre como Lord Stoneheart, se convertía en un gigante amable en el momento en que Mylène estaba cerca. Él sería un buen esposo para ella.
Pronto, ambos salieron de su pequeño mundo, y se voltearon hacia Marinette.
—Gracias, de nuevo —dijo Mylène, tendiendo las manos para tomar las de Marinette con fuerza—. No puedo decirlo lo suficiente. Gracias por hacer ésto por mi.
Marinette le dio un apretón a sus manos.
—No puedes correr el riesgo de que el príncipe te escoja, y tampoco creo que puedas soportar estar lejos de Iván tanto tiempo. No te preocupes; estaré bien.
En un instante, Mylène arrastró a Marinette hacia un abrazo.
—Sé que lo estarás. Gracias, amiga mía.
Le tomó un momento a Marinette recuperarse y devolver el abrazo de su amiga.
—De nada.
Con un último apretón, Mylène se apartó. Ivan se acercó rápidamente, tomando las manos de Marinette entre las suyas.
—Yo tampoco puedo agradecerte lo suficiente —dijo él—. Por todo lo que has hecho por nosotros durante nuestro cortejo y por lo que estás haciendo ahora. Cuidaré bien de Mylène, lo prometo.
—Sé que lo harás, Iván —aseguró—. Es la única razón por la que estoy haciendo ésto.
La sonrisa de Iván se iluminó.
—Después de que toda esta competencia por el príncipe acabe —comenzó él—, y te permitan regresar a casa, ven a Stonebreak Hall. Puedes volver a tu puesto como doncella de Mylène.
Detrás de Iván, Marinette pudo ver a Mylène asintiendo con la cabeza frenéticamente, de una forma que parecía más una súplica que una muestra de conformidad. Marinette sonrió.
—Gracias. Me aseguraré de hacerlo tan pronto como me liberen. Estoy ansiosa por volver a ver a Mylène, y estaré encantada de conocer Stonebreak Hall.
La sonrisa de Iván se ensanchó, mientras se inclinaba sobre sus manos.
—Estaremos siempre en deuda contigo, Marinette. Te deseo la mejor de las suertes.
—Bueno, Lady Bug no me llama "amuleto de la suerte" por nada —Marinette sonrió burlonamente.
Iván se rió entre dientes.
—Ahora, ustedes dos deben irse.
—Tienes razón —dijo Iván—. Ven mañana, tendremos un ceremonia privada en la iglesia. La boda que planeamos no podrá ser celebrada hasta que termine la ridícula competencia del príncipe por una novia y "Lady Bug" haya sido liberada.
Marinette sonrió ampliamente.
—El mes habrá acabado antes de que se den cuenta. Ahora, ¡váyanse!
—Gracias, de nuevo —dijo Iván, liberando las manos de Marinette para tomar las de Mylène.
—Sí —Mylène lo secundó—. Gracias, Marinette.
Marinette volvió a sonreír.
—De nada, amiga mía.
Era extremadamente estresante, más de lo que Marinette había pensado. Aunque Lord Bug se había ido hace dos días por negocios, aún tenía miedo de ser atrapada.
Esperaba que sus padres no se enfadaran. Había dejado una nota dirigida a ellos, diciendo que estaba con Mylène y perfectamente a salvo, y asegurándoles que no tenían que preocuparse por ella. Ella sabía que lo harían de todos modos, así que les explicó brevemente, con la advertencia de mantenerlo en secreto tanto como pudieran, y que por favor no se preocupen por ella.
—Ya no hay marcha atrás. —Marinette murmuró para sí misma, mientras observaba cómo la mansión en la que había servido durante años se encogía lentamente. Si bien el punto de no retorno estaba realmente detrás de ella, tenía que recordarse a sí misma que esto estaba sucediendo, le gustara o no.
Mylène había sido tan bondadosa con ella, dándole el entrenamiento suficiente para que Marinette pasara con suerte su estadía en el castillo.
—Y si no estás convencida —había dicho Mylène—, asegúrate de observar a las otras damas y copiar lo que ellas hacen. Y debes recordar: tú eres igual a ellas, no su sirvienta. Ellas no pueden decirte qué hacer.
Era un consejo útil. Sin embargo, carecía de sentido si Marinette era la única "Lady" cerca. Como, por ejemplo, en ese preciso momento, mientras arribaban al castillo después de varios días de viaje. Su corazón latía salvajemente al observar la vista que se alzaba frente a ella. Ciertamente ya no había vuelta atrás. Estaba metida de lleno.
—¡Lady Bug ha llegado! —gritó alguien, justo antes de que uno de los sirvientes que Mylène había sobornado le abriera la puerta del carruaje.
Le dio las gracias silenciosamente antes de salir del carruaje, lo que le permitió ver mejor el castillo. Hizo todo lo posible para no quedarse boquiabierta, pero honestamente, nunca antes había visto una edificación tan enorme e imponente. Nunca se había sentido tan pequeña.
Sin embargo, ella forzó sus hombros hacia atrás y mantuvo su cabeza en alto. Hasta donde todos sabían allí, ella era una lady, y por lo tanto, actuaría como una. Ignoró a los sirvientes detrás de ella llevándose su equipaje y siguió a más sirvientes hacia el interior del castillo.
Intentó no mostrar demasiado interés en los diseños arquitectónicos del castillo. No obstante, estaba segura de que había fallado. Era impresionante. No sólo eran los altos techos y las paredes ornamentadas, sino también las esculturas, pinturas y tapices... todos los colores y detalles para ver...
Era abrumador.
—Estoy seguro de que después del viaje que ha tenido, Lady Bug, estará bastante exhausta —dijo uno de los sirvientes.
—Oh. —Salió rápidamente de sus pensamientos—. Sí, bastante —admitió.
—Entonces permítanos mostrarle su habitación. Podemos posponer el recorrido para después de que haya descansado.
Marinette casi contestó que no estaba lo suficientemente cansada y que le encantaría un paseo por el castillo, pero no se sintió segura de hacerlo.
—Gracias.
—¿No tiene usted una doncella? —preguntó el hombre.
Aquello se sintió como una roca hundiéndose en su estómago.
—De-desafortunadamente, no —dijo Marinette, esperando que su voz se escuchara firme mientras inventaba una historia—. Mi doncella ha renunciado recientemente, por lo que me he quedado sin ella.
—Entonces se le proporcionará una —añadió el sirviente, deteniéndose frente a una habitación. Con una reverencia, señaló hacia ella—. Este será su cuarto, Lady Bug.
—Gracias. —Ella apenas resistió el hábito de hacer reverencias y en su lugar entró en la habitación para ocultar su vergüenza. Sin embargo, esa vergüenza duró sólo un segundo, mientras admiraba la habitación de huéspedes. Era tan grande como la de Mylène, con una cama en apariencia igual de amplia y confortable.
—¿Es de su completo agrado? —el sirviente preguntó, luego de un momento de silencio.
—Oh. —dijo Marinette, volviéndose a él—. Sí, bastante. Gracias. —¿Cómo podría no serlo? Era absolutamente impresionante.
El hombre le dirigió una sonrisa y luego una reverencia.
—Entonces la dejaremos descansar. Conseguiré de inmediato una doncella para servirla. ¿Se la envío sin demora?
—No es necesario —aseguró Marinette—, pero gracias.
—Muy bien, entonces. —Con eso, el hombre se fue, cerrando la puerta detrás de él; lo que le permitió a Marinette la privacidad de chillar y curiosear la habitación en la que estaba.
Todo era en tonos de rojo: desde la sábana sobre la cama, las cortinas que cubrían los enormes ventanales, las almohadas en la sala y las flores que decoraban el cuarto. Marinette ahora estaba completamente despierta, mientras examinaba todo. No se le escapó ningún detalle: desde la tela estampada en el salón a la alfombra bajo sus pies.
Repentinamente, la sacudió el pensamiento de que esa era una habitación de huéspedes. Para invitados.
Ella sólo podía imaginar las habitaciones que tendría la familia real.
Tenía que ver el resto del castillo. La curiosidad ardía dentro de ella, y no estaría satisfecha hasta que explorara el lugar.
Con una risita entusiasmada, se escapó de su habitación y comenzó por el corredor, examinando todo: desde las cortinas hasta las pinturas en las intrincadamente decoradas paredes. Ella jadeaba y miraba fijamente todo. Nunca en su vida había visto algo tan fino. La mansión donde había crecido era un lugar que alguna vez consideró lujoso, pero comparada con el castillo, era sencilla. Nunca en su vida Marinette hubiera imaginado que pensaría algo así, pero estaba impactada por lo cierto que era, particularmente mientras caminaba por los pasillos del castillo, donde la belleza goteaba de cada esquina.
En retrospectiva, Marinette debería haber evitado que su cabeza también escapara con ella. Eso habría impedido que se topara con alguien. El susto y la prisa por retroceder, hicieron que tropezara con su vestido, escuchando que algo se rasgaba mientras caía al suelo.
—¡Lo siento mucho! —chilló.
Cualquier otra palabra murió en su lengua en el momento en que divisó a la persona con la que se cruzó. Él llevaba una máscara sobre sus ojos, lo que Marinette encontró sumamente extraño. No obstante, alcanzó a ver el emblema verde y violeta en su uniforme negro, y se dio cuenta de que debía tratarse de un guardia.
—No pasa nada. —El hombre de negro se rió entre dientes, antes de tenderle una mano hacia abajo, para ayudarla.
—Discúlpame —dijo ella, su corazón latiendo nerviosamente. Se obligó a tragar, a pesar de que sentía su boca muy seca—. Debería haber mirado por dónde iba y entonces no me habría topado contigo, lo lamento mucho. —Y ahí fue cuando su estómago se hundió en el suelo y el aire abandonó sus pulmones, al observar detrás de él a varios hombres más, todos vestidos de la misma manera—. L-lo siento, ¿interrumpí algo?
Con una amplia sonrisa, él agitó la cabeza mientras tomaba la mano que ella extendía con timidez y la ayudaba a levantarse.
—No. Sólo estábamos teniendo una pequeña reunión, estamos a punto de dispersarnos.
—Oh. —Fue todo lo que ella pudo decir. Se quedó contemplándolo por más tiempo del necesario, antes de mirar hacia su mano y darse cuenta de que él nunca la había soltado. Sus mejillas se calentaron mientras apartaba sus manos y daba un paso atrás, sólo para pisar el borde rasgado de su falda que casi la hizo tropezar de nuevo.
Él alargó la mano, listo para atraparla, pero al ver que ella se mantenía estable, sonrió y se relajó.
—Tal vez debería escoltarla, así no tiene algún otro incidente, milady.
Todo, desde su pecho hasta las mejillas, quemaban por el repentino calor.
—¡No! Quiero decir, no. No es necesario. Discúlpame por haberte importunado.
—No te preocupes —aseguró él rápidamente—. Como dije, nosotros estábamos a punto de dispersarnos. Estoy seguro que eres nueva aquí, porque ya he visto a todas las otras damas, y sin embargo no te recuerdo.
—Acabo de llegar hoy —admitió ella.
—Eso lo explicaría —dijo el hombre con una sonrisa—. ¿Cuál es tu nombre?
—Soy Mar... —se interrumpió—, digo, Lady Bug.
—Ah —dijo él con un gesto, su sonrisa creciendo con regocijo—. Bien, entonces, Ladybug, a mí me conocen como Chat Noir. Un placer conocerte.
Por encima de su hombro, Marinette observó a otro hombre enmascarado girando su cabeza con exasperación antes de marcharse, llevándose al resto de los hombres con él. Marinette se sentía un poco incómoda al estar a solas con él, pero se trataba de un guardia al servicio del rey. Seguramente, era respetable.
—¿Has visto ya el castillo? -preguntó él.
Ella sacudió su cabeza.
—En ese caso —él dijo, sonriendo radiantemente—. Permíteme que te lo muestre.
—No tienes que hacerlo. Estoy segura de que estás bastante ocupado.
—Tonterías —aseguró él, extendiéndole el codo para que ella lo tomara—. Permíteme mostrarte el lugar. Parecía que estabas disfrutando el recorrido, así que tal vez pueda enriquecer tu paseo con historias acerca de las obras de arte y arquitectura.
Ella tragó saliva, tratando de sonreír sin que pareciera forzado.
—El castillo es verdaderamente extravagante. Quizás me dejé llevar un poco por mi admiración —dijo ella despacio, volviendo a avergonzarse.
Él le sonrió con orgullo.
—Entonces debería definitivamente encargarme de mostrarte el lugar. No querríamos que la encantadora Ladybug se perdiera, ¿verdad?
Marinette simplemente sacudió su cabeza, mientras Chat Noir tomaba su mano y la envolvía sobre su propio codo.
—Muy bien. —Sus ojos parecían destellar detrás de la máscara—. Entonces, comencemos con el recorrido.
Hola a todos! Y bienvenidos a esta historia, escrita originariamente por ChocoluckChipz y TheNovelArtist, en AO3. Ellas amablemente me dieron el permiso de traducirla, y espero estar haciéndolo bien :)
Para aquellos que prefieran leerla en inglés, aquí les dejo el enlace: /works/22034227/chapters/52585828
Un beso!
