Llegué casi corriendo al aula de comercial. Hoy era la primera clase y había tenido una audiencia impostergable, estaba llegando tarde y no sabía nada de mi marido ni de mi cuñado.
-aula 59- murmuré abriendo la puerta. Algunos se giraron a verme- comercial no?-pregunté.
-si-respondió una muchacha morena.
-mmm… Creo que llegué un poco antes-dije mas para mi que para los alumnos antes de salir. Marqué a mi esposo
-hola amor-respondió. Se oía agitado
-hola Ed, dónde están?-pregunté recargándome en una de las paredes mas lejanas al aula 59
-no tengo idea!-exclamó exasperado-el geniecillo de jasper nos hizo tomar el único ascensor que no llega al piso 3, bajamos en el dos y estamos intentando llegar al aula-
-ya Edward, no es para tanto-escuché la voz de mi cuñado
-si lo es, odio llegar tarde. Si ya tenía mi camino de siempre no se para que te hice caso en seguirte- murmuró
-ya te dije que yo hacía este camino con Ali cuando cursaba, no se porque no funcionó- respondió jasper
-ya amor, no pasa nada. Queres que entre o los espero?-pregunté
-espéranos-me gruño. Me carcajeé. Desde que me habían invitado a salir, confundiéndome con una estudiante, cuando entre sin ellos la primera vez que di clases tenía prohibido entrar sola.
-de acuerdo, enojado te vez sexy pero no los asustes el primer día-pedí
-intentaré-respondió antes de colgar. Suspiré divertida.
Mi marido, Edward Cullen, era juez de la nación y titular de catedra en la facultad en la que dábamos clases de comercial, mi cuñado jasper Withlook era abogado especialista en comercial y psicólogo, solo ejercía psicología y daba clases de comercial como primer adjunto y yo era abogada tambien especializada en comercial y segunda adjunta.
Edward no podía evitar la postura autoritaria y dominante que imponía a todos donde iba, esa misma actitud había sido casi magnética para mí cuando solicité el puesto de ayudante de catedra hace ya 8 años, estaba casada con el hace 3 luego de poco mas de un año de novios. Era el día de hoy que seguía asombrándome lo autoritario e imponente que podía ser por fuera de casa y lo apasionado, dulce y vulnerable que se dejaba ver en sus ámbitos seguros. Había sido extraño para mí el primer tiempo cuando empecé a pasar tiempo con el fuera de la facultad, pero tenía sentido, siendo juez de la nación no podía mostrar debilidades, no sería al primer juez que amenazaran, afortunadamente no habíamos tenido esa experiencia, pero siendo Edward tan intachable y autoritario solo era cuestión de tiempo a que le dieran algún caso problemático.
Sacudí la cabeza despejándome y reí al verlos llegar a toda prisa. Edward se acercó a mi y me besó poniendo la mano en mi cintura con esos besos cortos pero tan, tan intensos.
-hola-susurré
-hola-sonrió besándome la nariz. Amaba su sonrisa.
-no soy invisible-habló jasper. Reí ruborizada y lo saludé tambien.
-entremos-pidió Edward soltándome. Entramos los tres al aula dejándome entrar primera.
-buenos días clase-saludó jasper. Hacía ya varios años estábamos los tres frente al curso y siempre nos presentábamos de igual modo. Jasper hablaba, era quien mas paciencia tenía y a pesar de ser muy callado cuando se trataba del derecho comercial o la psicología se explayaba a su gusto, Edward y yo lo dejábamos hacer.
-buenos días-respondieron
-lamentamos la tardanza, venimos desde san isidro y nos tomamos el único ascensor que no llega al tercer piso-se disculpó dando una mirada rápida a Edward. Mi marido se acomodó el saco ignorándolo. Sus hermanos, Emmett y Alice, así como sus cuñados Jasper y Rose Halle y por supuesto también yo intentábamos siempre que se soltara más en las clases. Era un hombre realmente muy inteligente y de mucha sabiduría y experiencia, y a pesar de hacer todo lo que estuviera en sus manos para transmitir a sus alumnos no terminaba de sentirse cómodo.
- les presento al Dr. y juez de la nación Edward Cullen, es el titular de catedra, con el van a tener una clase a la semana, conmigo otra, por cierto mi nombre es jasper Withlook y la Dra. es Isabella Swan, la jefa de trabajos prácticos. Sacando el inconveniente de hoy todos intentamos estar aquí puntuales, si por alguna razón no estamos espérenos. Siempre venimos-aclaró- y tomamos lista en los primeros 20 minutos de la cursada-explicó yo prefería usar mi apellido de soltera para evitar habladurías.
-en mi caso particular-tomó Edward la palabra-voy a estar llegando de 10 a 15 minutos después de la hora, pero espérenme porque llego-aseguró.
-bueno, vamos a intentar hablar solo hoy la parte administrativa del curso-dijo jasper-aunque sabemos que no es así- comenzó a explicar las modalidades y nuestra forma de trabajar. Desconecté. Cada año era lo mismo.
Miré a Edward acomodarse el pulcro saco. Tenía un traje azul marino, camisa blanca perfectamente planchada y corbata roja con líneas grises perpendiculares, era su corbata favorita. Cada corbata nueva que tenía antes de usarla, la estrenábamos en la cama. Esa había sido la primera en usarse este año, en año nuevo me vendó los ojos con ella.
Edward tenía ese tipo de gestos o mañas, como quitarse cada inexistente pelusa del saco, planchar perfectamente cada camisa que usaba, nunca usar una cortaba que no hubiera pasado por mi piel y bajo ninguna circunstancia mostrar duda o debilidad frente a nadie, ni siquiera sus propios alumnos. Toda ese extremo cuidado en lo que proyectaba se veía reflejado en cada uno de sus movimientos, se movía constantemente el pelo con nerviosismo, se acomodaba el cinturón y se apretaba el puente de la nariz con el índice y pulgar cuando más nervioso o tensionado estaba.
Se acomodó el nudo de la corbata y dejé de mirarlo paseando la mirada por el salón, me había recordado exactamente como se sentía ese nudo en las muñecas cuando decidía atarme a la cama. Volvía la realidad cuando escuché su voz
-voy a intentar dentro de lo posible traer algunos expedientes para que puedan empezar a relacionarse con la realidad aquellos que nunca han procurado- dijo
-aprovechen que tienen un juez de la nación y una Dra. con mucha calle-dijo señalándome jasper-para empezar a relacionarse con la realidad, aprovéchenos- continuó hablando y volví a desconectar. Encontré a Edward mirándome con esa intensa mirada verde. Se acercó a mirar por la ventana a mi lado casi sobre mi hombro
-todo bien?-susurró solo para mi.
-si, vos?-pregunté. Se alejó de la ventana para verme a los ojos, bajó su mirada a mis labios y volvió a subirla a mis ojos antes de alejarse de mí y volver a su posición inicial al costado del escritorio con las manos en las caderas. Sentí mi sexo humedecerse con lo que su mirada implicó. Su postura autoritaria siempre me había excitado, él sabía lo que me provocaba que bajara la guardia solo para mí. Me regalaba eso solo a mí.
-bueno, eso sería todo por hoy. Espero que hayan quedado las cosas claras, de no ser así igualmente tienen el mail de la catedra por cualquier cosa, el miércoles viene el Dr.-avisó jasper- alguno quiere agregar algo más?-nos preguntó. Negué sin sentirme capaz de hablar.
-no jasper, esta todo muy bien- aseguró. Asintió intercalando la mirada entre ambos, de seguro ya lo había notado.
-muy bien entonces, vallan leyendo el articulo que les dije del Dr. Caivano que está en la página y que tengan muy buena cursada, nos vemos la próxima- se despidió jasper. Los alumnos empezaron a irse hasta quedar el aula totalmente vacía. -tres años de casados y aun hacen que toda el aula explote de lujuria-murmuró molesto
-no es culpa nuestra que no hayas querido dar clases con Alice en la facultad de psicología jazz-sonrió Edward pasándome una mano por la cintura e inclinándose sobre mí para darme otro de esos besos intensos y fugaces. Aun no entendía como hacía para prender fuego mis labios con un simple rose que desde fuera podía verse muy inocente pero que no lo era para nada entre nosotros. Quizás era que luego de tantos años sabíamos exactamente que quería decir el otro con cada gesto por muy mínimo que fuera.
-quería enseñar derecho-se encogió de hombros. A jazz le habían ofrecido junto a su esposa desde hace 4 meses ser ambos ayudantes pero el había rechazado. De eso había pasado ya más de un año y debía dejar de dar en abogacía para ello y no lo aceptó.
-entonces silencio, yo tengo a mi mujer aquí-sonrió llevando una de sus manos hasta donde la espalda pierde su nombre y apretando allí. Lo miré mal. Sonrió dándome un dulce beso-te extrañé hoy-se justifico. Rodé los ojos y besé sus labios
-vamos a firmar?-preguntó jazz interrumpiendo nuestro momento
-sí, ve-murmuró Edward sin soltar mi mirada.
-bien, nos vemos-dijo tomando sus cosas antes de irse
-no podemos, no el primer día-murmuré
-es de lo mejor- sonrió acercándose a mí hasta dejarme sentir su erección en el bajo vientre.
-tenemos casa-respondí.
-por supuesto, para después- sonrió tomando mis cosas junto a las suyas. Me tomó de la mano y nos llevó al departamento de comercial.
-no, aquí no. Estás loco-aseguré quedándome fuera mientras el pasaba dentro. Sonrió dejando nuestras cosas allí y salió de nuevo tomándome de la mano.
-para hoy tengo otra idea-sonrió de forma sexy dirigiéndonos al asesor.
-aquí hay cámaras-protesté. Se carcajeó besándome de forma intensa y apretándome contra su cuerpo enterrándose en mi vientre.
-quiero el baño de postgrado-susurró contra mis labios
-allí?-pregunté
-si, allí. Es el mas limpio y menos transitado de la facultad. Y cumple con mi fantasía de hoy-sonrió
-debe ser el único lugar que todavía no tiene algún suceso nuestro-dije pasando mis brazos por detrás de su cuello
-eso es un si?-preguntó sonriendo
-por supuesto-sonreí besando sus labios y mordisqueando su inferior me giró para salir cuando el timbre del ascensor aviso la llegada al piso de postgrado
-ya voy a encontrar el modo de hacértelo en algún pasillo abierto-prometió en mi oído empujándome hacia fuera
-eso es imposible-reí acariciando sus manos
-no creo en lo imposible, hagámoslo posible. Como siempre. Como todo lo que hemos hecho- murmuró
-solo es ese ámbito?-curioseé
-no, como en cada ámbito en que hemos estado, mucho más en cada ámbito que hemos estado JUNTOS-aclaró. Me giré sonriéndole antes de entrar al baño de mujeres, me aseguré que no hubiera nadie antes de tomarlo de la mano para entrar.
Me giró de la cintura besándome profundamente mientras me empujaba dentro de uno de los cubículos y cerró la puerta
-como me calientan estas faltas que usas-murmuró alzándome de la cintura. Le rodeé la cintura con las piernas y me sentí atrapada entre su cuerpo y la pared. Llevó mi falda hasta mi cadera arremetiendo contra mí mientras mordisqueaba mi cuello
-son prácticas-suspiré soltándole la corbata y abriéndole algunos botones. Me abrí tambien los botones de mi camisa y se quitó la corbata antes de ponérmela a mí.
-esta noche te quiero atada a la cama-murmuró bajando las copas de mi sostén lamiendo y mordisqueando mis pezones.
-todavía no empezamos esta y pensás en la próxima- reí ahogada.
-jamás tengo suficiente contigo- murmuró viéndome a los ojos
-me alegra de que así sea, tampoco tengo suficiente de ti-murmuré desabrochando sus pantalones. Se bajó el bóxer lo suficiente para sacar su miembro.
Introdujo su mano en mi braga acariciando mi punto de nervios. Lo besé con fuerza acallando mis gemidos. En momentos así solíamos dejar los preliminares de lado, por muy excitados que estuviéramos sabíamos que nos podía descubrir en cualquier momento. Arrancó mis bragas silenciándome con sus labios antes de introducirse de una fuerte y profunda estocada en mi cuerpo.
-de verdad te extrañé hoy, no voy a aguantar demasiado-dijo contra mis labios.
-tampoco yo, también te extrañé-murmuré
-tócate para mi bebé- susurró. Mordiéndome el labio para evitar gritar. Acaricié de forma circular mi clítoris mientras Edward aumentaba la rapidez y profundidad de cada estocada.
-me… dios, casi. No doy más-gemí contra sus labios. Me sonrió succionando mi cuello mientras sentía el inicio de mi orgasmo aproximarse y todos mis músculos tensarse en anticipación.
-dios bebé, ya te siento. Me vas a llevar a la locura-confesó.
-mas-fue lo único que pude decir. Busqué desesperada sus labios acallando mis gemidos y los suyos propios en el momento en que mi orgasmo me arrasó con el siguiéndome segundos después.
-sabes que es lo mejor de esto?-preguntó cuándo su orgasmo lo dejó hablar
-qué?-pregunté acariciando su nuca
-que es el primer día tan solo, aún tenemos todo el año dentro de este edificio-sonrió con su sonrisa torcida
-nos vamos a quedar sin lugares nuevos- hice un puchero.
-no hasta no hacerte el amor en casa aula, baño, departamento y oficina de este edificio- negó
-amor… son 7 pisos, cientos de aulas, baños, departamentos y oficinas-reí
-bien, entonces hicimos bien en empezar hoy, ese es mi propósito de inicio de cursada- me sonrió
-juez cullen, necesitamos comprarle más corbatas-le sonreí.
-tengo una sin estrenar en mi maletín señora Cullen- me sonrió.
-bájame entonces! Quiero ir a casa- pedí. Rio bajándome y luego de arreglarnos la ropa y asegurarnos que no había nadie salimos y llamamos el ascensor.
-sabes de qué color es la de hoy?-preguntó abrazándome por la cintura ya dentro del elevador.
-qué color?-pregunté.
-azul eléctrico, muero por verla entre sus senos-susurró mordiendo mi hombro por sobre mi camisa. Este nuevo año lectivo prometía ser muy, muy placentero.
