2005
"Los chaperones no deberían existir" pensó Bella.
Sus padres la habían obligado a ir con ellos, por no dejarla sola en la casa, porque al parecer tener 14 años no era suficiente para que se cuidase sola. Su hermano estaba en si fiesta de graduación de la primaria, el nisiquiera disfrutaba bailar, de hecho era bastante introvertido, pero su mamá lo sorprendió llevándole un smoking. El no pudo decir que no.
Ella también fue a la misma primaria y había tenido una fiesta similar, solo que prefería no tenerla muy en cuenta, no le había divertido mucho. Su vestido era rosa, su peinado exagerado a comparación con sus compañeras y tacones pequeños para darle intención de que pronto sería una señorita.
Los niños de la reunión estaban dispersos en realidad. Unos conversaban, otros brincaban como loquitos, y otros solo estaban sentados en las gradas con cara de que ya se morían por ir. Edward descubrió que seguro, tenía la misma cara.
Se levantó y le dijo a su madre que necesitaba ir al baño, una excusa que jamás seria mala.
Aunque no le daban muchas ganas de andar por los pasillos donde se rumoraba que había sido un cementerio, era su única salida.
Los pisos lisos de color gris daban un aspecto triste al lugar, raro porque en todas las demás escuelas solían poner baldosas con colores opacos pero más vividos. No le agradaba mucho ese lugar, siempre había Sido muy callada, no tenía amigos casi y los que llegó a tener, parecía broma del destino, se habían mudado de la ciudad o perdido el contacto.
En ese mismo pasillo una vez una maestra la castigo porque su disfraz de adelita llevaba muchos collares, lo cual ahora que meditaba era bastante absurdo.
Escucho un ruido que parecía provenir de la dirección. Decidió ignorarlo y pasar ahí de todas formas. Nunca había sido muy creyente de esas cosas. La poca luz hacia que casi no se distinguiera el azul de las paredes y las puertas reflejaban un poco gracias al barnizado.
Entonces sintió algo que la tomaba del brazo y grito.
-¡Dios!
-Perdon, tranquila, no quería asustarte.
La chica respiro fuertemente para tranquilizarse y se puso una mano en el pecho. Reconoció la voz de un muchacho por el timbre.
Miró hacia abajo aún acompasando su respiración.
-Debiste hablarme mejor-volvio la cara hacia el mirando que estaban de frente.
Un segundo se paralizó, aunque no podía ver con total claridad podía notar sus facciones bajo la tenue luz. Le pareció apuesto, era alto, aunque claro ella se consideraba muy bajita.
Su piel era clara, no blanco pero algo muy similar.
-Yo-yo también no debí explorar sola- tartamudeo sintiéndose tonta.
-Pude no ser yo y algo peor- dijo el joven con rostro apacible.
Caminaron un poco y encontraron una banca muy cerca de metal.
-Tu...¿Que haces aquí?- pregunto curiosa.
El le sonrió levemente y eso le paró el corazón.
-Mi mamá es una de las maestras y me obligó a venir con ella para no estar sola, pero se quedó entretenida platicando con una compañera de la secundaria que se encontró y me empezó a ignorar.
-¡Vaya! Ahora tu esfuerzo será en vano.-Bromeo la castaña.
-Y ¿tú?
Frotó la banca con sus dedos inquietos y contesto:
-Mi hermano se gradúa hoy, mi mamá se ofreció de chaperona y, como no me quería dejar sola en la casa me hizo venir.
Rieron los dos por las situaciones. Un silencio incómodo se presentó, así que Bella decidió dejar un poco de lado los complejos.
-Bella- le estrecho la mano. Ahora se sentía como una señora al hacer eso.
El la tomo.
-Edward- contesto.
-Curioso nombre- puntualizó ya más relajada.
-Mi mamá solía leer novelas en inglés, creo que fue eso.
Tomo una bocada de aire.
-Curiosamente aunque ella trabaja aquí, yo nunca estudie aquí.
-Si, si fuera así te recordaría.
-Entonces tu si lo hiciste.
Bajo la cabeza un poco avergonzada, aunque no estaba muy segura de porque.
-Si, toda la primaria la hice aquí...pero, aunque fueras hijo de la maestra ¿nunca venías? Mmm, ¿como se llama?
-Esme Cullen - la observó.
-Ah ya, si, me dió clase en primero creo- frunció un poco el ceño.
Al Edward su expresión le había parecido tierna.
- Y si vine, pero muy poco frecuente, antes solía estar más con mi papa porque él solo trabajaba por las noches y en las tardes estaba conmigo. Mi mamá tenía doble turno.
Eso la dejó pensando un poco. A lo lejos aún podía escuchar un poco el estruendo de la fiesta. Se había puesto un vestido sencillo azul, que en algún momento dudo si era exagerado, pero ahora no le parecía tan mala idea.
-Te fuiste- dijo una voz.
Reaccionó abriendo un poco los ojos.
-Lo siento, mmm no soy muy buena hablando supongo.
-Vamos a explorar-propuso- de todas formas ya juntos no es tan peligroso.
Ella accedió asintiendo y se levantaron. Ahora ya viéndolo más fijamente el estaba de forma muy casual. Unos jeans y una camisa roja. Apesar de eso se veía muy lindo. Y no podía creer como apenas conociendolo ya opinaba eso.
Se escuchó una música muy tenue ahora, se miraron sospechando algo y casi en puntillas se acercaron a ver.
Estaba un conserje terminando de barrer la parte de las escaleras. Tenía puesta la radio a todo volumen y trapeaba con un carrito amarillo. El señor de unos 40 años, metió el trapeador al contenedor y lo exprimió, al parecer iba a comenzar a trapear todo.
Se escondieron tras una pared grande donde se encontraba la pizarra de anuncios.
-Si nos ve quizás nos regañe por husmear.-puntualizo Bella.
El se levantó los hombros quitando importancia. La música de hizo melodiosa, parecía una bachata pero lenta y suave.
La miro divertido.
-¿Te gustaría bailar?
Ella reaccionó sorprendida.
-Yo no se bailar muy...bien.-se apenó.
-Ni yo, no tengo ni la menor idea, pero por ti lo haría.
Eso la encantó y una sonrisa salio de ella tan naturalmente que parecía pintada. Le tengo la mano y ella aceptó. Esa penumbra por un momento se volvió como una nube. A veces sentía que iban a destiempo pero no lo importó. Se imaginó un puente, el agua rodeándolos, el resplandor de la luna sobre ellos. Una danza perfecta que los acompasaba, mientras flotaban en el suelo por si agilidad. Dió una vuelta y luego una cargada haciendo volar su vestido. Por un segundo lo vio tan elegante, como si fuera una celebración, de negro con saco. Era gracioso como su mente podia ser tan flexible. Y deseo también que todo fuese más que un momento. Se acercaron lentamente sin dejar de mirar, luego cerraron sus ojos y sonrieron hasta sentir sus labios encontrarse por primera vez. Cuando los abrió seguían en la misma zona de la escuela, y la distancia entre ellos nunca se había acordado. Sin embargo le había encantado estar soñando despierta.
La música cambio a otra balada y Bella murmuró:
"Mi mamá debe estar preocupada, debo irme".
Su pena no ayudaba, así que solo corrió hacia la fiesta deseando no hacerlo y romper su fantasía.
2015
Despertó no por la alarma, si no por la luz. Se arrepentía de haber comprado cortinas de color tan claro, aunque claro, su fin estaba bien empleado.
Necesitaba 20 minutos para bañarse, 20 para maquillarse y vestirse y 10 para comer, sin contar el tiempo de camino de aproximadamente 15 minutos. Así que a las 7:55 debia levantarse sin titubear. Cuando alistó los tonos rosados en su cara y termino sus huevos salió disparada en un taxi.
La oficina que ahora ocupaba no era su verdadero lugar. Estaba llenando un hueco en la parte de traducción, ya que la verdadera ocupante tuvo una mala mañana y cayó desde las escaleras del segundo piso fracturandose una pierna y un brazo. No sé acostumbraba a los tonos verdes de la oficina, y no porque le disgusta se el verde, si no porque con sus atuendos pastel parecía una flor dentro del lugar.
Sus carpetas gigantes en un brazo la hacían ver exageradamente pequeña, apesar de usar tacones para ayudar a su estatura.
Se sentó en la silla negra y vio una hojita pegada como recordatorio.
"Conseguir otro color de silla más alegre"
También se planteaba que tan buena idea era eso, ya que no se quedaría ahí para siempre, de hecho ella quería ser otra cosa, pero ser editora no le sonaba tan mal.
Aún así se sentía muy bien esa mañana, alegre y algo nostálgica.
-¿Te o café?- Inquirió Rosalie.
-Te- dijo sin dudar.
-Otra vez tuviste ese sueño- se burló su amiga delicadamente.
Bella arrugó su frente.
-¿Cómo sabes...?
-Porque cada vez que sueñas eso vienes de buen humor, y me pides te en lugar de café.
-Casualidades...
-Claro.- alargó la o.
Se habían hecho amigas por casualidad, Rosalie era secretaria ya con dos años de antigüedad cuando llegó Bella. Era curioso que ambas tuvieran la misma edad pero Rosalie media como 30 centímetros más. Les tocó convivir en las prácticas de Bella, comían juntas, se conversaban uno que otro chiste, hasta que Bella la llevo a su casa a conocer a su familia y la amistad había quedado consolidada.
- Deberías ya hacer público ese libro- animo- Yo creo que es muy bueno.
-Claro, porque no existen suficientes novelas cursis.-Bromeo.
-Si, pero la tuya está ligeramente basada en algo real y eso siempre conmueve a los lectores.-decia mientras preparaba el té con el agua caliente que había puesto para el café.
-Por cierto- dijo emocionada con un ligero chillido al final.
- A ver qué nuevo chisme traes.-rio por la actitud de su amiga.
-Ay no siempre tiene que ser así- aleteo la mano- pero si.
Bella todo los ojos.
-Resulta que hoy entra un mensajero nuevo. Bueno me dijo Yara la de recursos.
Empezó a revisar los pendientes que tenía en su escritorio. Le faltaba un par de traducciones para esa semana.
-¿Y ya lo viste?- pregunto distraida inmersa en el listado.
-No, pero en cuanto lo vea, te digo. Voy a fuera a ver si no se aparece el jefe.
Volteo para mirarla salir y sonreír por su alegría al saber una historia de oficina nueva.
Su teléfono comenzó a sonar. No necesitaba revisarlo para ver quién era. Siempre le llamaba a la misma hora.
Lo levanto y contesto.
-Bueno.
-Amor, ¿Cómo amaneciste?
-Bien, ya sabes, con pendientes...emm, en la noche hablamos, ¿te parece?
-Claro, que te vaya increíble. Hasta el rato.
Ella colgó e hizo una mueca.
- Ya dile la verdad Bel.- Rosa entro de nuevo en escena.
- Tu sabes que...
-Si si, arruinaría su amistad.- distorsionó la voz haciendo una mala imitación a propósito- Pero sabes que en algún momento no vas a poder seguir sosteniendo esto. Que tal, si un día te pide matrimonio o no se, conoces al amor de tu vida y no puedes evitar lo que sientes.
Bella si temió por la primera opción, la segunda no la veía factible, no había conocido nadie realmente que le hubiera movido algo en todos los años que llevaba con Cayo.
Y la historia de Cayo también era si no tan complicada si algo clásica.
Eran amigos desde la secundaria, el entro justo en segundo. Primero eran amigos normales, nada emocionante, hasta que comenzaron a convivir más. A ella le gustó primero, pero le daba pena decírselo por no ser correspondida, finalmente un día después de 4 meses él se atrevió y le dijo que le gustaba, se correspondieron y empezaron un noviazgo. La mamá de Bella quedó encantada, le parecía un muchacho respetable. Los años pasaron y la relación se tornaba más formal, sin embargo, ella se sentía incomoda cuando entraron a las carreras. Mientras ella estudiaba filosofía y letras él quería ser matemático. Agua y aceite. Fuera de eso, cada vez se sentía menos a gusto, se le hacía monótono y el solía celarla por todo. Era demasiado sentimental. No lo había terminado porque con ello vendrían algunas cosas. El reaccionaria muy mal, y a pesar de todo eran amigos, su mamá lo adoraba y le había dicho que no quería otro hierno, la familia de el igual le tenía mucha estima. Y así había decidido que no tenía sentido hacerlo, que quizás solo era una mala racha en su relación y que además no había nadie que la hubiese conquistado para caer en la locura de dejar todo. Solo uno y había Sido en ese fugaz día en la escuela.
En ocasiones se ponía a pensar como Cayo no se había dado cuenta de la lejanía de ella, ya ni siquiera lo dejaba intimar con ella, y los besos se habían vuelto castos, lo otro era que el prefería ignorarlo todo.
-Ey, ¡ya lo vi!
La castaña despertó de sus pensamientos.
-¿Al jefe?
-No, ay ¡ya despierta! Al nuevo, está guapo eh.
-Ah sí, y ¿cómo se llama?
-Tiene un nombre raro...Ed…mundo, Edgar, ay algo así pero no presté mucha atención.
Se sentó en la silla frente a su amiga.
-Hubieras visto como se lo comían las otras secretarias -rio- seguramente va a tener fila.
Se levantó la castaña de su asiento con unos papeles en mano.
-Voy a ir a darle esto al jefe, ya que no ha pasado. Por favor, deja el revoltijo y revisa si hay nuevos títulos, porque sigo teniendo los dos de la semana pasada y creo que se retrasó el sistema.
-Si jefecita.
Bella se rió y salió en dirección al pasillo. Volteo a verse por el vidrio de las oficinas, su camisa era naranja ligero y su falda fucsia, aunque la considerarán un arcoiris andando amaba su estilo.
Llevo a la puerta del jefe y se debatió entre tocar o no ya que no estaba si secretaria.
-Disculpa, ¿está el señor Tomasi?- pregunto una voz desde el fondo.
Bella volteo para responderle.
-No se, apenas y lle...
Se quedó muda. Era el chico de la noche en la escuela.
Era él.
Hola, si he regresado, aunque sé que tengo cosas incompletas hare hasta lo imposible para terminar esta y "como la vez primera". Aun así espero les guste esta historia, la hice ya hace como 4 años (Mas bien cree) pero la deje porque me recordaba a una persona jaja, sin embargo, con todo lo cliché y fantaseosa se me hace bastante bonita.
DL-
