Disclaimer: La historia es de totalmente mi autoría, los personajes y el universo Twilight le pertenecen a S. M. Queda totalmente prohibida la reproducción total o parcial de esta historia.
The way i do
Lay my heart down
Laid it down for you
Laid it down for you, oh, oh
Put my arms out
Put'em out to you
Oh Lord I was reaching for ya
Reaching for ya.
El clima frío y húmedo de Seattle revolvió su cabello, con un café en su mano Isabella siguió su camino hasta su oficina. En una lujosa torre en el centro de la ciudad, con una maravillosa vista desde donde podía observar el trajinar de las personas; Bella, como prefería que todo el mundo la llamara, se sintió dichosa.
Era la vida que siempre había querido tener y le costó grandes sacrificios. Pero lo valía, su puesto como editora en una importante editorial se lo había ganado a pulso. Su apartamento, a unas calles de su trabajo era tal cual lo había soñado, y su exitoso novio era más de lo que podía pedir.
Sus mañanas eran siempre igual, despertaba temprano para hacer ejerció, volvía a su hogar para una rápida ducha. De camino al trabajo compraba su habitual café en una pequeña y pintoresca cafetería cercana al lugar. Su trabajo consistía en revisar borradores, aprobarlos, cerrar tratos con nuevos o viejos escritores, para luego comenzar con la ardua tarea de hacer que todo el mundo los conociera y deseara leerlos.
Pero hasta los sueños pueden volverse monótonos.
Sentada en su silla giratoria y con otra taza de café en las manos Bella pensó en su presente cuando su compañera y amiga entró a su oficina.
—Llegaron las últimas correcciones de tu libro. Lo dejo para que les eches un ojo —Rosalie dejó una carpeta en su escritorio y se sentó en una de las sillas vacantes.
Bella le dedicó una tenue sonrisa y tomó la carpeta, ojeó por encima el trabajo hecho y lo apartó para revisarlo con más atención luego.
Tras un suspiro fijó sus orbes marrones en la imponente rubia que la miraba con ojo crítico.
—Suéltalo.
Esa única palabra desarmo a Bella, se reacomodó en su silla y se dispuso a hablar.
—Esta noche iremos a cenar con Jake.
— ¿Y ese es un problema por qué…? —Rose movió su mano mientras hablaba, dándole lugar a Bella para abrir su cabeza.
—No es que necesariamente haya un problema, es sólo que todo es tan perfecto con él, todo es tan… —se tomo un segundo para buscar la palabra que se acoplara a sus pensamientos— estructurado a su lado. Es como si ya supiera lo que ocurrirá hoy, lo que ocurrirá mañana y lo que va a suceder la semana que sigue.
Rosalie le dedicó una mirada cargada de sentimientos, después de tomarse unos minutos para pensar su respuesta corrió su largo y rubio cabello a uno de sus esbeltos hombros.
—Algunas relaciones tienden a ser estructuradas, es la única forma de poder llevarlas. De otra manera quizás sería imposible para alguna de las partes seguir a cabo con ella.
Bella observó los edificios a través de la ventana y pensó en sus palabras. Rose tenía razón, ella se consideraba una persona estructurada, alguien que necesitaba de una rutina para vivir. Le daba seguridad, la hacía sentir que todo tenía control y se podía ahorrar las horrendas sorpresas que siempre le habían generado una ansiedad con la que no se sentía a gusto.
—Lo sé, es sólo que no me entiendo, me gusta el orden y las rutinas, tu más que nadie lo sabes —señalo a su amiga y esta asintió con entusiasmo al haber sido testigo de la manía de Bella por llevar control sobre todo, absolutamente todo—. El problema con Jake es que a veces siento como si mi vida no fuese mía, como si le perteneciera a alguien más. Me estresa.
—Cariño, tú has probado ambas vidas.
Con esas palabras calando en la mente Bella quedó a solas, el recuerdo de su antigua vida removió sentimientos que tenía guardados en lo más profundo de su ser.
La vida a su lado no había sido mala, en absoluto, pero las cosas habían terminado de una manera tan estrepitosa. El dolor del antiguo amor, un corazón que aún seguía resentido por palabras dichas con despecho y sin acciones que remediaran la situación, dejaban un gusto amargo en su boca.
Espantó de su cabeza los recuerdos que la atormentaban hasta el día de hoy, es que tres años no habían sido suficiente para borrar el dolor ni curar las heridas.
El día transcurrió como Bella lo había programado, todas sus tareas habían sido realizadas a la perfección, y pasados cinco minutos de las seis de la tarde se dispuso a regresar a su casa.
El apartamento que había comprado con sus ahorros estaba delicadamente decorado, justo como ella siempre había soñado. Caminó por el corredor, dejando sus llaves en un cuenco encima de la mesa de entrada. Mientras caminaba hasta el cuarto de baño desabotonó su blusa, abrió el grifo para llenar la tina y recogió su cabello mientras esta se llenaba.
La idea de un baño caliente y una copa de vino antes de la cena era perfecta. La relajaría y así podría disfrutar la velada. Con la tina llena y unas sales marinas se dispuso a sumergir su cuerpo, dejó la copa de vino blanco a su lado y prendió un cigarrillo. Últimamente estaba tomando el hábito de fumar, aunque Jake lo desaprobara, se rió por la ironía que ahora era ella quien fumara. Él le dedicaría una mirada llena de sorna ante las vueltas de la vida.
Cerró fuertemente sus ojos para borrar su imagen de la cabeza, hacía tiempo que había dejado de pensar en él, tiempo que había dejado de recordar su vieja vida juntos. Pensó en la suerte que tenía, en el esfuerzo que había dedicado a lo que ahora tenía.
Estaba orgullosa de sus logros, su vida no había sido fácil, sus padres habían sido de una familia humilde, habían trabajado toda su vida y habían hecho grandes sacrificios para que Bella fuera a la universidad. No se quejaba de sus orígenes, esos habían sido los ladrillos en los cuales se fundaba el resto de su vida, nadie le había regalado nada, todo lo había conseguido con su esfuerzo.
Y Jake, era un hombre grandioso, la adoraba y de eso no había duda, pero sus vidas eran tan distintas. El joven Jacob Black provenía de una familia muy reconocida en Seattle, su padre había fundado una empresa de vigilancia llamada The wolf, y hoy era la más reconocida en el país. Aquello le había dado todas las comodidades mientras crecía.
No podía negar que no fuera un hombre hermoso, tenía un cuerpo musculoso y trabajado, al cual le dedicaba varias horas diarias de entrenamiento. Y su mente era realmente interesante, a pesar de haber tenido todas las comodidades imaginables Jake era un hombre muy trabajador, eso era algo que le gustaba mucho.
El también era un hombre trabajador, siempre luchó por más, aunque no era el más que ella quería. Sacudió su cabeza para espantar sus pensamientos, no sabía por qué los estaba comparando.
Revisó la hora en su iphone de última generación y decidió que era hora de alistarse. Envolvió su cuerpo en una enorme toalla y caminó hasta su recamara, eligió un vestido de mangas largas y color gris. Era sencillo pero elegante, le llegaba a medio muslo así que lo convino con unas medias negras y unos stilettos cerrados. El último toque se lo daban unos pendientes de diamantes que Jake le había regalado, por supuesto.
Con una última mirada, repasando su imagen en el espejo decidió que se veía bien. Un taxi la dejó en la puerta del elegante restaurant que Jake había elegido para la ocasión, él ya la esperaba adentro con un whisky en la mano, su rostro se iluminó en cuanto la vio tomar asiento frente a él.
Los gestos caballerosos no eran algo propio de su novio, no era común que fuera a recogerla hasta su casa, o que se levantara de su asiento cuando ella llegaba a un lugar, pero eso no le molestaba, no le importaba en realidad.
—Luces increíble tesoro —sujetó su mano desde el lado opuesto de la mesa y la miró con apreciación.
—Tú igual, Jake.
Con su elegante traje color negro y la camisa blanca, desabotonada los primeros botones le daban una imagen satisfactoria.
La conversación abarcó los temas habituales, trabajo, próximos viajes de Jacob, la familia de éste. En breves ocasiones le preguntó sobre la editorial y sobre su día. Era lo normal, en los trece meses que llevaban de relación las conversaciones siempre habían rondado los mismos temas, la conversación siempre era en torno a Jake.
En el momento en que el silencio se extendió más de lo esperado Bella volvió su atención a su novio. Él la miraba con los ojos brillosos, y cierto nerviosismo se hizo presente en su semblante.
Bella sintió inmediatamente ansiedad, la expresión en el rostro de su acompañante la preparó para una conversación más seria.
—En estos últimos días ha estado rondando una idea por mi cabeza. Hace ya un tiempo que nuestra relación se ha convertido en algo serio y me gustaría hablar sobre el futuro —Bella se removió en su asiento y tomó la copa de vino casi vacía que tenía a su lado.
No le sorprendía el rumbo que estaba tomando, hacía tiempo que estaban juntos, lo más normal sería ir hacia el siguiente paso, quizás vivir juntos sería un agradable cambio.
Jake espero hasta que Bella alejo la copa de sus labios para pronunciar sus próximas palabras. Palabras que la morena jamás habría pensado volver a escuchar.
— ¿Quieres casarte conmigo? —acto seguido saco una pequeña caja de terciopelo negra. En su interior un enorme y llamativo diamante decoraba el centro de un anillo de oro.
El silencio se extendió entre ambos, ciertamente esta no era la clase de conversación sobre el futuro que Bella había esperado. Con la sorpresa en su rostro y sin palabras en su boca, Jacob espero incómodo ante el silencio que se instauró.
En cuanto la morena reaccionó ante la situación que estaba llevándose a cabo antes sus ojos, se aclaro la garganta y limpió delicadamente sus labios con la blanca servilleta que llevaba en su falda.
Se tomó un segundo para calmarse y recordar el viejo pensamiento que esto era lo que quería, la vida al lado de Jacob sería lo que siempre había soñado, y con una tensa sonrisa en su rostro acepto la propuesta.
El joven, lleno de júbilo depositó el caro anillo en la estilizada mano de su ahora prometida y chocó su vaso con la copa de ella ante el brindis auto impuesto.
Luego de la cena se dirigieron hasta el sofisticado loft que Jake poseía, a leguas se notaba que era el apartamento de un soltero promedio, promedio con grandes cantidades de dinero en su cuenta bancaria. Hicieron el amor para conmemorar aquella noche soñada y pasada la media noche Isabella observó el diamante que ahora se posaba en su dedo anular.
La promesa de una vida juntos, una vida que Bella se había prometido obtener para tener todas sus necesidades satisfechas y sus expectativas cumplidas, la agobiaron.
El nudo en su garganta se convirtió en una angustia difícil de aplacar. Se separo despacio de Jake para no despertarlo y vestida solo con su ropa interior caminó hasta el balcón. En la fría oscuridad prendió un cigarrillo y pensó en lo que el futuro le deparaba, pero el pasado estaba presente y los secretos guardados de este le estaban jugando una mala pasada.
Nunca le dio mayor importancia a los papeles que tenía guardados en un cajón escondido en su casa, pero en ese momento fue capaz de darse cuenta que las acciones del pasado repercudirían en el futuro. Y que los secretos, que tan bien guardados tenía, no la dejarían seguir adelante con su vida.
La imagen de Edward Cullen se hizo aún más presente y a sabiendas que inevitablemente tendría que volver a verlo, cerró los ojos. Sabía que el camino hacia Jake sería arduo, porque antes de poder casarse con él tendría que convencer a Edward de firmar los papeles de divorcio que había enviado en blanco hacía ya tres años.
N. d A.: Hace tanto tiempo que no subo una historia a ff, pero la vida es difícil y requiere de muchísimo tiempo, es por eso que no puedo dedicarle tanto como yo quisiera.
Lo dije en cada una de mis historias y es real, algún día voy a terminarlas, pero aprovechando en esta ocasión el grave estado en el que está envuelto el mundo entero, me dedico a pasar mi tiempo en cuarentena tratando de ponerme al día con mis historias.
Si aún me queda alguna lectora espero que no me odie por subir una historia nueva, y si alguna nueva o nuevo lector quiere navegar conmigo en esta nueva historia que está pasando por mi cabeza, me sentiría más que feliz por recibir noticias a través de un rw o un mp.
Dejando de lado las diplomacias y hablando de la historia, The way i do es una historia corta, no tendrás más de 10 capítulos, en los cuales veremos el pasado y presente luchando para dar paso un posible hermoso futuro.
Los errores cometidos casi siempre se pueden remediar y veremos cómo nuestros protagonistas dejan de lado las heridas para sanar juntos y volver a amarse.
Si te gusta la historia deja por favor un rw, es mi única forma de saber cuánto te gusta y me llena de dicha leerlas.
Mi recomendación personal es que escuchen The way i do de Bishop Briggs, una canción hermosa que rondará durante toda la historia.
Por último, muchísimas gracias por leerme, por llegar hasta acá y por tus rw. Si estas interesada en tener un adelanto exclusivo del próximo capítulo deja tu mail escrito con espacios y te lo haré llegar. Nuevamente gracias y buenas noches, recuerden lavar bien sus manos y quedarse en casa durante la cuarentena, hagan feliz a esta aburrida pseudo escritora y dejen cariños en la caja acá abajo!
