Si había algo que Bakugo Katsuki odiara con todo su ser era tener que asistir a todos los estúpidos eventos que esa estúpida escuela organizaba. Él había ido allí a convertirse en el mejor héroe de toda la puta historia, no a compartir actividades extraescolares con un montón de extras que bien podían comerle los huevos.

Suspiró con hastío mientras que su humor amenazaba con empeorar por momentos. ¿El motivo de la discordia? No sabía si había sido idea de la rata psicópata que tenían por director o de la puta loca de Midnight en busca de romance adolescente, pero ahí estaban los carteles de mierda repartidos por todos los rincones de la puta escuela.

"Putos estadounidenses" era en lo único que podía pensar Katsuki mientras no paraba de ver posters anunciando un baile de invierno. ¿Desde cuándo en Japón se hacían bailes más allá del acto de graduación?

Estaba hasta los cojones, solo era martes y el baile se había anunciado justo esa mañana. El evento sería en quince días. Quince días de aguantar el revuelo de un puñado de adolescentes hormonados en busca desesperada de pareja. Quince días intentando demostrar algo de humanidad a la hora de rechazar las estúpidas propuestas que los gilipollas de sus compañeros se empeñaban en hacerle. ¡Ja! Como si fuese a aceptar alguna.

Bueno, la humanidad quizás tampoco era su fuerte.

¡Dos horas! Dos horas habían pasado desde que anunciaron el baile y ya había hecho llorar a una pobre chica del curso general que estaba en segundo y le había partido la cara al gilipollas de Monoma. Realmente no se arrepentía de haber hecho sangrar a ese idiota acosador que se creía el rey del mundo.

Iba de camino a la cafetería rodeado de los idiotas de sus amigos que no podían estar más emocionados. Se puso a la cola para pedir su almuerzo mientras le venía a la cabeza la voz de muerto del capullo de su sensei diciéndoles que no se podían saltar el evento de los cojones.

"Cuando seáis profesionales tendréis que tener un buen círculo de apoyo y trabajar con compañeros de vuestra agencia y de otras. Este es un buen momento para que, al menos, conozcáis al resto de alumnos que hay en el curso de héroes. Además, la clase lleva unos días muy tensa. Sed adolescentes de una vez y dejadme en paz, mocosos."

Tsk. Gilipolleces. Seguro que el cuerpo docente quería entretener sus tristes vidas a base de cotilleos de sus queridos estudiantes.

Le tocaron el hombro. Una chica rubia, sonrojada y que no había visto en su puta vida quería hablar con él.

"Joder, aquí vamos otra vez."


Todoroki Shoto sabía mucho sobre pelear, mucho sobre el control de su quirk y sobre atrapar villanos, pero si nos adentrábamos en el mundo social y emocional que envolvía al ser humano, era a final de cuentas, un completo inútil.

Nadie le había enseñado nunca a gestionar sus emociones, no sabía nada sobre el amor y, desde luego, los pocos ataques de furia que había tenido de pequeño habían acabado con consecuencias nefastas tanto para él como para sus hermanos. Al final acabó camuflando todo lo que sentía y no acababa de comprender en una fachada de indiferencia que lo ayudaba a protegerse del mundo. "Gracias, viejo".

Así que cuando, con 11 años, se le saltó un latido de corazón cuando le presentaron a la hija de uno de los empleados de su padre, no entendió que significaba. Por suerte su amorosa hermana Fuyumi lo ayudó a comprender sus sentimientos.

Con 13 años tuvo una segunda revelación relacionada con su sexualidad en la que no necesitó la intervención de nadie para entender qué ocurría. Natsuo se había llevado a un compañero del instituto para acabar un proyecto de clase. Por aquel entonces ellos tenían 17 y estaban a punto de entrar en la universidad. Era cerca de final de curso, hacía calor y se habían ido a estudiar al porche. El amigo de su hermano estaba sin camiseta. Por suerte pudo identificar el cosquilleo que le recorrió la parte baja del abdomen y continuó bajando. Corrió tan rápido como pudo al baño con el corazón latiendo como un colibrí. Allí, aún confuso y pensado en un torso que era la primera vez que veía, Shoto Todoroki se hizo su primera paja.

Por aquella época no consideró contarle a nadie sobre su recién descubierta bisexualidad. Uno, no lo consideraba un pecado que tuviese que confesar; dos, estaba tan enfocado en sobrevivir a los entrenamientos a los que le sometía su padre que acabó apartando el resto de aspectos de su vida.

Después empezó a pasar el tiempo, no se había vuelto a topar con nadie que le interesase y la entrada en la U.A. volvió a reclamar toda su atención. Aunque en todo ese cúmulo de emociones que cada día batallaba por canalizar sin que lo consumiera, hubo una que identificó y agradeció al infinito que apareciese en su vida. Amistad. Por fin tenía amigos.

La otra no supo cuándo comenzó a serpentear dentro de su cuerpo, pero antes de que se diese cuenta, pasó de considerar a Bakugo un idiota maleducado con problemas serios de ira al sujeto más fascinante del universo.

Esto tampoco había sido verbalizado. Shoto no tenía vergüenza en reconocer que le gustaba un compañero de clase, pero tampoco era un idiota que no sabía en la sociedad en la que vivía. Las cosas eran más complicadas que eso, y más si solo tienes 15 años y la capacidad de gestión emocional de una galleta.

Llegó a su escritorio antes que el resto de sus compañeros. Encima había una nota de papel doblada. La cogió y la leyó. Era la cuarta propuesta que recibía ese día para ir al baile. Tiró la nota a la basura. Que dos semanas más largas quedaban por delante.