Su último suspiro

Anime: Kimetsu No Yaiba

Personajes: Kamado Tanjiro, Tomioka Giyuu. (Mencionados)

Categoría: K. Adventure, Hurt/Comfort.

Renuncia: todos los derechos de la obra Kimetsu No Yaiba pertenecen a Koyoharu Gotouge. Sus personajes son usados en esta obra con fines de entretenimiento y no buscan lucrarme de alguna forma

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Luego de darle una calada larga a su cigarro, lo tiró y lo pisó. Miró frente de si al demonio que se acercaba como alma que lleva el diablo y pensó que su vida hasta ahora había sido un mal chiste.

Desenfundó su espada nichirin y de un tajo rebanó a su contrincante. Era una hazaña heroica para los cazadores de rango mizunoto y mizunoe, pero para él se empezaba a tornar tedioso y aburrido. Necesitaba algunos compañeros para probar habilidades o hacer retos como ¿quién podría cazar más en una noche?

Pero la orden de cazadores se había vuelto muy mediocre. No habían pilares, los demonios se escondían muy bien y él estaba obligado a cumplir con un legado que no le importaba en lo absoluto.

Miró el reloj de la pantalla de uno de los edificios que adornaban la moderna Tokio, fijando que ya eran las tres de la madrugada.

Bufó.

Enfundó de nuevo su espada. La hoja brillaba en un color azul, muy diferente a la que su hermano mayor había portado. Ese idiota de Inojin, si no hubiera muerto, él no tendría la necesidad de seguir la tradición de la familia Kamado.

Una brisa que se le antojó extraña, ondeó su castaño cabello con fuerza. Se sentía como si le estuvieran halando el cabello.

Veloz, como era común en Kentaro, volvió a sacar de su lugar la katana, y estuvo a punto de dejar sin dedos a una chica de aspecto jovial.

—¿Quieres que te mate, estúpida? —encaró a la azabache; la diferencia de altura era muy notoria, pero eso no evitó que ella sonriera retadora, haciéndole rabiar a Kentaro.

—Creo que si lo hicieras, mi familia finalmente dejaría de estar en deuda con la tuya —sonaba alegre, dando pequeños brinquitos y aplausos en su lugar—. Lo cual sería grandioso, así dejas de hacer el Gary Stu en cada cena de unión.

—Vete al demonio, Tomioka. —se alejó de ella, mirándolefeo.

Rika sonrió, mostrando su blanquecina dentadura. Cruzando sus brazos detrás de su espalda, adoptando una postura inocente.

—He venido precisamente a eso —se le acercó de nuevo, mirando el estado de su espada nichirin—. Mi mamá me obliga ya que siente que se lo debe a tu mamá, ya sabes, para no perder otro hijo.

Esa fue la gota que colmó el vaso. Si bien pensaba que Inojin había sido un reverendo imbécil en dejarse vencer por tales criaturas absurdas, no iba a permitir que la persona más borde de Japón se atreviera a decir algo de su propio hermano. Tarado y todo, pero era su propia sangre.

—Hija de perra... —lanzó el primer embate, empuñando con furia su hoja; en busqueda de tajarla a la mitad como el demonio antes de que ella decidiera cagarle la noche con su sola presencia.

En una respuesta más que ágil, ella dobló su torso hacía atrás, riendo al sentir la fría hoja rosarle suavemente el abdomen. Cuando se repuso, dio un salto hacia atrás, previendo que el siguiente ataque sería como un puñal. Estando lo suficientemente lejos, volvió a reír.

—Es bastante interesante que tu espada sea azul —balbuceó entre carcajeos, admirando la expresión encolerizada de Kamado—. Considerando que vuestro ancestro tuvo el color de la desgracia bañando su espada. Por el contrario, toda mi familia siempre ha portado el color azul en nuestras espadas nichirin.

—Ya cierra la maldita boca, Tapioka.

El apodo logró obtener lo que él había estado deseando desde que ella se apareció: una mueca rencorosa, con un labio temblándole de su propia ira.

Esperó paciente a que ella tirara un golpe, pero tuvo ganas de molerle el rostro a golpes al verla serenarse.

—Di lo que quieras, pero mi apellido conserva respeto y grandeza. Uno de los grandes pilares que derrocó al demonio original y vivió para contarlo —se pavoneó en su lugar, sintiéndose venir de un linaje de gloria sagrada—. Tu ancestro ni siquiera logró salir con vida de aquella batalla.

—Pero fue gracias a su ayuda que lograron vencer a Kibutsuji Muzan. —la miró con odio, deseando enterrarle la espada en la garganta.

—La historia no siempre es concisa —levantó los hombros, con aquella sonrisa descarada adornando su rostro. De un par de saltos a las paredes en aquel callejón, llegó a la azotea de uno de los edificios. Desde allí le habló—. Como sea, veo que eres lo suficientemente capaz de cuidarte por ti mismo. No requieres de mis servicios. Bye bye. —luego solo desapareció entre la oscuridad.

Esa hija de perra, pensaba Kentaro. Era la decepción de la joven legión, o pues bueno, luchaba con él para ver cuál de los dos era el más rebelde.

Trató de no pensar en lo que esa pequeña desgraciada le había dicho, porque cuando abría la boca, era solo para tirar veneno. Y tampoco es como que le pusiera atención a lo que dijese. Su cabeza la habían podrido sus padres.

Pero muy en el fondo de esa facha anti parabólica que había conseguido inventarse, si le molestaban algunas cosas muy remarcadas.

¿En serio Kamado Tanjiro había puesto su vida para toda una legión que luego le perdería el respeto? ¿O era falta de valores a las nuevas generaciones? Quizás se oyese viejo, pero pensaba que ni siquiera él se animaba a tanto. Mucho menos considerando que la legión de cazadores actuales era una bola de mierda. Nada parecido a lo que sus padres le comentaron de lo que fue la organización pasada. Agh, odiaba con todo su ser formar parte de ese ato de locos. Un montón de Mizunotos haciéndose los valientes.

Pero luego se calmaba, y pensaba en la sonrisa de su hermano. Como lo odiaba. Odiaba como se había emocionado cuando sus padres le entregaron una nichirin, odiaba que cada noche sin falta saliera a cumplir su deber, odiaba su rostro de agotamiento la última semana que pasó junto a él... odiaba la sonrisa que le regaló la noche que murió, y ese "hasta mañana" que se inmortalizó en su memoria.

Pateó un lata cerca de si, con la suficiente fuerza como para enviarla a la carretera más cercana a su posición y escuchar el ¡clap! al ser abollada por un vehículo.

—¿Ustedes los cazadores no se cansan de joder? —habló una albina, apareciéndose de la nada ante sus ojos. Sus dientes puntiagudos y ojos rojos le quitaron toda duda a Kentaro.

—Alguien tiene que volverlos a mandar de vuelta al infierno ¿no? —se colocó en posición, mostrándole su hoja; preparado para atacar.

Ella hizo una mueca, desagradada por su comentario.

—Mejor te envío allá en mi nombre.

Ella hizo chocar sus palmas, creando una onda expansiva que lo hizo retroceder cinco metros. Él resopló ante el ataque, e hizo la postura que les había sido heredada por tanto tiempo.

—¡Aliento solar! ¡Danza del Dios del Fuego! —El aliento escapó de su boca, sus ojos centellaron en aquel brillo que sus padres decían, lo hacía parecer un verdadero dios—. ¡Espejo Sofocante Carmesí!

Dos cortes atravesaron el viento, cortándolo a su paso, hasta impactar en la demonio, quién los recibió de lleno. Sus brazos cayeron como sacos al suelo, y el sudor se hizo presente en su frente. Sin embargo sonrió, y de un salto comenzó a huir del lugar.

Kentaro no lo iba a permitir, no lo podía permitir.

Le había prometido a su hermano que si alguna vez desaparecía, él personalmente haría lo posible para encargarse del legado de los Kamado.

Un legado que venía del mismísimo Tanjiro, quién con su último aliento, dio su petición.

Aún había muchos demonios allá afuera. Aunque la amenaza de Muzan haya sido erradicada, debían pensar en que aún habían muchas personas muriendo por la existencia de demonios menores. Necesitaban ser valientes y afrontar la realidad.

Debían devolverle la sonrisa a todos los débiles e indefensos. Para eso había nacido la legión.

Era más que un legado únicamente dirigido a los Kamado; estaba dirigido a todo aquel dispuesto a seguir peleando.

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¡Uff! yo no sé ustedes, pero hoy amanecí llorando al encontrarme con tales spoilers del capítulo 200 del manga. Solo era capaz de pensar "Koyoharu ¿acaso tienes corazón?" y en vista de que -posiblemente- Tanjirono salga de esta, llegué a la conclusión de que necesitaba algo que hablara directamente de él. O al menos algo sobre él.

Es así como nace esta fumada. Siempre me gusta imaginar a los sucesores de los focos de una serie, pero sin caer en el fanservice bochornoso que mágicamente se hace canon (cofcofborutocofcof). Y pues quería aclarar una pequeña cosilla: los nombres me los he inventado en mi estado de alucinación. No tengo la menor idea de si tengan algún significado, solo pensaba que ¡Qué chulada con esos apellidos!

Bien, esto es un one-shot, ya que no me animo a hacerlo long-fic porque aún no he terminado con "Yo también tuve mamá". Hacerme cargo de dos fics al mismo tiempo es una absoluta cagada que no he vuelto a repetir desde que escribía en Wattpad.

Quiero saber su opinión, ya que obviamente esto es muy random. Pero es un aporte homenaje a que el manga ya llega a sus 200 capítulos en un rotundo éxito ¡Sensacional!

Y quiero agregar que si mi creación, Kentaro, fuera un prota de un shonen, seguro llevaría bastantes golpes por creerse tan presuntuoso. Sería más como el protagonista de uno de mis seinens favoritos: Gantz. Uff, esa evolución en el manga de Kei Kurono es palpable.

No me precipitaré a más, solo les pido su opinión. Se aceptan tomates pero no insultos. ¡Se les quiere!