Disclaimer: My Hero Academia no me pertenece, es del buen Horikoshi Kohei.
Refugio para el alma
Shouto nunca se había quedado a dormir en la casa de un amigo.
Cuando salió esa mañana de su casa, con el vaho escapándosele de entre los labios, y los copos de nieve posándose suavemente en su paraguas, pensó que sería un día como cualquier otro. Lo único que rompía su armoniosa rutina era aquel chico tímido, con un ferviente brillo de convicción ardiendo en el fondo de sus pupilas que contrastaba demasiado con su apariencia, logrando captar su interés, con el que había sido asignado a realizar una tarea de literatura.
Midoriya Izuku representaba todo aquello que estaba mal —en un sentido poco ortodoxo—, o bueno, a falta de palabras en su vocabulario, era aquel que era demasiado bueno para ese mundo injusto y cruel. Midoriya tenía la capacidad sobrehumana de perdonar, de consolar, de hallar las palabras exactas para acariciar las almas de las personas —en alguna ocasión teniendo que recurrir a los golpes para abofetear algo de sentido dentro de ellos—, él era todo lo que Todoroki aspiraba a ser. Lo admiraba profundamente, al punto que su mente se colocaba cual lienzo en blanco, en un sentimiento que Yaoyorozu había catalogado, muy certeramente, como nerviosismo.
A pesar de que ese día pasarían el resto de la tarde en la biblioteca, realizando la asignación, Todoroki estaba seguro de que podría lidiar con la situación, como llevaba haciéndolo todos esos meses. Lo menos que quería era incomodar a su amigo mostrándose extraño a su alrededor por la miríada de sentimientos que llovía y se desbordaba en su pecho cada vez que estaban a solas.
Shouto era del tipo de estudiante certero y conciso, cuando le pedían hacer una investigación tenía la capacidad de ingresar al buscador las palabras exactas para discernir la mejor información disponible y usarla. Era rápido y efectivo, todo eso con el afán de complacer las exigencias de su padre. Sin embargo, hallaba fascinante el minucioso trabajo de Midoriya, quien siempre se distraía con las toneladas de información interesante, complementaria, y un tanto irrelevante que internet le ofrecía.
Midoriya podía estar investigando sobre los inventos de Leonardo Da Vinci y, con la simple mención de un nombre desconocido, se dedicaba a investigarlo para tener una idea más clara del panorama, a pesar de que no sería útil para el trabajo. Sin embargo, el conocimiento detallado de Izuku se había ganado la admiración de varios de sus compañeros; siempre salía con comentarios interesantes y participaba activamente en clases.
—... dice que quiere ser el guardián entre el centeno, se puede interpretar como el deseo de proteger a los niños del acantilado que representa madurar y percatarse de la crueldad inherente en la sociedad, dominaba por corrientes superfluas e inanes... —Pausó para tomar aire entre murmullos—. Es solo un reflejo de la negación de un adolescente a adoptar una identidad, a tomar las responsabilidades de un adulto y a seguir la corriente, cuando su mente aún puede fantasear. Por alguna extraña razón, me recuerda mucho a la temática final de La Naranja Mecánica... ¿Quizás era un pensamiento de la época? Voy a... Todoroki, ¿ocurre algo? —Midoriya se mordió la lengua luego de soltar una interjección de vergüenza—. Estuve hablando sin cesar de nuevo, ¿verdad? Lo siento, procuraré...
—No te preocupes, no me molesta —negó, releyendo las notas que pudo rescatar para escribir el informe sobre el autor que Ishiyama les había asignado para presentar su trabajo final—. Sin embargo, creo que es algo con lo que lidia el autor; siempre habla del sentimiento de alienación de los personajes a la cotidianidad de la sociedad. Más que la época, es su historia y los múltiples traumas que la guerra le pudo haber provocado.
—Uhm... Un rechazo a la sociedad. Una crítica.
—Exacto.
—Es un grito silencioso...
Todoroki admiró cómo Midoriya se quedó unos segundos sumergido en sus reminiscencias, acariciando sus labios con el bolígrafo con el que realizaba la línea de tiempo de la biografía del autor. Siguió el movimiento hasta percatarse de lo que hacía, abofeteándose mentalmente cuando se percató de sus deseos impuros de trazar con sus dedos el mismo recorrido del lápiz. Midoriya pareció darse cuenta de lo que hacía y respingó, adoptando una postura más apropiada en vez de seguir divagando.
—Oh, Todoroki, guardemos el trabajo —aconsejó mientras se asomaba por un lado de la pantalla de la computadora que les habían prestado en la biblioteca para presionar el atajo de guardado.
Como si fuera capaz de vaticinar las desgracias de la vida, hubo un apagón. Alguna persona gritó entre los pocos que ocupaban la estancia, y Midoriya se quedó estático en su posición, como digiriendo el susto de casi haber perdido sus horas de avance en el trabajo.
No fue hasta que Shouto habló, que reaccionó.
—¿Estás bien?
—Sí, sí... —susurró, desplomándose en su asiento—. Creo que es una señal de que deberíamos dejarlo aquí por hoy. Ya está oscureciendo y está nevando bastante.
—Tienes razón —apoyó, arreglando todo al igual que él.
A pesar de sus palabras, la verdad era que quería prolongar un poco más su tiempo con él, lejos de las responsabilidades estudiantiles o sus compañeros de clase. Solo quería estar a solas. Imbuirse de la actitud positiva de Midoriya, musitada con su suave voz.
—¿Te parece si te acompaño hasta tu parada? —propuso Izuku, y Shouto creyó escuchar una pizca de inseguridad—. Cuando subas al bus, caminaré hasta casa, ya sabes que no me queda lejos.
—De acuerdo —asintió, agradeciendo a cualquier ente superior que le dio la brillante idea de sugerirle eso.
No llevaban mucho tiempo conociéndose, pero Todoroki había podido vislumbrar el valor de la amistad de Midoriya tras su voz temblorosa, inaudible y tartamudeando su camino hasta derrumbar las murallas que protegían su corazón. Lo escuchó hablar sobre el día, prestándole atención a cada detalle, a pesar de que Izuku, luego de un rato, caía en cuenta de que hablaba demasiado.
—Espera un momento, mamá me está llamando. —Midoriya contestó el celular, esgrimiendo una sonrisa tranquilizadora—. Sí, ya estoy en camino. ¿Eh? Oh... No sabía. Bueno, sí está nevando mucho, pero... Tienes razón, alguien podría deslizarse y ocasionar un accidente. —Hizo una pausa, asintiendo varias veces a medida que disminuía el paso hasta detenerse—. Estoy con Todoroki. Sí, con ese Todoroki. No sé si... Está bien, le preguntaré.
Midoriya cubrió el micrófono del celular y ladeó el rostro hacia Todoroki que, inconscientemente, había estado balanceándose sobre sus talones al haber escuchado su nombre. Pudo vislumbrar en sus ojos verdes una pizca de preocupación opacada por la alegría.
—Mamá dice que las calles están bloqueadas y no están pasando buses...
—Oh, creo que podría...
—¡Y pregunta si quieres quedarte en mi casa a pasar la nevada! —espetó con un poco de desespero.
Shouto parpadeó, como intentando que sus neuronas hicieran sinapsis para procesar lo que le estaba diciendo. Antes de que su lengua pudiera negarse, su cabeza lo traicionó y asintió, aceptando la oferta.
—Perfecto. Avisa en tu casa.
Retomó la llamada con una sonrisa acompañada de un leve rubor, que Todoroki quiso adjudicarlo al clima —a pesar de que, muy en el fondo, no había podido apartar la mirada de las mejillas y la nariz enrojecidas del más bajo—.
Cuando Todoroki tomó su celular, se asustó un poco por la cantidad de llamadas perdidas y mensajes de Fuyumi. Sintiéndose mal por no reportarse con tiempo, a pesar de no estar acostumbrado, le escribió por LINE. Su hermana le reclamó no haber contestado para luego demostrar alivio y finalizar el mensaje enviándole un emoticón de un gato con el pulgar en alto. Tener permiso de ir a la casa de un amigo apropiadamente se sentía bien, tener la certeza de que alguien estaba preocupado por él en casa entibiaba su corazón, además de lo afortunado que se sentía porque alguien le ofreciera resguardo desinteresadamente.
Cuando arribaron al complejo de apartamentos, sacudieron sus paraguas en la entrada para deshacerse de la mayor cantidad de agua y hielo. Midoriya encabezó la marcha con paso animado para disimular un poco su nerviosismo. Al entrar, Todoroki olfateó el delicioso aroma de un sofrito. Sin querer, su estómago lo traicionó y rugió suavemente, no lo suficientemente alto como para que Midoriya se percatara. Era la primera vez que visitaba la casa de un amigo, y se preguntaba si estaría bien comer a sus anchas.
—Bienvenido, Izuku. —La señora Inko apareció por la puerta de la sala, vistiendo un delantal y con el cabello recogido discretamente—. Bienvenido, Todoroki.
—Ya llegamos —dijo Midoriya con una sonrisa.
—Muchas gracias por permitirme quedarme hoy. —Todoroki realizó una pulcra reverencia.
—Qué educado eres —habló, impresionada; aunque era de esperarse por todos los buenos comentarios que su hijo hacía respecto a su amigo—. ¿Les parece si dejan sus mochilas en la habitación de Izuku?
—Hago eso y vengo a ayudarte —mencionó el joven, indicándole a Shouto la disposición de la casa a medida que se aproximaban a su cuarto en un lateral del pasillo.
Shouto parpadeó cuando entró en la habitación. Varios afiches y figuras de diferentes personajes adornaban la estancia, reluciendo, sobre los demás, All Might, el profesor que les daba clases. Para nadie era un secreto el fanatismo del chico por el hombre, pero esa decoración superaba las expectativas de Shouto. Clavó sus orbes en un reloj acomodado encima de la mesa de noche.
—¿Eso es edición especial?
—¡Oh! Sí, mamá me lo compro cuando era pequeño... Pero yo no sabía que era edición especial ni nada, uhm, solo quería que él velara por mis sueños —agregó, luego de decantarse a ser un poco más sincero como Todoroki siempre lo era con él—. Si estuviera en su caja, valdría miles de yenes. No que lo quiera vender, pero...
—Me parece una buena colección —comentó Todoroki, admirando de nuevo la habitación.
Apreció cómo Midoriya bajó la mirada con una sonrisa temblorosa y un ligerísimo arrebol en las mejillas, quiso decir algo, acortar la distancia, pero Izuku alzó sus fascinantes ojos, reflejando la alegría del cumplido, y lo tomó del brazo.
—Vamos a ayudar a mamá.
Shouto se dejó guiar, obviando el hecho de que no sabía cocinar. Apenas podía freír un huevo y no morir de inanición. Al final, lo pusieron a cargo de preparar el arroz, lo que incluía lavarlo apropiadamente, mientras Izuku picaba lo necesario para una ensalada, y la señora Midoriya terminaba de preparar un pescado con vegetales al vapor.
Una mezcla de canciones se escuchaba por la radio, todas del siglo pasado. Shouto no era un experto de la música, pero al menos reconocía algunas melodías. Mientras lavaba el arroz —luego de conseguir indicaciones por parte de Izuku—, no pudo evitar ladear el rostro para escuchar el suave tarareo de su amigo.
Al poco rato, Inko se le unió, musitando las letras con suavidad. Todoroki procuraba concentrarse en su empresa, pero, en cierto momento, simplemente tuvo que echarles una ojeada a ambos familiares, mesmerizándose ante la arrebatadora imagen. Después de todo, no era de todos los días ver a Midoriya, su tímido compañero, haciendo despliegue de una extroversión digna de Ashido.
Shouto no era avezado en la música, pero el ritmo pegajoso de la canción, llena de palabras extranjeras, cantadas por la voz aguda de su tímido amigo, lo hizo creer que esa era su versión favorita de cualquier canción que hubiese escuchado en antaño. Simplemente quería dejarse embargar por su dulce voz, aún presa de los cambios de la adolescencia, y su pésima y adorable pronunciación del inglés.
—Please don't go breaking my heart! —exclamó Inko, con un tono soprano agradable.
A pesar de estarlos observando de soslayo, aparentemente abstraído en su tarea con el arroz, detuvo sus movimientos —hasta su respiración— cuando vio a Midoriya haciéndole coro con movimientos exagerados, moviendo los hombros, y por ende su cadera, en un gesto poco fluido que lo dejó un poco —bastante— anonadado. En ese pequeño ademán, Shouto pudo adivinar que Izuku confiaba en él como para mostrarle una faceta más atrevida, y se preguntó si sería capaz de ver más de la naturaleza oculta del chico. Con esa duda en mente, se propuso una nueva meta.
La risa de los Midoriya inundó la estancia cuando la canción acabó. Y, sin siquiera percatarse, Shouto imaginó que ambos eran música, y se cuestionó si él no sería un tono discordante si se unía a ellos. Con eso en mente, prefirió desviar la mirada. Acarició el borde inferior de su cicatriz, convenciéndose de que su mancillado ser no podía oscurecer la radiante luz de Midoriya.
A pesar de que Todoroki podía jurar que estaba siendo disimulado, Midoriya consiguió un atisbo de su mirada intensa, haciéndolo sonrojar inevitablemente mientras su mamá le daba un empujoncito con la cadera. Y es que a Inko Midoriya no se le podía ocultar nada, a pesar de que Izuku temió que lo juzgara por confesarle que le gustaba un compañero de clases chico. Fue solo cuestión de evaluar su expresión al regresar a casa, que Inko adivinó que ese era el famoso amigo.
Sin más contratiempos, los tres cenaron. Shouto no fue modesto con sus ecuánimes halagos respecto a la comida. Le recordaba a los deliciosos platillos que preparaba su madre, y, viéndolo desde otra perspectiva, la señora Inko le agradaba. La dulzura de su voz y su trato suave y amable azoraba su pecho, recordándole a su propia mamá en la época dónde creía ser feliz. Antes de poder ofrecerse a lavar los platos, Inko los despachó a ambos para que subieran a la habitación de Izuku y se distrajeran en otros menesteres.
—¿Quieres bañarte? —preguntó Midoriya, abriendo el armario de su habitación, queriendo obviar que podía estarle pareciendo un friki a Todoroki por su cantidad exagerada de mercancía de All Might—. Pu-puedo prestarte algo de ropa. Papá me envió una ropa que me quedó muy grande, creo que te iría bien. Oh, y también debería buscar varias cobijas por si el frío empeora… A pesar de tener calefacción, nunca está de más…
—De acuerdo —interrumpió Shouto, esbozando una leve sonrisa divertida cuando Izuku enrojeció por la vergüenza.
El chico se apresuró a tenderle el pijama y a indicarle el baño, encogido de hombros como si así pudiera reducir su existencia a ínfimos milímetros. Nunca había sido bueno ocultando su nerviosismo y, aunque confiaba en que la densidad de Shouto ocultara un poco los verdaderos motivos tras sus erráticas manos y sus balbuceos, no quería lucir más idiota de lo que creía que era.
Con premura, arregló su habitación por encima, guardando cualquier cosa que pudiera dar indicios de su fanatismo irremediable. No podía hacer demasiado por los posters en la pared o su colcha con los colores característicos de All Might. Sin embargo, los bolígrafos y los bloc de notas podían ser guardados en un cajón, junto a algunas figuras a escala. No creía que Todoroki se hubiera dado cuenta aún de la envergadura de su admiración. Desvió la mirada al librero, notando las revistas apiladas y los libros que trataban sobre All Might; y empezó a cuestionarse si realmente no era un maldito nerd, como decía Kacchan.
—¿Qué haces?
Izuku gritó de forma aguda, abrazando una revista. ¿Cuánto tiempo había estado Shouto viéndolo desde el dintel de la puerta ocultando su colección como si se tratara de porno? Removió las manos nervioso y movió los ojos a varios sitios de la habitación que no fueran su amigo.
—Na-nada… Solo ordenaba un poco… Pensé que podría ser apabullante la explosión de colores tan repentina, yo…
—Te dije que me parecía interesante —repuso de inmediato, secándose el cabello con la toalla sobre sus hombros—. Tener un pasatiempo es importante.
Midoriya separó los labios para reponer algo inteligente, pero su cerebro había hecho cortocircuito al descubrir que Todoroki aceptaba también su lado más obsesivo. Carraspeó y, hallando su salvación, vio la consola empolvada que descansaba a un lado del escritorio.
—Todoroki, ¿quieres jugar?
Shouto se encogió de hombros, viendo cómo Izuku instalaba los cables e introducía el videojuego. Curvó una ceja.
—¿No es esa la MightyStation 5? Escuché a Kaminari y a Sero hablar de ella, algo así como que es el último modelo en consolas, que era muy cara y que desearían poder tener una…
—Oh, s-sí —titubeó, tendiéndole un mando—. Papá me la envió como regalo por mi cumpleaños. Cree que así va a compensar su ausencia.
Todoroki notó cómo su semblante se ensombrecía brevemente, y quiso sacar a colación el tema. Sin embargo, Midoriya no le dio tiempo cuando lo deslumbró con su sonrisa y arrancó el juego. Quizás podría abordarlo en otra ocasión.
El juego de combate con ninjas le pareció interesante, al punto que Izuku decidió que jugaran el modo historia para que se enterara bien de qué iba todo. Los pequeños gestos de sorpresa o cavilación de Todoroki, le fascinaron y, a pesar de querer escuchar sus opiniones, presa de los nervios, fue él el que terminó monopolizando la conversación, como siempre.
Ya bien entrada la noche, Inko se pasó por el cuarto para recordarles que debían dormir, pero sin ser demasiado estricta porque tenía mucho tiempo que no escuchaba a Izuku reírse a carcajadas como lo estaba haciendo en ese instante junto a Shouto que, a pesar de su expresión impertérrita y se podría atrever a decir taciturna, también estaba disfrutando su estancia.
—Eres muy bueno en los videojuegos —comentó Izuku casualmente mientras apagaba la consola.
—No creo. —Agitó la cabeza—. Aunque fue divertido. Gracias.
El chico pareció sorprendido, pero le dedicó una de esas sonrisas que le gustaban tanto, cándidas y pueriles. Shouto se puso en pie y decidió ayudarlo a tender el futón —con motivo de All Might, por supuesto— junto a su cama. Luego, fueron a cepillarse los dientes para terminar de alistarse para dormir. A pesar de no ser algo totalmente relevante, a Todoroki le gustó la sensación de familiaridad que le transmitió hacer algo tan normal como eso con él; y se preguntó si esa ocasión podría repetirse en el futuro, quizás en un ambiente más privado.
Midoriya apagó la luz. A través de las cortinas azules, se colaban los rayos plateados de la luna que, una vez acostumbrados a la oscuridad, delineaban sus siluetas y daba un excelente atisbo de sus facciones. Shouto escuchó la respiración tranquila de Midoriya, a pesar de que estaba moviéndose mucho, arrebujándose entre sus sábanas. Él simplemente se dedicó a observar el techo, notando las estrellas artificiales que brillaban de forma esparcida.
—Mamá las colocó cuando era pequeño porque tenía miedo de la oscuridad —explicó Midoriya de repente, tal vez decantándose por hablar al no hallar acomodo para dormir—. A veces me recuerdan que no estoy solo.
—Entiendo —musitó Todoroki, despertándose una pregunta en su cabeza cual epifanía—. Midoriya, ¿alguna vez has imaginado el mundo sin ti?
Izuku separó los labios, instalándose la aprensión en su pecho de solo recordar las crueles palabras, que aún sangraban en su pecho, de Kacchan: "Deberías tirarte por la azotea". Su estamento a veces le rondaba la mente, y le hacía cuestionarse la supuesta amistad que tuvieron alguna vez. Obviamente, Midoriya estaba consciente, más que nadie, que Kacchan había cambiado —y continuaba haciéndolo—, pero eso no borraba la herida en su corazón, la cruenta traición, y simplemente no podría perdonarlo a cabalidad hasta que Kacchan no sacara el tema a colación y le pidiera disculpas —cosa poco probable, pero valía la pena soñar—.
Sin embargo, por eso las palabras de Todoroki calaban tan profundo en él, porque removían las heridas que permanecían arraigadas a su alma. Tenía miedo de que Shouto pensara que él no valía lo suficiente para intentar vivir un día más. Esperó a que Todoroki dijera algo, pero pasaron tormentosos segundos sin mediar palabras, hasta creyó que se había quedado dormido, pero se cercioró de que no fuera así al ver el brillo distintivo de sus ojos de distintos colores. Carraspeó para tragarse el nudo que se le había formado en la garganta.
—N-no, Todoroki. Por... ¿Por qué preguntas?
Shouto permaneció callado un instante, poniendo más ansioso a su amigo. Sin embargo, en su mente no hacía más que reprocharse el haber soltado semejante pregunta sin estar consciente de las implicaciones que tendría. Después de todo, con lo agudo que era Midoriya, seguro conseguía dilucidar lo que quería decirle de forma tan ambigua cuando hablara. Así que quiso reponer algo que le restara peso al asunto, pero no pudo hacerlo cuando logró vislumbrar su figura aferrándose a su edredón de All Might, mirándolo como si su respuesta fuera capaz de cambiarle la existencia. Tomó aire y decidió hacerse responsable de los sentimientos que había desarrollado por su mejor amigo.
—Solo pensaba que mi mundo sin ti no tendría realmente sentido. Es decir, fuiste... —Agitó la cabeza y corrigió—: Eres un punto crucial en mi vida, marcaste el inicio del desarrollo de una nueva versión de mí. Solo quería saber si eras consciente de eso, de la importancia que tienes para otros.
Izuku parpadeó varias veces. Se estrujó el pecho, que empezaba a escocerle mientras la garganta se le atenazaba dolorosamente. Jamás había creído que escuchar esas palabras, que sin siquiera saberlo anhelaba tanto, desencadenarían tantas emociones arraigadas a sus años de decadencia. Era como si Todoroki tuviera la habilidad de sondear en su alma y limpiarla de todos esos sentimientos autodestructivos que había creado como defensa para el cruel mundo exterior. Creía que, si era Shouto, podría aferrarse a él para continuar adelante, con la certeza de que todo estaría bien.
—¿Midoriya? ¿Dije algo malo? —Todoroki se había propulsado del futón para posicionarse a su lado, preocupado al ver los caudales de lágrimas que corrían por las mejillas de su amigo.
—No... Lo siento...
—No te preocupes. —Todoroki agitó la cabeza y, con reticencia, apartó algunos mechones del cabello de Midoriya que no le dejaban ver bien su rostro—. ¿Estás bien?
—Sí, sorprendentemente.
—¿Por qué?
—No pensé que tus palabras tuvieran este efecto en mí. —Sonrió levemente, el gesto empeorando el flujo de lágrimas.
—¿Y es bueno? No me gusta verte llorar.
—Está bien. En serio. —Midoriya tomó su mano y le dio un suave apretón, luego se irguió hasta poderse sentar.
Se limpió las mejillas y esperó hasta calmarse. Con Shouto a su lado, creía que las estrellas incrustadas en su cielo artificial brillaban más de lo normal, y que la luna llena fuera de su ventana los iluminaba exclusivamente a ellos. Sintiéndose mejor consigo mismo y, por consiguiente, más osado, palmeó el sitio a su lado, animándolo a que se sentara. Se sorprendió cuando Shouto lo hizo sin cuestionarlo, y se ruborizó cuando sus hombros se rozaron en un cálido contacto.
Shouto se dedicó a mirar tras el cristal, notando el despliegue de luminosidades que ofrecían los astros. Cada vez que se sentía desasosegado, sabía que la sola presencia de Midoriya era suficiente para calmarlo, y quería creer que era recíproco. Notó que Izuku estaba más tranquilo, y ladeó el rostro para verlo, preguntándose si, en los ojos de él, oscurecidos por el ambiente nocturno, el brillo plateado de los cuerpos celestes se vería distinto a cómo sus pupilas lo reflejaban.
Con la inane pregunta en mente, se quedó sin aliento cuando, en efecto, creyó descubrir nuevas galaxias reflejándose en su transparente mirada. Encontraba a Midoriya fascinante, de muchas diversas formas, de modo que, si Izuku le dijera un defecto de sí mismo, podría responderle con cinco virtudes que lo convertían en una maravillosa persona. Con eso en mente, su pecho se removió y pellizcó, en una nueva —no tan nueva— sensación que halló reconfortante. Y sonrió al percatarse de que eso era, indefectiblemente, amor.
—Todoroki, ¿tengo algo en la cara? —inquirió Midoriya, agradeciendo que no había trastabillado.
Shouto le sonrió, apartando la mirada. Midoriya sospechó de su gesto confidencial, como si se estuviera guardando un secreto. ¿Acaso tenía un nuevo grupo de pecas y no se había dado cuenta? O, peor, ¿un grano? Moriría si era una espinilla de esas asquerosas que salían en AllTube. Presa del pánico creciendo en su interior, tiró de la muñeca desnuda de su amigo, sobresaltándolos a ambos por el repentino contacto.
—L-lo siento, pero, en serio, ¿tengo...?
—Creo que me gustas —atajó Shouto en un susurro.
Midoriya separó los labios, totalmente incrédulo. Lentamente, giró el rostro para encarar a Todoroki, quien le devolvió la mirada, impertérrito. Dejó escapar una interjección ininteligible que reflejaba el cortocircuito dentro de su cabeza. Y, a pesar de que su corazón le martilleaba como loco en el pecho, casi exigiéndole que dijera algo, su cabeza y su lengua se le adelantaron con la respuesta más patética del mundo en aras de zafarse de esa situación:
—Tú... Tú también me gustas —dijo con una sonrisa temblorosa—. Igual que Iida, Uraraka, mamá...
—... —Shouto curvó una ceja, cuestionándose por qué lo había malinterpretado cuando él había sido muy claro; sin embargo, le restó importancia y se dispuso a esclarecer—: De manera romántica, Midoriya.
En esta ocasión, el aludido dejó escapar un chillido, e intentó ahogar sus sentimientos ocultando el rostro entre las manos, pero era imposible esconder el delator sonrojo que le había viajado hasta las orejas. Todoroki, no muy seguro de lo que estaba haciendo, prefirió solo disfrutar el manojo de nervios que había hecho de Izuku; después de todo, su placer culposo era avergonzarlo para que le mostrara esa adorable expresión contrariada.
Esperó en silencio y con una leve sonrisa rompiendo su ecuánime expresión, disfrutando cómo los latidos de su corazón cimbraban en sus tímpanos como un leve ronroneo. Si pudiera, se quedaría en ese instante para siempre, ahogándose en la miríada de sentimientos cálidos que florecían, uno tras otro y a veces al mismo tiempo, en su alma.
—Estás mintiendo —se decantó por decir Izuku, encogiéndose sobre sí mismo—. Alguien como yo no te merece.
—¿Por qué dices eso? —Todoroki se sintió lividecer, pero siguió insistiendo hasta que Izuku lo afrontara apropiadamente.
—Es que mírate, y mírame. Con eso basta para entenderlo. —Atravesó las pupilas oscuras de Todoroki con las propias, temblando por las emociones creando un caos en su cuerpo.
—Pues no quiero hacerlo. —Agitó la cabeza—. Me gustaría saber si yo te gusto, Midoriya.
Izuku boqueó en busca de las palabras adecuadas luego de soltar un sonido de frustración, desviando la mirada con una sensación de vulnerabilidad muy distinta a la que había experimentado toda su vida, porque, en esa ocasión, no le pareció incorrecto sentirse así frente a la mirada diáfana de su amigo. Apretó los puños en su regazo y encogió tanto la cabeza entre los hombros, que Shouto creyó se lastimaría la columna cervical.
—... Por mucho tiempo —admitió, y luego se enderezó para robar un ínfimo vistazo del rostro imperturbable de él—. Pero... ¡A todo el mundo le gustas! Es algo natural de tu personalidad.
—Yo creo que más bien la gente es demasiado indulgente —repuso, recordando su apestosa actitud al principio del primer año en el instituto—. Y si a eso vamos, tú eres bastante popular. Todos te adoran.
—¡Eso no es cierto!
—Está bien. Todos menos Bakugou.
—¡Eso...! —Midoriya dejó escapar una sonrisa, y ladeó el rostro para disimular la risa que amenazaba con brotar de sus labios—. Kacchan no puede contar realmente, a él tu tampoco le agradas. Supongo que es la excepción a la regla.
A Shouto le sorprendió lo fácil que se sintió feliz, era solo cuestión de ver una sonrisa o escuchar la alegría de Midoriya para que su pecho se llenara de verdadero jolgorio. Deslizó su mano hasta sostener uno de los puños relajados sobre las piernas de Izuku, el chico respingó.
—¿To-Todoroki?
—¿Sí?
—¿En serio te puede gustar alguien como yo?
—No alguien como tú, solo tú —aseguró, dejando que su tono fuera embargado por la suavidad y el cariño que le profesaba.
Midoriya, en esa ocasión, dejó que él pudiera ver el evidente arrebol asomándose sobre sus mejillas, teñidas con la luz plateada que se colaba por la ventana. Izuku con escasa —muy escasa— experiencia romántica, no era tan denso como para no interpretar las intenciones de Shouto, inclinándose, lento pero seguro, hacia él. A pesar de que era ridículo, Midoriya siempre estuvo consciente de los diez centímetros de diferencia en sus estaturas, sumado a la distancia de sus hombros, podía calcular unos veinticinco centímetros separándolos, más o menos.
Veinticinco exasperantes centímetros que Todoroki se estaba encargando de acortar; y lo único que Izuku podía realmente hacer era pasar saliva y esperar ansioso, girando la mano que su compañero asía y dándole un aprobatorio apretón. Sin embargo, contuvo la respiración cuando tan solo unos cuantos milímetros los separaban. Sentía el aliento fresco y cálido de Shouto contra sus mejillas, haciendo lo suyo coloreándoselas más. Quiso gritar cuando notó la pequeña sonrisa maliciosa surcando los labios de Todoroki, acompañado de un brillo divertido en las pupilas que, en vez de aturullarlo, solo logró estremecerlo con un incipiente sentimiento que no podía explicar.
—¿Debería hacerlo? —musitó, mirándolo tan cerca, y acariciando el dorso de su mano con un perezoso pulgar—. Midoriya, tú…
Izuku no quiso saber más; después de todo, tenía suficiente con el lío de emociones disputándose en su interior y haciendo un estrago con su pobre corazón repiqueteándole contra el esternón. Estiró un poco el cuello y lo besó. Una sutil caricia, embargada de sus sentimientos, exteriorizándolos y brindándole alivio a sus expectantes almas.
Midoriya ni siquiera supo de dónde sacó la resolución para deslizar su mano hacia la nuca de Shouto, jugueteando con su cabello; tan solo esperaba que, en ese nimio gesto, no se hubiera esfumado toda la osadía de su vida. Por su parte, Todoroki se separó, sintiendo las mejillas arderle y reconfortándose en el casto gesto que habían compartido; apreció cómo la mano de Izuku se deslizó por su hombro hasta terminar de vuelta en su regazo.
Compartiendo una breve mirada y una efímera sonrisa, ambos se prometieron jamás olvidar ese instante.
Luego, Shouto suspiró, no con hastío, sino más bien con cierto deje de ensoñación, y lo rodeó para abrazarlo firmemente, casi queriéndose cerciorar de que no se esfumaría como uno de sus sueños. Midoriya ahogó una interjección de sorpresa, pero correspondió el gesto, sintiéndose seguro y vivo. Sin siquiera percatarse, reanudó su llanto; después de todo, le pareció increíble que alguien como él fuera digno de experimentar tanta felicidad.
¡Muchas gracias por leer!
Escribir TodoDeku creo que le da paz a mi alma xD
Espero les haya gustado tanto como yo disfruté escribiéndolo y editándolo.
¡Tengan un excelente día!
¡Plus Ultra!
