Estoy bastante nerviosa por esto, hace años que no escribo y este es mi primer trabajo de este fandom, espero no haberla cagado (mucho)
La portada pertenece a kogachi_a3 en Twitter ©
Hypnosis Mic Pertenece a King Records ©
Capítulo único
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Jakurai estaba cansado. las rondas nocturnas en el hospital eran realmente agotadoras, aunque debería estar acostumbrado ya a todo lo que conllevaba ser médico, su cuerpo le pedía a gritos un descanso aunque Yotsutsuji como siempre había hecho todo lo posible por ayudarle, de igual forma terminó sobre esforzándose demasiado. Últimamente más y más pacientes llegaban al hospital, la mayoría noqueado por el efecto de algún Hipnosis Mic.
Ese pequeño artefacto cambió el mundo de una forma que nunca habría imaginado, si alguien le hubiera dicho que ahora los numerosos conflictos se «resolvían» con batallas de rap, habría asesinado a esa persona sin dudarlo un segundo. No podía dejarse llevar por esos pensamientos no ahora, ¡Vasta! Hace años que no terminaba con la vida de una persona pero aún tenía en su esos pequeños impulsos, por más que intentara frenarlos a veces simplemente terminaba pensado en eso.
La sensación de la sangre caliente recorriendo sus manos y refinado rostro, los gritos de sus víctimas como pedían ayuda aunque nadie podría escucharlos, sus últimas palabras y observar el último suspiro de una persona al terminar con su vida. El hombre alto sonrió sin poder evitarlo, pero no cualquier sonrisa, era de esas que te helaban la piel, ahora mismo estaba poniendo la cara de un total psicópata.
— ¿Hoy será uno de esos días? —Dijo esto entre dientes para no ser escuchado, lo cual no tenía sentido ya que se encontraba viviendo solo. Sus recientes pensamientos tenían una explicación lógica Jakurai lo sabía con exactitud, cuando salía del trabajo tan cansado, su cerebro no funcionaba como debería más bien, no podía reprimir sus instintos como estaba acostumbrado a hacerlo siempre.
—Necesito una ducha—No podía dejar que su mente siguiera volando de esa forma, ahora tenía una imagen que mantener, era uno de los doctores más respetados de Shinjuku y ya no terminaba con la vida sino que las salvaba.
La sensación de la sangre en sus manos, todo era diferente, su trabajo se basaba en ayudar a otros.
Se empezó a desvestir lentamente quitando su bata blanca, la dobló dejándola suavemente en la cama, se desabrochó la camisa dejando su delgado torso al descubierto, cuando se quitó los pantalones quedándose únicamente con sus ropa interior puesta, se miró en el espejo con atención.
—Realmente me estoy volviendo viejo—Rio suavemente al decir esto.
Tomó la toalla del espaldar de la cama y se adentró a la ducha y se quitó la cinta que mantenía su pelo atado en una larga coleta tirándola por algún lugar del baño.
—La buscaré luego—Se dijo, aunque eso era una mentira, estaba demasiado cansado para buscar una pequeña cinta, cuando en primer lugar tenía cientos de ellas guardadas en un pequeño cajón de su gran closet.
Ya con su larga cabellera suelta, dejó correr el agua y empezó a lavarse el pelo de manera lenta, procurando relajarse todo lo posible. Luego de un rato terminó su largo baño, amarró una toalla en su estrecha cintura y salió tranquilamente a su habitación.
— ¿Pero qué? —Abrió los ojos estupefacto al ver un pequeño cuerpo que se encontraba dando vueltas en su cama despreocupadamente, con una paleta de caramelo dando vueltas en sus labios.
—Oh~—Canturreó el joven de cabellos rosados—. Al fin saliste Jakurai, creía que te habías muerto allá dentro.
—Amemura-kun, ¿Puedes explicarme como entraste?
Ramuda lo miró de arriba abajo sin pudor alguno, relamiéndose los labios.
—Dulce—No sabía a qué se estaba refiriendo en ese momento cuando el joven sacó el caramelo de sus labios por un instante y dándole una última lamida—. Para ser un anciano realmente no estas nada mal—Comentó sereno.
Jakurai le devolvió una mirada afilada, tratando de calmarse dio un largo suspiro y empezó a hablar con la misma tranquilidad que el contrario:
—Te hice una pregunta, responde por favor—El hombre alto cruzo sus brazos sobre su pecho mirando al pequeño que aún seguía dando vueltas sobre su cama.
— ¿Acaso importa como entré? Bueno para veas que si tengo modales de lo diré—Le guiñó el ojo—. Dejaste la llave pegada a la puerta, alguien pudo entrar mientras de duchabas y robar todo o quizás hacerte algo peor.
— ¿Qué? —Jakurai ladeo su cabeza confundido, aunque si lo pensaba seriamente, tenía razón, buscó con la mirada sus llaves en la mesita de la habitación y no las encontró ahí—, Debo agradecerte entonces Amemura-kun—Su profunda voz empezó a ponerle los pelos de punta al contrario—. Me has «salvado»
—Puedo notar la ironía en tu voz Jakurai.
—Creí que no había sido lo suficientemente claro.
Ramuda mordió la paleta y tiró el palo por algún lugar de la habitación-
—Realmente sabes cómo sacarme de quicio, viejo—Su voz se tornó profunda y su semblante cambió por completo, dándole una apariencia más madura y seductora, esta vez ha Jakurai se le pusieron los pelos de punta, sintió como sus orejas se tornaban rojas—. ¿Piensas quedarte todo el día ahí parado? Acércate, no muerdo—habló con su voz burlona habitual.
Jakurai caminó lentamente hacia la cama aún con la toalla atada a su cintura y el pelo totalmente mojado, no se había dado cuenta hasta ahora que realmente estaba demasiado concentrado en Amemura, ese chico sabía cómo envolverlo. Él era un asesino se suponía que encantar a otros era su trabajo y aunque había dejado ya de cometer esos crímenes, su carisma natural seguía ahí, bien portado, facciones que parecían esculpidas por los mismos ángeles, Jakurai comprendía su efecto en la gente y en su momento lo aprovechó al máximo.
Pero ahora mientras caminaba a paso lento en dirección a su propia cama, no pudo evitar pensar que estaba yendo justo hacia la boca del lobo. Ramuda Amemura era un demonio atrapado en un cuerpo pequeño de facciones dulces e inocentes, él escondía sus verdaderos colmillos bajo esa capa de dientes infantiles y paladar con sabor azucarado, que ya había tenido el gusto de probar en ocasiones anteriores, no sabía porque estaba recordando todo esto ahora, ese chico sin lugar a dudas ponía todo su mundo de cabeza.
Se sentó lentamente a espaldas del otro hombre, sus cabellos aún húmedos empezaron a empapar las sabanas de la cama. Ramuda tomó una pequeña toalla blanca que se encontraba en el espaldar de la cama y como si ya hubiera hecho eso cientos de veces–lo cual era cierto–, empezó a secar la larga cabellera morada del contrario con lentitud, disfrutando de los pequeños espasmos del delgado cuerpo del doctor.
Amemura secaba sus cabellos como si estos fueran del cristal más frágil del mundo y Jakurai soltaba suaves suspiros, complacido. El más chiquillo aprovechó la distracción del otro miembro de TDD y dejó una lluvia de besos por su ancha espalda, bajando por su columna hasta llegar a su cintura, donde dio una pequeña lamida. Jakurai solo se estremecía dejando al otro actuar libremente, Ramuda volvió a dejar otro camino de besos y mordidas por su espalda, estaba seguro de que dejó marcas a propósito, sin embargo, como estas no se verían bajo sus ropas de trabajo, no dijo nada y siguió disfrutando del contacto.
El hombre mayor olvidó su estrés, sus pensamientos inmorales, hasta había dejado atrás su profesión de respetado doctor, porque en ese momento en su cabeza no había otra cosa que Ramuda Amemura.
Los labios del chico besando su espalda, sus pequeñas manos tocando por aquí y por allá, el cabello de él haciéndole cosquillas, una droga, en eso se convirtió el más pequeño para su ser, era un adicto sin opción a rehabilitación.
Ramuda no supo cuando había soltado la toalla, estaba demasiado absorto apreciando el torso del doctor, cuando sintió unas gotas de agua mojando la espalda contraria y algo de su rostro volvió a la realidad.
—Oh, creo que me dejé llevar—El diseñador recogió la toalla, que sin darse cuenta, había dejado olvidada a un lado de la cama, para luego seguir secando las hebras moradas—. Es hermoso
—Amemura-kun—Suspiró Jakurai—. No tienes por qué decir esas cosas.
—Solamente resalto lo obvio. ¿He, al fin te dignas a decir algo? pensé que te habías quedado mudo~—Ramuda acerca sus labios al cuello del más alto y le planta otro beso, esta vez dejando una marca visible—. Realmente amo tu cabello~
Jakurai vuelve a suspirar luego de sentir el tacto de los labios contrarios nuevamente sobre su cuerpo, Ramuda siempre era así, malditamente sincero, nunca se guardaba las cosas para con él o al menos eso creía ingenuamente.
—Tus labios están pegajosos—Dijo el doctor en voz baja.
— ¿Eh? —Rio el más bajo—. Ahora te vienes a quejar de eso, si ya te he dejado toda la espalda pegajosa.
— Tienes razón, ahora debo darme otro baño.
—Te acompaño~
—No es una mala idea.
Ramuda abrió los ojos sorprendidos, no creyó que el doctor aceptaría. En consecuencia, saltó de la cama con entusiasmo quedando parado frente al otro, dejó que sus manos se posaran suavemente por su cintura, se paró de puntillas y lo besó. Jakurai sentía que su corazón dejó de latir por un momento, pero se tranquilizó de inmediato, con calma posó sus manos en el cabello del más bajo, agachándose en el proceso para compensar la gran diferencia de estaturas y siguieron besándose lentamente saboreando el paladar contrario, los labios del mas chico estaban dulces como era de esperarse, en cambio la boca de Jakurai tenían un gusto ligero a café, que había estado tomando antes de regresar a casa.
Luego de un rato con sus bocas unidas, se separaron por la falta de aire, ambos tenían las mejillas sonrojadas y un ligero sudor bajaba travieso por sus frentes.
—Jakurai—Amemura posó sus pequeñas manos en las mejillas contrarias, acariciándolas suavemente.
— ¿Mmm? —Con cariño acarició la cintura del más bajo dando ligeros apretones.
—Será mejor que vayamos a ducharnos, yo también estoy hecho un asco.
—Puedo verlo~—Dijo burlón.
— ¿Ahora por qué estas siendo sarcástico conmigo? Eso no es lindo—Hizo un adorable puchero.
—El pequeño Amemura-kun también luce bastante animado.
Ramuda sintió como todos los colores se le subían a la cabeza, el doctor tenía razón, realmente estaba animado allá abajo, observó atentamente al contrario y al notar como este trataba de ocultar «algo» que se levantaba bajo su toalla disimuladamente, supo que no era el único «animado»
—Al parecer no soy el único que está de humor, alégrate no eres impotente, viejo.
—Sabes muy bien que no lo soy, Ramuda.
—Bueno ¿por qué no lo confirmamos? —Tomó la mano del más alto y ambos se dirigieron tranquilamente al baño. — ¿Tienes condones de mi talla?
—Están en el estante del baño.
—Perfecto hoy nos divertiremos juntos—Ramuda sonrió ampliamente y empezó a quitarse la ropa, la dejó esparcida por toda la habitación, y volvió a tomar las delicadas manos del contrario para seguir su camino hacia el baño.
—Aunque sea, cúbrete con una toalla.
—Me has visto desnudo cientos de veces.
—Al menos ten un poco de decencia.
— ¿Qué es eso?
—Eres imposible.
—Y tu estas imposiblemente enamorado de mí~
Jakurai paró en seco y bajó la mirada encontrándose con la cara sonriente del otro.
—Puedo decir lo mismo sobre ti.
— ¿Tú crees?
—Realmente lo creo—se agachó para acercar su cara a la del otro, éste puso sus manos en la cintura del más alto y ambos se quedaron ahí parados frente al baño, compitiendo con la mirada.
—Discutir no resolverá nada, mejor entremos que ya está haciendo calor aquí—Ramuda decidió romper el silencio que los envolvía.
—Concuerdo—Ambos entraron tranquilamente y se adentraron a la estrecha tina del médico, por suerte los dos cabían sin problemas, debido a la notoria diferencia de tamaños que existía entre ambos, Jinguiji estaba dándole la espalda a Amemura, éste último se dedicaba a masajear su cabello con cariño.
Ramuda Amemura era así, un hombre de pocas palabras para expresar sus emociones, se esforzaba por esconderle al mundo sus sentimientos. Él no tenía permitido sentirse de esa manera, esos sentimientos que amenazaban con salir de su pecho cada vez que veía esa larga cabellera morada danzar a su lado, o como su «pulso» su aceleraba cuando se comían a besos, sus mejillas se sonrojaban y la cabeza le daba vueltas, Jakurai lo había averiado, él no tenía permitido sentir esas cosas, simplemente era una herramienta con una misión, solo tenía que seguir ordenes, no entendía lo que le estaba pasando, Ramuda estaba claro en que se estaba volviendo ligeramente diferentes a los otros.
Jakurai Jinguiji era el culpable Ramuda lo tenía claro, ese hombre iba a lograr que su cererbo hiciera corto circuito. «Podría decir lo mismo de ti» las palabras del hombre mayor daban vueltas por su cabeza ¿amor? ¿Eso era? ¿Qué era el amor? No podía comprenderlo del todo pero...
—Estas en lo cierto—Susurró en su oído.
— ¿A qué te refieres?
—No estoy seguro.
—Debes ser claro para que pueda entenderte Amemura-kun.
— ¿Ya no es Ramuda?
El otro hombre sintió sus mejillas sonrojarse levemente, volteó su rostro para encontrarse con los labios del otro que ya lo esperaban.
Su relación era extraña, de ninguna forma podía clasificarse como «normal» simplemente disfrutaban lo que podían del otro, sus besos, caricias, y más importante, sus batallas utilizando el poderoso micrófono, al fin y al cabo eso los había unido, era lo que mejor hacían juntos. Ill Doc y Easy R, miembros de The Dirty Dawg, las leyendas de Japón.
Era uno dentro y fuera del escenario, aunque ambos sabían que esos cálidos sentimientos en sus pechos no serían eternos, los dos aprovecharían cada sonrisa, cada beso y cada momento juntos al máximo.
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FIN
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Bueeeeeeno esto fue todo por ahora, aun tengo un montón de borradores sobre esto dos realmente espero y quiero volver a aportar un poco mas al fandom hispano que es bastante pequeño, hasta la próxima.
