No vi ningún fanfic de Hyoga en este estilo, así que pensé ... '' Mierda, me toca a mí hacerlo ahora '' Y aquí está. Hace tiempo no veo a Saint Seiya, si algo va raro discúlpenme, es debido a eso.

No, Saint Seiya no me pertenece, fin (?


Hyoga de Cisne siempre había sido proclamado como el chico guapo del grupo, era constantemente el foco de miradas de hombres y mujeres por igual, pocas veces alguien podía resistirse ante el encanto del joven ruso, sus ojos claros y su pelo que asemejaba en color a un amplio maizal eran, sin duda alguna, notorias muestras de predilección por parte de la naturaleza hacia el agraciado caballero de Cisne.

Era Hyoga, en cierto aspecto, imperturbable; solo el amargo recuerdo de su madre le provocaba llanto e intenso dolor, o al menos así fue al principio, las muertes del Maestro Cristal, de Camus de Acuario y finalmente de Isaac terminaron por desencadenar en él más de un lamento solitario, una tortura silenciosa , eso era últimamente su existencia, un llanto callado.

Pero, naturalmente, nadie lo notaba, Hyoga era el chico cool, no causaba problemas, era extrañamente calmado muchas veces, pero nadie podía decir que algo iba mal con él.

Si algo cabe destacar es que las dolencias del cuerpo son más de una vez el reflejo de las dolencias del alma, bajo esta premisa, no es ajeno al caso adjudicar el nivel de sensación de incomodidad que ahogaba últimamente a Hyoga a estos motivos.

Ciertamente, un estado de ánimo positivo en él era inexistente, muchas veces, sentado junto a sus compañeros fieles, aparentemente era tragado por pensamientos y miraba a la lejanía, sus manos, manchadas de sangre querida, su conciencia marcada por la culpa… Se conformaba con leer y aparte, las visitas al amplio patio y sus alrededores curaban en cierta medida el profundo dolor que le ahogaba, pero últimamente ni esto podría sofocar los gritos de su conciencia.

¿Seguiría viva su madre de él no haber existido? Sin dudas

¿Algo cambiado para sus maestros y compañero? Sin dudas

¿Estaba cansado? Sin dudas

Sin dudas

Le dolía la cabeza, le zumbaban los oídos, le pesaba el pecho por el llanto comprimido.


Caminaba pacíficamente hacia los árboles cercanos a la parte trasera de la Mansión Kido, llevaba un libro en sus manos, últimamente había entendido bien lo que para Ikki significaba estar en soledad. Se sentó bajo una espesa sombra y leyó; pronto su cabeza parecía querer estallar por un agudo pero persistente dolor, Hyoga conocía ya bien esa incomodidad, pero no se medicaba, había vivido años en Siberia sin tener la mano ni una aspirina, no iba a morir por ello.

La nostalgia le invadió unos momentos después, ¿Estaba triste? Sí, mucho, pedía perdón a Dios por sus pecados en silencio, tenía demasiada sangre amada en sus manos, daría lo poco que tenía por regresar el tiempo y tener un último abrazo, ¿Por qué habían sido tan trágicos todas sus pérdidas? Todas con él en primer plano, él, el perpetrador, el asesino... Se había perdido su derecho a llorar en condiciones, era un Caballero de Atenea y por lo tanto no tenía derecho a perder el tiempo llorando largo y tendido como le había gustado en esas situaciones.

Una somnolencia extraña le invadió unos momentos, estaba agotado de tanto pensar, de tanto recordar y añorar, sus ojos pesaban como si sus pestañas fuesen de plomo, no se resistió y las cerró.

No podría evitar dormir y sufrir sueños inquietos, ahí, bajo la sombra de un árbol, ni siquiera en sueños, Hyoga de Cisne tenía paz.

Las pesadillas eran una moneda de intercambio común para él, pero esta vino acompañado de una sensación física que nunca había tenido problemas excepto en ocasiones fuera de su control.

Frío

Tenía mucho frío.

Se estremeció con violencia antes de caer en un estado de sopor, las pesadillas se disiparon un momento y cayó en una especie de vacío, no comprendió lo que soñaba, era una especie de masa colorida que se debatía entre la realidad y lo comprensible, lo irreal y lo irracional.

Y entre todo ese caos, una figura conocida, familiar, reconfortante y poblada de amor.

-Mamá...