Los personajes de Mentes Criminales no me pertenecen.
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Cuando Luke empieza a abrazar su cuerpo, aunque sea un insignificante momento, Penelope cree dejar de respirar para luego soltar un suspiro largo y bajo que estremece a Luke que aprieta con más fuerza entre sus fuertes brazos su cuerpo, baja los labios, apenas rozando el largo de su cuello y mece sus cuerpos en una danza tranquila y placentera.
Entonces sus pequeños besos se transforman, se profundizan hasta dejarla temblando y pidiendo por más, se miran y Luke sonríe.
Aquella sonrisa con el hoyuelo con la mejilla, aquella sonrisa sincera y endiabladamente coqueta y juguetona, aquella sonrisa que hace a Penelope enrojecer y enroscar entre sus dedos la camisa de Luke para tirar y besarle los labios y reír.
Se pierden, mirándose, acariciándose suavemente, a veces con más fuerza de la necesaria, aquella que marcha sus cuerpos, se retuercen en un abrazo cálido y necesitado. Bajan hasta que sus labios vuelven a unirse y suspiran al unísono.
Entonces, el más cuerdo en ese instante, casi siempre es Luke, la aleja y le insta a caminar, porque están dando un pequeño espectáculo en plena calle, y Penelope le aprieta la mano y caminan, apoyándose uno contra otro.
Caminan y planean qué hacer aquella noche, quizás cine, quizás una cenita en casa, quizás escuchar música, quizás…
Quizás amarse hasta que sus cuerpos se desplomen uno contra otro y se duerman.
