—¡Buenos días, Kuroko-chan!
—¡Buenos días, Furihata-san!
—¡Buenas, Furi-chan!
—¡Buenos días para ti también Takao-chan, ambas se ven muy lindas, como es usual! — Descansando su bolso sobre su escritorio, Furihata sonrió suavemente hacia las dulces y felices niñas, divertidas, refrescantes y nuevas compañeras de trabajo: Kuroko Tetsuko y Takao Kazunari.
Furihata Kouki ha estado trabajando en las empresas Masori CO durante ocho años, en términos de antigüedad ella es la única en todo su departamento que estuvo allí cuando el CEO Akashi Masaomi inauguró el lujoso edificio de ciento cincuenta pisos en Tokio, su segunda empresa más grande en todo Japón, solo siendo superada por su sede en Kioto.
Ver dos rostros lindos, amigables (de acuerdo, solo el rostro de Takao era amigable con esa gran sonrisa de oreja a oreja que dejaba ver una hilera de perfectos y blancos dientes; porque la cara de poker face de Kuroko era más bien... singular, aun hermosa, sin embargo), adorables y jóvenes, le hizo recordar a ella misma en los días en que era una novata en este campo (solo que ella no era linda ni adorable).
Su trabajo no era tan importante, aunque muchos se sorprendían cuando recibían su pequeña y sosa tarjeta de presentación, está consciente de que es solo por el logo de Masori CO impresa en una esquina del papel. Pero la decepción es pintada luego en los rostros de los extraños cuando ella misma, con una sonrisa y negando rápidamente con la cabeza, se apresura a explicar.
Es solo una simple y común oficinista en el área de recursos humanos.
Aunque ella era la (actual) jefa del departamento, tampoco es porque sea increíble, Furihata solo fue ascendida porque su jefa se casó y tuvo un bebé, decidiendo que su familia era más importante que su trabajo, renunció.
Furihata no diría con orgullo esto, pero está segura que su ascenso tuvo que ver más con la antigüedad que con la aptitud, porque ella es un completo desastre casi todo el tiempo.
Ella no tenía mucho que ver con los contratos millonarios de la empresa, o con servicios de alto valor añadido, desde la comercialización de productos hasta el desarrollo industrial de Masori CO; nada de eso, ella solo contrata y despide a la gente.
O, eso es lo que la mayoría de las personas piensan en cuanto escuchan "recursos humanos" y Furihata no tiene la paciencia para explicar que es más que solo eso, es más que solo elegir a un puñado de personas o descartar a otro, porque, no es divertido escuchar lo que una mujer de treinta y un años de edad, soltera, simple y aburrida quiere decir sobre su trabajo.
Y Furihata a regañadientes tiene que admitir que tienen razón.
—¿Y no hay un buenos días para mí, Furihata-san? — Furihata Kouki escuchó la suave pero imponente voz masculina que, día tras día desde hace un mes ha tenido el placer de oír, justo a su lado. Incluso si hay una distancia de casi dos metros, entre ella y el niño de cabello rojizo y hermosos ojos bicolor, Furihata se estremece ante tal mirada depredadora.
Es la primera vez que alguien la mira de esa manera... y no puede decir que no le gusta, que no hace maravillas con su ego y su nula confianza en sí misma, pero casi al mismo tiempo la culpa y la angustia la inundan.
—Buenos días, Seijuro-kun.
Seijuro es solo un niño, demasiado joven para permitirse sentir de la manera en que lo hace.
—¡Buenos días, Furihata-san! ¡Hoy también luces hermosa! — No es la primera vez que escucha esto, pero si es de la misma y única persona que le ha dicho que es hermosa desde hace un mes.
Furihata se sonrojo apenada, una mirada a su atuendo, a su cabello y a su rostro y todos podían decir que Seijuro estaba mintiendo por amabilidad; esta fue su ropa de siempre: una falda un poco más arriba de las rodillas usualmente en color gris o negro, hoy fue gris, una camisa blanca de manga larga, zapatillas negras sencillas con un tacón de dos centímetros, una simple coleta baja con mechones de cabello sueltos, y solo un poco de labial color pastel.
El mismo estilo que ha llevado por ocho años.
—Gracias, Seijuro-kun, eres muy amable.
Pero de alguna manera, la forma en que lo dice, le hace pensar a Furihata que no está mintiendo cuando lo dice.
—¡Furi-chan es lindisima, Sei-chan! — Takao dijo y antes de que Furihata pueda darse media vuelta y regalarle una sonrisa suave y de gratitud a la niña pelinegra, puede sentir los brazos de Takao rodeandola y su pecho pegado a su espalda, también antes de que pudiera decirle algo, las traviesas manos de la niña sujetan sus senos y comienzan a masajearlos sin vergüenza alguna. — ¡Luces tan joven! ¡No necesitas ni una sola gota de maquillaje! ¡Y tus senos son grandes, pero son firmes y suaves! ¡Furi-chan dime como lo haces! —El tono de voz de Takao se escucha juguetón, con una pizca de reproche.
—¡Takao-chan! — Furihata casi gritó, alarmada y extremadamente ruborizada, solo podía pensar en que Seijuro estaba viendo y escuchando. — ¡KUROKO-CHAN! — Finalmente gritó cuando la niña de cabello azul también sujeto sus senos, sin embargo, ella lanzó un ataque de frente.
—Furihata-san, es injusto. — La voz de Kuroko sonaba lúgubre, un escalofrío recorrió la espalda de Furiata y de la de Takao, una sombra oscura rodeo el cuerpo de Kuroko; luego Takao desvió su vista hasta el pequeño pero encantador busto de la niña. Una traviesa sonrisa surco sus labios y tan rápido como vino se fue, Furihata se vio liberada y en seguida Takao se arrojó a Kuroko.
—¡No te preocupes Kuroko-chan, los senos pequeños tienen su encanto!
—¡No quiero escuchar eso de alguien copa D*!
Furihata se apartó inmediatamente, aún con las mejillas sonrojadas y con sus pestañas húmedas por las lágrimas de vergüenza contenidas.
Escucho a Seijuro reir, afortunadamente, los únicos que solían llegar más temprano de lo normal eran ellos cuatro, entendía que Takao y Kuroko quisieran darle una buena impresión; en cuanto a ella, tenía la costumbre de llegar más temprano y salir más tarde, porque tenía que corregir todos sus errores a lo largo del día, pero... ¿Por qué Seijuro también llegaba temprano? Incluso más que Takao y Kuroko.
En realidad, Furihata no sabía mucho de Seijuro, Midorima Shintaro lo trajo un día y simplemente dijo que se quedaría allí por un tiempo, que no era necesario que se preocupara por su presencia porque Seijuro se estaría reportando directamente con él. Entonces, le cedió el escritorio más cercano a ella (haciendo que Ida-san se mudara) y se fue.
¿Tal vez un amigo de Midorima-san?
A Furihata nunca le gustaron las personas que conseguían algo (un empleo en este caso) a través de la ayuda de otras personas, pero Seijuro era de alguna manera, intrigante, se presentó solo con su nombre, y Furihata no pidió más, porque no quería indagar en algo que posiblemente pudo ser un mal recuerdo para el niño que le sonrió únicamente a ella cuando se miraron el uno al otro.
Se permite ser indulgente, ella no sabía sobre la condición de vida de Seijuro, tal vez, de verdad necesitaba el empleo. Quien sabe, tal vez, Seijuro era realmente bueno en su trabajo, tanto que Midorima (ese Midorima que parecía siempre estar enojado y que odiaba los errores, porque eso significaba más trabajo para él) paso a través de ella para contratarlo.
No lo sabía, porque Seijuro no se reportaba con ella y ella no tenía permitido supervisar a Seijuro.
De todos modos, Midorima no era nadie al que pudieran engañar fácilmente, quizás esa era la razón por la que Furihata se sentía tranquila con la extraña presencia de Seijuro en el departamento de recursos humanos.
—¿Furihata-san? — Seijuro la llamó, la burla en su voz era difícil de ocultar.
—¿Sí, Seijuro-kun?
Seijuro se acercó a ella, lo suficiente para que pudiera detectar el delicioso aroma de su colonia y ver mejor el traje de marca que lleva ese día, que como es usual hace que los ojos de Furihata vaguen por su cuerpo, porque incluso si Furihata no puede tocar, nada le impide ver y admitir que Seijuro es un hombre atractivo.
—¿Qué vamos a almorzar hoy?
Furihata sonrió, porque recientemente ha estado cocinando para Seijuro también y no sabe exactamente porqué, tal vez es su instinto maternal que funciona con todos aquellos que son más jóvenes que ella, con Kuroko y Takao, por ejemplo, cualquier otra persona las regañaría severamente ante tal manera de comportarse y la falta total de respeto hacia lo que, se supone es un superior. Sin embargo, Furihata es indulgente, porque esas niñas son lindas, adorables y divertidas, hacen que sus (antes aburridos) días sean un poco diferentes.
Es casi lo mismo con Seijuro, solo bastaron unas cuantas oraciones para que su corazón se llene de angustia y preocupación al saber que Seijuro vivía solo, sin tiempo suficiente para prepararse un almuerzo, comida o cena adecuada.
Así que, no podía hacer nada por las comidas o cenas, pero el almuerzo era otra historia.
—Sopa de tofu y omurice. — Los favoritos de ambos. Furihata sonrió suavemente al recordarlo.
La sonrisa de Seijuro, así como su mirada se suavizaron al mirar a Furihata, era la misma sonrisa que Seijuro recordó por más de ocho años.
La misma sonrisa que lo enamoró.
Ella seguía siendo tan hermosa como el primer día que la vio.
Incluso si ella no lo recuerda a él, la manera en que se conocieron o su promesa.
"Sí aun sigues amándome cuando crezcas, entonces me casaré contigo Akashi-kun."
"Yo nunca pierdo. Tengamos una apuesta, Furihata-san. Si yo gano, te hare feliz lo que me reste de vida. Si tú ganas, entonces me harás feliz lo que reste de la tuya."
"¿Cuál es esa apuesta?"
"La sabrás cuando nos volvamos a ver."
—Supongo que gane, Furihata-san.
—¿Umm? ¿Dijiste algo, Seijuro-kun?
Seijuro negó un par de veces con la cabeza.
—La sopa de tofu es mi favorita.
—Lo sé, ahora ¡Pongámonos a trabajar!
—¿Seijuro? — Akashi Masaomi, llamó, el pelirrojo conocía ese tono de voz, era uno que le decía que era momento de dejar de tontear y ponerse a trabajar en serio.
—Padre.
—¿Cuándo volverás a Kioto? Jugaste todo un mes en la sucursal de Tokio, pero tu deber como CEO está aquí. — Seijuro se reclinó en su sillón, frunció su ceño y soltó un suspiro, miró a su padre con una mirada determinada.
—Realmente no estaba jugando como padre lo dijo, estaba en una importante misión de reconocimiento y obtención de datos de vital importancia para un futuro plan de acción que determinaría el éxito o el fracaso en mi cometido de conquistar a Furihata Kouki.
—¿Oh?
—Regresare cuando Furihata-san acepte ser mi esposa.
Masaomi se quedó en silencio, antes de estallar en carcajadas, Seijuro frunció su ceño con evidente molestia.
—¡Ni siquiera le has dicho que no eres un simple oficinista, eres mi hijo, el futuro CEO de Masori CO! — Masaomi limpio las lagrimas de sus ojos, era la primera vez en años que se reía de esa manera, nunca imaginó que su serio primogénito sería el responsable de tan grande hazaña.
—Ella y yo hicimos una apuesta padre, la gane. Así que estoy reclamando mi premio.
—¿Qué clase de apuesta?
Seijuro sonrió, de esa única manera en que lo hacía cuando todo estaba saliendo tal y como él había planeado, Masaomi tenía que admitir que era una acción que incluso a él, le hacían sentir escalofríos.
—No es necesario que lo sepas, no por ahora.
Tenía muchas ganas de escribir esto así que fui y lo hice, lo escribí.
Por cierto, no tengo ni idea de eso de las copas, yo aun dependo de mi mami para que me compre mis bra~~~ xD
Sooo, lo siento si me equivoque, pero si, Takao también tiene buen busto.
Weee, ¿Qué clase de apuesta es la apuesta de Seijuro? ja, ja, ja... Furi-chan se condenó solita, incluso si el emperador tenía 12 años cuando se conocieron ya era absoluto.
Nos leemos.
