¡Nueva historia!

Han pasado unos días desde que subí alguna historia nueva, sé que tengo unas cuantas en construcción pero la verdad es que me era imposible escapar de la historia que mi mente estaba creando tras haber visto la película de Frozen, realmente la vi hace poco y ya mi mente maquinaba la historia así que aquí estoy. En mi computador ya tengo tres capítulos escritos y ya voy el cuarto, lo cierto es que tengo la idea central y el resto simplemente lo voy hilando de a poco. Quise hacerlo de esta manera porque me recuerda a cuando comencé a escribir en Fanfiction que solía tomar un programa de televisión y escribir de la anda las ideas que iban saliendo de poco en poco.

Se siente bien volver atrás y quería intentarlo nuevamente así que lo único que tengo para decir es... espero que todo salga bien y no sea un gran fail esta historia.

Resumen: La naturaleza tiene un balance: cuatro elementos naturales guiados por un quinto elemento nacido de una bendición por amor. Cuando la boda de la Reina Anna se encuentra a las puertas de la esquina, algo extraño sucede. Los espíritus se rebelan contra la gente. La tierra reclama lo suyo mientras los humanos se ven sometidos a su merced. Un nuevo viaje empieza y aún sin saber qué le depara el futuro, Anna decide acompañar a Elsa a una peligrosa aventura por destapar la verdad detrás de los espíritus.

Disclaimer: Frozen es una película de Disney basada en los libros de La Reina de las Nieves de Hans Christian Andersen, producida por Chris Buck y Jennifer Lee.


~ Confía en tu viaje ~

1
Una lluvia de advertencias

Fue el galopar de los cascos de un caballo el único sonido que atravesó el bosque a toda velocidad. El animal de escarcha atravesó los troncos esquivando con destreza mientras su jinete no perdía la vista de enfrente. El aire comenzaba a sentirse pesado mientras una estela cristalina era dejada detrás de ellos.

La muchacha de cabellos albinos echó un breve vistazo por encima de su hombro y luego fijó nuevamente su mirada hacia el frente, sorprendiéndose cuando la rama de un árbol aparecía rápidamente cerca de su rostro. Esquivarla fue una suerte, pero el desafío mayor comenzó cuando la tierra comenzó a sacudirse de manera en que el caballo de cristal tuvo problemas para mantenerse en pie. Las decisiones vinieron con un parpadeó, sin vacilación el gran animal obedeció sus órdenes esquivando los quiebres que se formaban en la tierra. Saltando de lugar en lugar, luchando por defenderse a sí mismo de lo sucedido.

El fuego comenzó a arrasar por todo el bosque derritiendo la nieve y quemando las cenizas de los árboles. Convertido en una llama que ardía como una serpiente arrastrándose por el suelo, el peligro comenzó a aumentar al ver que éste estaba cerca de su objetivo. El acantilado se encontraba a solo unos metros de distancia entre la tierra resquebrajándose y el fuego acercándose, el viento sopló con tanta fuerza que para el jinete fue difícil mantenerse sobre el caballo.

La decisión de vivir o caer ante el peligro se volvió más próxima de lo que el jinete esperaba. El animal soltó un fuerte galope cuando el viento empujó con más fuerza y la gran llama ardió con más fervor cuando se encontró frente a su objetivo.

Fue su último aliento antes de tomar la drástica decisión de lanzarse al galope directo hacia el fondo del acantilado. El caballo chilló y ella cerró los ojos esperando su inminente final.

Tres días antes.

La campana de un nuevo día comenzó a sonar por todo el Reino de Arendelle advirtiendo a sus habitantes que el medio día había llegado finalmente. Fue un aliento de alegría para muchas personas, desde los niños ansiosos por jugar en las calles hasta los ancianos que agotados estaban por una dura y fructífera montaña de trabajo. Los hermanos Bjarne y Bjorn se peleaban nuevamente por quien debía ser reconocido por obtener más ventas que el otro, incluso cuando ambos manejaban el mismo negocio.

Anna rió al cruzar con ellos mientras realizaba una caminata tranquila por el reino siguiendo a su consejero de mano derecha junto a su guardia real. La alegría saltaba por todo el reino causando que la joven reina –aún incapaz de hacerse a la idea del nuevo título sobre su cabeza– sintiera completa satisfacción por la forma en cómo había comenzado a dirigir su reino.

Apenas había pasado un tiempo desde que comenzó a desempeñar su nuevo papel como Reina de Arendelle después de la intensa aventura descubriendo el pasado del pueblo, sus padres y el destino de su hermana. Había sido difícil caminar con la corona por el pueblo, no tenía nada de similar a las tiaras que acostumbraba a usar y desde luego en la mirada de los habitantes se podía notar el apoyo incondicional que le tenían desde que asumió el poder. Pero a pesar de todo, no podía evitar preguntarse si la mirada en sus rostros sería diferente si ella continuara siendo princesa y su hermana mayor no hubiera cedido la corona.

Un nuevo capítulo para la vida de ambas: Elsa renunció al título poco después de descubrir algo increíble sobre el propósito de su magia mientras ella tomaba el lugar que le correspondía a la mayor por derecho de nacimiento.

¿Era difícil manejar el reino? Sí, lo era. A veces no dejaba de sorprenderse de lo duro que podía llegar a ser una sola mañana. Entre papeles y decreto, reuniones y citas con los habitantes. No podía evitar preguntarse cómo lo hizo Elsa en su reinado. Cómo lograba mantenerse elegante y con una sonrisa refinada en su rostro todo el día después de horas de tratar con gente terca o gente que no tenía tiempo para pensar si la reina tenía algún dolor de cabeza tras escuchar tantas quejas en el día. Anna quería gritar en muchas ocasiones, pero la compostura ante todo. Ya tendría tiempo por la noche cuando nadie la estuviera viendo.

Sin embargo, pese a todo el peso de la corona sobre su cabeza, adoraba al reino y a sus habitantes. Podían sacarla de quicio a veces, podían dormirla con sus largos e interminables problemas e incluso podrían hacer que quisiera aventarse por la ventana hacia una aventura completamente diferente, pero seguían siendo su familia. Su hogar natal que nunca iba a desaparecer del mapa.

Los negocios con otros reinos iban bien, desde reinos lejanos como no tan lejanos, lo cual era demasiado hablar ya que Arendelle realmente estaba ubicado al muy lejano norte del mundo, donde el reino o pueblo más cercano estaba a un día de distancia.

Pasando por la más reciente estatua ubicada en el centro de la ciudad, una sonrisa más amplia se dibujó en sus labios. Fue una reverencia pequeña la que hizo, pero llena de amor y cariño hacia quienes le dieron la vida y ya no se encontraban cerca.

– Estoy seguro de que estarían orgullosos – Kai, su consejero, murmuró con una amplia sonrisa antes de volver a emprender la caminata.

– Dices eso Kai, pero mi estómago no deja de revolverse cada vez que lo pienso – Ella murmuró viendo a unos niños jugar con un balón no muy lejos – Dirigir el reino, escuchar las solicitudes de todos los habitantes, asistir a reuniones importantes, planear una boda… ahora entiendo por qué Elsa decidió irse a vivir al bosque

Mattias, que mantenía una distancia no muy lejana, emitió una suave risa mientras Kai ignoraba el comentario de la muchacha. Siguieron caminando hasta que finalmente se detuvieron en las puertas del castillo.

La caminata del día había sido un éxito. Logró comprobar que todo estaba en orden y nada faltaba en su reino. Nada mal para un día ordinario dónde no sucede nada fuera de lo normal.

¿Por qué eso no sonaba bien en su cabeza cuando lo pensó?

Gerda corrió hacia ella sosteniendo una cantidad de mantas doblada excesiva. La mujer de cabellos castaños, que con una sonrisa se le acercó, entrego las mantas a una joven doncella que se encontraba junto a ella mientras se dirigía hacia los recién llegados.

– Su Majestad, hemos contactado con Gin, de la tienda de flores, y hemos ordenado los arreglos florares que ha pedido – Ella habló con cortesía y subordinación hacia su reina. La mujer de cabellos cobrizos, Anna, sonrió ampliamente agradeciendo a la mujer que con tanta amabilidad se había ofrecido a encargarse de la decoración de uno de los eventos más esperados de todo el reino: su boda.

Pensar en casarse era una idea tan lejana cuando era joven. Vivir junto a la persona que su corazón eligiera para amar había sido un sueño hecho realidad. No era que no tuviera experiencia en el amor como para que años después pudiera conocer a la persona ideal. Tenía la experiencia suficiente para saber que su prometido la respetaría y cuidaría del mismo modo en que ella lo haría con él. Unidos por algo más que amor, un viaje que ambos emprendieron juntos y que siempre iban a acabar juntos.

Los preparativos se habían puesto en marcha tres meses después de que Anna asumiera el mando de Arendelle, su prometido Kristoff lo había propuesto después de una tarde en que la joven llena de energía de pronto se había quedado dormida en la mesa del comedor a la hora de la cena sobre su postre: una tarta de chocolate de siete tonalidades diferentes, cosa que dejó sorprendido a muchos de los presentes en aquel momento.

Su corazón daba un latido cada vez que pensaba en su propia boda. Un vestido blanco y elegante, precioso y decorado con las flores más hermosas y aromáticas que pudieran existir en Arendelle. Su prometido vestido elegantemente (una rareza), su familia en primera fila observando con una gran sonrisa. Un gran pastel con una decoración única y especial, y los lugares para la cena todos organizados con tal armonía que no desentonara con la gran sala de su hogar.

Todo estaba en marcha, no terminado por completo ya que apenas habían comenzado los preparativos, pero por mucho que fuese un sueño hecho realidad para cualquier chica de corazón enamorado, el suyo daba un vuelco quedándose al revés. Ese latido que escuchaba cuando pensaba en matrimonio siempre venía acompañado de malas vibras. Su preocupación más grande no había sido encontrar a la dama de honor perfecta o encontrar el lugar perfecto para casarse, tampoco había sido la ligera preocupación que tuvo hacia su prometido, quien era bastante conocido por dirigir un negocio de venta de hielo y no un reino. Su preocupación provenía de la palabra «Altar».

¿Cómo podía Anna caminar hacia el altar cuando no había nadie que la pudiera llevar hasta allá?

De momento se había negado a expresar sus preocupaciones a alguien más, en especial a su prometido, por tanto cada noche que caminaba de regreso a la misma cama de la cual se levantaba por las mañana tenía que aguantar la incertidumbre de que un día se acababa y otro comenzaría estando cada vez más cerca de la fecha de la boda.

– Estupendo Kai – Ella dijo interrumpiendo al consejero que se encontraba leyendo las minutas de la última reunión. Se encontraban en la sala del trono de un momento a otro, lista para empezar otra hora recibiendo a los habitantes de Arendelle y sus solicitudes o sugerencias para mejorar el reino.

El verdadero desafío acababa de comenzar, ¿la misión? No dormirse. Así de simple.

Por desgracia, su consejero la conocía mejor que cualquier otro empleado y él sabía que la chica era de corta atención, sabía que se distraía fácilmente y sobre todo sabía que si alguien se sentiría orgulloso por ver el gran progreso que ha hecho la joven reina, esa sería su familia, incluido él.

El gran salón era tan inmenso como su nombre lo indicaba, imponente ante cualquier persona ordinaria. Tenía decoraciones muy bonitas que Anna había decidido mantener desde el reinado de su hermana y anterior a ella, su padre. La luz que se filtraba iluminaba todo el salón, lo que volvía cálido en momentos como este. Ella respiró hondo, ambas manos en los brazos del asiento, mirada al frente y corona en la cabeza. Estaba lista.

¡Que entre la gente!, quiso ella gritar, pero mantuvo sus labios juntos con una fina sonrisa que expresaba todo lo que pensaba. Entonces, cuando pensó que el primer habitante entraría por esas grandes puertas para consultar sobre la feria que estaba por abrirse esa misma semana, una figura completamente diferente cruzó las puertas.

Con pasos que hicieron eco en todo el salón, la sonrisa de orgullo y satisfacción en su rostro y sus caderas meneándose elegantemente al caminar, Elsa hizo su camino a través de las puertas con aquel elegante atuendo color blanco como la nieve y su cabello albino suelto como nunca antes lo había usado. La imagen de la mujer de las nieves caminando con aires refinados superiores a un humano normal, incluso al hijo más educado de la realeza, hizo que el aliento de algunos presentes se enganchara en sus gargantas sin saber que decir ante la presencia de la joven.

El corazón de Anna volvió a dar un vuelco, pero ese era un vuelco feliz. Kai, quien había permanecido a su lado en silencio, sonrió ante la visita inesperada de la hija mayor del difunto rey.

Anna no aguantó la emoción, dio un saltó del trono y acortó la distancia con la muchacha en poco tiempo. Su piel helada se sentía refrescante ante su tacto. Una suave risa proveniente de sus labios y el abrazo más cálido que haya recibido en un tiempo.

– ¡Elsa! No dijiste que vendrías antes de lo planeado.

– Bueno, no puedo decirte siempre lo que haré o no sería sorpresa – La muchacha de ojos azules respondió con una pequeña sonrisa antes de mirar al consejero. Fue una inclinación pequeña, pero llena de respeto que hizo sentir a la chica como en los tiempos anteriores al reinado de la cobriza. Volvió a mirar nuevamente a la chica y sonrió – En realidad estábamos dando un paseo y terminamos aquí sin darnos cuentas

– ¿Estábamos? – Anna sonrió mirando por encima del hombro de la muchacha esperando ver a alguien más, pero no fue nada más que el camino fresco por el hielo lo único que quedo atrás.

Fuera del castillo, el viento sopló entrando por las ventanas y jugando con las flores que se encontraban adornando la sala. Anna emitió una risita suave.

– Hola, Gale – Ella saludo mientras el viento la envolvía antes de desaparecer nuevamente por donde había venido.

Elsa meneo la cabeza de un lado a otro – Tal vez nos desviamos apropósito – Admitió la joven.

– Oh – Anna sonrió.

– Está bien, lo hicimos – Ella asintió – De todos modos pensamos en pasar a saludar. Hola.

Anna volvió a reír. ¿Era tan torpe Elsa cuando tenía la corona o simplemente era parte de su personalidad reprimida debido al miedo hacia esos poderes tan mágicos que tenía?

– ¡Kai, cancela todas las citas! Todo lo que haya programado para hoy lo quiero agendado para otro día. Dile a Cas que prepare comida, mucha comida y que la lleve a mi habitación. Daremos por terminada la sesión de hoy – Anna declaró rápidamente mientras sostenía la mano de su hermana mayor. Ella dio la vuelta, lista para arrastrar a la joven hacia su habitación para tener una de esas charlas de hermanas que tanto le gustaban cuando gritos de alegría se escucharon por el corredor.

Elsa sonrió inclinándose hacia abajo cuando un extraño muñeco de nieve que tenía vida propia entró corriendo hacia la sala. Sus palabras estaban llenas de alegría y se dirigían hacia ambas hermanas como un llamado de emoción.

El muñeco de nieves viviente dio un salto terminando en los brazos de la albina que aguantó la risa devolviendo el abrazo con alegría.

– Olaf, pequeño amigo, ¿dónde has estado?

– ¡Dando abrazos gratis! – El muñeco de nieve exclamó alzando los brazos mirando a sus dos amigas – Supe que Gina estaba triste así que fue a darle un abrazo para que se sintiera feliz de nuevo. Antes de eso estuve jugando con los niños fuera, ellos lo llamaron quemados pero no entendí cuál era el propósito – rió despreocupado – ¡Elsa, viniste a vernos!

– Nunca podría dejar este lugar – Sonrió la muchacha mirando al muñeco de nieve y a su hermana – ¿Dónde está Kristoff, por cierto? No lo veo cerca

– Oh, dijo algo sobre un rebaño de renos bebés. Es grandioso que estés aquí, llevo un tiempo siendo reina y este es mi primer evento nocturno con el reino. No puedo esperar para la lluvia de estrellas de esta noche, gracias por estar aquí, lo haces más fácil

– No tiene por qué ser más fácil – Fue un tono suave, pero sabio – tiene que ser cómodo. Además, solo es una lluvia de estrellas, no estamos hablando de una cena con algunos reyes y reinas de otros reinos

– Pff, duh, sigue siendo un evento de gran magnitud. Es la noche de estrellas, Elsa, no cualquier noche.

– Sin embargo, me pregunto por qué es tan importante una noche en donde el cielo se cae – Olaf torció el gesto con curiosidad.

– No, no Olaf. Lluvia de estrellas. Es un evento que solo se puede ver de noche. El cielo no se cae, sino que las estrellas caen y es un evento precioso. Han pasado muchos años desde la última vez que vimos uno juntas – Anna miró a su hermana con una gran sonrisa – No puedo esperar para ver otro

Olaf rió mientras caminaba – Yo tampoco puedo esperar para ver como las estrellas caen del cielo. ¿Me preguntó si podré atrapar alguna?

– Cuando las estrellas caen, tienes que pedir un deseo – Anna señaló – y sé de buena fe que ese deseo se cumple. Mi amiga Mary una vez pidió que su familia fuera más grande, un año después su madre tuvo otro hijo. ¿A qué es genial?

– ¡Cielos, estrellas que cumplen deseos! – Olaf abrió los ojos con emoción.

Elsa rió viendo a los dos intercambiar ideas para deseos propios cosas como: diversión, más helado, felicidad para todos, cálidos abrazos. La diversión nunca acababa en casa por lo visto.

La lluvia de estrellas…

Una idea hizo que Elsa de pronto comenzará a cuestionarse todo sobre sí misma. ¿Qué podría desear ella que estuviera fuera de su alcance en estos momentos? Había alcanzado la libertad y la felicidad, descubrió quién era y qué es lo que quería, protegió su reino y a su familia. La paz reinaba en Arendelle y en Northuldra debido a la protección de Elsa como quinto espíritu y la de Anna como reina. Las dos chicas habían corregido los destrozos de su abuelo y habían forjado un vínculo con aquella gente que fue traicionada años atrás.

En esos momentos, los deseos que la joven podría desear no se encontraban en su lista. Únicamente el título y lo blanco del papel. Su vida estaba bien como lo era y no necesitaba pedir nada más. Finalmente había logrado que todas las paredes se descongelaran y el paisaje frente a ella brillara bajo una nueva luz que antes no tenía.

El viento sopló fuera del castillo y viendo desde la ventana, ella pudo notar como una hoja de árbol se zarandeaba levemente de modo en que parecía que estaba saludándole.

No necesitaba nada. Lo tenía todo finalmente y estaba contenta con eso.

…y por eso mismo, sabía que un simple deseo no iba a descartar aquello que se arremolinaba en su interior.


Kristoff acababa de llegar a las afueras de Arendelle el cielo se encontraba teñido de un bello color naranjo iluminado por los rayos del sol que lo convertían todo en dorado. Mucha gente estaba reunida con tiendas de acampar, pequeñas fogatas y grandes telescopios y cámaras fotográficas. Un aroma delicioso inundaba todo el lugar y es que la reina Anna –Le encantaba decirlo– había decido proporcionar alimento a todos los que fueran participe de la lluvia de estrellas.

Pasando entre que la gente que ofrecía sus saludos, él se dirigió hacia el pequeño grupo que estaba reunido en una zona no muy alejada de todo el campamento. Sven hizo un resoplido contento mientras trotaba directo hacia donde estaba el grupo dejándolo a él solo. Rió acercándose a ellos.

Su novia, ahora prometida, fue la primera persona en captar su presencia y con una gran sonrisa corrió hacia él abrazándolo con fuerza. Vio a Olaf dirigirse hacia Sven y hacerle un gesto señalando a las estrellas mientras Elsa veía a ambos con una ligera sonrisa.

– Espero que no hayan comenzado sin mí – Él rió mientras se acercaba.

– Oh, no nos atreveríamos – Anna sonrió.

– Aún estoy pensando que pedir de deseo una fuente de dulces no es mala idea – Olaf dijo mientras se sentaba sobre el lomo de Sven – ¿Qué pedirás tú, Sven?

Sven emitió un sonido contento mientras acercaba el hocico hacia la nariz del muñeco de nieves con claras intenciones de morderla, pero en un movimiento distraído, Olaf se movió esquivando la mordida del reno y miró hacia la muchacha albina que se encontraba mirando el cielo con atención.

– Es hermoso – Ella dijo sin quitar la mirada de este.

– ¿Así de hermosa será la lluvia de estrellas? – Olaf preguntó con curiosidad.

– Más hermoso que esto – Ella dijo sin mirarle.

El viento sopló a su alrededor y el muchacho vio las hojas de los árboles de otoño elevarse hacia donde estaba la muchacha y el muñeco de nieve conversando. Olaf sacudió su bracito de madera saludando al viento mientras éste acariciaba con tono juguetón al muñeco.

– Oh, Gale, basta, me harás sonrojar – El muñeco dijo con un tono avergonzado mientras la muchacha sacudía la cabeza con una sonrisa.

Kristoff alzó una ceja confundido ante la interacción del muñeco y del viento. Si un muñeco parlante que evidentemente está vivo, no era una señal de que todo era posible entonces definitivamente una ráfaga de viento con vida propia y que respondía al nombre Gale era la señal que necesitaba para comprenderlo.

El caso era que por muy interesante que fuera todo el tema de los espíritus, Kristoff todavía no podía entender del todo la naturaleza de estos entes que solían presentarse junto con la anterior reina de Arendelle cada vez que ella se acercaba al reino. Parecían unidos por la cadera. Su novia solía decirle que a ellos les agradaba Elsa y que incluso a veces estaba celosa de que ellos pudieran estar con su hermana jugando y divirtiéndose todo el día mientras ella estaba atada a las reuniones diarias.

No es que Kristoff no comprendiera el valor de estos espíritus, pero habían pasado tantas cosas imposibles en su vida, tantas cosas sorprendentes que realmente esto era algo completamente normal.

El muchacho se dejó caer sobre un trozo de tronco que estaba tirado mientras miraba el cielo con una gran sonrisa. El cielo estaba comenzando a oscurecerse y la lluvia de estrella aún estaba lejos de comenzar. Según lo que habían descubierto sería esa misma noche dentro de un par de horas más.

– ¿Y ya tienes un deseo que quieras realizar? – Anna habló con un tono bajo y suave para ambos. Él sonrió ampliamente mientras miraba el cielo un momento.

– No realmente. ¿Tú?

– Definitivamente no. Por primera vez en mi vida todo está en orden: Arendelle está a salvo, mi hermana y Olaf están bien, y tú y yo… – Ella sonrió besando su mejilla – Todo está perfecto

Él asintió abrazando a la muchacha. Definitivamente todo estaba perfecto después de tantos problemas que han tenido desde hace tanto tiempo. Anna estaba contenta con todo a su alrededor, Kristoff no podía estar más de acuerdo con ella.

Las horas pasaron y el clima cada vez se volvía más oscuro ante la noche. Las pequeñas farolas comenzaron a encenderse entre la gente cuando la visión comenzaba a complicarse cada vez más. La gente comenzaba a abrigarse con el pasar de las horas mientras que los niños caían dormidos antes de que las estrellas decidieran hacer su espectáculo nocturno.

Kristoff no supo en qué momento se había quedado dormido, pero fue despertado por una sacudida del suelo que lo hizo levantarse abruptamente del suelo en donde se encontraba apoyado junto al tronco en que anteriormente estaba sentado. Él vio con una visión nublosa el paisaje que se cernía ante él. Muchas personas se habían dormido y ahora se encontraban despertando asustadas, mientras que las que habían estado despiertos parecían alerta ante el fuerte movimiento en la tierra. ¿Un temblor? No supo decidir si lo era o no, porque en el instante en que Anna despertó sobresaltada todas sus preocupaciones se dirigieron hacia ella.

La joven sacudió el sueño de golpe mientras se ponía en pie rápidamente buscando una señal de entender lo que estaba sucediendo. Olaf, que no dormía muy a lo lejos junto a Elsa –que extrañamente parecía tranquila–, se sacudió entre sueños murmurando algo sobre los glaciares y las montañas y cómo deberían ser hermanos lejanos. El muñeco de nieves se despertó de golpe cuando la sacudida se hizo más fuerte y Elsa también alzó la mirada hacia su alrededor cuando esto sucedió. La cabeza de Olaf, que se encontraba en el regazo de la chica se levantó rápidamente golpeando la frente de ella causando que ambos gimieran de dolor.

– Lo siento – Olaf se rió haciendo un chiste sobre cómo la cabeza de Elsa estaba en el camino. La chica frotó su frente, pero no parecía preocupada por lo que acababa de suceder.

– ¿Qué es eso? – Anna se puso en pie mirando hacia su alrededor. Kristoff volteó la mirada hacia atrás cuando escuchó a alguien gritando su nombre. Una voz conocida lo llamó a él causando que el resto de sus amigos y familia lo mirase confundido por un momento, y entonces, en un parpadeó, rocas bien pulidas con aspecto redondo como si fuesen una pelota rodaron cerca de ellos hasta donde él estaba rodeando por completo.

Kristoff, aún sorprendido, echó un vistazo hacia los troll que acababan de llegar y lo miraban con una gran sonrisa. Sorprendido por lo que estaba sucediendo, dirigió su mirada hacia Grand Pabbie que se encontraba mirando hacia el cielo con una expresión maravillada.

– Grand Pabbie, ¿qué está pasando?

– El cielo ha despertado – Murmuró el anciano de piedra con una pequeña sonrisa – Hay magia en las estrellas. Pronto caerán y una hermosa vista se cernirá frente a nosotros. Hemos venido a hacerles compañía ante tal espectáculo

– ¿Ya va a empezar? – Anna dio un saltó sorprendida, Grand Pabbie asintió sin más y la joven corrió hacia el resto de la gente del pueblo llamando su atención para hacerles saber a todos lo que estaba por suceder.

Kristoff sonrió mirando a los trolls, agradecido por ver que se habían unido a ellos.

– No esperaba que vinieran también – Él comento contento.

– Bulda insistió – Grand Pabbie sonrió señalando a la mujer troll que se encontraba hablando animadamente con otros trolls – y parece que hemos llegado justo a tiempo

Olaf emitió un gran jadeo mientras señalaba el cielo. Kristoff siguió con la mirada el lugar hacia donde su brazo de rama estaba apuntando con tanto interés y su interior se maravillo ante la vista de las primeras estrellas fugaces.

– Woah – Dijo él con sorpresa.

Anna, que se encontraba todavía con otras personas, observó el cielo con una gran sonrisa antes de dirigirse hacia donde estaban ellos.

– Es ahora cuando hay que pedir un deseo – Elsa le dijo a Olaf con una pequeña sonrisa.

– ¡Pero hay tantas estrellas! – Olaf dijo señalando el cielo con ambos brazos – Es… hermoso… ¡Tantos deseos para pedir! ¿Qué debo desear? ¡Ah! Sí, ya sé… Deseo que la diversión no acabe, deseo que Marshmellow, mis hermanitos y yo podamos tener mucha diversión, deseo que…

– Déjame adivinar, ¿algo más relacionado con la diversión? – Kristoff alzó una ceja.

– ¡Eres psíquico!

– Algunas personas desean en silencio. Dicen que si cuentas tu deseo, no se hará realidad – Kristoff presionó.

Olaf jadeó cubriendo su boca con sus manos. Siguió deseando, pero con las manos en la boca era difícil entender lo que estaba diciendo. El muñeco de nieve volteó a mirar el cielo con emoción mientras deseaba un sinfín de cosas.

– ¿Algún deseo para pedir, Elsa? – Anna se acercó a ella con curiosidad.

Elsa cerró los ojos y luego miró a su hermana con una sonrisa – No realmente.

Anna la miró con curiosidad y luego asintió. Hubo un silencio como que hizo que todos observaran las estrellas que se encontraban cayendo a gran cantidad en el cielo. Olaf hizo un comentario sobre querer atrapar una estrella, por lo que en algún momento entre la conversación de Anna con Kristoff sobre desear que el negocio de hielo se volviera más próspero, el pequeño muñeco de nieve montó a lomos del reno y corrió detrás de una estrella en específico.

– ¡Sven! – Kristoff gritó cuando vio que aparentemente Olaf había secuestrado al reno para ir en busca de las estrellas que estaban cayendo. Anna soltó una risita antes de correr detrás de los dos aventureros que habían escapado. Por otro lado, Elsa vio a la pareja alejarse entre risas y llamados.

Una brisa de viento pasó por su lado envolviéndola con calidez. Ella alzó la mirada hacia las hojas de árboles que se arremolinaron a su alrededor.

– ¿Gale? – Ella llamó.

Las hojas dejaron de arremolinarse a su alrededor y el viento sopló con fuerza logrando llevarse varias tiendas de acampar consigo. Elsa cubrió su rostro con sus manos para evitar que las ráfagas de viento cayeran en su rostro con fuerza, la gente se alejó lo más necesario posible para no ser arrasada por la fuerte ventisca. Pasaron varios minutos desde que el viento comenzó a soplar con la fuerza necesaria para hacer caer una casa, la gente había huido despavorida hacia donde pudieran encontrar refugio. Elsa escuchó a Anna gritar a lo lejos, pero todo el sonido fue aturdido hasta que finalmente las hojas de los árboles de otoño que habían estado flotando a su alrededor cayeron al suelo sin vida. Elsa se inclinó recogiendo una de las tres hojas que cayeron al suelo y la giro sobre su tallo mientras fruncía el ceño.

– Gale… – Murmuró con preocupación – Oh no…

Continuará…


N/A: Sé que no es un gran inicio, pero como dije... espero que no sea un completo fail. Tengo las ideas en mi cabeza para la nueva aventura, pero aún no las he podido conectar del todo, eso sí lo que es el general lo tengo ya ideado así que por ese lado cero problemas.

Hacía mucho tiempo que no subía una historia de forma espontanea, ¿saben? Realmente se siente diferente subirla. Si alguno ha leído mis historias y se ha preguntado por el final de Melodía del Corazón, prometo que lo estoy aun revisando, aquí el caso es más complicado porque cada vez que lo termino lo borro y vuelvo a comenzar... ya explicaré que pasó con eso en su momento, por otro lado esta historia es la que tengo ahora y la que tengo ganas de subir. Ya saben, para que en un par de años más pueda mirar atrás y leer esa historia cuando tenga ganas como he hecho con mis viejas historias. Dios, lo divertido que es leer esas ideas que tuve, la mala ortografía y como mi cabeza quiere editarlo todo...

En cuanto a esta historia, quiero retomar cuatro ideas que son Anna como Reina, Elsa como Quinto Espíritu, los Espíritus y evidentemente la relación familiar que tienen los personajes, así que planeado mi enfoque en esto.

Por cierto, ya tengo 3 capítulos escritos y el personaje de Olaf realmente me está dando muchos problemas para escribirlo, no sé cómo hacerlo espontaneo y despreocupado, pero que no parezca un idiota que sobra. Me cuesta mucho.

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Saludos Lira12.