"Maldito enfermo" se repitió para sí mismo, "Maldito desquiciado". La amaba tanto que estaba seguro que lo mejor era alejarse antes de hacerle más daño, yacía sobre su cama con la cara empapada en lágrimas, sus nalgas estaban tan rojas, que seguramente por eso ahora dormía boca abajo, sus brazos tenían sus marcas, incluso era capaz de percibir sangre entre sus piernas y nada tenía que ver con su pureza, pues ya tenían bastante tiempo de tener sexo, eso más bien tendría que ser por su salvajismo a la hora de poseerla.

-Necesito algo para el dolor – escuchó su tenue voz, y entonces se movió rápidamente a la cocina, aún estaba desnudo, y no se detuvo en ponerse alguna prenda, quería llevarle rápidamente lo que necesitaba, fue a la cocina a buscar un vaso de agua y un potente analgésico, "enfermo" volvió a repetirse, tenía un botiquín lleno de analgésicos que últimamente usaba seguido su dulce novia.

Regreso lleno de arrepentimiento y observo como ella levantaba sus brazos, él fue a sentarse junto a ella y atendió su suplica, la acomodo en su regazo con extremo cuidado, mientras la ayudaba con el agua.

- Hinata, perdóname, me he pasado de la raya – ella seguía derramando lágrimas, y pareció hacer caso omiso a sus palabras.

- ¿Me ayudarías a darme un baño? – le dijo seguramente al notarse embarrada de sus fluidos – y tal vez después ponerme algún tópico sobre mis pechos.

Se estremeció al ver como uno de sus lindos senos incluso tenía ligeras manchas de sangre, había sido demasiado rudo, demasiado idiota, demasiado enfermo.

- Hinata, yo, no puedo seguir haciéndote esto, yo, es mejor que me vaya – hizo ademán de dejarla sobre la cama, pero ella se lo impidió, primero por sujetarse con más fuerza, luego por comenzar a llorar como nunca antes la había visto.

- No te atrevas a dejarme, por favor no, por favor no me dejes Naruto, yo no puedo, yo no puedo vivir sin ti.

- Pero te estoy haciendo daño.

- Lo harás si me dejas.

- Hinata, no me gusta esto, yo, no sé por qué no puedo controlarme, y te juro que me parte el corazón lastimarte de esta manera – nuevamente intento dejarla sobre la cama, pero esta vez, ella lo apretó con más fuerza.

- No, por favor – su llanto era tan amargo, que no pudo seguir discutiendo con ella.

Se quedó…

Por ahora…

Esa noche la ayudo a ducharse como ella le pidió, le puso medicamentos antiinflamatorios untados, con los que visiblemente Hinata se mostró agradecida, y durmió con ella.

Más tarde se paseó por las calles de Konoha, y pensó seriamente que no quería lastimarla más. Estaba seguro que tenía un problema desde que se hicieron novios. Sin embargo, para ese entonces no tenía miedo de lastimarla, no tenía miedo de él.

Antes de conocerla, nunca tuvo problemas en sus relaciones, jamás se mostró así con nadie, era un novio promedio que se portaba atento, pero realmente nunca se enamoró de ninguna chica, por lo que más bien las botaba a más tardar al primer mes de conocerlas.

Con ella todo fue diferente. Desde que la vio por primera vez, supo que ella movía su mundo, supo que ella era diferente. Físicamente le gusto al instante, y al conocerla, supo que estaba perdido, amaba su personalidad, su dulce voz, sus gestos, su caminar, todo de ella le parecía increíblemente tierno y femenino, se la quiso comer a besos desde la primera vez que hablaron.

Los siguientes días, se dedicó a conquistarla, sabía que la quería como su novia, y cada día soñaba con tener su compañía a diario, por lo que jugo todas sus cartas para cortejarla, para hacer que se enamorara de él. Por suerte para él y ahora estaba seguro que para ella fue mala suerte, se enamoró de él más bien pronto. Por lo que no tardó mucho en hacerla su novia.

Era tan feliz que amanecía y se dormía pensando en ella, en su dulce mirada, en su bella carita. Sus manos le picaban por poder recorrerla completa, por poder besar cada parte de ella, era lo que más añoraba, pero a la vez no quería asustarla. Así que al principio se mantuvo al margen, avanzando lentamente, sobre todo cuando se dio cuenta que él era su primer novio.

Su noviazgo avanzo lento, comenzando por las típicas salidas por helados y cafés, por platicas donde lograba conocer más de ella, y eso sin duda solo hacía que se enamorara más. Los besos eran suaves al principio, aunque poco a poco se fueron intensificando, exigiéndole cada día más.

Pero tenía que confesar, que siempre que estaba con ella se sentía ansioso, sentía la necesidad de algo más, de algo más con ella. No estaba seguro de que era, porque nada tenía que ver con su deseo de poseerla, de hacerla suya, era algo más…

Y entonces sucedió, la primera vez que sintió un éxtasis que nunca antes había vivido…

Entre besos y caricias terminó mordiéndole su labio inferior con tanta rudeza que no solo le abrió el labio, sino que también logró sin proponérselo que ella emitiera un sonido de dolor, un sonido que por muy enfermo que parezca le excito…

La sangre que se derramaba por la comisura de su labio, le indico que había sido agresivo besándola, pero lo que más le gusto fue ver su carita, embelesado comenzó a chupar su sangre y luego la abrazo tiernamente.

-Perdón linda, ¿estás bien?

- Si, no es nada, me dolió un poco.

Que confirmara su dolor, le hizo querer gemir, pero tuvo que soportarlo, y en cambio canalizar esas ansias por caricias para consolarla, ella recibió sus besos y mimos, y eso le gusto, le hizo sentir tan bien, que quiso repetirlo al día siguiente. Esta vez había succionado con tal fuerza su labio lastimado que ella incluso tuvo que alejarse de él para evitar que le siguiera torturando su labio, nuevamente le sangraba,

le encantaba ver su cara de dolor, para luego consolarla con besos suaves, era maravilloso lo que sentía en su pecho, cada vez que la lastimaba y era capaz de hacerla sentir bien luego con sus tratos cariñosos.

En este punto sabía que algo no andaba bien con él, y sin embargo, se repetía constantemente que no era nada grave, solo eran pequeñas mordiditas, se decía cada vez que su mente le traicionaba acusándolo.

Verla platicar con Kiba o Shino le provocaba celos, aun cuando ella juraba que solo eran sus amigos, no podía evitar sentir esa ligera molestia en su pecho, casi siempre trataba de reprimirla, más que nada porque era estúpido que sintiera algo así, cuando sabía que no tenía por qué desconfiar de Hinata, ella además de maravillosa mostraba abiertamente su amor hacia él, y dejaba más que claro que solo podía estar enamorada de él.

Sin embargo, un día no pudo evitar controlarse cuando observo como Kiba se atrevía a cargarla por la cintura y darle vueltas, mientras ella reía divertida. Simplemente estallo, no pudo evitarlo, camino tan pronto como pudo hacia ellos, logrando que el ambiente se tensara y Kiba de inmediato pusiera a Hinata sobre sus pies, seguramente su cara era de pocos amigos, porque pronto Kiba se despidió y Hinata cerró la distancia con obvio nerviosismo.

-No estábamos haciendo nada malo, solo estábamos festejando que obtuvimos el primer lugar en química – le aclaro, seguramente al notar su ceño fruncido.

- No vuelvas a dejar que un hombre te toque.

- Solo estábamos… – ignorando sus palabras, volvió a enfatizar su mandato

- Que no vuelvas a dejar que un hombre te ponga sus manos encima – y antes de que ella pudiera tocarle, él se alejó para evitarlo – es la primera y última vez que te lo digo Hinata, si vuelves a dejar que un idiota te toque, puedes dar por hecho que terminamos esta relación.

Ver su carita triste e incluso un par de lágrimas cuando el nuevamente alejo su brazo de ella, le hizo sentir tal satisfacción, que tuvo que alejarse para soportar el éxtasis, camino de vuelta a su salón, sin voltear a verle, aun cuando sabía que ella se encontraba destrozada.

Ese día se enfocó en sus clases y cuando finalmente fue su hora de salida, decidió ir con Shikamaru a un mini torneo de futbol que estaba organizando, debieron pasar varias horas, cuando decidió que era hora de volver a casa, al final de cuentas no tenía celular y generalmente su padrino se ponía bastante intenso si es que no le avisaba que llegaría tarde.

Su sorpresa fue grande cuando la vio esperando por él en la sala, Jiraiya seguramente le había llevado el montón de galletas y té que ahora estaban sobre la mesa. Su padrino simplemente le dirigió una mirada de "ya verás cuando nos quedemos solos" y luego le indico que atendiera a su invitada.

Hinata tenía claramente los ojos hinchados de haber llorado y entonces no pudo evitar sentirse nuevamente extasiado ante esa visión, estaba dispuesto a besarla y consolarla cuando sus palabras realmente le sorprendieron

-Yo no volveré a dejar que ningún hombre ponga sus manos en mí – no podía creer que ella hiciera caso a sus peticiones absurdas, incluso él lo sabía, que lo había dicho en un arranque de celos – pero por favor deja de estar enfadado conmigo – nuevamente rompió en lágrimas y él supo lo que tenía que hacer.

La abrazó y capturo sus lágrimas con sus labios, la beso y ella al instante respondió de manera necesitada, amaba la ansiedad que ella mostraba por él, amaba sentir que ella necesitaba de él.

Llevo una mano a su cadera y la acerco más, hizo presión con sus labios y luego nuevamente le rompió el labio hasta hacerlo sangrar, ella trato de alejarse, pero él tuvo que succionar un poco más fuerte hasta hacerla gemir de dolor. Tan solo alejo sus labios para observarla, era tan perfecta, tan sumisa y tan preciosa que sentía que su corazón se saldría de su pecho.

-Hinata, te amo, te amo con todo mi corazón – fue la primera vez que se lo diría, y ella sorprendida se dejó abrazar.

- Yo… yo también te amo Naruto – lo sabía, sabía que ella estaba esperando a que él lo dijera por primera vez, y la verdad es que se sentía bien de decirlo, demasiado bien.

Jiraiya por supuesto no tardo en interrumpir en la sala, y solo por ello le quito las manos de encima a su preciosa novia.

- Hinata, ¿por qué no llamas a tu padre y le pides que te deje cenar y ver una película con nosotros?, Naruto y yo te llevaremos a casa.

- Eso me encantaría – contesto tan efusiva que le hizo reír.

La observó hablar por teléfono, Hinata era tan dulce, que absolutamente todos sentían esa necesidad de ser amables con ella.

Pasaron el día juntos, aunque por ratos su padrino estaba ahí para impedirle que se propasara, Jiraiya tenía ese sexto sentido que le decía que no podía dejarlos solos…

Esa noche después de llevar a Hinata a su casa, tuvieron una charla que lo dejo agotado, pero que honestamente ahora se arrepentía de no haber puesto atención.

"No me gusta nada que llegues a la hora que se te dé la gana"

"No la hagas llorar, se nota que es una buena niña, y estoy segura que esa preciosura de chica lloraba por tu causa"

"Más te vale que la valores, porque es muy difícil encontrar a chicas como ella"

"Son muy chicos para tener sexo, así que ni se te ocurra empezar algo para lo que no están preparados"

Cansado se recostó en su cama y pensó en su Hinata, la quería, la deseaba, pero también le preocupaba lo que le hacía sentir en ocasiones, ese deseo de verla sufrir por su causa.

Los siguientes días trato de controlarse, además que Hinata, había cumplido su parte, no dejaba que ningún chico le tocara ni un solo cabello, le causaba gracia lo ágil que se había vuelto para evitar el contacto con cualquier chico, no era que no platicara con ellos, pero ya nadie se atrevía a tocar si quiera sus manos.

Pero con él, todo era diferente…

Los besos y caricias se fueron intensificando con el paso de los días y con ello el deseo que tenía de poseerla, y fue por ello que apenas se graduaron de la preparatoria, tuvo que pedírselo, tenía que hacerlo.

-Hinata, sé mía – le dijo mientras mordisqueaba su hombro y tocaba sus senos.

Se encontraban en una fiesta en casa de Ino, ellos tan solo habían tenido que esconderse detrás de las escaleras para pasar desapercibidos.

- Aquí no – le dijo nerviosa.

- ¿Entonces dónde? – le cuestiono divertido y a la vez extasiado de que ella no se estuviera negando.

- En un lugar donde estemos solo tú y yo – su voz sonó tan femenina, que hizo que se excitara más de lo que ya estaba.

- Vamos – la tomo de la mano para dirigirla a la puerta

- ¿Ahora? – le pregunto claramente nerviosa.

- Sí, Hinata, ahora – no espero a ver su respuesta, la jaló hasta llegar al jardín, solo para darle un rápido beso y luego seguirla dirigiendo hasta su coche.

Una vez dentro la vio nerviosa, era más que obvio cuando se ponía a jugar con sus dedos.

- Tranquila, ¿no confías en mí?

- Sí, es solo que yo…

- ¿no quieres?, ¿acaso no me deseas?

- Si, si quiero, y si te deseo Naruto kun… solo tengo miedo de que me duela…

Sus palabras le excitaron tanto que no pudo evitar imaginar cómo sería su quejido, como se sentirá con ella, tragó grueso, y entonces puso el auto en marcha, al principio tenía en mente llevarla a su casa, pero tendrían que ser cuidadosos, y él no quería eso, él quería tener sexo con libertad, hacerla gemir, hacerla gritar de dolor.

El dolor en su entrepierna le hizo acelerar y finalmente terminó conduciendo a un hotel en las afueras de la ciudad, era lo mejor, no ser interrumpidos, al diablo los ahorros, la necesitaba a ella, y esa era la mejor manera que se le ocurría para gastarse su dinero.

Ella se veía claramente avergonzada en la recepción del hotel, pero eso no le importó y no tuvo problemas para apartar una habitación, pues ya habían alcanzado la mayoría de edad.

En cuanto estuvieron tras la habitación y encerró a Hinata en sus brazos, supo que Hinata había perdido cualquier temor, recibía sus caricias y besos con gusto, se dejaba hacer y él estaba más que feliz por ello. Fue un descubrimiento maravilloso la bonita figura que Hinata escondía tras su ropa, ella siempre fue de usar ropa que no llamara la atención, y ahora mismo lo agradecía, no quería que nadie más viera lo que el disfrutaría a partir de ese día. Ella se mostró tierna y dulce, y el más bien se portó demandante. El éxtasis que sintió cuando la desvirgo fue maravilloso, verla mostrando su mueca de dolor, fue alucinante, aun cuando había tratado de hacerlo de manera suave. Tenía ganas de infringirle más dolor, de moverse con rudeza, pero al mismo tiempo supo que no podía hacerlo. Acariciar su cabello y besar sus lágrimas hizo que ambos se relajaran, ella más bien pronto comenzó a gemir y él se sintió satisfecho ese día.

Los siguientes días no fueron muy diferentes, ella seguía mostrando muecas de dolor, pero también de satisfacción, eso le permitió mantenerse a raya, pero no fue así cuando ella se acostumbró a él, sentía que algo le faltaba, que necesitaba algo más para sentir la misma satisfacción que al inicio.

Por supuesto innovo en todas las posturas sexuales que pudieran existir, la llevó al límite al hacerle el amor en lugares públicos, y tenía que reconocer que lo disfruto, pero no fue como cuando lo hicieron las primeras veces, cuando veía su mueca de dolor y eso le provocaba un placer inmenso.

Debió darse cuenta que tendría que alejarse de ella desde ese momento, pero idiota de él que pensó que podría manejar la situación…

Fue un mes después de su primera vez que tuvo la necesidad de darle una nalgada mientras estaban en el acto, ella no protesto y eso le motivo a darle un poco más fuerte, pero lejos de lograr que se quejara, pues estaba bien atento de su rostro mientras lo hacía, más bien lo que logro fue que gimiera.

- Hinata, ¿te gusta que te nalguee? – le dijo al tiempo de darle otra nalgada un poquito más fuerte, y entonces recibió otro gemido.

- No lo sabía, pero si, supongo – ella estaba feliz, podía notarlo por sus gemidos.

Entonces se animó a moverse un poquito más fuerte y darle un poquito más fuerte las nalgadas, cuando por fin la escucho quejarse, sintió ganas de correrse en ese momento, y sin embargo tuvo que dar una última nalgada y una estocada con fuerza para correrse justo cuando ella se quejó al momento de fruncir su carita. Sin retirarse de su centro siguió meneando sus caderas contra las suyas y empezó a besarla con cariño, consolándola hasta que la sintió correrse esta vez a ella.

- La ultima nalgada – le dijo cuando ya estaba recargada contra su pecho – fue muy dura.

- ¿Te dolió mucho? – le cuestiono mientras observaba sus pechos algo marcados por sus besos, llevo una mano para acariciarlos con dulzura, le gustaba que fueran redondos y grandes.

- Un poco – se quejó y entonces tuvo que buscar ver su trasero, y entonces se dio cuenta que tenía razón, estaba algo rojo, y eso le hizo suspirar.

- Perdóname Hina, es que me vuelven loco tus nalgas, son demasiado perfectas que me dan ganas de morderlas – una idea perversa le paso por la cabeza y seguramente ella adivino.

- No, déjame descansar – le dijo al tiempo de volverlo a recostar en la cama. Él simplemente pudo reír con perversión. Le encantaba, ella era perfecta.

Sin embargo, aquello apenas estaba por comenzar, porque las nalgadas, las mordidas y los apretones se volvieron más intensos, a tal punto que era necesario hacerlo hasta que se quejara, generalmente en ese punto paraba. Finalmente llegó el fatídico día que vio incluso sangre en sus muslos, sus pechos lastimados, definitivamente estaba enfermo. Tenía que alejarse de ella, porque no deseaba lastimarla más. Era horrible terminar y ver que le había hecho daño a la persona que amaba.

- Denúnciame – le había dicho cuando la vio tres días después de su encuentro, aunque las marcas no se observaban, sabía que si descubría sus brazos era suficiente para corroborar el daño que le había hecho.

- Jamás – le había contestado – te amo mucho Naruto, esto no es nada, puedes controlarte – no entendía cómo podía tener tal fe en él, una que ni él tenía, porque lejos de controlarlo, había ido empeorando.

- No Hinata, la realidad es que esto irá en aumento como hasta ahora, y no deseo convertirme en tu asesino – sus palabras habían sorprendido a ambos, y entonces aprovecho para alejarse – adiós, Hinata.

Y entonces corrió, porque estaba seguro que le había hecho daño, seguramente ella estaría llorando, era una completa tortura saber que no había hecho otra cosa que dañarla.

Corrió hasta su casa, hizo su maleta y finalmente decidió pedir ayuda a su padrino, quería que lo mandará lejos de Hinata, lejos del amor de su vida. Se sinceró, acepto su problema, y finalmente abordo un vuelo que lo llevaría a otro continente, estaba seguro que no la volvería a ver, que no la volvería a lastimar…

Hasta aquí es el final que debería tener, honestamente con todos los casos de violencia, es bueno decir que lo sano es alejarse de personas así.

Peeero como esta es una historia ficticia, por supuesto que tiene continuación xD, y algunas explicaciones sacadas de la manga que para nada justifican la violencia, pero vamos, no podía dejarlo así xD

Ya tengo la historia terminada, así que en unas cuantas horas traigo el resto.

Ya saben que adoro sus comentarios, porque me ayudan a saber cómo perciben la historia.