¡RECUERDEN!

A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*

Recomendación musical: "Heartache" by One Rock Band

Notas:

[Presente]

[Pasado]

["Pensamientos"]

[Teléfono]

Los personajes de The Seven Deadly Sins son propiedad de Nakaba Suzuki

.

.

.

.

.

.

.

.

Pies pequeños corriendo por la hierba verdosa, deteniéndose para cambiar por giros que levantan el vuelo de su vestido perlado, cambiando la posición de sus brazos, alternando con movimientos de sus dedos, logrando que su cabello se agite y hebras choquen de lleno a su rostro, pero no permite que su baile se vea interrumpido. Saltando con la punta de sus dedos, gira en el aire, sus brazos en alto como la punta de una flecha, aterrizando con gracia en su pie derecho por delante, dejando al izquierdo atrás de base, sus dos brazos cruzados sobre el pecho, dejando que sus hebras albinas caigan.

Aplausos inesperados interceptados por sus oídos, hicieron que alzara su rostro repleto en sorpresa, cubriéndose con el rosa y calentando su rostro por grados de temperatura. Juntando sus manos la pequeña albina se retrajo a sí misma, indecisa de las palabras que diría a su inesperada visita. La dulce sonrisa que le obsequio seguida por una reverencia y concluida con la caricia a sus cabellos retirando un pétalo rosado claro, soplándolo para que comenzara a volar, alzándose a la copa del majestuoso Árbol Sagrado. – Una encantadora demostración, princesa – dijo la consejera, arreglando uno de sus rizos rubios tras la oreja – Sus lecciones con la reina Diane han brindado sus frutos.

- N-no, p-para nada. – excuso con sus ojos miel indecisos de dirigirle la mirada a la consejera real, jugando con el dobladillo de su vestido, moviéndose de un pie a otro. – Solo, uhm… practicaba para… - miro por entre sus cabellos al hada rubia, que con la paciencia adquirida por siglos desarrollo – Recibir a mi hermano.

- Un regalo maravilloso, princesa. – aseguro ella, animando a la pequeña princesa, que finalmente sonreía y eliminaba toda distancia tomándola de una mano. Sin apartarse del toque, la consejera extendió su mano libre, acariciando los albinos cabellos de la princesa. – Su hermano lo apreciara al igual que sus padres.

- Gracias, Gerharde.

- Por supuesto, princesa. – tomando la mano de la princesa, comenzó a guiarla para regresar por el sendero que ella había tomado para correr – Ahora. Usted necesita prepararse. La ceremonia de nacimiento no tarda.

- Hum, hum – asintió efusivamente, corriendo de la mano con Gerharde para ambas elevarse por entre las ramas de los árboles, ingresando hasta que pudieron notar el cambio de verdor por un rosado brillante de olor frutal.

Un bello y esponjado vestido verde esmeralda, sin mangas, con botones en la parte de atrás con un gran moño que dejaba los listones caer hasta que tocaran sus pies, por adelante un broche en forma de flor de girasol, con una cubierta de tela por encima de la falda, con algunos brillos como pequeñas cuentas y su falda, tan esponjada que al dar un paso parecía un pastel recién horneado. Su cabello albino lacio, llegándole a la mitad de la espalda, sujetado por dos coletas, decoradas con moños fabricados a partir de hojas, sujetando una cuerda delgada que enrollaba cuentas pequeñas como semillas, floreciendo y marchitándose a cada paso que daba.

Sin preocuparse de las manchas que causaría en su indumentaria, cruzo por ramas y subió a uno de los tallos gruesos del árbol; Gerharde le había solicitado que se dirigiera hasta la ubicación designada para el florecimiento del capullo ceremonial y aprovechando el llamado de una de las hadas por la consejera, escapo flotando entre un pequeño espacio por dos troncos de árbol, escalando y saltando entre ramas. Cuando su mano toco una de las enredaderas que descendían, tomo impulso cayendo boca abajo, admirando con sus ojos miel, el precioso capullo de tono rosado- verde con flores de múltiples colores con formas curiosas, en la punta de este una corona fabricada con flores pequeñas y semillas.

Poniéndose en pie ante la emoción que la vista le brindaba su cuerpo ya no tocaba la hierba o lianas del lugar, flotando a centímetros del suelo llego al frente del capullo, pegando su oreja para capturar algún sonido proveniente de su interior, nada, fue lo que obtuvo, cruzándose de brazos, ladeo el rostro, sino mal recordaba, las hadas habían mencionado que al nacer un nuevo miembro del clan podían escucharse mil cantares, campanas y trinares de aves. – O eso venia después del nacimiento – dijo en voz alta, sosteniendo su barbilla, frunciendo los labios. Tocando el capullo con su otra mano, pudo percibir la calidez y un movimiento, ella pensó: ¡El bebé!, tan alegre que no reparo en quien sujetaba su cintura por detrás, levantándola aún más en el aire – ¡GYAA!

- Atrapada~

Deteniendo su grito al identificar a su captor, inflo las mejillas resistiéndose a su agarre, hasta que su espalda se curvo hacia abajo, quedando de cabeza y poder verle a la cara. La sonrisa divertida fue fácilmente contagiada a la princesa, mostrándole la lengua y notando que sus manos ya no estaban en su cintura, dio un giro en el aire, quedando frente a él y volando hasta abrazarlo. – Padre, eso fue un susto de muerte.

- Pero, no moriste, ¿o sí? ~

- No, la verdad que no. – miro sus manos y tocando su rostro, comprobando que cada parte siguiera en su lugar. - ¿Y dónde está-? ¡WUAH! – volvió a gritar sorprendida, al nuevamente ser alzada.

- Tu madre~, hizo un excelente trabajo con ese vestido – dijo, dando un giro con la princesa albina entre sus manos – Dudo que le agrade saber que te subiste por el árbol, usándolo. – ladeo su sonrisa al notar una palidez propagarse por el rostro de su hija.

- N-no… ¡No te atreverías! – volando fuera del alcance de su padre, ella miro en todas direcciones – Sabes cuánto le molesta que ensuciemos las ropas que recién hace.

- Por eso es que no me pongo nada nuevo que cose para mi~– explico con tranquilidad, retirando unas hojas secas del capullo. La princesa albina le vio con una ceja alzada riendo entre dientes – ¿Algo que quieras decirme?

- Padre tu no usas la ropa que te confecciona porque siempre haces que se enoje y te apuñale.

Tal verdad no hizo sino conseguir un encogimiento de hombros de parte del padre de la princesa albina, guiñándole un ojo y prometiéndole que mantendrían el secreto entre ambos.

Quedándose suspendida en el aire a un lado de su padre, observaban atentos el capullo y como una nueva pequeña flor comenzaba a germinar a su lado, otras más abrían sus pétalos formando un tapete floral que serviría para la cuna de su nuevo miembro en la comunidad de las hadas.

Por el rabillo de su ojo izquierdo, nota a su padre agachado y retirando pequeños hierbajos desiguales, reuniéndolos en un pedazo de tela con flores más pequeñas y simples. Curiosa e intrigada, ayudo en la extraña labor, colocando más de las flores pequeñas de colores blancos, ganándose una caricia en su cabello, desarreglando el peinado que tan laboriosamente Gerharde consiguió hacerle, pero, ella ignoro esto, apoyándose en el suelo con ambos pies y reuniendo en la falda de su vestido más hierbajos y flores. Ella recordaba, las hadas nacen de las flores y los árboles, es tradición preparar la primera comida de la nueva hada usando las hierbas y flores más diminutas que crecen los pies de su nido, con esto, una buena salud le rodeara y su apetito aumentara con el tiempo.

Iba a formar toda una corona de flores con el resto – si sobraban – pero una voz detuvo su recolección, quedándose con una mano sujetando el pedazo de tela de su vestido y la otra con restos de tierra mojada y pétalos diminutos pegados a sus dedos.

Dos hadas y una humana se dirigían a ellos, una de las hadas con el ceño fruncido y las manos en la cintura, la otra hada con expresión divertida, intentando calmar a la primera; y la compañía humana corriendo delante de las hadas directo al capullo y deteniéndose para admirarlo en completo asombro por la maravilla de la vida y que ningún otro humano sería capaz de apreciar.

Las flores en sus enaguas fueron recogidas por el albino y puestas en el trozo de tela que fue anudado, dejándolo colgado a la pretina de sus pantalones.

- ¿Y de aquí saldrá su hijo? – pregunto la humana de cabellera lila al final de su espalda, girando su cabeza para ver sobre su hombro a las dos hadas.

Siendo la hada de cabellera rubia a los tobillos y alas de colores rosados y purpuras, con un largo vestido blanco, portando un broche en el centro de su pecho quien asintió, acercándose a su lado e invitándole a que tocara el capullo.

Una cuantas gotas salinas se derramaron por los ojos de la humana, siendo secada por el dorso de la mano del hada rubia, ambas tomaron distancia, mirando a la princesa, el padre de esta y la otra hada que miraba a la princesa con ceño fruncido, suspirando en cansancio. – Felicidades – dijo la humana, teniendo con su brazo rodeando la cintura del hada rubia, quien se apoyaba en su hombro.

- Gracias – dijo el hada de cabellera castaña – Tus buenos deseos hacia nuestro hijo están repletos de amabilidad Jericho. – flotando con sus alas de colores, portando un esmoquin de hojas verde claro con el corbatín dorado, tomo la mano de la humana Jericho, besando sus nudillos en muestra de caballerosidad. – Ahora – giro a ver a la princesa albina, suspirando se agacho y comenzó a sacudir los restos de tierra seca usando un pequeño hechizo de viento que retiraría el excedente de polvillo – Recuerdo, recomendarte usar tu magia de vuelo cuando uses tus ropas para eventos oficiales y/o ceremonias, Aliz. – arreglo los moños en las coletas albinas y retiro diminutos trozos de ramitas. - Listo, ahora es- ¡Wuah! – su cuerpo se hallaba atrapado en un abrazo con su espalda reposando en un pecho que vibro ante una risa mal disimulada. Apretando los dientes ante las dos silabas que conformaban su nombre: – ¡BAN!

- No seas aguafiestas anciano. – la última palabra en su oración, volvió cualquier rosado de las mejillas de la hada castaña en una sombra que declaraba abiertamente no mostrar piedad, pero, antes de poder actuar, un dedo picoteo su mejilla y al siguiente parpadeo fue girado para quedar de frente a Ban, con sus manos apoyándose en los pectorales de este – O una "madre" aburrida~ - beso la punta de la nariz del castaño, soltándolo en el momento que varias dagas del mismo tamaño aparecieron detrás de este, iniciando una carrera – lejos del capullo – entre la pareja.

Jericho se pasó una mano por el rostro, su compañera rubia negó con las manos a la cintura flotando al lado de Aliz tomándola del hombro derecho, e indicándole con su otra mano a la humana de nombre Jericho – Quédate con ella en lo que traigo de regreso a mi hermano y Ban.

- Tía Elaine – dijo Aliz, siguiendo con la mirada como uno de sus padres saltaba entre las ramas y el otro lanzaba cuchillas con una determinada actitud asesina – Ni te esfuerces.

- ¿A qué se debe esa negativa? – pregunto curiosa Elaine.

Aliz se encogió de hombros, diciendo lo siguiente – Así es como mantienen la pasión en su matrimonio, con una relación sadomasoquista – poniendo de tintes rojos a las dos mujeres que le hacían compañía a costa de que sus padres terminaran con una muy ridícula forma de pelea matrimonial – O eso escuche de Gowther-sensei.

La inocencia proveniente de una ciega confianza resulto en una mueca de sorpresa en los rostros de Jericho y Elaine, la primera tan roja como una rosa, empuñando su mano al aire, jurando tener una charla seria con Gowther sobre qué temas son apropiados de hablar con su pequeña discípula, por otro lado el hada rubia, abraza fuertemente a la princesa albina, hablando de cuan tierna es y le recuerda a ella en su época de juventud.

Sin saber exactamente a lo que ambas se refieren, Aliz se recuesto en el pecho de Elaine, agradecida de salir librada por un extenso regaño de su papá al manchar un vestido hecho precisamente en honor del nacimiento de su segundo hijo – hermano menor – . Frunciendo su entrecejo, pregunto con otra poca de esa inocencia infantil, heredada por su lado humana y reforzada ante su naturaleza de hada – ¿Por qué papá se molesta cuando padre, le dice madre? – otra risa fue su respuesta, una risa para nada refinada o calmada como las que acostumbraba su tía Elaine, incluso Jericho tuvo que sujetarla e intentar tranquilizarla. – "Mejor espero a Gerharde, ella siempre resuelve todos estos enigmas" – pensó la pequeña albina, sentándose en el pasto frente al capullo próximo a florecer.

Fue un viento, fuerte, directo y con el dulzor de frutas maduras recién cortados, que detuvo a todos, provocando que miraran en dirección del capullo. Aliz se levantó dejando que las puntas de sus dedos fueran lo unico rozando el pasto, Elaine tomo de ambas manos a Jericho; Harlequin desapareció sus dagas y tres bateos de sus alas ya estaba junto a su hija al mismo tiempo que Ban regresaba entre saltos de las ramas, se ponía al lado contrario. Ambos padres se miraron a los ojos, entrelazando sus dedos, ignorando que varios miembros del clan hada y nuevas criaturas mágicas que comenzaban a vivir en el Bosque del Rey Hada se reunían alrededor, encabezando al grupo estaba Gerharde, que con un movimiento de su bastón libero vientos que movieron pétalos de flores volviéndose las cuerdas que tocaron una melodía tranquila que se entonaba como el himno de bienvenida al segundo hijo del rey hada.

El capullo fue adquiriendo una tonalidad rosada fuerte dejando de lado los colores verde y rosa claro, poco a poco cada uno de los pétalos envolviéndolo fueron cayendo, doblándose en la punta, haciendo al capullo más y más pequeño, hasta que un botón rojizo quedo en medio, parecía una pequeña rosa. Los cantos de las hadas en un coro se reunieron con el silbido del viento, cada coro se elevaba y era llevado por el viento con un gran eco que sería transmitido a los alrededores, viajando con los vientos ajenos a los del bosque.

El botón rojizo, fue girando sus pétalos como una rueda en una carro de madera, el recorrido fue haciéndose menor, la ansiedad que recorría los cuerpos de todos aumentaba, sin palabras que brotaran de sus labios, el llanto de un bebé dejo libre los vitoreo y el lanzamiento de semillas, todas las hadas comenzaron a danzar formando un circulo que se convirtió en una espiral al comenzar a volar, otras más daban aplausos y le resto no dejaba de cantar con lágrimas recorriendo sus rostros dichosos. – ¡Oh que día más dichoso traen ante nosotros! – hablo en alto Gerharde, dirigiéndose no solo a quienes les acompañaban en lo alto del árbol, sino también a las criaturas que no fueron capaces de subir, su imagen se reflejaba con la creación de copias a partir de lianas, ramas y hojas – ¡En este nacimiento dentro de nuestro glorioso hogar!, ¡El segundo hijo del Rey Hada Harlequin, ha florecido!, ¡Enhorabuena a nuestro rey y su esposo, Sir Ban!

Más aplausos y exclamaciones siguieron, la gran fiesta en celebración del nacimiento de un nuevo príncipe hada, alzaba la moral, llenando de felicidad cada rincón del bosque.

Los nuevos padres cargaban entre sus brazos al miembro más joven clan, escondido hasta ese momento de los ojos de todos por las alas del rey Harlequin. Apenas se dio la vuelta con el pequeño bulto envuelto por una sabana de colores y pequeñas flores, sus ojos miel brillaban por las lágrimas que le decoraban, acompañado del abrazo de Ban y un beso en la frente del castaño, sonriendo con total plenitud y un rojo en sus mejillas.

Aliz miro como sus padres se sonreían y dirigían todo un nuevo amor al pequeño en sus brazos, por un momento creyó que ese lugar no le correspondía y que su atuendo y nuevo baile pasarían desapercibidos, sin embargo la mano extendida de ambos padres fue un hilo de confianza que ella tomo para dar el primer flote hasta que en su campo de visión apareció el rostro de su hermano menor.

Pequeño, rechoncho de sus brazos y una pierna que se escapaba de la manta tejida por flores, lo que parecía un poco de cabello no era más que el principio de este, parecido a un poco de pelusa castaña que brillaba con tintes dorados al sol, sus ojos sin abrirse del todo, podía apreciarse una coloración rojiza – muy familiar – y antes de que pudiera darse cuenta, el pulgar de su padre pasaba por encima de su mejilla, con ambas manos sobre su rostro, Aliz se percató de las lágrimas descendiendo.

Un instante más, mirando a su hermano, acercando con calma su mano y deslizando su dedo índice por una mejilla regordeta, fue el acercamiento del pequeño al calor desprendido por el contacto de las pieles ocasionando que sus lagrimales trabajaran a toda máquina y en el temblor de su voz dijera: –E-es-es hermoso. – abrazándose a Ban.

Ocupados, tanto el castaño y el albino en tranquilizar a su hija, por verse cubierta de la emoción, saltaron por alto un pequeño detalle. – Excelencia, es hora de conocer el nombre de nuestro príncipe. – comunico Gerharde, sin perder pista del bebé en brazos de Harlequin.

Hubo un lapso entre que Ban y Harlequin intercambiaban miradas, y la pequeña Aliz se secaba las lágrimas con el principio de sus muñecas, fue tan corto pero perfecto, que ambos padres se sonrieron, atendiendo a la consejera real – Farid – pronunciaron juntos.

El unico ojo de Gerharde brillo, cuan maravillosa fue la elección, con un significado particular, si, grandes cosas les esperaban a los herederos del bosque del rey hada. Aclarando su garganta, se elevó con sus alas, yendo hasta la orilla donde continuaba el baile de las hadas – ¿Cómo se conocerá a nuestro príncipe? un nombre bello acordado por sus padres, que desprende el amor y maravillosas alegrías que se reúnen hoy y cubrirán el sendero del príncipe. – Sus clones de flores, ramas y hojas se detuvieron, dando un toque dramático a su discurso – Me permito presentarles a su excelencia, ¡El príncipe Farid! – Aplaudieron las hadas, lanzando semillas, espolvoreando polen y pétalos de flores libres – ¡LARGA VIDA A NUESTRO MONARCA HARLEQUIN! – Entono Gerharde - ¡LARGA VIDA A SU ESPOSO SIR BAN! – Aplaudieron más en alto - ¡LARGA VIDA A LA PRINCESA ALIZ Y EL PRINCIPE FARID!, y… ¡PROSPERIDAD A NUESTRO HOGAR! – sujetando con ambas manos su bastón y elevándolo por encima de su cabeza, las hadas ovacionaron sin interesarles quedar afónicas o sordas.

- Ella sí que se emociona con los eventos oficiales~ - dijo Ban, besando la coronilla de Harlequin y cargando en sus brazos a su hija para que tuviera un ángulo distinto para mirar a su hermano.

- Tiene ciertas responsabilidades que cumple perfectamente – contradijo Harlequin, acomodando a Farid en sus brazos, el bebé respiraba pausadamente, seguramente ya sumergido en su primera siesta.

Al acercarse el par de mujeres para tener una mejor vista del nuevo heredero del bosque, Jericho soltó un grito emocionada, golpeando en el hombro a Ban, felicitándolo por tan adorable bebé, en cambio Elaine beso la frente de su nuevo sobrino, pronunciando un pequeño encantamiento que rodeo en una luz amarilla a Farid, logrando que abriera por un momento sus ojos, notando, efectivamente, un par de rubíes, cerrándolos nuevamente y roncando bajo.

- Aliz – llamo Elaine – estoy ansiosa por ver tu baile de bienvenida en el banquete de esta noche.

La pequeña albina asintió efusivamente, saltando y volando, despidiéndose para ir a preparar lo que le faltaba, deteniéndose y jugando con las puntas de los dedos en sus pies, regresando, para depositar un beso en la mejilla de sus padres, Jericho, Elaine y la de Farid, prometiendo estar presente para el banquete, se disparó en un vuelo rápido.

Maravillas que son una rutina en una vida humana, dentro del bosque del rey de las hadas son bendiciones para celebrar en alto, acompañados de amigos cercanos es aún mejor.

Pronto, regalos y más felicitaciones aparecerían desde las tierras de Lionés, Camelot e incluso Megadozer.

.

.

.

.

.

.

.

.

Fin.

Ha esto le llamo, mi oportunidad para presentarles a mis fanchilds BanxKing. ¡Damas y caballeros mi trabajo aquí está hecho!

Cambiando de tema, como ustedes ya saben, el manga de The Seven Deadly Sins… ¡POR FIN TERMINO!, para ser justos la historia comenzó a aburrirme luego de que Elizabeth no se murió y la cereza del pastel fue saber que Merlín amaba a Meliodas… ósea, eso… ¿ESO QUE?, no tuvo sentido, nada de nada.

Aun peor, murió el macho más macho de todos, el unico e irrepetible Escanor y ni un digno funeral le pudieron hacer, digo, ¿neta?

En fin, lo que más pude rescatar del penúltimo capítulo fue saber de dónde nacían las hadas, y como le dije a mi mejor amiga, "Para los demás es un dato interesante, para mí, la excusa perfecta que necesitaba para hijos en una relación homosexual. Gracias Nakaba."

Honestamente planeaba dejar de escribir fanfics, pero, al parecer aún tengo un poco más que dar, jajaja.

Cuéntenme sus opiniones, armemos un debate de la historia y el final del manga. Y, ¿Harán como yo?, re-iniciar la tortura con la secuela del manga.

¡Hasta la próxima!

¡RECUERDEN!

A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo.

Porque eso es de gente muy cochina *lean esto con la voz de Deadpool*