Naruto ©Kishimoto-sama.~

~ Narracion normal

~ "Pensamientos"


La noticia

Sasuke cruzó la habitación con paso firme, sin vacilar en ningún momento. Sin embargo, la expresión de su rostro lo delataba. ¿Acaso lo había soñado o realmente acababa de llevarse una reprimenda a manos de la patética secretaria de su hermano?

"¡Increíble!" pensó frunciendo aun más el ceño y trató de recrear la escena en la memoria. Cuando por fin se había dignado a levantar la vista del teclado del ordenador, aquella mujer le había lanzado una mirada de auténtico desprecio.

Estuvo a punto de reírse, pero el buen humor no le duró ni un segundo. La mujer que se ocupaba de los asuntos profesionales de su hermano le había caído mal desde el principio. Había algo en ella que... No era capaz de ponerle nombre... No se trataba sólo de aquella forma molesta, ni tampoco de aquella actitud sobre protectora con su hermano...

El nunca había tenido el deseo de sentirse apreciado por sus empleados, pero no podía evitar preguntarse por qué lo miraba como si fuera un ser malvado con cuernos y cola.

¿Cuándo y cómo le había dado motivos? Nunca. Al menos eso era lo que creía y se decía.

Quizá encajara en el papel del villano tirano o algo parecido... No obstante hasta ese momento siempre la había tratado con una cortesía impecable, aunque no agradable siendo sinceros. De alguna forma la hostilidad siempre había estado presente.

No entendía muy bien cuál era su problema con él aunque tampoco quería averiguarlo. Desde luego estaba dispuesto a ser tolerante porque era una trabajadora bastante eficiente, nada que ver con las anteriores secretarias. El currículum y las cualidades profesionales nunca habían sido una prioridad para su hermano Itachi a la hora de entrevistar candidatas para el puesto de secretaria. Claro que no, a penas si le interesaba.

Sin embargo, aunque sabía que Haruno Sakura tenía una habilidad asombrosa para manejar sin problemas la ajetreada agenda de su jefe y fuera capaz de pasar toda una mañana trabajando sin tener que irse de compras, jamás hubiera sido la primera elección de Sasuke, ni la primera ni la última.

A diferencia de su hermano Itachi, a él le desagradaba tener esclavas que lo adoraran incondicionalmente. Era una verdadera molestia tener a mujeres besando el suelo por donde pasara. Y Haruno Sakura era de esas.

Un gesto de desagrado cambió la expresión de su rostro cuando recordó la devoción de aquella mujer. Como un cachorrito siguiendo a su dueño. Su dedicación iba mucho más allá de una mera llamada del deber, pero a pesar de ello no había llegado tan lejos como ella hubiera querido.

¿Cómo soñaría siquiera llegar a ser algo más con aquellos horribles trajes anticuados que se ponía? Demasiado aburridos para su gusto, casi como si su abuela fuera de compras y se los eligiera. No que fuera experto en moda, pero claramente eran un completo insulto a la ropa.

A Itachi le gustaba sentirse idolatrado, estaba acostumbrado a ser siempre el mejor en la familia, y muchas de las mujeres que habían compartido con él parecían sacadas de una revista de moda. De hecho, varias habían salido de ahí.

La moda femenina, por el contrario, no era precisamente un tema de interés para Itachi, pero sí le gustaban las mujeres seguras de sí misma que hacían un esfuerzo por estar guapas y tener buen aspecto.

Haruno Sakura. Parecía empeñada en borrar todo rastro de feminidad de su cuerpo...

Como si hubiera hecho algún tipo de voto con las monjas de alguna iglesia o tuviera un trauma muy serio, pero ése no era asunto suyo, por supuesto. La cortesía y el respeto en el entorno laboral sí lo eran, y aunque no quisiera tener un club de fans y aduladores en el edificio que llevaba el nombre de su familia, tampoco esperaba llevarse un desplante a manos de una simple secretaria. Mucho menos de esa molesta secretaria.

Se detuvo frente al despacho de su hermano, se soltó un botón del traje y se aclaró la garganta. La joven menuda que estaba sentada tras el escritorio levantó la cabeza y entonces la expresión de él se transformó.

Detrás de aquellas horribles gafas que siempre usaba para el papeleo, podía ver los ojos de Haruno Sakura, llenos de lágrimas. Algunos hombres se dejaban llevar por esos excesos emotivos típicos femeninos. Él en cambio, siempre los había encontrado... irritantes, o más bien molestos. Sin embargo, ese día se sentía inclinado a no ser un cretino indiferente. Ella estaba de suerte.

Después de una pausa por fin se decidió a hablarle, no sin antes preguntarse si realmente debía hacerlo sin arrepentirse después.

—¿Un mal día? —Sakura lo miró con ojos totalmente confundidos.

No era sólo aquel tono de voz comprensivo, que por cierto jamás lo había escuchado, sino también la persona dueña de esa profunda voz.

Aquella pizca, pequeña y minúscula pizca de humanidad, pero que muy pequeña, era totalmente inesperada en alguien como Uchiha Sasuke. Siempre que le oía hablar, su voz sonaba dura, cruel, sarcástica, fría... Sakura no pudo contener un sollozo y al final emitió un sonido a medio camino entre un lamento y un gemido.

Sorprendentemente aquel hombre frío y desagradable como el mismo diablo parecía haber dejado a un lado su habitual arrogancia justo en el peor momento.

"¡Qué oportuno!" pensó la joven. ¿Por qué no podía ser el ser despreciable y cabrón de siempre?

"No voy a llorar. No voy a llorar. No voy a llorar...", se dijo una y otra vez. Parpadeó compulsivamente, murmuró alguna excusa relacionada con la alergia y trató de rehuir aquella mirada penetrante e insostenible.

Era muy extraño pero desde el primer momento, los ojos oscuros de Uchiha Sasuke la habían inquietado sobremanera. En realidad, toda su persona la inquietaba más de lo que quisiera. Ella siempre había intentado no juzgar a nadie a partir de una primera impresión, pero en el caso de los hermanos Uchiha no había sido capaz de seguir con esa cualidad suya. Su reacción hacia ellos había sido poderosa, instantánea y muy difícil de borrar. Por lo general la gente solía caerle bien, pero definitivamente Uchiha Sasuke no formaba parte de la especie humana. Aquel tipo era el ser más frío, arrogante, cretino, grosero y prepotente que jamás había conocido, y en serio su lista de adjetivos era bastante más larga, todo lo contrario de su hermano. Nada más ver sonreír a Itachi, se había convertido en su esclava fiel.

Al recordar aquel momento, Sakura volvió a sentir el picor de las lágrimas en los ojos. Se mordió el labio inferior y sacó un pañuelo de papel de su bolso, consciente en todo momento de la presencia siniestra y su mirada penetrante del verdadero y único jefe de Uchiha corp.

Ésa no debía de ser la primera vez que Sasuke hacía llorar a alguien. El hombre no era un pozo de simpatía precisamente. Cuando repartieron la amabilidad y la tolerancia, seguramente debió estar muy atrás en la cola. Sin embargo, contrariamente en otros casos era evidente que había sido el primero de la lista.

Sakura se hubiera echado a reír de no haberse sentido tan mal. Se sonó la nariz y se atrevió a mirar con disimulo aquel perfil perfecto sacado de una escultura griega. Aunque no quisiera admitirlo, no tenía más remedio que reconocer que debía de resultar atractivo para la mayoría de la gente. Además, la abrumadora sexualidad que desprendía en todo momento debía de venirle muy bien.

Espectacular y sexy... Eso pensaba la mayoría de las mujeres, pero a Sakura por supuesto le traía sin cuidado, aunque se lo repetía una y otra vez mentalmente para auto convencerse. Lo que realmente detestaba en él era su absoluta indiferencia hacia el resto de los mortales. Lo que los demás pensaran de él debía de importarle...

"Un soberano mango bien maduro...", pensó la joven para sí. Aquel exceso de confianza era absolutamente envidiable.

Cuando entraba en una habitación todo se llenaba de un silencio sepulcral. Todos se volvían hacia él y lo seguían con la mirada, como si estuvieran bajo un embrujo repentino. Sin embargo, no eran sus costosos trajes y su impresionante figura los responsables de enmudecer al mundo. Aquel hombre irradiaba un magnetismo tan fuerte que no pasaba desapercibido. Perfección... Ese era el problema. Uchiha Sasuke marcaba la diferencia. Poderoso, frío y misterioso. Y lo de misterioso vende muy bien.

Sakura, por el contrario, siempre había sido un completo desastre, pese a los esfuerzos de su abuela por inculcarle un poco de orden. Cada vez que tenía que arreglarse ponía patas arriba el cuarto de baño y el armario y sin embargo los resultados nunca llegaban a ser nada más que... aceptable.

A Sasuke esa palabra no le pegaba, parecía no tener ningún defecto.

O lo tomas o lo dejas..., decía la expresión permanente de su rostro. Sin embargo, era muy fácil adoptar esa pose cuando nadie tenía otra elección que no fuera tomarlo. Porque ese era el efecto que él tenía sobre las personas.

Uchiha Itachi en cambio, era totalmente distinto. Una de las primeras cosas que le había llamado la atención de él, aparte de su encantadora sonrisa, era su inesperada fragilidad y por supuesto su simpatía, nada que ver con su hermano insoportable. Si hubiera sido él quien la hubiera encontrado llorando, habría hecho algún comentario gracioso para hacerla reír en lugar de quedarse mirándola con unos ojos sombríos y escalofriantes que lo único que hacían era ponerla peor.

La idea de recibir un abrazo o alguna palabra reconfortante de Uchiha Sasuke era de los más disparatada y divertida. Sin embargo, aunque quisiera no era así. De alguna forma, la idea de sentir aquellos brazos musculosos a su alrededor, apretándola contra un cuerpo de ensueño la hacía sentir una bola en el estómago, una bola de horror. ¿De qué si no? Se volvía a mentalizar.

Mirándola con descaro, Sasuke hizo una ligera mueca al oírla sonarse la nariz una vez más. ¿Cómo podía hacer tanto ruido una nariz tan pequeña?

—Váyase a casa. Yo me ocuparé de Itachi —dijo, pensando que no era una buena idea tener a una mujer llorosa al frente del despacho.

Aquel ofrecimiento inesperado la hizo levantar la cabeza de repente, sacándola de aquella ensoñación que ya comenzaba a parecer una pesadilla.

—¡De ninguna manera! —le dijo irritada ante aquella sugerencia.

Ella no era su secretaria, sino la de Itachi, pero eso no le impedía repartir órdenes a diestra y siniestra.

Miró aquel rostro frío e inflexible. El nunca dejaba que nadie olvidara quién mandaba allí. En más de una ocasión se había tenido que morder la lengua al verle cuestionar la autoridad de su hermano, pero Itachi no se quejaba, al contrario parecía disfrutar sus reclamos, había dejado hace mucho el mando a su pequeño hermano además por supuesto tenía un corazón demasiado bueno para eso.

A él no le gustaba generar conflictos, ni tampoco buscarse enemigos, y lo cierto era que ya tenía bastante con los de su hermano Sasuke. Los miembros del consejo simplemente le tenían miedo y ése era el motivo por el que no tenía muchos amigos allí.

Sasuke levantó las cejas al oírla contestar con tanta pasión. La expresión de su rostro pasó de la cordialidad a la irritación en un abrir y cerrar de ojos.

—Hay que dejar los asuntos personales en casa —le dijo en un tono frío.

Él siempre había sido capaz de mantener la compostura y la disciplina incluso en los peores momentos y por tanto no esperaba menos de sus empleados. Unos años antes, a raíz de la inesperada cancelación de su compromiso, su foto había aparecido en todos los programas de chismes y revistas del corazón del país, y su "supuesto" corazón roto se había convertido en la comidilla de todas las páginas web de cotilleo. Sin embargo, eso no le había impedido realizar su trabajo con la misma seriedad de siempre.

— ¡Yo no tengo asuntos personales! —dijo ella indignada.

Sasuke arqueó una ceja en un gesto sarcástico y disfrutó mucho viéndola sonrojarse.

—Me sorprende —murmuró.

No obstante, eso no era lo único que le sorprendía. ¿Por qué demonios trataba de prolongar aquella absurda conversación? Ver cómo la molesta secretaria robot de su hermano sacaba las uñas podía llegar a ser fascinante... para algún ocioso sin nada que hacer. Él por el contrario estaba muy ocupado.

Sakura le lanzó una mirada fulminante a través de sus gafas.

Maldito imbécil sarcástico..., —pensó— Tengo mucho trabajo que hacer.

—Muy pocos somos imprescindibles, señorita Haruno.

¿Qué era aquello? ¿Una advertencia? ¿Una amenaza? Sakura trató de restarle importancia a aquellas incisivas palabras. No estaba dispuesta a dejar que los comentarios mordaces de Uchiha Sasuke le quitaran el sueño. De hecho, probablemente fuera uno más de sus latigazos verbales sin mayor importancia. Sin embargo, a veces era difícil saberlo porque aquella voz profunda y envolvente como el chocolate negro bien amargo podía perfectamente convertir la lectura de una lista de compra en una experiencia siniestra y extraña.

"¡Bueno, basta ya!", se dijo.

Sakura levantó la barbilla. Ya no estaba en la plantilla de la empresa, y por tanto no tenía por qué aguantar los arrebatos egocéntricos de aquel hombre impertinente.

—No puede echarme porque me voy.

Estupefacto, Sasuke contempló el sobre que le ofrecía con manos temblorosas.

—¿Echarla?—se preguntó él, sacudiendo la cabeza con desconcierto—. ¿Me he perdido algo?

Pensando que quizá se había excedido un poco en su reacción, Sakura bajó la vista y rehuyó su mirada.

—Usted ha dicho que yo no era imprescindible —le recordó.

—¿Y usted cree que sí lo es?

—Claro que no —respondió ella.

—¿Entonces guarda una carta de dimisión en el cajón por si llega el momento? —pregunto en tono burlón y algo desconcertado.

—Claro que no. Yo...

El examinó el sobre un instante.

—Y el nombre que aparece en ese sobre no es el mío. Yo no soy su jefe inmediato, ¿recuerda?

Sakura puso los ojos en blanco.

Sobre el papel Itachi era el jefe en esas oficinas pero aunque gozara de cierta autonomía, Sakura sabía muy bien que el que tomaba todas las decisiones importantes era Uchiha Sasuke. Él era Uchiha Corp. Y nadie hubiera cuestionado su gestión después de ver la meteórica subida de la empresa. Itachi solía acatar las órdenes de su hermano sin muchas complicaciones, pero siempre le había gustado contradecirlo para molestarlo, a fin de cuenta era su trabajo como hermano, fastidiarlo un poco hasta que aparecía la frustración en su pequeño hermano.

—Si quiere verme fuera de aquí, me voy ahora mismo.

Sasuke guardó silencio un instante, asombrado ante aquel desafío insolente.

—¿Qué? ¿Y perderme la posibilidad de tener estas deliciosas discusiones en el futuro? —se detuvo.

Prácticamente podía ver cómo le rechinaban los dientes de tanto apretarlos. Sin pensarlo apareció una media sonrisa en el rostro masculino.

—Mire, no sé qué le ha pasado ni quién la ha hecho ponerse así —añadió, sin saber por qué se preocupaba tanto por el asunto. Su único objetivo era asegurar el buen funcionamiento de Uchiha Corp. Todo lo demás carecía de importancia.

—¡Usted! —nada más decirlo, Sakura se sintió culpable. En realidad él no le había hecho nada... en esa ocasión.

Él la miraba con una expresión de perplejidad en el rostro, y no era para menos. Había descargado contra él toda la rabia y la frustración que tenía dentro, pero no sabía muy bien por qué lo había hecho. El único delito que él había cometido era darse cuenta de que ella no se encontraba bien. De hecho, había sido la única persona que se había fijado.

—Creo que debería meditar mejor su decisión —le dijo él tras un largo silencio.

¿Acaso su hermano Itachi se había acostado con ella? Sasuke contuvo la respiración durante treinta largos segundos. La explicación encajaba muy bien con aquel espectáculo de llanto. ¿Cuántas veces le había dicho a Itachi que mezclar el trabajo con el amor era la receta perfecta para el desastre?

Sorprendida y boquiabierta, Sakura le vio mascullar un juramento y romper la carta en pedazos.

—Si bien no es imprescindible... —le dijo, esbozando una sonrisa sarcástica. Era imposible que Itachi se hubiera ido a la cama con una mujer que no llevara los labios pintados.

Y Sakura Haruno no los llevaba.

Mientras observaba la exuberante curva de sus labios bien delineados, se dio cuenta de que no era algo tan malo. Si ella hubiera decidido realzar un poco más aquel regalo de la naturaleza, podría haberse convertido en una distracción peligrosa para su alocado hermano. Igual que cualquier otro hombre, Itachi hubiera empezado a preguntarse qué otros regalos de la naturaleza podía esconder debajo de aquella ropa infame.

—... sí creo que es muy buena en su trabajo —añadió, terminando la frase, sin dejar de mirarle los labios.

Sakura guardó silencio. Durante mucho tiempo no había sido más que un mueble de oficina para Sasuke Uchiha, y sin embargo, en ese momento, parecía mostrarle algo de reconocimiento.

—¿Ah, sí? —le dijo ella, obligándose a mirarlo a los ojos.

—¿Me equivoco?

Dejando a un lado su modestia habitual, Sakura respondió al desafío que brillaba en aquellos ojos oscuros e impenetrables.

—Soy buena en mi trabajo.

Y tenía razón. Por lo que Sasuke había podido ver, aquellas oficinas hubieran llegado al colapso de no haber sido por ella. Presa de una nueva oleada de irritación, se preguntó qué podía haber hecho Itachi para provocar esa situación. Si el sexo estaba fuera de la ecuación, no quedaban muchas opciones.

—¿Es que le han hecho una oferta mejor? —le preguntó frunciendo el ceño.

Sakura levantó la vista de la papelera que contenía los restos de su carta de dimisión, aquella que ya había escrito tres veces y que ahora se encontraba en pedazos frente a sus ojos. Por suerte, todo lo que tenía que hacer para tener otra copia era pulsar el botón de la impresora.

—¿Oferta?

—No tiene nada que temer —dijo él en un tono brusco e impaciente—. ¿Ha recibido alguna llamada?

—¿Quiere decir para un trabajo? —Sakura abrió los ojos. ¿De verdad pensaba que algún ejecutivo estaba interesado en ficharla? Demonios, ni ella misma se consideraba demasiado buena como para que alguien si quiera supiera de su existencia.

Él arqueó una ceja, en espera de una respuesta. Ella sacudió la cabeza.

—No, no he recibido ninguna llamada.

El la atravesó con una mirada interrogante y aguda.

—¿Los desafíos son un problema para usted?

Sin duda era una mujer inteligente. Sin embargo, la expresión vacía con que lo miraba en ese momento decía lo contrario.

—¿Es que no da abasto con el trabajo?

A él le encantaban los desafíos y por tanto sabía reconocer la frustración y el aburrimiento en los demás. Mucha gente disfrutaba desempeñando un trabajo monótono y rutinario, pero a lo mejor ella no era una de ésas.

—¿No cree que es buena idea hablarlo con Itachi antes de tomar una decisión precipitada?

El tono casual con que arrojó aquella sugerencia disparó la rabia de Sakura. La joven se puso en pie, llena de indignación.

¿Cómo podía pensar que había tomado una decisión semejante sin meditarla cuidadosamente? No estaba en situación de abandonar un trabajo, y mucho menos uno que estaba tan bien pagado, pero no tenía otra alternativa. Enamorarse del jefe era una cosa, pero verse obligada a ayudarle a elegir un anillo para su prometida era algo totalmente distinto, y ella no era tan masoquista. Seguramente era una tonta por haber tomado una decisión así, pero ya no podía soportarlo. Además, había hecho todo lo posible por olvidarse de él.

—¡No puedo hacerlo! —gritó—. Si tengo que verlo con...

Al ver la expresión sorprendida en el rostro de Sasuke, volvió a sentarse enfadada. Un rubor traicionero teñía sus mejillas.

—Por favor, váyase —murmuró entre dientes, tratando de esconder su rostro sonrojado bajo una mata de cabello rosa.

Él se quedó observándola durante unos segundos interminables, que para ella fueron probablemente minutos y finalmente siguió su camino hacia la oficina de su hermanos Itachi.

Sakura soltó todo el aire contenido al oír cómo se abría la puerta.

୨୧୨୧୨୧୨୧

Sasuke tardó un buen rato en sacudirse el recuerdo del incidente con Haruno Sakura, su extraño comportamiento, aquel enfado apasionado, sus labios temblorosos e increíblemente sensuales... La escena que acababa de vivir no era fácil de olvidar. Sin embargo, la imagen que encontró nada más cruzar la puerta tampoco se quedaba atrás. Su hermano, besándose con la mujer que una vez había sido su prometida...

Un pequeño déjá vu... No exactamente. La vez anterior la había sorprendido infraganti en los brazos de otro hombre, pero en esa ocasión parecía hacerlo a propósito. Además, la otra vez se la había encontrado desnuda con su amante, pero en esa ocasión tanto Itachi como ella estaban vestidos, por suerte.

La ultima vez... había visto cómo se hacían añicos sus propias ilusiones, nada que ver con el presente. Las ilusiones eran parte del pasado. Ya no tenía expectativas románticas de ningún tipo y por tanto, podía contemplar la escena con cierto grado de frialdad y objetividad, algo que le faltaba seis años antes.

Seis años antes... Entonces era un romántico empedernido, un optimista que se creía el hombre más afortunado del mundo. Entonces creía haber encontrado a su alma gemela. Entonces...

Estaba enamorado.

Y era tan agradable ser la envidia de todos sus amigos. Un hombre feliz con una preciosa prometida... Ella seguía siendo preciosa y era evidente que su hermano Itachi era de la misma opinión. ¿Acaso era algo genético o era que todos los hombres de la familia Uchiha tenían que pasar por la misma prueba?

De ser así, entonces él había aprobado con matrícula de honor. No obstante, y por muy humillante que fuera, la experiencia le había servido para aprender unas cuantas lecciones que ya no olvidaría jamás. En su faceta profesional, siempre había trabajado bajo el supuesto de que todo el mundo tenía intereses propios y gracias a Ino, había empezado a aplicar lo mismo en sus relaciones personales. Todavía disfrutaba del sexo, al fin y al cabo no era más que una necesidad primaria, como alimentarse o dormir, pero ya no esperaba ni buscaba una unión mística. A veces se preguntaba cuánto tiempo hubiera vivido atrapado en aquella patraña si el destino no se hubiera interpuesto en su camino en forma de un vuelo cancelado... El mismo destino que lo había llevado hasta la puerta del apartamento de su prometida al mismo tiempo que a su antiguo marido, el Inuzuka Kiba.

Era prácticamente imposible volver a tropezar con la misma piedra. No obstante, si por alguna jugarreta del destino volvía a sentirse tentado de utilizar las palabras «amor» o «para siempre», entonces sólo tendría que recordar aquel patético incidente del pasado para recuperar la cordura. En aquella ocasión, había dado media vuelta y se había ido sin más, pero desafortunadamente, ésa no era una opción en ese momento.

Aunque su hermano no supiera valorar su esfuerzo, era su responsabilidad salvarle. Por suerte, a pesar de sus muchos defectos, Itachi nunca había sido precisamente un romántico y a diferencia de él mismo, nunca había tenido tendencia a poner a las mujeres en un pedestal durante la adolescencia. Con sólo recordar su propia ingenuidad en aquella época, no podía evitar una mueca de dolor. ¿Acaso Ino no había sido capaz de resistir la tentación de lanzarse a por su hermano nada más surgir la oportunidad, o lo había hecho con toda intención?

"¿Y eso qué más da?", se dijo. Si ella creía que lo iba a dejar pasar, estaba muy equivocada.

Mirando atrás, quizá había sido un error haberla dejado llevar a cabo su pequeña venganza seis años antes. Por aquel entonces no le había parecido una buena idea responder a las declaraciones que ella había hecho, pues no quería prolongar el interés del público. Sin embargo, la versión que ella había vendido a aquella revista femenina era falsa de principio a fin...

"Yo estaba loca por Sasuke y por eso me llevé una gran sorpresa cuando me dio un ultimátum. Me hizo elegir entre mi carrera y él. Es un griego de pura raza y supongo que quería una esposa anticuada y supeditada a él...",

Había declarado para la prensa. Y después lo había llamado para decirle que gracias al artículo la habían llamado para protagonizar la campaña de publicidad de un nuevo perfume, en lugar de la modelo que había sido elegida en primera instancia.

"Así que gracias, Sasuke...", le había dicho en un tono de advertencia.

"Pero todavía me debes una".

Evidentemente había encontrado el momento adecuado para cobrarse su última deuda.

—¿Interrumpo?

Aquella irónica pregunta los hizo separarse de inmediato. Ino se ajustó el escandaloso escote del vestido e Itachi, algo incómodo se pasó una mano por el cabello y se aclaró la garganta.

—Sasuke... Yo... Nosotros... No te oímos tocar. Estábamos...

Sasuke arqueó una ceja y le sonrió. En realidad tenía ganas de estrangularle por haber caído en aquella estúpida trampa. ¿Cómo era posible que no supiera que Ino era venenosa? Una víbora codiciosa en busca de venganza. Siempre había creído que su hermano era inteligente, pero al parecer en temas de mujeres tenía un sentido más bien de pensar con otra parte del cuerpo que con su maldito inteligente cerebro.

La joven levantó una de sus manos exhibiendo una manicura perfecta, y tapó los labios de Itachi.

—Cariño, Sasuke sabe muy bien qué estábamos haciendo —le dijo sonriendo.

Mirando a su hermano con impaciencia, Itachi se dejó besar.

—Bueno, no hacen falta presentaciones ¿verdad? —dijo riéndose de su propia broma.

Alto y apuesto, Uchiha Itachi sabía que la calidez y el encanto irresistible de su sonrisa siempre inclinaban a su favor cualquier situación. O casi siempre... En ese momento su sonrisa parecía tan tirante y crispada como un cable de alta tensión. Agarró una fría botella de champán, la abrió y entonces al mirar a su futura esposa, ya no pudo contener más su sonrisa triunfal.

Esa vez le tocaba a Sasuke ser el segundo plato.

Ino nunca lo había querido, pero a él sí lo quería.

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El cometa Yumei ha regresado! Historia SasuxSaku porque después del final del manga ya no es solo un sueño...

Puede que os parezca súper trillada la historia, mundo alterno, secretaria enamorada del jefe y esas chorradas, pero nunca es demasiado de esta pareja y prometo al menos intentar que no resulte como una típica historia. Me inspiré en un par de doramas así que tiene ideas de varias historias.

No me comprometeré a daros fechas de publicación porque puede que sea una vez por semana o dos veces, o tal vez en algún momento tarde más de esperado. Pero lo haré lo más seguido que pueda, ¿Vale?

Un abrazo Yumei