¡Bienvenidos, lectores/as de FF! A un One-shot de una pareja muy rara de ver, que realmente me gusta y desearía que existiesen más Fics sobre ellos.
Antes de continuar, debo agradecerle a Nyu-enaiviV por ser mi beta para este One-shot. Sin su ayuda, no habría podido haber publicado esto como lo ven ahora.
Y con todo eso ya dicho, ¡vayamos al Fic!
Pero antes...
Kung Fu Panda no me pertenece. Yo solo estoy escribiendo esto para pasar el rato y entretenerme, sin ánimos de lucro ni nada parecido.
"No es perfecto, pero no tiene que serlo".
En el Jardín de los Maestros, donde yacían estatuas de los grandes Maestros del Kung Fu, se encontraba caminando Shifu, admirando cada una de las estatuas del lugar. Cargaba consigo una linterna de papel en su pata izquierda y su bastón en su otra pata, solo para parar justo en frente de la estatua del Maestro Oogway.
Era una noche tranquila, y solo se trajo consigo la linterna de papel para ver mejor entre la oscuridad. Pero estaba preocupado por algo, y quería hablar de ello con alguien.
"Maestro Oogway, mi querido amigo difunto," Dijo mientras miraba la estatua y se sentaba frente ella, dejando la linterna de papel a un lado. "En los 500 años que trajiste el Kung Fu al Valle, nunca hemos conocido tanta paz..." Continuó hablando, "Y todo gracias al Guerrero Dragón. A pesar de que todavía sigue durmiendo hasta tarde cuando necesita enseñar a los Cinco... Pero todo está bien."
"Y sé que debería de estar contento... Pero algo me preocupa..." Confesó, mirando hacia abajo por un momento para luego sacudir y levantar la cabeza. "Quizás... No es nada. Es solo una sensación furtiva de que el mundo está a punto de ser consumido... Por la oscuridad." Shifu dejó de hablar y clavó su mirada en el piso, con cierto temor reflejándose en su rostro. Pero luego, volvió a sacudir la cabeza en un intento de hacer que todos esos pensamientos se fueran. "Quizás necesito un pasatiempo... O una novia."
Ya lo había pensado antes, y la idea de distraerse de todo lo demás, le parecía una buena opción ahora que ya no era Maestro de los Cinco. Pero no sabía qué pasatiempo podría disfrutar más, ya que nunca tuvo la oportunidad de llegar a disfrutar mucho de alguno. Y conseguir alguna novia, a su edad, era algo que probablemente no se le iba a hacer fácil.
"De todos modos, si hubiera algo mal, me daría una señal, ¿verdad?" Preguntó, mirando la estatua de la tortuga. "Una pequeña pista..." ... "¿Algo en absoluto?" No hubo respuesta, solo el sonido del viento levantando algunas hojas. "Algo así... ¿No?" ... "Muy bien, bueno. Lo dejaré volver a su paz etern-" Pero justo cuando estaba a punto de partir, alguien puso sus patas sobre sus ojos, cubriéndolos completamente.
Casi sufría un ataque al corazón y tensó su cuerpo, listo para luchar contra esa persona. Pero la otra persona entre risas, le susurró "Adivina quién..." por detrás de su espalda. Era una voz femenina, y lo sorprendió un poco. No había escuchado esa voz en años...
Dio un pequeño suspiro de alivio y, ahora sabiendo quién era esa persona, comentó con una pequeña sonrisa visible en su rostro, "Sé que hoy se celebró el festival de Qixi, pero solo estaba bromeando con eso de la novia, Mei..." ella dejó de cubrir sus ojos, y Shifu volteó para verla. Ya no sonreía, y se le notaba un poco molestó.
"Ahora te pareces mucho a él. ¿Sabes?" Entre risas, ella se burló del panda rojo mientras se acercaba para darle un abrazo. El cual agarró desprevenido al Maestro. "Te extrañe, Shifu." Él seguía inmóvil, justo como su hija adoptiva lo había estado cuando Po la abrazó en Gongmen. Mei Ling lo notó, y la zorra no dudó en tratar de sacar al panda de sus pensamientos al preguntar, "Tú... ¿No lo hiciste?" con una voz un poco apagada.
"Yo..." Fue lo único que pudo vocalizar el panda, aún inmóvil en su lugar. Pero unos parpadeos después, preguntó separando a Mei de él, "¿Cómo llegaste hasta aquí? Y, ¿por qué viniste a verme?"
La expresión en su rostro cambió a un semblante triste, y sin atreverse a mirarlo, ella contestó, "Estuve un tiempo en prisión. Decidí por una vez en mi vida afrontar la condena que me impusieron. Esos años que pasé, me hicieron reflexionar, sobre todo. Literalmente; de mi manera de ser, hasta las decisiones que me llevaron a parar allí." en ese momento, la sorpresa de Shifu iba aumentando y aumentando al oírla hablar, se acercó para estar a su lado, pero ella siguió, "Hoy se terminaba la condena, y me dejaron libre. Después de una vida de robos y engaños, me di cuenta de que al final... No me quedaba nada ni nadie... Estaba sola, sin un lugar al que verdaderamente pudiese llamar hogar... La única persona que llegué a conocer, que sabía que lo daría todo por estar conmigo, eras tú. Así que vine para acá con la intención de decirte que yo... Shifu, lo siento." ... " Jamás te traté bien, siempre te causé más problemas de los que tenías con mis robos, y por culpa de mi gran egoísmo no lo quise ver. Solo pensaba en el dinero, y poner eso por sobre la única persona que me amaba, fue un gran error. Porque el dinero nunca me llegó a satisfacer tanto como solo uno de tus abrazos lo podía hacer. En verdad sigo sintiendo que mi corazón se acelera con cada minuto que paso parada junto a ti... No puedo evitarlo, aunque quisiera. Y no quiero. "
"Sé que a estas alturas de la vida me debes de odiar por todas las cosas que te hice pasar... Y yo... Yo...-"
El sonido de dos brazos envolviéndola en un abrazo acallaron las palabras de la zorra. Shifu la acercó más hacía él, y una vez que puso su cabeza sobre el hombro de ella, dijo, "Sé que no eres perfecta, ni estás cerca de serlo. Pero, aun así, no creo que tengas que serlo para que me caigas bien... Acepto tus disculpas, Mei." instantáneamente, ella correspondió el abrazo. "Pero solo bajo una condición."
"¿Cuál?"
"Prométeme que no volverás a robar jamás."
"Está bien... Te lo prome..." El panda rojo vio que ella estaba determinada a seguir con la promesa, y eso le basto. Así que acercó sus labios a los de ella, acabó por interrumpir lo que iba a decir, y le sacó un pequeño gemido a la zorra roja que fue acallado por el beso que le dio. Este perduró por unos segundos más antes de ser roto por parte de ambos. "- to."
Los dos se separaron y trataron de recuperar el aliento, se miraron esbozando sonrisas genuinas en sus caras. Y el panda rojo volvió a por el bastón que había dejado en el suelo, antes de haber sido interrumpido inesperadamente esa noche.
"¿No crees que deberías llevarte esa linterna también?"
"No. Podemos dejarla allí, aún no ha oscurecido del todo." Comentó con una sonrisa mientras iba sosteniendo la pata de Mei de camino al Palacio. "Ahora, vamos. Deja que te dé un recorrido por el Palacio. No sé cómo reaccionarán todos al enterarse de esto..."
Fin.
