18-marzo-2020

DECISIONES

Estaba frente a la pintura, era un mal hábito que se quedó con ella tan pronto fue desempacada y colocada bajo esos reflectores; sabía que sus amigos y colaboradores hacían muecas extrañas cuando la veían cada tarde observando justo esa pieza de las cientos que albergaba la colección.

Ella era curadora de arte, un oficio un tanto extraño para una chica con ella. Con una singular belleza que le pudo haber abierto el camino en cualquier área, pero a pesar de las aspiraciones de sus maestros y padres ella simplemente se decantó por el arte y la historia de su país. Solo ella sabía el por qué, de haberlo platicado con alguien la hubiera tomado por una loca fanática de las novelas de fantasía. Así que ese secreto lo llevó consigo durante muchos años, tantos que en ocasiones pensaba que sus memorias, recuerdos y esperanzas se irían con ella a la tumba.

No estaba segura del por qué había reencarnado en esta nueva era con aquellas memorias del pasado intactas en su mente y corazón. Durante muchos años no lo supo, en la modesta provincia al sur del país de donde era no contaba con muchas maneras de averiguarlo, su vecindario era tan chico que todos se conocían desde hace generaciones, no fue hasta que sus padres murieron cuando apenas tenía doce años que su único familiar la acogió dándole estudios en la capital del país. De esa manera pudo graduarse de la universidad de historia y artes y después de algunos años se hizo con un puesto en el museo como curadora de arte.

Poco después la respuesta a sus preguntas llegó de improvisto. El destino de aquellos dos amantes destinados a no serlo les brindaba una nueva oportunidad. Ella lo conoció cuando apenas llevaba un año trabajando en el museo, se habían encontrado en la entrada del edificio todo gracias a que la familia Wang era dueña del lugar; la vida había sido generosa con Wang So si de cosas materiales se trataba, su familia seguía poseyendo una riqueza y poder sin límites, pero a cambio su vida continuaba siendo vacía, despreciado por su madre, a la sombra de un primogénito que sólo le importaba heredar bienes y con un padre que primero se fijaba en su trabajo antes que en su familia.

La primera vez que se vieron bastó con que sus miradas se encontrarán para decirlo todo, las palabras no fueron necesarias ambos sabían que la persona frente al otro era lo que habían buscado a lo largo de incontables años. Él envuelto en un elegante y caro traje y ella vistiendo un modesto vestido; se sonrieron y en ese instante el mundo dejó de andar para ellos, la gente circulando a su alrededor y los sonidos de la ciudad se apagaron para ellos, ella avanzó hacia él y él extendió sus brazos para recibirla. Entonces se fundieron en un abrazo que se debían desde que él era rey y ella se conformaba con ser su amante.

-"Te dije que volveríamos a encontrarnos. Busque por ti durante tanto tiempo que temía llegar tarde como aquella vez"-

Ha Jin escuchó el leve titubear en su voz, pero el latido de su corazón le confirmaba sus palabras.

-"So sabía que vendrías por mí. Cada día, desde que mis memorias regresaron eran un martirio por no saber de ti"- Dijo sin apartar su rostro del pecho del hombre. – "Pero ahora todo ha terminado, está vez no te perderé, no pienso renunciar a ti de nuevo"-

Hasta ese momento las palabras de Ha Jin lo regresaron a la realidad. A su realidad, donde por conveniencia de sus padres lo habían comprometido con la hija de su socio. Pero ella estaba dispuesta a luchar por él, se lo había dicho y él no estaba dispuesto a perderla, dejaría todo, renunciaría a su apellido, a su herencia y a todo aquello que lo alejara de ella.

Ya la vida había sido injusta con ellos una vez y no permitiría que pasara de nuevo.

-"Sabía que te encontraría aquí "-

Ha Jin regreso al presente, apartó la vista de la pintura de So como el rey Gwangjong y se acercó a él, se levantó de puntitas para alcanzar sus labios y cuando lo miró a lo ojos notó un atisbo de tristeza.

-"Está hecho "- Le dijo, respondiendo su muda pregunta.

-"¿Cómo fue?, ¿qué dijeron? "-

Quería saber los detalles, sabía que So había ido a hablar con sus padres para romper el compromiso con Yeon Hwa, pero no sabía qué pasó después.

-"¡OH!, bueno pasó lo que sabíamos"- Ha Jin se llevó las manos horrorizada a la boca. – "Mi padre me echó de la casa, dijo que era un ingrato, que mi falta de conciencia le costaría caro a la familia y puesto que rechazaba a mi familia ellos me rechazaban de la misma manera. Madre solo dijo que siempre había sido su mayor decepción"-

-"¿Cómo te sientes? "- Preguntó la chica al notar su decepción.

-"Sabía que algo así podría pasar. Fue duro escuchar a mi padre, pero creo que en esta época no tengo ningún deber con él. En el pasado renuncie a ti por anteponer el linaje de mi padre y me debía al pueblo, ahora soy un simple humano tratando de vivir de la mejor manera posible. No estoy atado a servir a nadie y no le debo nada a nadie, finalmente soy libre de elegir mi vida y te prefiero a mi lado antes que todo el dinero y poder de mi familia"-

Ha Jin no pudo hacer más que regalarle una sonrisa conteniendo las lágrimas por su confesión. Hace seis meses cuando supo que So estaba comprometido tuvo miedo de perderlo de nuevo pero escucharlo hablar le devolvía las esperanzas de un nuevo comienzo.

Ambos fueron a la oficina para recoger sus cosas, sobre el escritorio de la chica había una carta que recién habían dejado donde le pedían su renuncia. Era algo que ambos esperaban, ella sabía que tan pronto la familia Wang supiera que era el motivo del por qué So rompió su compromiso perdería su empleo, pero un trabajo se podía conseguir con relativa facilidad en cambio perder el amor de su vida sin pelear no estaba siquiera en sus planes.

De esa manera ambos dejaban el museo, uno rompiendo los lazos con su familia y la otra abandonando una actividad que la llenaba.

Decidieron empezar una nueva vida lejos del ajetreo y el ritmo materialista que envolvía la capital, decidieron ir a donde había crecido Ha Jin, sus padres le habían dejado una casa y la modernidad había llegado hasta esa tierra después de años; seguía siendo una pequeña provincia pero la tecnológica le dio una nuevo auge y crecía a buen ritmo.

Ha Jin se asentó abriendo una pequeña tienda de jabones artesanales y Wang So a pesar de las trabas de su padre pudo abrirse camino en el mundo de las inversiones.

Las cosas marcharon bien para ambos, alejados de todos pudieron finalmente reencontrarse, manejando su vida a su propio ritmo, dándose el tiempo a descubrir de mano del otro lo que era el amor, un tímido amor que comenzó por accidente en la era Goryeo, un amor que no pudo madurar por más que lo intentaron donde la balanza siempre estaba desigual, donde cuando uno daba mucho el otro lo despreciaba y cuando pudo equilibrarse no pudo ser dado, un amor prohibido por qué él era mucho para ella y por qué ella no supo interpretar sus visiones, fue un amor que murió joven que cada beso se volvió hiel en los labios del otro y que dolía más que él filo de una espada; fue un amor tormentoso y fue un maldito amor destinado a no ser, pero fue su mejor forma de amar para ambos en aquel tiempo.

Por eso ahora que la vida les daba una segunda oportunidad no se apresuraban a nada, no gastaban ese amor y lo iban probando a pequeñas cucharadas. Era un amor que solo ellos entendían, que sólo ellos procuraban y que celosos del mundo no pensaban compartir.

Era una tarde de finales de otoño, cuando el clima comenzaba a ser frío la mayor parte del día, los árboles casi habían perdido sus hojas, sus paseos por el parque a media tarde se hacían cada vez más escasos pero aún cuando So le reprochaba su necedad por seguir con ellos de igual forma la seguía acompañando; después de todo dentro de unos meses más le resultaría imposible hacerlos.

Se detuvieron cerca del lago y se fueron a sentar en una de las bancas, cada uno sumido en sus propios recuerdos hasta que Ha Jin tomó la mano de su esposo y la colocó en su estómago que era lo suficientemente grande para ocultar su estado.

Cuando So sintió el movimiento de una vida dentro de ella, le sonrió tratando de controlar el cúmulo de emociones que se agolpaban en su pecho. Se acercó a su esposa y la besó, impaciente por conocer a su hija.

Pensando que su nacimiento sería una nueva etapa en su amor, un amor que ahora tendría que dividirlo en dos mujeres, un amor que se preguntaba qué tanto más podría crecer.

Observó la bonita sonrisa que su mujer le regalaba en ese momento, dándose cuenta que tuvieron que pasar todos esos años para conocer cómo lucía aquel amor de antaño; supo con agrado que aquel sentimiento había madurado gracias al esfuerzo de ambos.

-Sherrice Adjani-

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