Basado un poco en la película No Strings Attached, les dejo el comienzo de esta historia alternativa.

Los dejo leer sin más.


Despertó esa mañana con un ligero dolor de cabeza producto de la resaca. No tenía duda alguna de que la noche anterior había sido una gran noche. Se había colado a una fiesta de gente rica, había bebido gratis buen alcohol y para cerrar con broche de oro, tenía a un perfecto y sexy espécimen masculino durmiendo en su cama semi desnudo.

Se levantó de la cama y fue en busca de agua, una poción para el dolor de cabeza y un buen desayuno.

-Buenos días -saludó con énfasis su roommate al verla ingresar al living. Con una taza de café humeante en su mano le guiñó el ojo y sonrió de lado mirándola de manera inquisitiva.

-En efecto mi querido Colin, es una gran mañana-. Afirmó tomándose la poción de un trago y comenzando a beber agua en grandes tragos.

Su amigo arqueó las cejas esperando una respuesta a la pregunta muda que realizaba.

-¿No me piensas decir? -preguntó finalmente después de ver cómo ella se encaminaba a la cocina a prepararse el desayuno y comenzar con su rutina diaria.

-¿Qué cosa?

-Oh vamos, en serio Ginevra... ¿piensas que no me di cuenta que anoche llegaste con un hombre sumamente... sexy y hot? ¿Por qué diablos te lo quieres guardar para ti sola? -recriminó con tono indignado.

Ginny rió y simplemente se encogió de hombros. Si bien había llegado con un hombre sumamente fuerte, en todo sentido de la palabra, no sabía siquiera su nombre.

-¿Por favor? -suplicó Colin en un intento de que le dejara insinuársele. Cuando un hombre sexy se presentaba en su casa, simplemente no podía ignorarlo.

Ginny estaba a punto de contestar pero cerró la boca cuando vio a un sensual joven encuerado y vestido únicamente con sus pantalones (al menos los había encontrado), parado en el marco del pasillo. Era realmente un hombre apuesto. Era delgado, no de gran estatura pero aún así más alto que Ginny, de cuerpo musculoso y abdomen definido con los llamados "ravioles". De rostro ligeramente cuadrado y facciones marcadas. Tenía un pelo negro alborotado, una barba de pocos días y unos lentes redondos que ocultaban unos ojos increíblemente verdes.

Colin se había quedado boquiabierto mirando al invitado de ese día. Generalmente era de decir provocadores comentarios, pero en ese momento no podía pronunciar una letra.

-Eh... disculpen -el morocho tomándose la cabeza y despeinándose un poco más si pudiera, miró a su alrededor con desconcierto- ¿Dónde se supone que estoy?

-Buen día a ti también -saludó Ginny acercándose a la despensa para tomar otra botella para la resaca y pasársela al joven-. Bienvenido a mi casa. Él es mi compañero de piso, Colin.

Ante la presentación el joven NN asintió con la cabeza para luego hacer un gesto de dolor. Colin continuaba sin emitir comentarios y parecía debatirse internamente entre decir algo o abalanzarse sobre el desconocido.

-Ya... lo siento, no recuerdo mucho de anoche- se disculpó avergonzado -. Y... tampoco encuentro mis cosas.

Ginny sonrió con simpatía y le tendió la poción.

-Para la resaca -dijo volviendo a su desayuno. - Y tus cosas... mmm... las fuiste arrojando por toda la casa, pero creo que están en mi habitación. Tengo el recuerdo borroso de haberlas juntado. ¿Café?

El hombre asintió con la cabeza todavía avergonzado. Miró el frasco con algo de desconfianza por un momento, pero otra puntada en su cabeza le pidió confiar ciegamente. Bebió la poción que Ginny le había ofrecido y se removió incómodo en su lugar. Ginny estaba segura de que tampoco sabía cómo se llamaba ella ni recordaba cómo había terminado en esa situación. A decir verdad, ella tampoco se acordaba cómo es que había terminado en su cama.

-¡Buen día! -saldó con voz cantarina una joven rubia de cabello largo- Colin, Ginny, guapo.

-Ah, ella es Luna, mi otra compañera de piso -la presento Ginny entregándole una humeante taza de café.

Él volvió a sentir con la cabeza a modo de saludo. Tomó la taza que Ginny le ofrecía y miró la hora en su reloj de pulsera. Eran casi las nueve de la mañana.

-Mierda... es tarde -murmuró apurando el café. Miró inquieto la habitación donde había despertado-. Oye... yo...

-Descuida -sonrió Ginny restándole importancia con la mano-. Ven que te doy tus cosas.

Ginny se encaminó hacia su cuarto seguida por él, que al encontrarse un poco más lejos de los compañeros de la pelirroja, carraspeó llamando su atención.

-Oye... yo... hubo... nosotros...

Entendió a la primera lo que el hombre quería preguntar y se giró parándose frente a él poniendo un gesto serio.

-¿Si tuvimos sexo desenfrenado anoche? -preguntó fingiendo seriedad-. No, conmigo no.

El rostro del hombre se transformó en uno de pánico por un momento, lo que hizo que Ginny soltara una carcajada.

-¿Tuve... hubo sexo en esta casa anoche? -reformuló su pregunta con algo de temor a la respuesta.

Ginny volvió a reír y se metió a su cuarto cerrando la puerta tras del hombre. Como tenía que irse a entrenar, buscó las pertenencias del desconocido y se las tendió para luego quitarse la remera del pijama, sin pudor alguno, quedándose con el corpiño de encaje negro puesto.

-Bueno, para tu tranquilidad, no. No tuviste sexo anoche- respondió sin prestarle atención a la atenta mirada del ojiverde-. No recuerdo muy bien cómo llegamos, pero te empezaste a quitar la ropa y... bueno, la verdad que estabas tan borracho que me dio pena aprovecharme de tí.

-Lástima...

Ginny se carcajeó al ver la deseosa mirada que tenía posada sobre ella. Se colocó su musculosa de entrenamiento y lo miró sonriente. Él ni siquiera había hecho el ademán de ponerse la camisa.

-La verdad es que si... pero he de admitir que también estaba muy ebria anoche y no habría podido disfrutarlo.

-Tengo veinte minutos -dijo a modo de respuesta tirando sus cosas al suelo. Entre ellas su varita mágica.

Ginny lo miró de arriba a abajo y mordió su labio inferior. Sonrió de lado.

-Quince –concedió volviendo a quitarse la remera.

El hombre se acercó a ella y la tomo de la cintura besándola con pasión desenfrenada. Ginny le rodeo el cuello con los brazos y se dejó levantar por él para envolverle la cintura con las piernas. Ambos se dejaron caer en la cama besándose con anhelo y profundidad.

–Dime tu nombre– pidió entre besos desenfrenados y movimientos pélvicos.

–Ginny –dijo entre medio de un gemido aferrándose a la espalda del morocho.

Quince minutos después y luego de un corto sexo desenfrenado, pero uno de los mejores de su vida, Ginny salió de su habitación buscando su varita mientras él terminaba de cambiarse.

–¡Un concierto! – dijo Colin molesto por no formar parte de la orquesta– ¿Cómo dijiste que se llama?

Ginny se inclinó sobre la mesada dónde se encontraba su desayuno a medio comer.

–No lo dije. ¡Aquí está!– giró sobre sus talones con la varita el mano y miró la cara molesta de su amigo– ¿¡Cómo me dijiste que te llamas!? –preguntó en dirección a su cuarto.

Él le había dicho su nombre, pero realmente no había podido prestar atención a nada que no fuera el placer que había sentido en ese momento.

–Harry –se presentó llegando a su lado ya vestido.

–Cierto. ¿Ves Colin? te dije que era Harry.

Colin volvió a desencajar la mandíbula y volvió a mirarlo de pies a cabeza.

–Harry... como Harry P...

–Muy bien –interrumpió Harry con una mirada de advertencia hacia Colin, cosa que Ginny no pareció notar–, ya es tarde. Así que... gracias por su hospitalidad, yo me tengo que ir.

Con una floritura de su varita Harry desapareció, no sin antes mirar a Ginny significativamente y decir solo "nos vemos".

–Entonces –Colin miró a su amiga emocionado– ¿Sabes quién era él? –preguntó haciendo énfasis en la palabra quién.

Ginny con despreocupación fue a buscar su abrigo para también ponerse en marcha. Ese día le tocaría un duro entrenamiento con las Arpías y si quería llegar a ser cazadora titular y salir de la banca, tendría que dar todo de si. Sus 25 años le pedían a gritos subir de posición. Estaba a un paso de convertirse en sub-capitana.

–Si, ya te dije. Harry.

–Creo que no me estás entendiendo Ginny... ¿en serio no sabes quién es?

Ginny arqueó una ceja y miró a su amigo con desconcierto.

–¿Lo conozco de otra vida y no me enteré?

Colin negó con la cabeza resignado. Ginny era una persona sumamente inteligente, valiente, de carácter fuerte pero también divertida. Pero si algo la caracterizaba era justamente que no daba importancia a los rostros de las personas con las que estaba mientras se sintiera cómoda.

–Por Merlín... ¡Potter!

Ginny negó con la cabeza aún sin entender.

–En serio Colin, quisiera seguir jugando a adivina quien, pero se me está haciendo tarde.

–No, no, no... primero no te voy a dejar marchar antes de que me digas qué tan bueno es en la cama. Y segundo, no te puedes ir sin sabes con quién demonios te acabas de acostar.

–Colin tiene razón– apuntó Luna saliendo de su habitación con un ejemplar de corazón de bruja, que Colin coleccionaba, en la mano. Lo abrió por las primeras páginas y lo dejó frente a Ginny en la mesa–. A menos que quieras ser la única bruja en el mundo que no lo sepa...

–Chicos... en serio. Se me hace tarde. Y ante tu primera pregunta, Colin, fue una de las mejores relaciones sexuales de mi vida. ¿Feliz? ¿Me puedo ir?

–Cómo no... ¡si te acabas de revolcar con Harry Potter! –Luna agitó la revista frente a los ojos de Ginny al notar que esta la ignoraba.

–¿Quién?

–Harry Potter, Ginevra. Uno de los solteros más endemoniadamente sexy, millonario y codiciado según Corazón de Bruja– dijo Colin señalando la revista, justo donde aparecía en toda la hoja una foto de un apuesto hombre.

–Mentira.

Incrédula, Ginny se acercó a la revista y vio, para su sorpresa, justo al hombre que acababa de desaparecer de su casa. La foto era algo casual, pero no por ello lo hacía menos atractivo. En ella Harry se encontraba sentado en una cafetería del callejón Diagon leyendo un periódico. Su rostro serio y una barba de días lo hacía realmente atractivo. El Harry de la foto bajaba el periódico por un momento y miraba directo a la cámara, negaba con la cabeza lentamente y luego volvía a desaparecer detrás del periódico.

–Si querida amiga... te acabas de tirar al hombre que se encuentra en el top diez, y en los primeros tres lugares he de decir, de los más atractivos.

–Y no solo eso –añadió Luna como quien no quiere la cosa–, también es el próximo jefe de aurores. Leí por ahí que a fin de año piensan anunciarlo. Siempre fue el mejor de todos.

–Y es millonario– volvió a destacar Colin–. Toda su familia es millonaria.

Ginny, confundida, miró a sus dos amigos de manera alternativa. Si, Harry estaba más bueno que comer chocolate con la mano, pero a ella le gustaba mantener el perfil bajo. Si bien era la cazadora de las Arpías de Holyhead y había jugado los últimos partidos en reemplazo de Ronny, ya que ella estaba hospitalizada, había evitado a toda costa que el diario hablara de ella. Si bien en el profeta habían mencionado su nombre y habían destacado su forma de jugar, sabía que no había llamado la atención puesto a que no habían logrado sacar una foto decente de su rostro. Por ahora seguía felizmente en el anonimato y pensaba pertenecer a ese sector el mayor tiempo que pudiera.

Decidió, para sus adentros, que por más bueno que estuviera Harry, no lo volvería a ver. No tenía ganas de tener a reporteros siguiéndola por todos lados solo por haber salido con uno de los hombres más codiciados por las brujas del país. Si en algún momento saltara a la fama, quería que fuera por su habilidad en el quidditch y no por un tonto romance.

Volvió a mirar la hora y, para su horror, se dio cuenta que era sumamente tarde para llegar puntual al entrenamiento. Sin decir nada, desapareció.