¡Hola de nuevo! ¿Cómo estáis pasando esta cuarentena? Aquí, en España, se ve muy larga, y es que no sabemos cuando acabará exactamente. ¿Cómo es en vuestro país? ¡Espero que os estéis cuidando!
Pasando al tema Saint Seiya, este es un Two Shot, y, bueno, espero que lo disfrutéis tanto como yo lo hice escribiéndolo.
ADVERTENCIAS:
-Yaoi (Shaka x Mu)
-Solo dos capítulos.
-Saint Seiya NO me pertenece.
Dicho esto… ¡adelante!
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~AIORIA~
Si hay algo que caracteriza al santo de leo, es su habilidad para ignorar las cosas más obvias. No es especialmente observador, por lo menos, cuando se encuentra fuera de una batalla. Esa habilidad solo la ejecuta cuando se trata de peleas con enemigos poderosos; fuera de eso, Aioria no se caracteriza por ver cosas que, aunque ocultas, pueden llegar a ser destacables.
Tras la guerra civil en el santuario, y con la paz momentánea y falsa establecida, algunos de los santos de oro supervivientes se dedicaron a entrenar y hacer distintas tareas algo más mundanas. Aioria, por supuesto, prefirió pasar esos meses entrenando duramente, pues Hades aparecería en cualquier momento, dispuesto a pelear con su archienemiga absoluta. Entre los que empezaron a verse haciendo cosas, más bien, del día a día, era Shaka.
Aioria nunca le prestó atención a las obvias señales que había al respecto; él estaba más centrado en mejorar sus habilidades para la próxima guerra. Ignoró, casi a propósito, las habladurías del santuario, y los rumores entre guardias. Tenía cosas más importantes que hacer que prestar atención a lo que podían, o no, comentar los cotillas de turno. ¿Por qué, siquiera, debería detenerse a escucharlos por unos cortos segundos? Ese tiempo puede ser aprovechado para mejores cosas. Esa ha sido siempre su mentalidad – inculcada por su hermano mayor –.
Por eso, cuando sus ojos azules observan a Mu, impidiéndole el paso a la sala gemela, ve cosas que lo sorprenden, y que, en otro momento, nunca llegó a ver. Éste lo contempla firme, con la clara decisión de no dejarlo pasar, incluso si deben llegar a una fuerte pelea – algo que, sinceramente, a él no le gustaría en absoluto –.
—Mu… ¿Por qué haces esto? —lo cuestiona, sin acabar de entender todas esas extrañas señales, tan confusas para él —. ¡Es obvio que no quieres esto! ¡¿Esperas que me quede quieto y contemple a Shaka morir?! ¡Me niego a hacer eso!
¿Cómo puede hacerlo? ¡Shaka es un compañero! ¡Es su amigo! Vale, el santo de virgo siempre se ha caracterizado por ser algo extraño, e incluso él no es capaz de saber qué hay en la mente de éste, ¡pero son amigos! ¡el propio Shaka se lo dijo hace un tiempo, poco después de la batalla contra Saga!
El ariano, sin embargo, se mantiene lo más firme que puede. Sus ojos azulados no lo miran, como si ni siquiera él pudiera ser capaz de creer lo que está haciendo. Aioria quiere rechistar, pero la voz de Mu lo interrumpe.
—Esa es la voluntad de Shaka. —murmura, como si fuera lo más obvio del mundo.
¿Su voluntad? ¡¿Quién desea morir tan estúpidamente?! ¡Los enemigos reales no son esos tres, sino los espectros, los dioses gemelos y el propio Hades! ¡¿Por qué morir aquí?!
"Conociendo a Shaka, debe tener un plan oculto." Se atreve a pensar, en medio de su rabia.
Vuelve a observar a Mu, a medida que los cosmos de sus enemigos y del propio santo de virgo crecen y crecen, haciendo de la batalla, una más peligrosa e intensa. Se da cuenta de cómo a Mu le tiemblan las piernas, y de sus puños firmemente cerrados.
"Si el mismo no desea detenerme… ¿por qué lo hace? ¿por qué está tan dispuesto a cumplir con la voluntad de Shaka?"
De repente, una explosión de cosmos tan fuerte como para hacer temblar todo el templo, los sorprende a ambos. Incluso Mu se ha apartado de la puerta que conduce a la sala gemela, observándola con una mezcla de tristeza y total sorpresa. Tras esa explosión, la cual reconoce como la técnica prohibida, se da cuenta de algo: Shaka ha muerto.
Antes de que sus propias lágrimas corran por sus mejillas, las piernas de Mu flaquean, cayendo de rodillas al suelo. En silencio, llora con una intensidad que denota la cantidad de dolor que guarda en su corazón; un dolor que ni él, siendo cercano a Shaka, es capaz de sentir.
Entre sollozos, Aioria le pregunta:
—¿Qué era Shaka para ti?
La respuesta que obtiene, es la solución a todas sus dudas actuales.
—Mi pareja.
La decisión firme de cumplir la voluntad del santo de virgo, los temblores, los puños apretados y el posterior llanto desgarrador; todo tiene absoluto sentido. Y entonces, su mente recuerda retazos de algunos rumores, a los cuales nunca le prestó atención, y todo encaja.
En medio de la batalla, Aioria conoce la triste realidad, y contempla, impotente, el llanto de un hombre que ha perdido a la persona que ama.
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~ALDEBARAN~
El santo de tauro, como el amigo bonachón que es, tiene un gusto especial por ayudar a los más cercanos, pues le produce felicidad y energía. Basado en las pocas enseñanzas que pudo darle Shion antes de morir, en aquellas cortas sesiones que mantenía, de vez en cuando, con algunos de los demás futuros santos. Como tal, necesita de una habilidad especial para detectar cuando un amigo necesita, o no, su ayuda: la observación.
Por suerte, la tiene.
Desde bien pequeño, se le ha dado bien observar a las demás personas, y es que, pese a su enorme tamaño de masa muscular, lo suelen tomar por simple. Lejos de lo que aparenta, es bastante más inteligente de lo que la gente siempre le da crédito, y eso lo lleva a conocer detalles de algunas personas, que otros no perciben. Por ejemplo, cuando Milo se avergüenza, toca su nuca unas pocas veces; cuando Aioria se enfada, frunce el ceño y cierra uno de sus puños, como si fuera a atacar; en el caso de Afrodita – cuando vivía – solía tocar sus largos cabellos cuando estaba nervioso por algo.
Por eso mismo, cuando, un día cualquiera, observa con sus propios ojos una escena aparentemente normal, es consciente de que hay algo más en el aire que está ignorando. Como es costumbre en él, en vez de dejarlo ir y seguir con sus tareas diarias – pues tiene mucho entrenamiento que hacer –, se queda observando a Mu y Shaka, quienes pasean juntos.
Aunque no hay nada realmente extraño, el santo de tauro es muy consciente de que hay algo más; un pequeño detalle que debe estar ignorando. En apariencia, solo son dos amigos paseando, lentamente, por los terrenos del santuario. Parece que se dirigen a la parte boscosa, lo cual no es extraño, pues Shaka la frecuenta a menudo. Sin embargo, Aldebarán se permite fruncir el ceño y centrarse un poco más.
La sonrisa dulce y tranquila de Shaka – lo cual, de por sí, ya es un poco extraño –, la mirada llena de algo más de Mu, la cercanía de sus cuerpos, en la cual ambos hombros se rozan. Todo lo lleva a pensar en lo mismo: esos dos están enamorados.
Durante unos cortos minutos, el santo de tauro no puede evitar sorprenderse. No le importa que sean dos hombres, ni mucho menos; lo extraño es que nadie, ni siquiera él, pudo nunca imaginar a Shaka enamorado de alguien que no sea él mismo. Aunque en las últimas semanas el santo de virgo está cambiando bastante, dejando de lado su antigua personalidad tan egocéntrica, no quita que sigan sin acostumbrarse del todo a los cambios de Shaka.
¿Será que está cambiando, en parte, gracias a Mu? ¿Su pelea contra Ikki pudo tener algo que ver también con su maduración? Sea como sea, es más que obvio que a Shaka le gusta el santo de aries, y es más que correspondido. Si de algo se glorifica Aldebarán, es de conocer bien a Mu.
Cuando los pierde de vista, pues han entrado en el terreno boscoso del santuario, no puede evitar sonreír con alegría. Mu merece que alguien lo ame, después de tanto aislamiento y sufrimiento. El ariano solo ha conocido la soledad, y puede que esa compañía que le ofrece Shaka, sea la clave para hacerlo feliz hasta que la batalla contra Hades empiece. Además, la humildad de Mu es perfecta para el cambio lento de Shaka, quién está dejando su egocentrismo de lado.
"Sin embargo, Hades no tardará demasiado en despertar. Me extraña que no haya iniciado ya la guerra santa."
Es triste que no puedan vivir sus vidas como las demás personas del mundo. Han sido entrenados, desde pequeños, para morir por Athena, pero, aun así, ¿no es triste que Mu y Shaka se enamoren, sabiendo que, tarde o temprano, morirán? ¿qué es solo cuestión de semanas, o algunos pocos meses?
"Aprovechad lo que os queda…" piensa, dándose la vuelta para volver a su templo. "Nunca sabremos lo que nos queda de vida…"
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~KIKI~
El pequeño alumno de Mu, aunque no lo parezca, es bastante más listo de lo que la gente suele creer. Como tiene la costumbre de actuar adorable, y se distrae con relativa facilidad, muchos creen que no suele darse cuenta de algunas cosas que suceden a su alrededor. Además, como solo tiene ocho años de edad, la gente en el santuario actúa, a su alrededor, sin pensarlo demasiado.
Kiki es consciente de que, al parecer, la vida que llevaba su maestro Mu anteriormente, no es la más normal. Aunque él se ha criado, desde que tiene memoria, de esa forma, ahora que se han abierto al mundo, se ha dado cuenta de que, en general, vivir aislado no es lo común. Incluso su pequeña mente de ocho años sabe que no es normal, y que algo debió sucederle al maestro Mu para que escogiera tal estilo de vida. A veces, le ha preguntado, pero Mu no responde nunca sus cuestiones al respecto.
De la misma forma, también se ha dado cuenta que, últimamente, Shaka y Mu pasan mucho tiempo juntos, como dos grandes amigos. Al principio, el joven alumno estuvo muy feliz, pues su maestro había logrado hacer una amistad. Por ejemplo, él es muy cercano a los santos de bronce, y son grandes amigos. Eso es fantástico. Tener amigos es lo mejor, después de todo.
Shaka es extraño, según la visión personal de Kiki. No habla mucho, siempre mantiene los ojos cerrados, pero eso no le dificulta relacionarse con los demás. Siempre está rodeado de un aura de poder y superioridad que impacta, y, sin embargo, según algunas personas, Shaka está cambiando, dejando atrás su egocentrismo – Kiki reconoce que tuvo que buscar esa palabra en el diccionario –.
Con el pasar de los meses, la amistad que su maestro Mu mantiene con Shaka, está empezando a ser extraña. Kiki no tiene una gran idea sobre que más relaciones se pueden mantener entre las personas, pero, según sus amigos de bronce, que dos personas pasen tanto tiempo juntas, e incluso de den besos – que, por cierto, iugh –, es de pareja.
Todavía puede recordar la primera vez que observó a su maestro besarse con Shaka, en la intimidad del templo de aries. En ese entonces, él todavía no sabía lo que era, pero le resultó extremadamente raro; además, ambos santos de oro parecían disfrutar de hacerlo. Cuando, días después, preguntó a Shiryu sobre qué era eso, sin mencionar a su maestro y Shaka, tanto el santo de bronce como Shun, le explicaron sobre los besos y cuando se deben dar.
Interesante… pero, iugh. ¿En serio a su maestro le gusta hacer ese tipo de cosas? Que raro…
Eso presentó un pequeño dilema para Kiki, pues, si dos personas se dan besos cuando se aman y son pareja… ¿eso quiere decir que, ahora, Shaka es de la familia?
Con esa misteriosa duda, una tarde cualquiera, mientras ambos santos de oro permanecían en la cocina de aries, Kiki no puede evitar hacer su pregunta.
—Maestro, tú eres como un padre para mí, ¿verdad? —dice, de repente. Ambos santos de oro lo observan, con ligeras sonrisas, y Mu no tarda en asentir.
—Por supuesto. ¿Por qué lo preguntas?
—Porque… bueno… si tú eres mi padre, ¿eso quiere decir que Shaka es mi madre?
La pregunta logra descolocar tanto a ambos santos, que incluso Shaka casi escupe el té. El mismísimo santo de virgo, tentado a abrir los ojos solo por la enorme sorpresa que le ha producido semejante cuestión.
—¿De dónde sacas eso, Kiki? —lo interroga Mu, algo nervioso —. ¿Qué te hace pensar que Shaka podría ser… tu madre?
—Shaka y tú os besáis. —dice él, como si fuera lo más obvio —. Eso es que os queréis, ¿no? Por lo tanto, si tú eres mi padre, Shaka sería mi madre.
—Kiki… —murmura el santo de virgo —, ¿Cuándo nos viste besarnos?
—Hace unas semanas.
—Ya veo…
Tanto Mu como Shaka se miran, intentando ver qué responden a la cuestión del pequeño alumno.
—Mira, Shaka no es tu madre, —intenta decirle Mu —, a pesar de que, es cierto, nos queremos. Shaka es un hombre, así que no podría ser jamás tu madre.
—¡Ya veo! —exclama —, ¡eso quiere decir que tengo dos padres! ¡Genial!
Con eso en mente, se marcha corriendo, antes de que Mu diga cualquier cosa.
En medio del silencio, en la cocina, Shaka, de repente, se echa a reír, algo inaudito para muchos. Incluso Mu lo observa como si le hubiera salido otra cabeza.
—¿De qué te ríes?
—Tu alumno es adorable.
Finalmente, el ariano no puede evitar sonreír con dulzura.
—Sí… lo es.
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~MILO~
Cuando amaneció ese día, el santo de escorpio no pensó que sucedería esto. El día empezó como cualquier otro, con normalidad. Se levantó, desayunó, se entristeció pensando en esos momentos en los cuales Camus todavía estaba con vida, entrenó y volvió a su templo para comer. Nada le indicó que podría suceder nada fuera de lo común. Por eso, no entiende como ha podido pasar esto.
—Perdona… —murmura, todavía procesando la situación —… ¿puedes repetirme la pregunta?
A su lado, Shaka hace una mueca de disconformidad. Es obvio que odia repetirse, pero hace el esfuerzo de ser amable.
—Te he preguntado qué si me puedes dar consejos sobre sexo. No creo que sea difícil de entender.
En otro momento, Milo habría comentado sobre el malhumor de Shaka, pero, la situación es tan sorprendente, que no tiene palabras. Vamos, es Shaka, el santo más cercano a los dioses, totalmente puro. El mismo que decía, hasta donde él recuerda, que el sexo era mundano.
—¿A qué viene esto? —no puede evitar cuestionarle —. Pensé que tú eras demasiado… ¿cómo decirlo suavemente? Demasiado increíble como para hacer esas cosas.
Tras sus párpados, Shaka rueda los ojos.
—¿Qué parte de que estoy trabajando para cambiar no entendéis todos? Además, tengo pareja, y quiero tener sexo con él. —admite sin ningún tipo de miramiento —. Le podría haber preguntado a otra persona, pero pensé que, dado el caso, tú eras la mejor opción.
—¿Tengo cara de sexólogo?
—No, pero sí tienes experiencia con hombres. —le recuerda.
—Oh, sí; cierto… Entonces… ¿quién es el desafortunado?
—Mu.
—Ya veo… —rápidamente, una vez sale del shock iniciar, Milo no tarda en poner su mejor mirada de pícaro —, así que el gran Shaka quiere probar el placer mundano, eh… —ríe —. Estoy deseando ver hasta dónde puedo corromper tu alma, amigo. Esto va a ser muy divertido.
—Dudo que seas capaz de sorprenderme.
Incluso con todos los cambios, Shaka no puede dejar de ser él mismo, lo que lo lleva a tener ciertos comentarios altivos; sin embargo, el santo de escorpio no se lo toma a mal, sino como un reto, y él adora ser retado.
—¿Apostamos algo? —sonríe travieso —. Si sales de aquí, sorprendido e incluso algo traumado, gano yo; obviamente, sino es así, ganarías tú.
—¿Y qué se supone que podrías ganar, en todo caso?
"¿En serio está dispuesto a aceptar una apuesta? Por Athena, si que está cambiando…" no puede evitar pensar.
—Que me cuentes tu primera experiencia sexual con Mu, ¿Qué te parece? Será divertido. —ríe.
—Bien. —acepta, muy confiado en sí mismo —. Si yo gano, tendrás que hacer de niñera de los alumnos nuevos que están entrando en el santuario.
De solo pensarlo, Milo hace una mueca, pero oye, una apuesta es una apuesta, ¡no se puede retirar! Así que, con eso en mente, no duda en decir:
—¡Trato hecho!
Las siguientes horas, Milo las recordará de por vida, y está seguro de que Shaka también lo hará. Como cinco horas más tarde, el santo de virgo salió avergonzado del templo de escorpio, murmurando cosas sobre "que tema más mundano" y "lo que tendré que hacer por amor".
Por supuesto, la apuesta la ganó Milo.
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~SAGA~
—Deberías dejar de torturarte por lo mismo. —la voz de su hermano interrumpe sus oscuros pensamientos, los cuales conducen a más desánimo —. No fuiste el único que colaboró, y ellos los han perdonado. —le recuerda —. Además, fue idea de Shion que fingierais lealtad a Hades.
La seria mirada de Saga se posa sobre el cuerpo de su gemelo, tan idéntico y tan distinto a la vez. Éste lo mira con la misma seriedad, aunque hay un toque de tristeza en sus ojos.
—Yo lideraba el grupo, no Shion. —le dice, entonces —. Yo tomé la decisión.
—¿Qué ibas a hacer, de todos modos? ¿te ibas a dejar vencer por Shaka, y mandar a la mierda la misión? —le recrimina, por su parte, su gemelo —. El mismo Shaka te tentó a hacerlo, si mal no recuerdo. Os condujo a la desesperación, sabiendo que fingíais, para que os lo tomarais en serio. Él mismo deseaba morir en esa batalla, y seguir con su misión preestablecida. Estuvo toda una vida entrenando solo para eso.
Saga lo sabe. Es bien consciente de que, tanto Shaka, como él y los demás, se usaron mutuamente en esa infame batalla, en la sala gemela. Ellos necesitaban fingir, a toda costa, una lealtad que no sentía, por el bien de una misión específica; Shaka, por su parte, debía acceder al inframundo junto a la diosa Athena. Con eso en sus mentes, pelearon, dándose el resultado que todos conocen.
En otro contexto, no se sentiría tan mal. Kanon no puede entenderle, en este caso; él no fue quien ejecutó la exclamación de Athena en contra de un compañero, tampoco tuvo que recibir la mirada llena de dolor y odio de Mu, quién es el más tranquilo y pacífico de todos los santos de oro. Esa mirada dolió más que cualquier ataque que haya recibido antes, y sigue presente en algunas de sus pesadillas.
En ese momento, no entendió bien por qué Mu dirigió todo su rencor a él. Shaka podía ser un compañero, pero el propio Aioria, lleno de odio, no lo miró con esa intensidad. Tampoco Milo – aunque este se centró un poco más en Camus –.
—Piensas demasiado en ello. —repite Kanon, apoyando una de sus manos sobre sus hombros —. Mu y Shaka no te lo tienen en cuenta. Shaka, por obvias razones; Mu, por su parte, te habla con tanta normalidad como habla con los demás. Ellos conocen la verdad ahora.
"Lo sé… maldita sea, lo sé…"
Claro que es consciente, pero las pesadillas no son racionales; tampoco el dolor, o la tristeza. Saga guarda muchas cosas en su corazón, todo errores y lamentos. Ese es uno de ellos, y como todos, le cuesta pensar con racionalidad.
—Es difícil verlos, sabiendo que yo causé tanto dolor a Mu. —le admite a Kanon, algo que no suele suceder muy a menudo, pues, como su gemelo, es bastante cerrado en cuanto a sus sentimientos —. Son muy felices juntos. Con solo verlos, ves el amor. Dan cierta envidia, pues incluso yo desearía encontrar a alguien que me mire como ellos dos se miran. —Kanon hace una mueca, quizás por su propia experiencia personal con el amor, pero Saga evita preguntar al respecto —. Luego, recuerdo el dolor de Mu, y no puedo evitar sentirme culpable.
De hecho, desde la entrada del templo de géminis, ambos gemelos observan a Shaka y Mu pasear, dirigiéndose hacia la entrada del templo de aries. No saben de qué están hablando, pero se ven felices, y se miran como un humano miraría el universo mismo: con intensidad.
—Quizás, debas comentárselo a ellos. —le propone —. Ellos mismos te dirán lo que te estoy diciendo yo. Todo está enterrado. Shaka te usó, y tú usaste a Shaka; no hay nada más que eso.
Una vez le dice eso, Kanon da por finalizada la conversación. Se gira, entrando al templo, y lo deja solo con sus pensamientos.
Antes de imitarlo, dirige una última mirada a la pareja, con la idea de, quizás, llevar a cabo el último consejo de su gemelo.
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~CAMUS~
Hay un momento en la vida, en el cual uno debe admitir que debe cambiar ciertos aspectos de uno mismo. Camus está en esa época de su vida, donde debe reconocer que, quizás, es hora de evolucionar.
Tras ser revividos por la diosa Athena, son muchos los santos de oro que han continuado con sus vidas tal y como las dejaron, y unos pocos los que han decidido hacer cambios. Él, concretamente, es de los que están empezando a aplicar algunos cambios en su vida.
Aunque ha reiniciado su relación con Milo, se ha dado cuenta de que necesitan algo más; algo que los ayude a continuar. Ese algo lo tienen Mu y Shaka, a quienes, internamente, Camus admira como pareja.
A través de sus ojos claros, el santo de acuario observa cómo, a lo lejos, están acaramelados. Es algo que él no se ve haciendo con Milo, debido a su personalidad reservada y algo fría, pero quiere hacerlo. Apoyado sobre un árbol, Shaka es quién mantiene abrazado a Mu; parece que le está susurrando algo al oído, y Mu se ve más que cómodo.
Con discreción, no puede evitar quedárseles mirando para tomar nota de las cosas que hacen, para, un día, hacerlo con Milo. Es consciente de que, si quiere que su relación mejore, necesita cambiar ligeramente su arisca forma de ser.
Siente algo extraño mientras los observa, y es consciente de que es envidia. Es un tipo de envidia sana, pero está ahí, presente, molestándolo; susurrándole al oído que Milo y él son un tipo de pareja muy diferente, más peleona y menos… perfecta. No puede evitar hacer una mueca ante esos pensamientos.
Mu se apoya un poco más contra el rubio, buscando, quizás, más de su calor corporal. Ciertamente, la temperatura hoy es algo fría, para ser primavera. De la misma forma, y como respuesta a la pequeña acción del ariano, Shaka lo abraza más fuerte, consiguiendo así que Mu sonría con dulzura.
—Son adorables, ¿verdad? —escucha detrás de él —. Parecen tan perfectos que dan ganas de vomitar arcoíris.
—Milo, —lo nombra —, ¿qué haces aquí? ¿no estabas ayudando a Aldebarán con la reconstrucción?
—¿No puedo ver a mi novio en mi descanso? —cuestiona, con una sonrisa —. ¿Qué haces aquí, haciendo de espía? ¿debo preocuparme?
—Los envidio. —admite —. Shaka y Mu tienen un tipo de relación que no puedo evitar envidiar.
—¿Lo dices porque nosotros solemos pelear mucho? —interroga el santo de escorpio, quien no duda en mirar también a la pareja adorable —. No creo que debas preocuparte mucho por eso, Camus. Ellos parecen la pareja perfecta, pero te aseguro que pelean como otras.
—¿Lo hacen?
—Antes de la batalla contra Hades, pelearon un par de veces. —le relata Milo, mientras observa como Mu se ha desecho del abrazo posesivo del santo de virgo, para hablarle de algo, cara a cara —. Una de esas veces fue tan grande, que Aioria los escuchó desde su templo gritando en virgo.
Shaka sonríe por lo que sea que le dice Mu y acaricia su rostro, lentamente, con un amor infinito. Al mismo tiempo, Camus se deja abrazar por Milo, pese a que no le suele gustar las muestras de afecto demasiado públicas.
—Supongo que me alegra saber que no son tan estúpidamente perfectos.
—Me hace gracia tu envidia. —ríe el santo de escorpio —. Te ves adorable, pero no te preocupes, porque si bien son perfectos el uno para el otro, te aseguro que no son la pareja perfecta.
Eso calma un poco a Camus, quién, antes de besar a Milo, observa de reojo como Shaka hace lo mismo con Mu.
Quizás, pueda tomar un poco de ejemplo de esos dos.
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~DOHKO~
"—Viejo maestro, ¿qué es el amor?
—¿El amor, dices? Mm… el amor es eso que sientes hacia una persona muy querida para ti.
—Entonces… ¿yo te amo?
—Me amas, como un maestro. Como amas a Shion, tu verdadero maestro. Pero hay muchas formas de amar a alguien.
—¿Qué otras formas de amor existen, viejo maestro?
—Mm… a ver cómo te explico esto…"
Dohko no puede evitar recordar esa conversación que tuvo, hace varios años, con un Mu que recién entró en la adolescencia, y como tal, empezó a tener ciertas dudas existenciales que él no dudó en responder.
En ese entonces, cuando le explicó sobre los distintos tipos de amor que existen, y entre ellos, el romántico, Mu le dijo que dudaba encontrar algo así nunca. Pero, míralo ahora, de la mano con Shaka, mostrando su amor al santuario entero, sin importarle nada ni nadie, como debe ser.
Se siente orgulloso, y no puede evitar compararse con Shion y él cuando eran más jóvenes.
"Aish… la juventud…" piensa.
Con mucho orgullo al ver cómo Mu, finalmente, ha encontrado ese tipo de amor romántico que nunca pensó encontrar, los observa, pensando lo dulces que se ven, y lo mucho que le gustaría que Shion tuviera menos responsabilidades, para poder verlo más tiempo. Pero, mientras eso no sucede, se regocija viendo a quién ha sido como un hijo, cual padre lleno de orgullo, ser feliz al lado de alguien tan grandioso como Shaka.
La pareja dulce baja las escaleras del coliseo, sus manos separadas pero sus brazos rozándose, para tener un combate de entrenamiento. Dohko no deja de observarlos, viendo esos pequeños detalles que tienen el uno con el otro, como los pocos segundos que Shaka se permite abrir los ojos para contemplar la belleza de la persona que tanto ama, o los roces discretos que Mu dedica al cuerpo del santo de virgo.
Mientras pelean, esos roces continúan, así como esas ansias de Shaka por poder observar todo de Mu, incluso sino es a través de sus claros ojos. Si el virgo tiene una ventaja, es que puede observar a su amor de muchas otras formas, como percibir mejor su dulce aroma, sentir con más calidez su cosmos o percibir mejor sus sonidos. Privarse de un sentido tiene muchas ventajas, después de todo.
Dohko recuerda que, Asmita, era muchísimo más retraído de lo que jamás ha sido Shaka. Incluso en la peor época del santo actual, nunca ha sido tan exclusivo como Asmita. Al final, lo triste fue que, su anterior compañero, murió sin nunca conocer la verdadera calidez. Vivió y murió por su misión, pero nunca conoció el amor, más allá del que sentía por Athena – e incluso dudó, por muchos años, de su diosa –.
"Por lo menos, en esta vida, si has conocido lo que nunca pudiste experimentar…"
Mientras la batalla de entrenamiento prosigue, con, quizás, más contacto del necesario, el santo de libra se da la vuelta, dispuesto a aprovechar el escaso tiempo que tiene con su pareja. Hoy está de muy buen humor.
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El resto vendrán en el siguiente.
¿Qué os ha parecido? Podéis comunicármelo, o no, como queráis xD a mí me gustó escribir esto, sobre todo la parte de Kiki. Creo que, de todo el twoshot, mis dos partes favoritas son la de Kiki, y la de Kanon – la cual veréis en el siguiente –.
Antes de marcharme, ¿os estáis cuidando? Espero que sí, eh… ¡Que tengáis mucha salud y mucho ánimo!
