A la Luz de la Luna
Levi no lograba conciliar el sueño. Se levantó y salió fuera de su carpa a dar una caminata. Habían llegado a la costa en la mañana y las emociones de todos al conocer el mar por primera vez, eran abrumadoras. Su exploración había llegado inimaginablemente lejos, gracias a Eren. Le preocupaba el joven. No había mostrado expresión alguna, hacia tiempo que se había vuelto apático.
Lo comprendía, el chico había pasado por demasiado caos desde niño, él mismo reconocía que eran similares, pero Levi era un adulto que sabía asimilar los hechos, Eren seguía siendo un niño, con mucha responsabilidad sobre sus hombros. Pensó que conocer el océano y todo el terreno limítrofe, lo animarían un poco, después de todo era un sueño suyo y de Armin y Mikasa, pero no fue el caso. De todos modos, el chico se negaba a hablar sobre sus preocupaciones, solo podían darle tiempo. En los próximos días comenzarían a llevar a cabo los planes para proteger la isla de Paradis, quizás entonces, se animara a expresar sus intenciones.
A excepción de Eren, todos los demás, se habían emocionado y divertido. Hange en particular. La loca cuatro- ojos, no había dejado de moverse y explorar, levantó cada cosa y animal extraño que arrastraron las olas. Levi, en cambio, se dedicó a cuidarla de lejos porque tanta agua y cosas desconocidas, le provocaban cierta desconfianza.
Ese pretendía ser su plan, hasta que Hange cayó al agua y por segundos largos, no salió a la superficie. El sentimiento de pavor se esfumó y Levi corrió a buscarla. Llegó hasta donde ella había estado de pie, momentos atrás, y no vislumbró nada, a causa de la espuma de las olas. Además, no quería meter su cabeza en esa agua salada, e insalubre, por lo que daba manotazos a ciegas. Sus manos se aferraron a algo que parecía ser tela de ropa. Había encontrado a Hange. Suspiró. Trató de aferrar bien el tejido, pero notó que una de sus manos tocaba algo suave y redondo. Sus ojos se abrieron desorbitados al darse cuenta de qué había tocado y se apartó con las manos en alto. Hange saltó avergonzada.
-¡Levi… Eres un pervertido! – le gritó riendo. Levi observó su mano, recordando la sensación.
-¡Cállate! No fue a propósito cuatro- ojos. Claramente no veía y si de sensación hablamos, tus pechos son muy pequeños, no me di cuenta.
Hange frunció su mirada. El hombre se preguntó si la había ofendido con su mentira, porque sus pechos no le parecieron pequeños. Pero la mujer, bajó la vista y tomándolo por sorpresa, le salpicó agua en el rostro y rompió a carcajadas.
Levi se quedó inmóvil observándola. Su ropa mojada, se le pegaba al cuerpo, resaltando su delgada y atlética figura. Su camisa blanca se traslucía y podía ver que su brasier era blanco. Sintió una punzada en la ingle y apartó la vista con esfuerzo.
-¿Te metiste al mar para salvarme? – preguntó Hange con tono juguetón. El hombre resopló por lo bajo.
-No sabes las cosas que puedes encontrar allí abajo y no salías a superficie… Es culpa tuya mujer. Mira, ahora estoy todo empapado… - Hange se acercó y le colocó una mano en el hombro.
-Su ropa se secará Capitán. Mira el hermoso sol que hay. – a Levi no le hizo falta levantar la vista, veía perfectamente como el sol brillante iluminaba el grande ojo café de la mujer y su parche. – Disfruta un poco, relájate. Deja que los niños se diviertan. Mañana comenzamos con el trabajo nuevamente. Planes y más planes… - se dio la vuelta para salir del agua. Levi sonrío ligeramente. Hange podía ser en extremo rara e inquieta, pero era responsable y se esforzaba en su trabajo. Todos confiaban en ella. Él confiaba en ella más que en nadie.
Levi se dirigió a la playa. Quería tomar aire fresco y ver el paisaje nocturno. Era un hombre que disimulaba muy bien sus emociones y mantenía su compostura e inexpresividad, pero la vista lo había impactado la primera vez que la vio. Después de vivir tantos años en una ciudad subterránea, luego unirse al escuadrón de exploración, ver a los titanes, y tanta muerte, disfrutaba de la libertad en la naturaleza que en raras ocasiones experimentaba.
Estaba inquieto. No sabía por qué razón. Se acercó más al mar, bajando la vista del cielo, hasta que sus ojos vislumbraron una figura etérea a la luz de la luna, que se sumergía en el agua. La mujer se puso de pie, desnuda por completo, el agua le llegaba a las costillas, por lo que sus pechos quedaban a la vista. El cabello suelto bailaba en sus hombros y cubría parte de su rostro. Levi se acercó maquinal e inconscientemente. Un magnetismo lo impulsaba a descubrir quién era esa mujer.
Quedó de frente a ella, a pocos metros, pero sin adentrarse en el agua. La oscuridad y el juego de luces de la luna y el reflejo del agua, no le permitían distinguir sus rasgos. Levi se irguió y pensó en correr a esconderse cuando la figura femenina alzó sus manos para despejar el cabello de su rostro. Por el contrario a sus pensamientos, su cuerpo inamovible no acató su orden.
La luz lunar, alumbró directamente las facciones de la mujer y dejó al hombre sin respiración. Era Hange.
El cuerpo de Levi reaccionó por voluntad propia, su miembro latió dolorosamente contra su pantalón. Curiosamente, antes de saber que la misteriosa figura se trataba de su compañera, comandante y amiga, su cuerpo no había reaccionado así, a pesar de la desnudez de la mujer. Al ver el rostro de Hange, su mente y cuerpo se habían permitido reaccionar con confianza.
Solía ser popular con las mujeres. En su juventud, tuvo a muchas en su cama, pero no era particularmente porque necesitara el sexo o la compañía. Le agradaba, sí, pero era para él una simple distracción, que ocasionalmente lo buscaba y de la cuál, él aprovechaba.
Hacía largo tiempo, que no veía a una mujer desnuda y muchísimo más tiempo, desde que una erección le molestara tanto hasta el punto de sentirse mareado por el deseo.
Su última amante había sido Petra, de su antiguo escuadrón. Antes de su muerte, ellos habían disfrutado del sexo casual, con el acuerdo tácito de que solo serían amantes ocasionales y en secreto. No quería preguntas de los demás, ni problemas. No había amor en su relación, pero sí respeto y estimación.
Después, la única mujer con la que interactuaba siempre, era Hange Zoe. Pero nunca la había deseado sexualmente, hasta ahora. Aunque nunca se habían presentado situaciones así tampoco.
Imágenes de los dos pasaron por su mente, momentos divertidos, otros tristes, otros peligrosos. Momentos en los que la creyó muerta y sintió miedo y dolor en el pecho… Pero ella, seguía ahí, siempre riendo, siendo excéntrica y molesta, empática y severa, liderando y luchando junto a él.
Levi se obligó a pensar en los sentimientos que lo invadían, dejando de lado el incesante deseo. Sentía que la necesitaba, que, si estaba a su lado, los problemas que vinieran, podrían afrontarlos. ¿Desde cuándo pensaba así? ¿Por que es la única compañera que le queda del escuadrón original? ¿Desde que casi muere y perdió el ojo?
Sacudió la cabeza, confundido, mareado. Evitaba siempre pensar en sus sentimientos. Pero últimamente había cambiado. ¿Se había vuelto blando o más empático? Desde la muerte de Erwin, sentía más libertad para expresarse, aunque no acostumbrara a hacerlo. Tomar la decisión de salvar a un compañero o a otro, era algo que no le deseaba a nadie. El peso que conlleva la duda y la culpa… pero le había cumplido el sueño a un niño con futuro. Armin conoció el mar. Confiaba en que no se había equivocado.
Hange era importante para él, de eso, estaba seguro. Sentía mucho más por ella, ahora era notorio, pero no quería darles nombre a esos sentimientos. La deseaba con locura, pero si solo era un deseo momentáneo… ella no merecía eso y no quería perjudicar su relación actual, su buena amistad, por sexo. Hange tampoco era como Petra. Su antigua amante era dependiente de él. Levi había sospechado que la rubia había sentido algo más por él, pero nunca se lo dijo, ni exigió ni pidió nada. Simplemente estuvo de acuerdo con los deseos de él.
No, Hange no es como ella. Quizás si decidiera acercarse, ella lo rechazaría. O tal vez no, tal vez sea ella la que proponga sexo sin complicaciones. Pero Hange haría lo que le pareciera, su propia voluntad indescifrable.
Una punzada en el pecho le dejó en claro que él no quería sólo sexo, que lo que, a en realidad le temía era a su rechazo.
La mujer miró en su dirección y no pareció muy sorprendida. Levi en cambio, se irguió sobresaltado. Ella le sonrió y lo saludó con su mano. La erección le latió con fuerza y su pulso se aceleró. "¿Tiene alguna idea de lo hermosa y tentadora que se ve?" se preguntó el pelinegro.
-Levi. ¿Viniste a refrescarte? – llamó Hange. - Ven, no te avergüences. - lo invitó despreocupadamente, sin imaginarse todo el dilema interno del hombre.
Sin pensar demasiado, sin darse el tiempo para arrepentirse, se quitó la camisa y el pantalón con prisa. Esperaba que Hange no hubiera notado su erección entre la oscuridad de la noche. Se acercó lentamente hasta ella, observando la piel clara de su espalda resplandecer con el reflejo del agua. Apretó los dientes y tragó saliva, debía controlarse, no quería asustarla.
- Hange… - ésta se dio la vuelta para verlo de frente. Levi no pudo desviar su mirada a tiempo y sus ojos se fijaron en los pechos de la mujer. No eran pequeños como había pensado, tenían su forma redonda y protuberante y caían seductoramente, los pezones erguidos en el centro de unas areolas rosáceas. Definitivamente tenían aspecto tentador. – ¿Qué haces sola a esta hora? Y ¿N-no te da vergüenza que yo te vea así? – Hange siguió los ojos de Levi y pegó un salto, se llevó las manos a los pechos para cubrirse. Como se imaginaba, la idiota, no se había percatado de su desnudez.
-¡No me mires Levi! Pervertido… - el hombre apartó la vista avergonzado. Hange lanzó una carcajada y lo mojó, sorprendiéndolo, nuevamente. – Serás tonto… Te estaba jugando una broma. ¿cómo crees que me iba a olvidar que no llevo ropa puesta? Además, no había caso en cubrirme, si desde la orilla te vi observarme. – Levi se acercó a ella con expresión seria.
-No te importa que te mire entonces. Bien. ¿Es por que soy yo o dejarías que cualquiera te vea? – La intensidad de la mirada del hombre, la hizo sentir nerviosa. Lo observó y notó que él esperaba que ella respondiera con la misma seriedad.
-No… N-no dejaría que cualquiera me viera desnuda.
-¿Por qué?
-¡Ay Levi! ¿Qué te sucede? S-solo me siento en confianza contigo, eso es todo. – Hange estaba ruborizada y se cubría los senos con un brazo.
-Yo también estoy desnudo. ¿No sientes curiosidad de ver? – Hange se sorprendió, abrió grande su ojo y trató de controlar el impulso de mirar hacía abajo el cuerpo de Levi.
-Sí, si siento curiosidad. No voy a negarlo, es parte de mi personalidad. ¿A donde quieres llegar con las preguntas incómodas? ¿Te estás vengando porque te mojé? – Levi sonrió con malicia. Hange se estremeció.
-No me estoy vengando. Quería saber lo que pensabas. – se acercó hasta estar a un paso de ella. A Hange le dio un vuelco el corazón. Respiró con dificultad, le temblaban las manos.
-Nuestra relación ha cambiado últimamente ¿no? ¿Eso quieres comprobar? ¿Si yo lo he notado? – Levi no se sorprendía frecuentemente de la habilidad que había entre ellos, para entenderse sin necesidad de palabras. Era un vínculo de fuerte confianza que compartían. – pero no lo sé…
-Te da miedo.
-¿Y a ti no? Cambiaría todo. Quizás mejor ignoremos…
-Sí, cambiaría muchas cosas. Pero somos adultos, podemos manejarlo. – Levi la interrumpió. Hange lo miró a los ojos, estaba nerviosa, tenía miedo de equivocarse y que las cosas se arruinaran.
-Levi…
El hombre le tomó el rostro con sus manos, el cabello le goteaba en la mejilla, su ojo brillaba expectante, y sus mejillas sonrojadas, le aceleraron el pulso, se veía vulnerable y hermosa. No podía contenerse más. Con lentitud se acercó a su boca. Ella cerró su ojo y separó un centímetro los labios anhelantes. Levi finalmente se posicionó sobre éstos y el primer roce, los sacudió. La electricidad que recorrió sus nervios, fue embriagante.
Levi le aferró el rostro con fuerza y abrió más los labios de la mujer con su lengua. Hange titubeó un instante, las sensaciones nuevas, la mareaban. Ya había estado con otros hombres, su curiosidad sobre la anatomía y el sexo, la hicieron querer explorar todo eso, pero lo que sentía al estar en contacto y besar a Levi, era todo extraño y abrumador. Porque él le importaba mucho, era la persona en quien más confiaba. Y eso le daba miedo también. Podrían perjudicar su conexión, su amistad, incursionando sobre este terreno antes desconocido para ellos. Pero no podía evitar sentir atracción y deseo. No cuando él también era incapaz de controlarse más.
Respiró hondo su aroma a limpio y masculinidad y permitió que su lengua encontrara la de Levi. El hombre gruñó involuntariamente y ese pequeño y breve sonido, le provocó palpitaciones en la entrepierna. Se aferró al cuello de Levi y el roce de sus pezones contra el pecho tonificado de él, la hizo jadear. Él bajó una mano recorriendo su espalda, hasta la cintura de ella, generándole un estremecimiento en su cuerpo entero. Hange se sorprendió al sentir la dura erección de Levi contra sus muslos.
-Levi… no sigas. – dijo sin aliento. – no podemos. Esto complicaría las cosas.
-Lo sé. Pero no puedo controlarme. ¿En verdad quieres que me detenga? – preguntó el hombre, apretando su cintura.
-No quiero que te detengas, claramente no es lo que quiero. Pero sería lo mejor. Si es solo sexo… puedes hacerlo con cualquier otra mujer, conozco a muchas que estarían encantadas... – Levi la miró con seriedad sin apartarse. Hange se mentía a sí misma. Ella lo conocía y sabía que él no era el tipo de hombre que sucumbía a sus instintos y mucho menos sexuales. Tenia miedo. – no me mires así…
-No es sólo sexo y lo sabes. No me hagas decir estupideces cuatro- ojos. – resopló Levi tratando de ocultar su vergüenza. – algo ha cambiado entre nosotros y ya es insostenible... Supongo que me gustas.
Lo dijo mirándola fijo, para darle énfasis a sus palabras. Hange no sabía como reaccionar. Interiormente estaba asustada, pero a la vez, la confesión de Levi y el beso de hace un momento, sentirlo tan predispuesto y excitado por ella, la hicieron sentir cálida y feliz.
-Entonces no es solo sexo…y te gusto realmente. – sonrió ruborizada. – al parecer la conexión especial que fuimos desarrollando, nos trajo hasta este punto. Y supongo que también me gustas.
Levi sonrió satisfecho. Hange avergonzada, le dio un pequeño empujón en el pecho. Él tomó su mano y atrajo su cuerpo hacia el suyo. La besó, pero esta vez con fuerza, con hambre. Sus lenguas se unieron al instante en un baile sensual y desesperado. Las sensaciones eran más intensas que las del primer beso. A la mujer se le aflojaron las piernas y se sostuvo fuerte del cuello de Levi. Él rodeó con una mano la diminuta cintura de la comandante y con su otra mano acarició lentamente su espalda y costado hasta encerrarla sobre un seno de la mujer. Ella gimió de sorpresa y excitación, sus pezones se habían vuelto muy sensibles. Su pecho se sentía tan bien al tacto. Levi deseaba grabar esa sensación en su memoria.
-Hange… nada mal… Me gustan tus senos. – dijo Levi, con su voz ronca de deseo. Comenzó a besarle el cuello, erizándole la piel. La mujer sintió cómo se le aceleró aún más el corazón al escuchar su nombre salir de los labios del hombre. Le pasaba cada vez. Estaba acostumbrada a su usual apodo "cuatro- ojos", le gustaba, la hacía sentir cercana a él. Pero cuando él decía su nombre, algo en ella reaccionaba. No solía prestarle atención a eso, porque casi siempre estaba ocupada pensando en otras cosas. Era diferente esta vez, estaba al tanto de cada sensación porque estas se habían magnificado.
-Levi… salgamos del agua. – Hange le susurró al oído. La respiración entrecortada. Levi se estremeció. La deseaba tanto que le dolía. No podía esperar más. Asintió y la levantó en brazos sin esfuerzo. Hange tomó el rostro concentrado del hombre con su mano, obligándolo a mirarla. Lo besó. Él pensó en detener su paso, aunque ya casi estaban en la orilla, pero el beso fue breve. – Hazme el amor Ackerman.
Levi estaba conmovido. Aunque todos sabían que era un Ackerman, nadie se dirigía a él con ese nombre. Era simplemente Levi. Y Hange se atrevió a llamarlo por su apellido real y además pedirle que le hiciera el amor. Algo sumamente ajeno a sus experiencias. No sería solo sexo con ella, había sentimientos fuertes de por medio. Solo besarla le había confirmado que era distinto esta vez, nuevo, desconocido. Irónicamente, una primera vez.
Llegaron a la orilla, y el hombre encontró el lugar donde había dejado su ropa tirada. La dejó a Hange en la arena y estiró su ropa. La mujer lo observó con una sonrisa en los labios pensando que era algo típico de Levi. Cuando la ropa estuvo estirada a lo largo se acercó a ella y la besó. Hange se fue sentando lentamente sobre la ropa que él había acomodado para que la arena no los estorbara.
Ella acostada, expuesta ante él y la luna, el mar de fondo, era lo más hermoso que había visto en su vida. No fueron muchas las cosas o paisajes que le quitaron el aliento, pero la vista que tenía en frente, sí. Lo dejó anonadado. Hange con las mejillas coloradas lo observó, apreció su cuerpo fuerte y musculoso, pero delgado, sus ojos se habían oscurecido y su piel blanca brillaba por el agua del mar. Bajó la vista y la impactó notar que el pene de Levi en estado de erección, era grande y largo, a pesar de la estatura del hombre. Todo en él, delataba fuerza y vigor. Tragó con dificultad, sintiendo punzadas de deseo en su entrepierna.
-Levi… - lo llamó en un susurro. Él se recostó encima de ella, sosteniéndose con un brazo. La miró fijamente. La intensidad de sus ojos la dejó sin aliento.
-Eres hermosa cuatro- ojos. – dijo él acariciando su mentón y sus labios. Hange jadeó. Nunca hubiese imaginado vivir para escuchar a Levi llamarla hermosa. – Voy a hacerte mía ahora… Te haré el amor Hange.
La mujer asintió nerviosa pero anhelante. Lo deseaba, quería sentirlo dentro, quería experimentar la cercanía y la unión física entre ambos, porque la espiritual ya existía.
Levi la besó con pasión, saboreando el interior de su boca en busca de la lengua de la mujer que no tardó en responderle. El pene erecto y duro del hombre se presionaba contra el muslo interior de Hange, provocándole espasmos de placer. Él, sin despegar su boca de la de ella, pasó una mano por su cuerpo, por su piel suave aún húmeda. Apretó uno de sus pechos y ella gimió en su boca, haciéndolo excitarse aún más. Jugó con su pezón, los sonidos que salían de la garganta de la mujer, lo enardecían, lo estaban volviendo loco, pero deseaba hacerla disfrutar aún más, deseaba escuchar esos pequeños gemidos y jadeos de deseo. Eran sonidos nuevos, sensaciones nuevas, sentimientos, todo lo que experimentaban era novedoso y embriagante.
Bajó su mano lentamente por el estómago de la mujer, por su cadera, hasta llegar al centro de su feminidad. Estaba lista para él, y él ya no aguantaba. Ella separó sus piernas, invitándolo a entrar. Levi se acomodó entre sus piernas, tomó su miembro que latía dolorosamente y lo colocó en la abertura del cuerpo de Hange. Ese roce, lo mareó.
-Hange… - dijo jadeando contra su boca. La mujer le mordió el labio inferior.
-Hazlo. Te necesito…
Levi la penetró de un embiste y Hange lo abrazó por el cuello, ahogando un grito contra su hombro. A ambos los recorrió una oleada de calor y electricidad, por todo el cuerpo, dejándolos sin aliento. El hombre sintió como su pene se enterraba dentro de la mujer, llenando cada espacio, cómo su carne lo envolvía, lo apretaba y la sensación casi lo hace perder el control, y eso que aún no había comenzado a moverse dentro de ella.
Eran partes de un mismo todo. Se complementaban, sus cuerpos se amoldaban a la perfección, era increíble para Hange. Nunca había experimentado algo así. Sabía que este suceso iba a cambiar su relación de forma permanente, no habría vuelta atrás, pero no se arrepentía, si Levi sentía lo mismo que ella, esto iba muy en serio. Y ella quería seguir explorando todo con él.
Comenzó a penetrarla con lentitud, Hange cerró los ojos con fuerza y mordió su hombro, conteniendo sus gritos. No quería que nadie los descubriera y arruinara su momento. Levi soltó un gruñido y pasó su lengua por el cuello de ella, sabía salada por el agua del mar. Siguió moviéndose con lentitud, pero con profundidad.
Hange se sentía al límite, él se movía de tal manera como si quisiera darle placer a ella, primeramente. La penetraba profundamente, casi tocándole el útero, y cada vez que entraba y salía, le estimulaba el clítoris con su pelvis. Era la primera vez que un hombre se centraba en el placer de ella antes que en el propio. Se sintió conmovida y se concentró en sentir el enorme placer que él le regalaba. No podía contener ya sus gemidos y grititos.
Levi se sentía fascinado por Hange. Verla y sentirla vulnerable, entregada y excitada, tanto que no podía controlar sus gemidos, lo estaban volviendo loco, quería oír más su voz excitada, verla sonrojada, con los ojos cerrados, sentirla debajo de él, sus brazos alrededor de su cuello, su aliento en el oído… quería prolongar el placer, pero él estaba cerca del clímax, se sentía tan bien estar unido a ella.
Buscó la boca de ella y la besó hondamente. Jugó con su lengua, ella agradeció sus besos, porque podía ahogar sus gemidos en la boca de él. Levi comenzó a moverse con más rapidez. Hange lo rodeó con sus brazos por la espalda, atrayéndolo más a su cuerpo. Bajó sus manos hasta las nalgas del hombre y éste jadeó acelerando los embistes. Los gemidos compartidos entre sus bocas, los excitaban tanto a la vez que los volvían conscientes de cada sensación de placer que recorría sus cuerpos. Hange levantó sus caderas, para facilitarle el acceso y se movió al ritmo de él. Levi arremetió con profundidad, y Hange vio estrellas.
El orgasmo la acometió sorpresivamente y con intensidad. Gritó entrecortadamente quedándose sin aliento, Levi dejó de besarla para mirar su rostro. Los espasmos del orgasmo de la mujer hicieron que su vagina apretara el pene de Levi hasta llevarlo al clímax también. El hombre rápidamente quitó su miembro del cuerpo de Hange para eyacular sobre su estómago, justo a tiempo. Hange lo miró anonadada, sus gemidos eran roncos y graves por la excitación, su piel brillaba con la luna de fondo, por las pequeñas gotas de sudor que recubrían su torneado torso, la expresión de su rostro al tener el orgasmo, ojos cerrados con fuerza, labios entre abiertos… le pareció una visión hermosa e irreal. Él la miró con intensidad y Hange se quedó sin aliento. Levi sonrió. Era una sonrisa sincera, de felicidad, era la primera vez que ella le conocía esa sonrisa. Se sintió aturdida y conmovida.
Levi tomó la manga de su camisa que estaba arrugada debajo de sus rodillas y limpió el semen del vientre de Hange. Ella rió, era el mismo Levi de siempre, el maniático de la limpieza después de todo. Pero esa característica de él lo hacía adorable y único. El hombre se recostó a su lado, la mujer se colocó de costado para mirarlo. Él acarició su rostro y le sonrió. Hange lo besó dulcemente en los labios.
-Eso estuvo increíble Levi. Tienes mucha experiencia ¿no? – dijo ella con tono divertido.
-Se puede decir que sí… - le besó la punta de la nariz. – Pero es la primera vez que hago el amor.
-Y… ¿Co- cómo estuvo? – quiso saber la mujer. Él sonrió con facilidad, como si lo hiciera a menudo, como si fuera algo característico en él. Hange se sintió afortunada de ver esa faceta alegre de Levi.
-Me pareció increíble igual que a ti… ¿Tú has tenido muchas experiencias también? – Hange rió.
-No muchas, pero fue mi primera vez haciendo el amor… y me gustó mucho hacerlo contigo.
-Yo lo disfruté mucho también. – la atrajo más hacia él con una mano en su cintura, hasta pegarla a su cuerpo y la besó profundamente. Quería transmitirle lo que no se animaba a decir.
-Te amo Levi. Siento que las emociones explotaron dentro de mí. Ya me será imposible negarlo después de esto. – el hombre se sorprendió. No se esperaba tal confesión, pero sus palabras lo hicieron sentir cálido por dentro, su corazón latía fuerte, se sentía lleno. Sabía qué esa extraña y novedosa sensación era amor. No podía ignorar eso. No podía evitar sentirse conmovido ante sus palabras, ante la mirada de Hange que brillaba con lágrimas, corriendo por su mejilla. Lo miraba tímida y vulnerable, a la vez que nerviosa y expectante. Él sólo deseaba abrazarla y cuidarla, limpiar sus lágrimas y hacerle el amor nuevamente. El orgasmo que había tenido gracias a ella, había sido el más intenso de su vida, porque había sentimientos, conexión, química entre ellos. No era sexo, habían hecho el amor por primera vez. Era ella, quien lo había acompañado siempre, en quien más confiaba, quien lo animaba y cuidaba en situaciones peligrosas. Era ella, como si él fuese un rompecabezas incompleto, era ella quién lo completaba.
-Hange… - susurró él, le limpió las lagrimas con delicadeza. Sin bajar la mano de su rostro, la miró con ternura. – Este sentimiento es nuevo para mí… pero siento que me complementas. Y quiero seguir haciendo el amor contigo, quiero seguir besándote… - Levi respiró hondo nervioso. – Creo que este sentimiento es amor. ¿no? – el hombre rió por lo bajo. Hange sintió cómo le daba un vuelco el estómago. – Entonces sí, también te amo…
Levi se sintió avergonzado y bajó el rostro. Pero sus ojos dieron con los pechos de Hange que se veían más grandes y voluptuosos en esa posición. Ella estaba de lado de frente a él. Sintió cómo se le acaloraba el rostro. La comandante le levantó el rostro y lo besó con pasión. Estaba feliz de ser correspondida y lo deseaba más que nunca. Él pasó un brazo por debajo del cuerpo de ella y la abrazó contra su cuerpo. El deseo los colmó a ambos. Hange sin pensarlo un segundo, tomó el pene erecto de Levi y levantando una pierna lo introdujo dentro suyo. Ambos gimieron ante el primer contacto. Él estaba mucho más profundo que antes en esa posición.
Se movieron al mismo ritmo. Levi apretó sus pechos, luego los succionó, ante una Hange que gemía con su espalda arqueada, dejándose llevar por el placer. Levi aceleraba sus embistes y luego los enlentecía, llevando a una hambrienta Hange a la locura. Ésta se cansó del juego de Levi y lo empujó hasta dejarlo acostado. Se le subió encima y se montó sobre su miembro. La sensación de cada vez que unían sus cuerpos, era indescriptible, los llenaba de placer.
Hange empezó a moverse sobre él con movimientos lentos. El pene de Levi estaba muy profundo en su feminidad, sentía como su interior lo envolvía y éste latía y se endurecía más. Él alargó sus manos para tocar los pechos de la mujer, ambos jadeaban de placer. Ella se movió de adelante para atrás, hasta que se acostumbró al tamaño del miembro, luego con sus manos sosteniéndose en el pecho trabajado de Levi, levantó sus caderas de arriba hacia abajo. El hombre gruñó de placer, sostuvo las caderas de la mujer y empujó hacía arriba con su cuerpo, arremetiendo desde abajo con fuerza. Hange sintió cómo se acumulaba el placer en un lugar en su interior y a punto de llegar al éxtasis, Levi se detuvo, se sentó, y le rodeó el cuerpo con sus brazos.
-Esta vez, no te dejaré acabar antes… - le dijo él entre jadeos.
Levi comenzó a moverse hacia arriba y le indicó a ella que se moviera de adelante para atrás. Acompasaron sus ritmos y fueron aumentando la cadencia hasta que ambos sintieron el placer acumulado a punto de liberarse.
-Hazlo dentro mío Levi… - le susurró ella sin aire en el oído. Ese pedido casi lo hace perder el control instantáneamente. Él sabía que ella tenía remedios anticonceptivos. Aunque él siempre se aseguraba de acabar afuera, esta vez, deseaba experimentar el orgasmo dentro del cuerpo de Hange.
No se contuvo, arremetió contra ella, hasta que la sintió llegar al clímax y la siguió segundos después. Los espasmos de ella, succionaban su miembro, sus pliegues lo apretaban de tal manera, que el orgasmo fue más intenso que el primero y eyacular dentro de ella, le pareció una experiencia irreal. No había sentido nunca tanto placer.
Levi se acostó con ella aún unida y encima de él. Ambos abrazados, recuperando el aire, agotados.
-Me pregunto si será cada vez mejor que la anterior. – dijo Hange levantando el rostro y mirando a Levi.
-Supongo que tendremos que averiguarlo. ¿No lo crees? – ella rió.
-No pensé que fueras tan fogoso Levi.
-Disculpa, pero ¿quién fue la que inició la acción de recién? Pervertida… - rio él despreocupado y con una liviandad, como si fueran dos personas enamoradas, normales sin preocupaciones o responsabilidades. Hange no quiso recordarle eso, deseaba disfrutar a este Levi alegre un tiempo más.
-Bueno, está bien. Asumo que soy apasionada e impulsiva. Ya sabías eso de mí. Y ahora has descubierto muchas cosas más. – Hange le guiñó el único ojo visible. Levi sonrió. No quería volver a la realidad, pero debían. En pocas horas iba a amanecer y todos iban a despertar dispuestos a empezar con el duro trabajo.
-Y deseo conocerte mucho más íntimamente. Cuando tengamos alguna oportunidad, escapémonos como ahora. – dijo Levi suspirando.
-¿Sí? Me gustaría mucho eso. – Hange lo besó. La interacción romántica entre ellos, se daba con facilidad, eso los sorprendió. Podían abrazarse, besarse, hablar con confianza como siempre lo hacían y se sentían cómodos. Era un paso más en su buena relación, como algo que se preveía, aunque les costó aceptarlo. - ¿Volvamos? Nos espera mucho trabajo mental.
-Volvamos. Pero esta noche, te ayudo a desestresarte nuevamente. – la besó con intensidad, ella le correspondió con entrega. Se detuvieron al quedarse sin aliento y porque si sus cuerpos reaccionaban, no iban a poder marcharse de la playa.
-Mmm… Levi pervertido. – Hange le dio un pequeño beso en los labios y se puso de pie.
Levi la ayudó a sacudirse la arena, la vio caminar hasta el lugar donde había dejado su ropa. Esa mujer era suya ahora. El sólo pensamiento le calentaba la sangre. Sacudió su cabeza y luego su pantalón. La camisa con semen, la iba a tirar. Hange volvió vestida, lo miró de arriba abajo.
-Ahora puedo mirarte con libertad. Es emocionante. – confesó ella riendo.
-Lo mismo digo. Tienes un lindo trasero cuatro- ojos.
Se fueron de la playa con la promesa de regresar en la noche. Cada noche que pudieran ser libres para expresar su amor, lo aprovecharían. Porque su conexión se había vuelto aun más inquebrantable al confesar sus sentimientos, y unir sus cuerpos. Se vendrían días difíciles, situaciones peligrosas, pero mientras estuvieran juntos, las podrían enfrentar.
