Aire, necesito aire.
O más bien, necesito un descanso.
La batalla se estaba llevando todo de mí. Es cierto que Ganondorf es muy poderoso.
-Estúpido hyliano. Pensabas que ibas a ganarme tan fácilmente. Pero yo soy el legítimo portador de la Trifuerza del Poder -en su mano se pudo observar tres triángulos que brillaban.
También era cierto que él estaba débil. Se tambaleaba. Su visión era borrosa. Al dar un paso en falso, cayó hacia atrás.
-¡Link, ahora! -esa era la voz de la princesa Zelda. Al analizar rápidamente la situación, me di cuenta de lo que tenía que hacer. Corrí varios pasos y salté. Con las fuerzas que me quedaban, clavé la Espada Maestra en su pecho, en el mismo lugar donde fue herido con la misma espada que él porta.
Y un grito de su parte me dio la señal de la victoria. Giré la cabeza, encontrándome con la expresión ligeramente sorprendida, pero sonriente de la princesa. Las barreras que estaban a mi alrededor desaparecieron.
-¡Lo lograste! -dijo, emocionada.
Me reuní con ella. Iba a decirle algo, cuando me interrumpió, sorprendida.
-Mira...
Giré la cabeza en su dirección. Midna estaba allí, rodeada por los espíritus de luz. Corrí hasta ella. Al llegar, la sorpresa me invadió. Allí no estaba la criatura que había conocido, sino una princesa que me miraba sonriendo.
-¿Qué pasa? ¿Acaso mi belleza te ha dejado impresionado? -me preguntó con sorna. Su voz era más adulta, pero nunca perdió su tono burlón. Le sonreí.
-¿Estás bien? -conseguí decir. Ella asintió. Zelda se reunió con nosotros.
-Midna -la llamó.
-Ahora no, Majestad. Vayamos al Circo del Espejo -acto seguido, nos teletransportó.
No me lo podía creer. Había roto el Espejo del Crepúsculo.
Una lágrima había salido de sus ojos cuándo se despidió. La empujó con la mano. Cuándo esta impactó con el espejo, lo destruyó. Y no podía reconstruírse.
Zelda y yo nos miramos.
-Lamento que hayas tenido que despedirte de ella. Pero era necesario -me dijo, apenada.
-Lo sé. Luz y Sombras nunca deben mezclarse -comenté, sonriendo amargamente.
-Bueno... Ahora que la catástrofe ha terminado, me gustaría pedirte un favor -La miré -Te he estado viendo durante bastante tiempo. Tu habilidad con la espada es verdaderamente excepcional. Si no fuera ninguna molestia... Me gustaría que fueras el encargado de entrenar nuevos soldados. El reino está débil, y, mientras se recupera, podrían haber invasiones. Tu habilidad y agilidad con la espada les ayudará a vencer.
Me parecía algo genial. Estaba confuso con el detalle de que me lleva vigilando durante bastante tiempo, pero defender el reino de esa forma me encantaría. Se me ocurrió una idea.
-Lo haré. Pero con una condición, que no es económica.
Ella me miró, dubitativa.
-Déjame ser el caballero que te escolte cada vez que salgas del castillo. Hay gente que considera que tienes la culpa de la destrucción del reino. Tengo miedo de que lleguen a las armas contigo.
Ella me seguía mirando, esta vez conmovida. Asintió con la cabeza. Nos subimos a Epona, poniendo rumbo a la Ciudadela.
-Lo mejor es que vaya a Ordon a coger mis pertenencias. Después, me instalaré en el castillo -le indiqué.
-Vale. Por mi parte, te facilitaré el acceso. Pondré al tanto a los guardias. Sólo da tu nombre y diles a qué vienes cuándo te pregunten. Ten cuidado con el viaje.
Y con esto, nos despedimos. Antes de abandonar el lugar, vi a la princesa Zelda entrar en el castillo.
¡Hola!
Este es un nuevo proyecto de la saga de The Legend of Zelda. Será un fanfic que hable de zelink.
Si no conoces otras historias mías y esta te ha gustado, te aviso de que no comenzaré la historia hasta tener la otra lista (El aliento del amor, que es zelink de BotW), la cuál ya tiene 10 partes publicadas.
Muchos,
Mary G.
