Sekaiichi Hatsujoi

Kirishima Zen x Yokozawa Takafumi

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¿Alguna vez Kirishima hablaba de su vida actual con Sakura, su fallecida esposa? Bueno... esta era una de esas veces.

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Dedicado a mi vida amorosa que cada vez está más muerta. Tan muerta que satisfago mi necesidad escribiendo fanfics de amor.

¡Gracias por leer y sus comentarios!

Los amo~

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Sakura

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Recuerdo la primera vez que sentí una punzada de amor por ti. Fue durante el colegio, tendríamos unos diecisiete años. Fue en el momento en el que me dijiste 'No, yo puedo sola' cuando intenté ayudarte a bajar algunas cajas para el festival de la escuela.

Eras mandona y orgullosa a tu manera. Independiente. Eso me flechó.

Recuerdo también cuando por fin aceptamos lo que sentíamos uno por el otro. Fue cuando aquella chica se me declaró. Shoko, ¿la recuerdas? Justo cuando terminó de confesarse, llegaste corriendo y, jadeando, me viste a los ojos como diciendo '¡No lo hagas, por favor!'... Aunque bueno, tu versión siempre fue diferente jajajajaja. Ahí supe que eras tú con quien quería estar.

Después están aquellas veces en la universidad. ¡Cómo olvidarlo! Fue difícil en principio separarnos y tener que asistir a colegios diferentes, pero siempre adoré que tomaras un poco de tu tiempo y llegaras a visitarme, justo a la hora del almuerzo, con un delicioso bentou. Ah... Sin duda Hiyori sacó eso de ti.

Recuerdo tu último día en la carrera, quise sorprenderte pero todo salió mal: llovió, un tipo con su bicicleta me tumbó por la calle y arruinó las flores que te había comprado y ensució mi traje. ¡Y luego el restaurante que había escogido había cerrado dos noches antes! Y aún así sonreíste y me regalaste una de las mejores noches de mi vida.

Y... luego está nuestra boda. Te veías preciosa. No hay otra palabra para describirlo. Con ese vestido blanco con perlas y brillos, ampón, tus guantes de encaje, el cabello recogido y el maquillaje... Me flechaste una vez más.

Y Hiyori... ¡Dios! ¡HIYORI! Es el mejor regalo que me pudiste dar. Un pedacito de ti, viviendo en una hermosa niña que también tiene un pedacito de mí. ¡Cómo la amo!

Pero... por supuesto... tampoco olvido aquel día. Que aún por más que quisiera borrarlo es... importante. Recuerdo correr al hospital, con Hiyo de bebé en un brazo y sujetándote a ti con el otro, lo más pálida que te había visto jamás... Llegar a urgencias para que te separaran enseguida de mí y te metieran a quirófano. Una de las noches más estresantes de mi vida. Recuerdo que no pegué ojo esa velada; en la mañana llegaron mis padres y pude dejarles encargada a nuestra hija y pasar a visitarte. Estabas bien, habían dicho los doctores. Y aún con el cansancio en tu rostro, me recibiste con una sonrisa. No hablamos mucho, pero me agradeciste y me acerqué a darte un beso. Nuestro último beso...

Ese día viste a Hiyo y por la tarde llegaron tus padres. A la mitad de su visita algo sucedió y los doctores corrieron a tu habitación, los sacaron y... no volvimos a verte. No hubo más risas, más miradas cómplices, más abrazos, más bentous...

Ese día mi corazón se rompió y te llevaste una parte contigo. Creo que, si no fuera por Hiyo, mi vida hubiera tomado un rumbo distinto, pero ambos sabemos que ella necesitaba a uno de sus padres y aquí estaba yo, no podía decepcionarla. Ni a ella ni a ti. Pero aún así... fueron muchos años de negación, de desesperación. Muchos años de preguntarme '¿Por qué? ¿Por qué tú?'. Muchos años de '¿Qué hubiera pasado si...?' y de 'Si pudieras ver a nuestra pequeña crecer...'

Tardé mucho tiempo en comprender que esta era mi realidad y que no podía cambiarla. En aceptar que te habías ido y era tiempo de seguir adelante. Pero una vez que lo comprendí, supe que no se trataba de olvidarte y dejar de amarte. Sólo que ahora tendría que hacerlo de otra manera.

¿Cuántos años habrá tenido Hiyo en ese entonces? ¿6,7 años? ¡Hey! Cómo pasa el tiempo, ¿no?

Y ahora estoy aquí, frente al butsudan, observando tu foto y las flores que no puse yo ni tampoco nuestra hija, escuchando de fondo cómo ella se divierte mientras está en la cocina intentado una nueva receta con su 'oniichan'. Y cómo éste ríe de igual manera mientras la cuida. Ahora también tenemos un gato. Ya es uno viejo, pero es una buena mascota. Adora a Hiyo y ella a él.

Los fines de semana ya no sólo somos ella y yo en el parque de diversiones. Por las mañanas hay alguien capaz (hey, no me mires así, sabes que nunca he sido de ese tipo de habilidades) de ayudarla a peinarse y escoger su ropa para antes de ir a la escuela, de recordarle que no se olvide de sus tareas y de desearle un buen día. Algo refrescante para una niña de once años que sólo convive con su padre.

Hay alguien más que por las tardes la escucha atentamente y le da consejos. Una presencia que también ha logrado que se comporte como la pequeña que es, que intente ser un poco más caprichosa. Sabes que eso estaba preocupándome.

...

Takafumi es una buena persona, Sakura.

Si no lo pensara, no hubiera dejado que se acercara tanto a nuestra familia. Adora a Hiyo y la cuida tanto que a veces me preocupa que ella vaya a negarme un día... jajajaja. Te juro que hablo en serio.

Me sorprendió, para serte honesto. Sin saberlo, de repente... ya estaba enamorado.

Me he vuelto a sentir como un adolescente de 17 años, tal cual cuando tú y yo peleábamos antes de confesarnos. Sin saber qué hacer a veces con este amor que desborda el corazón, con los celos que a veces me dan... Qué estúpido, ¿no? Un hombre pegándole a sus cuarenta sintiendo esto. Pero... le agradezco mucho. Había una parte en mi vida que estaba dejando de lado y él me hizo rescatarla.

No voy a olvidarte, Sakura. Por supuesto que no. Ambos tienen un lugar muy especial y personal en mi corazón, cada uno me ha enseñado cosas distintas y me ha colmado de grandes recuerdos qué atesorar. Y aunque él me lo pidiera (que cabe decir nunca lo ha hecho), no lo haría. Así como tampoco te negaría a ti que me he vuelto a enamorar.

Sé que lo entenderías. Y por eso, te estoy sumamente agradecido. No me queda mas que encender el incienso, juntar mis manos, agachar la cabeza y elevar mis oraciones para que lleguen ahí donde estés.

Gracias, Sakura. Gracias por todo.