12:00 am.
~Hour~
Escrito: One-shot. Autora: Leeren Viren Pareja: Riren (LevixEren) Narrador: Tercera persona. Género: Romance, Yaoi. Subgénero: Thriller. Contenido: Fantasías, relaciones, cumpleaños. Anime: Shingeki no Kyojin (AOT)
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=Los monstruos si existen=
Cómo todo lunes por la mañana, se levantó cinco minutos antes de que la alarma sonara. Habían olvidado apagar la radio de la sala durante noche pasada y ahora el programa de la madrugada transmitía las noticias ambientales del día.
"Bonita manera de despertar", se dijo a sí mismo casi mofándose de su comentario, cuando llegó frente al aparato informativo, el locutor abría la boca para felicitar a todas aquellas personas que hoy cumplían un año más de vida: LA NUEVA ES FELICITAR Y ALEGRAR A TODOS AQUELLOS OYENTES QUE NOS SIGUEN, ¿O NO JOE?. A continuación apagó el aparato, "Cállate Joe, no te quiero escuchar."
Pasaron al menos cinco minutos antes de que volviera a prender el aparato y sintonizara otro canal donde el locutor hablara menos para no causarle más molestias, le dolía la cabeza desde ayer en la noche, ruidos innecesarios no eran bienvenidos hoy por la mañana. Quería volver a dormir sin que su mente rondara tanto los futuros sucesos que hoy pasarían.
A través de las ventanas el clima comenzaba a ser más presente, el locutor de radio había sido fastidioso, sin embargo, su reporte del clima era casi perfecto. Algo bueno tendría que salir de aquellos programas, la opinión en general no le importaba mucho.
Sentía los oídos tapados, parte del cuerpo inamovible como alambrado nuevo, de aquellos que colocan en las bardas privadas; tenía los parpados pesados, no tenía sueño pero le gustaría haberlo tenido más tarde, pasar más tiempo en un mundo fuera de aquel. A pesar de lo mal que lo estaba pasando físicamente, respiró el momento haciéndolo encrucijadas en sus pulmones, guardó cada parte del paisaje a través de la ventana con estima.
La vecina del departamento #038 paseaba a su perro Ricky en el parque de en frente, Eren calcularía que tenía entre cincuenta o sesenta años, a veces les regalaba comida o les invitaba a comer para la cena; ayer le regaló una bonita camisa color verde pistache, agradeció la acción aunque no tanto el regalo. El sol pegaba tranquilo en las hojas de los pinos, no había carros que pasaran tan temprano, el rocío del pasto daba brillos a la escena.
"Bonita manera de despertar", se repitió.
Miró sus muñecas, de aquellos vestigios de heridas no quedaba más que las cicatrices, pero no le evitó recordar la ligera ansiedad que sentía.
Era treinta de marzo y aquel día sería su último día.
Su mente estaba consternada.
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Levi había planeado algo especial para aquel día. Jeager se había negado rotundamente bastantes veces antes de que se dijera la última palabra. Aceptó casi a regañadientes con la condición de que no pasara de las doce de la noche.
El plan solo era una pequeña comida con él a su lado, un pastel con sabor a chocolate y menta que siempre le había gustado desde que lo conoció; algunas cosas y cerbatanas que Eren había tomado en el supermercado, confeti que tenían guardado tras el último festejó; gorritos de fiesta, más para adornar y jugar que para festejar. Levi le había dicho que no sería buena idea sacar el confeti, se quedaría entre los sillones, y si se caía alguna bebida lo único que haría, sería recoger cada pedazo de papelillo empapado.
—Es mi cumpleaños—. Había dicho en defensa—. Y básicamente me estas obligando a tener una fiesta forzada. Habrá confeti y cerbatanas.
Levi no rechistó, al final sí había sido su idea.
Se habían conocido durante la carrera, ambos pasaban por esos momentos donde todo te presiona y estas a punto de querer saltar de un risco por una falla en el archivo Word que contiene tu trabajo final. Ambos tenían una crisis donde su mundo ya colapsaba. Eren Jeager, para colmar había tirado la maqueta de arquitectura que Levi necesitaba para calificación, no había tenido cuidado porque ya iba tarde para su siguiente clase. Se gritaron barbaridades y todo el estrés de su semestre salió en un desahogo mutuo.
Ambos fueron llevados con sus asesores y regañados por tanto alboroto.
Ambos se quedaron sentados entre las mesitas al lado del edificio A-2 reparando la maqueta rota y siguieron refunfuñando de quien había sido la culpa de todo el problema.
Aunque pasaron los días, llegaron a ese encuentro donde ninguno pudo saber si era causalidad o mero destino, Eren no quería verificar cada movimiento que hacía, no tenía tiempo para eso y su mente nunca estaba consigo en ese entonces.
Levi a veces le decía que era un bicho raro, pues lo encontraba hablando solo la mayor parte del tiempo; fuera de eso, parecía que Jeager no tenía amigos pues siempre andaba solo y con sus ropas holgadas y mangas largas. A veces solo desaparecía por dos o tres días seguidos. Cuando preguntó el porqué andaba solo, este respondió:
—Soy raro... creo.
Y entonces su apodo fue cambiado por su nombre. Ciertamente, Levi se sintió culpable.
Lo demás pasó en tranquilidad y misterios cosas que nunca se resolvieron; la primer risa juntos, los primeros chistes, la primer cita y después el inevitable primer beso. Eren sintió que por primera vez su mundo tenía algo de luz y esperanzas, había fuegos artificiales en su sangre cuando tocó su mejilla. Un buen momento, un lindo momento. Levi tenía la mente en había encontrado a alguien que realmente quería a su lado, que quería curar y ayudar a sanar, alguien a quien pertenecer.
— ¿Me seguirías al armario? —pregunto un día Eren durante su quinto año juntos.
—Los monstruos no existen Eren, nada te llevará al armario.
Lo pasó por alto como muchas otras cosas, el Ackerman pensaba que solo era un juego con el cual Eren acostumbraba a perder tiempo, como hablar solo; tal parecía que Eren nunca dejaría esa costumbre que a veces le asustaba.
Hoy aun recuerda el día en que Eren había gritado por la noche, ya habían comenzado a vivir juntos desde cinco años antes y nunca le había visto tan consternado como aquella vez. Llevaba una de sus manos a su cabeza tirando de los cabellos, con tal fuerza que Levi creyó que los arrancaría y con la otra mano hacía señas para alejar a cualquier cosa que tenía enfrente, eran las cuatro de la noche de un septiembre cualquier en la sala de estar, tenía el rostro pálido y lloraba como un niño de cinco años que acaba de ver como su perro moría entre sus manos. No supo cómo reaccionar cuando entre gritos y lamentos de suplica, Eren gritaba:
"¡No lo toques!, ¡a él no lo toques hijo de puta! Ya hice todo lo que me pedías. ¡Vete de aquí! ¡POR FAVOR, YA BASTA!..."
"¡LLEVAME A MI!"
Ese día de un cualquier septiembre, ambos durmieron encerrados en la sala de trabajo cuando Levi le logró llevar a rastras, sacándolo de aquel lugar donde nada parecía estar bien y un ligero aroma a sangre y huesos inundaba el antiguo departamento, tenía un escalofrío que le recorría la columna vertebral, "muévete maldita sea, él te necesita". Cerró todas las puertas con llave y prendió todas las luces del departamento cuando Eren insistió que la oscuridad no era buena. Se quedó a su lado hasta que Jeager concilió el sueño cuando el tic-tac de su reloj marcaba las diez de la mañana con algo de minutos.
Tiempo después le pediría ir a terapia, lo cual aceptó sin mucho problema.
Hoy, tres años después seguía asistiendo a terapias, seguía hablando solo de vez en cuando, pero nunca más se repitió aquella situación.
Eren parecía más feliz después de aquello.
Pero Levi no se explicaba porque a veces parecía que Eren cargaba con un profundo dolor dentro de sus ojos.
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—¡Quiero pizza y helado! —dijo.
—No, comeremos la ensalada y la pasta que prepararé—. Contestó.
—Pero es mi cumpleaños.
—Deja de sobornarme con eso.
—Pero es la verdad.
—... lleva solo una pizza chica y solo UN BOTE DE HELADO, y comerás lo que preparé.
—Una pizza grande y cuatro botes.
—Una pizza mediana y dos botes. No aceptaré más.
—Trato—. Corrió al pasillo de refrigerios con la canasta de plástico, los cabellos largos llegaban a los hombros, acostumbraba a amarrarlos con una liga de mano color verde limón que hoy no llevaba por alguna razón que Levi desconocía. No se había peinado ni arreglado el cabello cuando salieron de casa... casa... el departamento era de lo más frío cada que se ausentaba por razones personales, Levi odiaba el frió y lo extraña en esas ocasiones, después de casi un año de estar viviendo en el departamento, llegó a la fina conclusión de que solo llamaba casa a cualquier sitio donde estuviera Eren.
Cuando llegó a su lado, había tres botes de helado dentro de la canasta.
—Solo dos—. Repitió, a veces sentía que lidiaba con un niño más que con un adulto. Entonces su contrario dijo:
— ¿No puedo llevar de todos los sabores? —y aunque el comentario el mismo Eren sabía que era imposible y muy absurdo, hizo que su esposo riera con aquella sonrisa desde el pecho que Levi solo había dado en contadas ocasiones. Eren tenia la nariz roja por el frío de la helera y los cabellos enredados porque que no se había arreglado antes de salir de casa. Escuchar su risa, sin duda, el mejor momento del día. — ¿Levi?
Y entonces de la manera más sincera que le permitían sus labios, dejó salir entre las que parecían ser carcajadas.
—Te amo. —y lo amaba, ah... sí que lo amaba.
Jeager lo miró desde arriba con la diferencia de altura notoria sin entender, viendo como Levi se sostenía con una mano el estomago y se quejaba del poco dolor, se inclinó para besarle, ambos tenían un sabor característico que conocían perfecto.
—Y yo a ti. —Dijo tomando en sus manos el rostro del más bajo, sus cabellos se colaron entre sus dedos—. Te amo, realmente te amo.
Se miraron a los ojos sonrientes y volviendo a depositar un beso, se selló una promesa personal sin palabras, silenciosa.
Se amaban mutuamente que a veces les dolía, nadie les creería que cayeron mutuamente por el otro con el rompimiento de una maqueta y la llegada tarde a una clase.
No hacía falta, con ellos bastaba.
Eren Jeager cumplía años el 30 de marzo, se había hecho comida y bebida, encargaron pizza, compraron helados. Ambos ocupaban los gorros de fiesta para entrar en ambiente.
Eren había optado por ocupar la playera verde pistache que le había dado amablemente su vecina, combinada con el pantalón adecuado no se veía tan mal, un poco al estilo vaquero, tenía que aceptarlo. Pero con los cabellos atados y la piel morena, él creía que lo hacían ver hasta cierto punto sexi.
Se dejó caer por diversión sobre el regazo de su esposo, el vino de la copa se derramó en el sofá beige y sobre el pantalón de Levi; como él había creído, los pedacitos de confeti fueron mojados y esparcieron su color por la tela. Jeager casi pudo escuchar el regaño por el descuido cuando le vio a los ojos. Sin embargo, hoy era un día especial, podría pasarlo por alto... tal vez... quizás... no, mierda, el sillón...
—Dame una razón, solo una razón para no ponerte a limpiar.
—Porque es mi cumpleaños y porque te amo.
Hoy lo había dicho más de lo normal.
Levi paseó la mirada por el cuarto con ese típico semblante, "mañana verás chico, mañana verás..."
—Te amo. —repitió de nuevo.
—Ya lo has dicho.
—Pues lo hago.
—Lo sé.
—Lo sabes... Solo recuérdalo. —con las pieles ligeramente pintadas de rosa, llevaron sus manos a los rostros del otro. Levi se dedicó a hacer con su cabello largo, le encantaba el estilo que le daba y como le hacía ver más maduro de lo que era, y en otras tantas veces lo hacía ver entre tierno y corruptible.
—Te adoro, —murmuró sobre los labios del otro—, feliz cumpleaños, Eren.
El reloj de la cocina que consiguieron en una barata, marcaba las diez de la noche.
Tic-toc, tic-toc.
El tiempo se acaba.
Era un departamento donde no se sentían en casa si no era con el otro, era la vida de dos personas que se amaban mutuamente... antes era la historia de un niño de ocho años que veía un monstruo en el armario; monstruo que se llevó a su perro Terry de dos años; que se llevó a su madre cuando él tenía doce años y que le seguía en el armario a donde quiera que fuera, porque le gustaba. Había matado mujeres, hombres, niñas y perros, tal vez uno que otro gato, a veces las comía, y olía a sangre y huesos putrefactos.
Era la historia de un chico de 35 años que se le acababa el tiempo.
Tic-toc, tic-toc, tic-toc... decía el reloj.
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Despertó quince minutos después de las doce, no mucho después de que Levi cayera dormido por un somnífero en su bebida. Se levantó de la cama y talló sus ojos con el dorso de la mano, tenía la necesidad de lavarse el rostro.
"Aún hay tiempo"... pensó. No, la verdad era, que ya no había tiempo.
Besó la frente de la persona que amaba desde que causó un recoveco en su existencia, no dijo nada porque no tenía qué decir, ya había hablado mucho en todo el día. Solo suplicó porque todo esto terminara. Se sentó en el suelo de frente a las puertas de aquel objeto, entonces lo vio, a la criatura del ropero.
Estaba atento a ras del piso, con sus grandes garras arrastrando su enorme cuerpo fuera su habitad, su cabeza ladeada y aquellos ojos parecidos a un esmeralda tormentoso, los brazos largos y pesados... una criatura que Eren creía desde chico podría haber sido un cuarto hombre y lo demás criaturas de un pozo en oscuridad. El aliento pútrido salió a presión cuando se arrastró por el suelo. El cuarto fue infestado por aquel aroma característico de sangre y huesos. Los ojos le sonreían enloquecidos, la maldad plasmada en una mirada que prometía dolor y muerte.
Eren sintió que un grito le saldría de la garganta, feu ahogado; arañó sus muñecas con sus uñas, la costumbre de hace años había vuelto con la llegada de aquel algo en el ropero.
Las luces apagadas.
Su corazón palpitando desesperado
La suplica que a él no le pasara nada.
"¿Me seguirías al fondo del armario?", ojalá le hubiera creído alguna vez.
Un aroma a carne y sangre, sangre y huesos... de pequeño había pensado que el miedo olía a perro mojado y humo de cigarro, no era así. Luego, poco a poco un nuevo sonido, más cercano. La criatura avanzaba a rastras entre sus suplicas nocturnas.
El sonido del reloj de la cocina.
Tic-toc, tic-toc...
El monstruo estaba frente a él en aquel pánico, las lágrimas le desbordaron por el miedo. Lo miraba sonriente y con la cabeza ladeada esperando algo de su parte. Eren, no dijo nada, tenía la respiración atrancada, sentía que se ahogaba y no sabia si era a causa del pútrido olor o del miedo.
Te dije que un día vendría, comenzó, te dije, siempre regresaba cuando dormías, yo podía verte y me gustaba volver cada noche o casi cada noche, ese hombre parecía que te quería. Que lastima, hoy ya no puedes llamarlo gritando como aquel día. ¿Verdad, Eren?
—Cállate...
¿Por qué? Hoy será nuestro último día juntos. Y tal vez vuelva, porque me gusta, porque me gusta la gente y él no se ve tan mal. Sabes que me gusta volver.
—Con él no.
Siempre he estado aquí, y he matado y he comido... te haré sufrir porque eso es lo que soy. Aquí estas Eren...
—¡El trato era que-
La frase quedó inconclusa, las heridas de sus manos sangraban y dejaban un rastro por el suelo el grito no alcanzó a escapar de la garganta.
Por primera vez en años, el tic-tac del reloj se detuvo.
Tiempo después las calles fueron infestadas por letreros de "se busca", nadie se explicaba como Eren había desaparecido sin dejar rastro más que aquellas pocas gotas de sangre que Levi nunca se explicó de donde salieron.
Había cosas como esas que nunca entendió. Y necesitaba tanto entenderlas. ¿Qué hizo mal?, ¿qué falló?, ¿qué faltó?
Fue un mes después de la desaparición que desesperado pedía respuestas entre el viento de la noche y la ansias del desesperado corazón. Lo amaba tanto... tanto que dolía.
Eran doce con quince, el reloj de la cocina comenzaba a funcionar de nuevo.
El crujir de la puerta del armario comenzó de nuevamente. Se abrió lenta e incomprensible, la boca de un pájaro en agonía, rechistando en la oscuridad, poco a poco.
Los ojos esmeraldas brillaron en la oscuridad, el aroma inolvidable que Levi antes había presenciado volvía con los turbios recuerdos. Algo en el ropero.
Hola Levi...
=Los monstruos no cumplen tratos=
¡Gracias por leer HOURS!
-Leeren-
